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POSTRELATO IX "UNA Y NO MÁS"

Enhorabuena al ganador y al finalista del Postrelato VIII (Abel, en breve recibirás un libro de novedad y que forma parte de nuestras lecturas recomendadas). A los demás, que ésto sigue, que nuestra vocación postrelatera sigue intacta y que, para la semana que viene, ya tenéis un nuevo postrelato. Se titula "Una y no más":

Sólo sé que ésta es mi última oportunidad

Vuestra es la continuación, la oportunidad de nuestro misterioso personaje, el camino narrativo que abrimos con estas palabras ... De verdad, enhorabuena a todos porque nos lo estáis poniendo cada vez más difícil y, de hecho, un paseo por este blog es buena evidencia de ello. ¡¡¡ Los postrelateros heredaréis el mundo !!! Recordad, este blog y el correo elpostre@rtve.es. Un gran libro ( y el honor de participar en este concurso :-) os espera.

12 Comentarios

Edurne dijo:

Solo sé que ésta es mi última oportunidad- Tras estas palabras, que le salían a borbotones de la boca, se levantó de la bañera. El agua dormitaba, tintada de sangre, fría, tras haber fallado en su misión dilatadora.
Frente al espejo, se vendó las muñecas. Haciendo uso de las pocas fuerzas que le quedaban improvisó un abrigo con lo que había en el perchero. Una gabardina vieja sirvió para cubrirse y en unos minutos, los últimos del día, llegó a las vías del tren. A lo lejos veía acercarse, con su traqueteo intermitente, el tren de media noche. Esta vez eran los ojos lo que se vendaba. Aliento. Carrerilla. Hiperventilación. Y corrió con el pitido interminable de la máquina en sus oídos, como el pitido que acaba con la vida de los comatosos en los hospitales.

El final. El otro lado de las vías. La vida, su última oportunidad.

Sólo sé que ésta es mi última oportunidad, medito conmigo mismo ante el obscuro abismo. Así que cierro mis ojos e intento vislumbrar el bosque allende el precipicio, como el Argos de la borgiana ciudad de los Trogloditas; sí, el robledal puede continuar más de un milenio cuando mis huellas hayan sido borradas de este camino forjado a pasos, pero florece, muta y respira bajo su madera dura y compacta. Tal y como yo. Intento adaptar mi mirada al pausado tempo del árbol –de cualquier árbol–; condensar un año en pocos minutos. Y así es como veo que las trémulas ramas se agitan, como desperezándose de un mal sueño, tonificando sus abotargados miembros. El follaje bajo sus ramas crece y decrece. Ahora el verde hurta de la paleta del Pintor matices amarillentos y anaranjados para sus hojas, ahora estas caen al suelo; y ahora, se pudren dando un nuevo impulso a las raíces. Fabulo con que en cualquier momento esas mismas raíces puedan salir a la superficie y, adquiriendo formas prosaicas, como de pies o pezuñas, logren desplazar el roble con una especie de andar majestuosamente patizambo. Pero esto no se cumple. Un disco de fuego vuelve y revuelve el horizonte en un encendido y apagado constante, como el niño que juega con el interruptor de la luz; todo es un tic tac inabarcable e inasible, todo se mueve se expande y se contrae y se crea y se destruye. Millones de gotas fluyen por las riberas que dan a un mar que no es el morir sino la cuna que canta nanas a unas nubes que descargan millones de gotas que fluyen por las riberas que dan a un mar que no es morir sino el vivir, vivir constante y sonante. Condenso un año en pocos minutos, condenso y planeo y este pedazo de Tierra azul gira sobre sí misma y sobre ella gira Selene, y a su vez ambas danzan alrededor de un disco de fuego que también y tan bien va y viene, en un baile como de borrachos virtuosos que actúan igual que marionetas de un marionetista muerto o tomándose el almuerzo en un teatro con paredes que se expanden y se dan y se dan hacia quién sabe dónde, y que quizás luego se encojan y se traguen todo este vaivén, este disco de fuego, y la Tierra azul, y los millones de gotas de robles y a ti y a mí o a todos los que ya no estaremos, Saturno devorando a sus deformes retoños, un solo latido universal que da y quita el todo y más hasta que otro latido Big Bang explota y sólo una acción una y no más y un paso y borrón y cuentos nuevos.

Fue tan fácil dejarse llevar.
No recuerdo qué fue exactamente lo que me conmovió, pero el círculo perfecto del pozo en el suelo me llamó con fuerza desde ese momento. Dudé un tiempo si sería una buena idea, si los riesgos no serían elevados.
No lo pensé mucho y me dejé caer al aljibe.
Ahora ese círculo azul perfecto sobre mi cabeza es mi única compañía, por las noches veo alguna estrella y de tanto en tanto la luna. Comprobé que es verdad que los pies se resbalan en sus paredes y se rompen las uñas rotas.
Tengo la piel húmeda, las fuerzas ya me abandonan y sólo sé que ésta es mi última oportunidad para poder salir.

"Sólo sé que esta es mi última oportunidad"
Se dijo para reafirmarse en su plan, mientras la peluquera se esforzaba por domar su rebelde y habitualmente ensortijado cabello. Se lo volvió a repetir mientras la maquilladora sonreía cómplice y tranquilizadora, ante sus más que evidentes ojeras, fruto de sus dudas y remordimientos, aunque ella pensara que se debían a los nervios y al ajetreo propio de los últimos preparativos. Le aseguró que estaría radiante, mientras se esforzaba por disimularlas, y entonces deseó que todo fuera tan fácil de ocultar.
Se lo hubiera vuelto a repetir al contemplar el resultado final una vez vestida, pero la cara feliz y orgullosa de sus padres, le hizo sentir tan culpable, que por un momento consiguió alejar aquella idea de la cabeza. No dejó de repetírselo en el trayecto hacia la iglesia, donde fue recibida con afectuosos saludos y generosos cumplidos. Consiguió olvidarlo todo, aunque fuera por un instante, al recorrer el pasillo central rodeada de caras familiares y amigas, pero en cuanto lo vió aguardando en el altar, su guiño cómplice se lo recordó de nuevo.
Se saludaron con un beso que le resultó dolorosamente casto y ocupó su lugar preferente. Tan sólo deseaba que llegara el momento de la ceremonia en el que le pondría fin a ésta y a la gran mentira que representaba. Su cuerpo se estremecía recordando lo que se había esforzado tanto por olvidar. Todo había ido bien hasta que recibió una llamada, en la que una conocida voz seductora y burlona, le susurraba tentadora una pregunta: quería una despedida con tules, globos y ligueros en un local cutre, o prefería una auténtica despedida. No pudo resistir más y aceptó no una, sino tantas despedidas como sus mutuas obligaciones se lo permitieron. Las imágenes de esos encuentros resultaban demasiado paganas dentro de ese lugar sagrado, pero al menos le recordaron el motivo que le empujaba a actuar.
La música la sacó de sus pensamientos y como todos se volvió a mirar. La novia, su mejor amiga, avanzaba por el pasillo radiante y luminosa, pero completamente ajena a lo que iba a suceder y a lo que había estado sucediendo con su novio. La ceremonia comenzó, pero no estaba demasiado atenta, tan sólo alcanzaba a pensar en lo que iba a decir cuando llegara el momento, tanto que, cuando éste al fin llegó, le cogió un poco por sorpresa. El cura, con gesto serio, preguntó si alguien tenía algo en contra de la celebración de esa unión y cuando se disponía a decir la frase que tenía preparada, se escuchó una voz inequívocamente femenina rompiendo el solemne silencio, unas cuantas filas más atrás. Al parecer resultó que para alguien más aquella también iba a ser su última oportunidad.

MCristinaRM

‘Sólo sé que ésta es mi última oportunidad’, pensaba Bernie mientras se dirigía hacia el amplio ventanal de su elegante despacho en la Tercera Avenida de Nueva York. Se había pasado una gran parte del día revisando y ordenando sus archivos personales y, finalmente, había logrado redactar esa carta que, puestos en lo peor, podría salvarle. Mientras meditaba sobre sus treinta años al frente la compañía, observaba la magnífica vista que se ofrecía ante sus ojos y abrió la ventana con la esperanza de que el aire de la fría noche de diciembre le devolviera el aliento que le faltaba. Se acordó, cómo no acordarse, de la reunión que había mantenido el día anterior con dos de sus colaboradores de confianza; ‘no han entendido mi postura’, pensaba Bernie, ‘¿serán capaces, como me han asegurado, de hablar con Cacioppi? Eso sería la ruina total, no sólo para mí, sino también para ellos’, se decía Bernie a sí mismo. Permaneció unos minutos observando las luces de las avenidas tratando de no pensar en nada hasta que escuchó una sirena de policía y sintió que se le encogía el corazón; abrió algo más la ventana para poder asomarse y distinguir las luces azules de la autoridad y se tranquilizó al ver que se dirigían a algún lugar del West Side. No obstante, el aullido de esa sirena en ese momento preciso le había dejado inquieto, ‘después de todo, ¿qué puede pasarme cuando todo se sepa?’ se preguntaba Bernie sin poder imaginar una respuesta concreta. Situaciones confusas y contradictorias se superponían y se cruzaban en su mente. ‘Necesito tranquilizarme’, se animaba Bernie a sí mismo, ‘ya está todo decidido’. Comprobó la hora en su reloj de oro, se aseguró una vez más de que la carta llegaría a su destinatario cuando así lo demandasen las circunstancias, apagó las luces y se dirigió hacia la puerta con el convencimiento de que ya no podía hacer nada más. ‘Sólo sé que ésta es mi última oportunidad para encubrir la estafa millonaria en la que estoy metido’, pensó Bernard Madoff el 10 de diciembre de 2008, la víspera de que el agente T. Cacioppi lo detuviera por fraude fiscal.

Sólo sé que ésta es mi última oportunidad- pensó el joven acróbata mientras un frío hormigueo le recorría su fibroso cuerpo.
Era la cuarta vez que intentaba el número y ya no podía fallar. Con los dos primeros fallos podía haber desistido, incluso con el tercero; pero la cuarta intentona…no, no podía volver a fallar. Sus repetidos errores habían hecho que numerosos transeúntes, hasta ahora ajenos al espectáculo, se agolpasen detrás de la fila original.
Entre el público que observaba el espectáculo había todo tipo de personajes. En la primera fila, un tumulto de jóvenes inquietos miraba con ojos saltones los movimientos del artista al tiempo que se distraían con cualquier pájaro o mariposa que revolotease con el cielo azul de fondo. En la siguiente fila, un grupo de jóvenes miraba con expectación los devenires de la actuación mientras, sin ningún tipo de complejo, soltaban risotadas al aire. Junto a ellos, un grupo de madres controlaban a sus hijos sin prestar gran atención al número. Algunas de ellas miraban repetitivamente el reloj como si en la ocasión anterior las manecillas hubiesen desaparecido. Por último, haciendo movimientos oscilatorios para intentar captar al jovenzuelo saltarín, una treintena de viandantes se apretujaban como uvas en un racimo de septiembre. En este último grupo había todo tipo de personas de las más diversas edades, pero en sus mentes solo había un único deseo: que el acróbata fallase estrepitosamente en su cuarto intento.
El muchacho respiró fondo y sin prestar la más mínima atención al público comenzó la actuación que tantos meses había estado preparando. Los primeros pasos, de menor dificultad, fueron sucediéndose con la más absoluta pureza y precisión. El rostro del joven parecía impasible al esfuerzo, como si ya hubiese nacido con los movimientos en su interior y ahora tan solo estuviese copiándolos. De pronto se detuvo un instante, era la calma que precedía a la pieza más complicada del número. Se balanceó, volteó sobre su espalda y… sí, consiguió mantener todo su cuerpo sobre sus manos callosas de aspecto cobrizo.
Lo he conseguido- iba pensando mientras ascendía la cuesta que le llevaba a casa.
Pese a que era mi última oportunidad y había errado ya tres veces, sabía que esta vez lo conseguiría- discurría mientras se esbozaba una ligera sonrisa en su cara.

Carlos dijo:

LA CARRERA

Sólo sé que ésta es mi última oportunidad, pensé. Había evitado múltiples exámenes, por inseguridad, quizás por ingenuidad.

Encendí aquel medio cigarro, aguanté el humo caliente sobre la lengua y lentamente lo solté por la nariz hasta que los ojos me lloraron.

Cuando me dispuse a dar una nueva bocanada, exclamé un “¡Sí! Estoy preparado”
Apagué la colilla en el tacón del zapato, justo antes de que entrara el examinador.

“Tengo ya los resultados” me dijo.

“Estoy preparado” contesté “Llevo preparándome para esto cuarenta años”

“Lo mismo que lleva usted fumando, supongo”

“Sí, más o menos”

"Pues eso, ha pasado usted con nota; con buena nota, sí señor. Cáncer Terminal de pulmón".

Tejera, El Plata.

APLÁSTAME COMO UNA COLILLA NENA

Sólo sé que ésta es mi última oportunidad para quedarme o irme. Le veo de pie junto al televisor y tengo ganas de matarlo, estrangularle mientras ve el “late night”, así por lo menos tendrá una sonrisa antes de caer fulminado. Le imagino tumbado boca abajo con las luces parpadeantes de la pantalla alumbrando su cuerpo.
Me imagino desmembrándolo, sacándolo poco a poco en bolsas de basura y contestando luego a la policía:

—Me dijo que iba a por tabaco y no volvió jamás.
Pero luego viene con su cara de “asíeslavidanena” y me ofrece un viaje de ácidos. De súbito todo me parece maravilloso, estoy en el momento exacto a la hora determinada, con el caradura perfecto.
—Eres una hija de puta con clase –me dice dejándose caer sobre el colchón.
—Quiero matarte –le confieso.
—Aplástame como una colilla nena –contesta. Y es en ese instante cuando pienso que todo va sobre ruedas.


Ysobelt Nasky.

Con un mapa del mundo sobre la mesa, una escuadra, un cartabón y un lápiz los tres personajes ( que no voy describir porque me piden sea breve; imagíneselos el lector a su gusto aunque sí puedo sugerirle que no tengan edad, sexo, religión ni raza por determinar) dividieron la tierra en tres partes iguales y estrechándose las manos se desearon suerte.
Sabían que el plan era complicado pero lo importante es que asumían todas las consecuencias; que más se le puede pedir a una situación incierta provocada por uno mismo.
Se trataba de escribir en la mayor cantidad de ciudades posibles la frase; SOLO SÉ QUE ESTA ES MI ÚLTIMA OPORTUNIDAD.
Era importante que fuera escrita en el mismo idioma del país visitado y que el lugar fuese muy visible; la torre Eiffel, la estatua de la libertad, la muralla china, el museo del prado, una gran pared, un billete de dólar, de yen, de euro... aeropuertos, oficinas de empleo etc., etc. ( Vuelvo a sugerir a mi querido lector que por brevedad puede imaginar las razones por las cuales estos personajes deciden esta acción mas bien inocente y no otra; un mensaje subliminal, una llamada de auxilio, una queja, una metáfora de... lo que usted desee).

Pasaron tres meses y llegó la fecha donde debían reencontrarse. A las cinco en punto de la tarde.
Llegaron dos de nuestros héroes, no el tercero.
Esperaron durante cinco, diez, veinte, treinta minutos... uno de los personajes descubre casualmente un periódico sobre una mesa apartada. Va pasando las paginas mientras espera; una pagina... otra pagina... otra pagina... se detiene en la siguiente; se trata de una fotografía a media pagina. Un joven yace ensangrentado en el suelo con una brocha en la mano bajo una pared donde con letras grandes y blancas se puede leer una frase inacabada: SOLO SÉ QUE ESTA ES MI... La noticia llegaba desde España y, déjeme, mi paciente lector, que esta vez sea yo quien imagine la época en la que se desarrolla este relato; Siglo xx. Mitad de los años Setenta.


Isaac Manuel Cuende Perez.

Gisela Bragado dijo:

Sólo sé que es mi última oportunidad. Estoy delante de aquellas ocasiones de la vida que se presentan en forma de dicotomía, tomarlo o dejarlo, seguir o abandonar…
Antes de llegar a este punto, he pasado muchas noches pensando como será la vida si lo consigo, si sigo hacia delante, si rompo las cadenas que me someten a su control; pero cada vez que lo pienso, el camino que veo hacia delante, sólo me lleva al punto de partida, a las sensaciones experimentadas en sus brazos, en su lecho, que me conducía a la paz y que hacía que nada ni nadie importase, sólo nosotros…
Parece mentira, lo que pueden extenderse unos minutos cuando estás delante de algo que cambiará definitivamente tu vida; que puede diferenciar la luz de las sombras. Pero, ¿Qué es lo que hace que me dirija a la luz que me marcan ellos? ¿Y si para mí la luz era lo que ellos llaman sombra?
No sé que hacer; simplemente dudo si tomar uno u otro camino, pero este es el punto de no retorno, ya me lo avisaron y sé que esta es mi última oportunidad. Aunque, si le doy tantas vueltas a la idea de volver a experimentar, una vez más, la sensación que me da cada vez que estamos juntos será que no estoy mentalizado a continuar...
De repente, una voz me saca de mis elucubraciones que intentan discernir entre el bien personal y el colectivo:
- ¡Eh, tú! ¡Que es para hoy! – me increpa una voz desagradable, pero que por otra parte es la adecuada para su oficio.
- ¡Ah! Sí, sí, ya voy.- Contesto, sin dejar de pensar ni un solo momento qué hacer, qué decisión tomar.
El Sol parece que decidió ya su postura. Desde el inicio de los tiempos continúa su camino hacia hacía el Oeste, dejando un manto tenue que adquiere mayor contraste, gracias a las hijas de Edison, que dispuestas en las aceras comienzan su labor. Estas, no son suficientes para arrojar luz sobre la decisión que debo tomar, pero si son capaces alumbrar, débilmente, a un panfleto arrugado y descolorido que hay junto a mis pies.
En él, figuran las fechas y el lugar, donde se celebrará un espectáculo infantil, que me resulta familiar…
En ese momento pregunto a la persona que me espera:
- ¿Qué día es hoy?
- Joder, lo que faltaba. Tío, yo no soy el puto servicio de información ¿Estamos en lo que tenemos que estar? Me estás calentando. Porque eres amigo del Loco, que sino… Bueno, hoy es veintidós de abril, ¿Contento?
Veintidós de abril… ¿Por qué me resulta tan significativa esta fecha, ahora que me encuentro en una encrucijada vital? Mi mirada vuelve a caer al suelo, y ahí continúa el pequeño folleto descolorido. Me fijo bien y empiezo a comprender y a desembrollar el nudo transcendental que presiona mi cabeza…
Veintidós de abril, claro. Y su cara de felicidad viene a mi memoria. Se lo prometí. ¿Cómo negarle a mi pequeña princesa de rizos y ojos como el azabache, disfrutar de una tarde de teatro de marionetas con su maltrecho progenitor?
¿Cómo he podido estar tan ciego? ¿Qué hace que la cosa más importante de mi vida se vea reducida a una vaga idea?
- Tronco, que no tengo todo el día, ¿Te la llevas o no?
- Eh, tío, lo siento paso.
- No, me jodas, ¡serás hijo de puta! ¿Me has tenido tres cuartos de hora en este puto callejón, para decirme que no te llevas lo que pediste? Si es que ya lo dice el Richard: “Si es del Hombre y se esconde, lo más seguro es que no compre”.
- Tío, perdona, ya sé que el Loco te dijo que pillaba seguramente, pero esta es la tercera, vez que estoy dentro del proyecto, si me pillan…
- Ya, ya, ya, no volverán a dejarte entrar. Sí, si conozco a muchos como tú. Muchos, vienen desesperados. Vienen deseando, tomar una dosis más “para recordar viejos tiempos o su dulce sueño”, pero saben que si vuelven a la carrera, no podrán dejarlo ya hasta que la tierra les acoja en su seno. Este callejón ha sido testigo de decisiones claves. En él he visto como las personas en tu misma situación. Han tirado por la borda la oportunidad de salirse de este mundo placentero pero no real, y así agarrarse a la vida, cruel y dolorosa, pero que deja bellos posos en la memoria.
Oye, una última cosa. Después de haberme tenido aquí durante un tiempo que es valiosísimo para mí, ¿Podrías responderme una pregunta?
- Hombre, que menos…
- Bien. Como te he dicho, no eres el único que se ha encontrado en esta situación. Todos tenéis un motivo por el cual elegís uno u otro camino. ¿Cuál es el tuyo?
Sin dudar un momento, dirigí la vista al suelo y señalé el folleto descolorido de la función de títeres.
- ¿Una función de títeres? Ja, ja, ja – Comenzó a reír escandalosamente - Una función de títeres te ha hecho tomar la decisión de agarrarte a la vida terrenal… En fin, buena suerte y espero no volver a verte más.
- Gracias. Dale recuerdos al Loco de mi parte. Por cierto, ¿Qué hora es?
- Descuida “marioneta”, se los daré.- Con voz de informadora horaria y algo de sorna me contestó- Para su información son las ocho de la tarde, una hora menos en Canarias.
- Gracias. – repliqué, pensando que todavía estábamos a tiempo mi princesa azabache y yo de ir a la función de títeres.
Mientras abandonaba el callejón dirección a casa de mi pequeña princesa azabache, le oía continuar riéndose y farfullando “una función de títeres, ja, ja, ja...”.
La función de títeres, era lo que me había hecho reaccionar y salir de ese camino que me devolvería a un laberinto, en el cual no podría disfrutar y conocer a mi princesa azabache. Hoy, veintidós de abril, es su cumpleaños. El día que nació, estaba tan colocado que no pude ir al hospital a ver su preciosa carita.
De los cuatro años que tiene, la mayor parte de ese tiempo, me la he pasado dentro y fuera de centros de rehabilitación, desenganchándome y enganchándome de nuevo a falsa salvadora de los desamparados: la heroína.
Esta es mi última oportunidad, así me lo advirtieron en el Proyecto Hombre, para desintoxicarme y continuar hacia delante; para poder conocer a esa persona, que lleva ya cinco años en este mundo y que siempre me ha regalado algo a lo que quiero engancharme con todo mi ser: Su sonrisa.
Este veintidós de abril celebraré el cumpleaños de mi heroína de cinco años; que consiguió que su padre, una tarde de abril se reenganchase a este mundo para volverse adicto a su pequeña pero increíble vida.

Siffronia

Popeye y el pizzero argentino de Almagro, tienen en comùn, la defensa de la espinaca. El segundo, la adereza con champiñon y nata sobre una masa artesana. Al primero, supongo que no lo han olvidado, le gustaban al por mayor y dirèctamente de la lata...
Sòlo sè que èsta, es mi ùltima oportunidad:
¿Creen que lograrè ser el tercero en discordia?.

Ibn andouf es el mejor postrerelato en función a vuestras bases, delicioso letra a letra

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