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POSTRELATO XIX: "EL REFLEJO"

Enhorabuena a Anónimo, que esperamos que en breve lo deje de ser para enviarle nuestro premio. él ha ganado el Postrelato XVIII y, en vista de la baja participación, volvemos a la estrategia inicial de proponer nosotros los inicios, el XIX, por lo tanto, comienza así:

"Mamá, ¿ese/a del espejo soy yo?"

Enviad vuestras continuaciones a este blog, como sabéis, hay hasta las 12 pm del Lunes 1 para participar. ¡Suerte!

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“Mamá ¿esa del espejo soy yo?, gritó asustada. La sala era circular y espaciosa, había en ella una atmósfera extraña, como de otro mundo. En ella se alzaban numerosos espejos de diferentes formas y proporciones. La niña desorientada ya era incapaz de reconocer su figura original. Flaca, bajita, de infinitas piernas, con una enorme panza o una cabeza abultada. Tras recorrerlos todos, exhausta, sin llegar a reconocerse, pensó que lo mejor seria elegir el que más le gustaba.”

"Mamá, ¿ese/a del espejo soy yo?"

No reconocía su imagen en el espejo especial . Especial pues el circo es un lugar mágico ,lleno de recuerdos .María no se reconocía .La imagen estaba deformada , se veía más gruesa y con la cabeza más peciforme . Pagar 20 euros para esto . El gran circo que se había puesto en la ciudad , y que había ignorado su presencia tanto tiempo como insistió el locutor a bordo de la furgoneta hippiosa azul con matrícula de Munich .De pronto le vino a la memoria todas las veces que se había cuestionado su identidad .Inmediatamente rebobinó 10 años atrás.
Recordó en Carnavales cuando se vió, se intuyó en una luna de una sucursal bancaria , de esas que te cobran comisiones con anuncios de alegria , sonrisas y buen rollo bajo un disfraz de vagabunda , llena de roña , suciedad y retales de vestidos llenos de lejía y manchas incrustadas al tejido .Mamá , esa soy yo ? Pero no obtuvo respuesta pues o bien su madre estaba lejos de Pego ,donde se celebró dicha fiesta pagana o bien la luna bancaria solo respondía cambio de una tarjeta de por medio y su correspondiente interés ...quien sabe !
Un nuevo recuerdo chispeó en su cabeza .De pronto explotó su primera vez , como un mísil se acordó de Antonio su primer novio , un echao pa alante que diría su amiga Berta, apuesto , simpático y atrevido , se trasladó a la discoteca “Hamaka”en la calle Mayor , 23 en el espejo del baño preñado de ilusiones y deformaciones alcohólicas y allí , enfrente del cristal tras su primer polvo , apasionado , incómodo y rápido .La pregunta .Sin respuesta .mamá esa soy yo ?
Salió del circo, pensativa y agobiada .Su carpeta de recuerdos se cerró .Anochecía , llegó a casa , se acomodó en la butaca , no tenía hambre , encendió la radio , sonaba Chuck Berry y su inimitable You can never telle , se puso a llorar . Maldito circo! , había torpedeado su escasa autoconvicción.Autoestima baja diría cualquier estudiante de psicología .Un pensamiento rodeaba la estancia .Mama , esa del espejo soy yo ? Y ni siquiera el viento respondió...

¿Mamá, ése del espejo soy yo?
Eso debí preguntar anoche -pensaba Cheil- a mi madre cuando llegué anoche tan borracho de la cena de empresa, tal era mi crisis de identidad a esas horas. En vez de eso o irme a dormir, me puse a afeitarme y, claro, me hice un par de cortes que lavé bien con jabón y sequé con cachitos de papel higiénico pellizcado. A la mañana siguiente descubrí que me había hecho más de un par de cortes en la cara porque la almohada tenía unos charcos de sangre. Inquieto, me fui corriendo al lavabo y confirmé el estropicio de cortes que me había hecho y... los cachitos de papel pegados en el espejo.
¡Maldito reflejo!

Mamá, ¿esa del espejo soy yo?, preguntó, no sin antes haberlo meditado.
Ahora no estoy de humor cariño, le respondió su madre con voz suave pero cansada.
Mamá, por favor... Sé que es temprano, sé que estás medio dormida en tu cama.
Suspiró profundamente al terminar la frase, casi sollozando; incapaz de soportar la tristeza que sentía al oír sus propias palabras. Su dulce rostro de doce años pareció ser luz en la oscuridad de la todavía húmeda habitación. Su madre la miró fijamente. Aún estará preocupada, pensó entonces.
Ayer fue un día duro para ti, lo sé, dijo su madre.
Mamá, no empieces, por favor; sabes que a mi todo me duele. Jamás me perdonaré lo que le hice a aquella persona, comentó mientras juzgaba la belleza de su reflejo en la lisa superficie.
Soy consciente de todo, créeme, de todo. Pero... debes aprender a convivir con tus actos, ya nada puede cambiar, dijo su madre despierta, sentada en su cama, poniendo los pies en el suelo.
Necesito que me respondas de forma clara y concisa, insistió su hija. ¿Esa del espejo soy yo?, repitió. Ella continuaba de pie, observándose en el espejo, cada vez más nerviosa. Comenzó a temblar de frío.
Su madre decidió levantarse para abrazarla. Cada gesto era tierno y puro, cada palabra única; cada sonido, cada instante, eterno llanto del alma. La abrazó durante un rato. Luego la soltó lentamente y, mirando fijamente a sus ojos, dijo: sabes hacer que sienta lo que tú sientes, y eso me hace sentir bien. Me haces sentir bien en esta realidad tan caótica y a la vez tan bella en la que vivimos. No puedo evitar sentir lo que siento. Eres la persona más bella que he conocido en mi vida, y no lo digo porque seas mi hija. Para mí, tu padre y tú sois la misma persona. El murió y tu naciste, fue cuestión de días. En fin, eso es otra historia... Lo importante es que aprendas a perdonarte; porque aquello que ocurrió fue un accidente. Tú no quisiste hacerle daño a tu amigo. Sé que lo querías mucho, que era una persona muy especial para ti, pero murió hace dos años. No eres una mala persona, sólo una chica que madura demasiado rápido y sufre por cosas que nadie siente. Algún día lo comprenderás, quizás cuando seas mayor.

Mamá ¿ese del espejo soy yo? preguntó Pablo.

Atrás quedaban interminables horas de preparación del disfraz. Su madre le había tenido siglos o quizás milenios diciéndole "¡Estate quieto que saldrá mal!" y Pablo había aguantado quieto más que nunca, no recordaba haber estado jamás tanto tiempo quieto. Incluso consiguió hacer callar las ganas de hacer pipí, porque ¡Él era el más fuerte del mundo! Con el poder de su mente había hecho retroceder aquel ejército de hormiguillas.
Y tenía que valer la pena, ¡vaya que sí! el resultado sería sorprendente y realmente atemorizador. Iba a dar miedo a todos los del colegio el día de carnaval, el pequeño Pablo ya no existía, ahora era... ¡El increible Hulk!
Pero en el espejo lo que había era un ridículo duendecillo verde como de cuento para chicas.
Gruñó y sacó los dientes, pero no había nada que hacer...
¡Sí! ¡Llorar!

"Mamá, ¿ese del espejo soy yo?"
La madre guarda silencio.
Él contempla hipnotizado esa imagen hierática. Le sorprende su rigidez, su inmovilidad. Nunca se imaginó así.
Contempla el pelo negro rizado sujeto por una cinta, las facciones angulosas y los poderosos músculos.
Dada su condición de vampiro nunca había contemplado su imagen en un espejo, o al menos era tan remoto que ni lo recordaba. Había fantaseado con muchos rostros pero nunca con uno tan varonil, tan potente.
Repite la pregunta. Esta vez más alto.
"Mamá, ¿ese del espejo soy yo?"
-No, hijo mío. Ese es Sylvester Stallone. Sólo se trata de un póster.
La madre le mira y siente lástima. Se compadece de su tono blancuzco y enfermizo y de su figura desgarbada y escuálida. Piensa que para su próximo cumpleaños le regalará un retrato.

Lame, dice.
Una gota de rubí sobre una piel nívea, como en un poema antiguo.
Un espejo de bronce, de volutas recargadas, excesivas, donde se refleja su cuerpo y también el mío. El torso está cubierto por una camiseta de algodón, su rostro oculto por el pelo. No necesito verlo para saber su expresión. De cintura para abajo está completamente desnuda, las piernas abiertas en un ángulo de 35 grados, tal vez un poco más, y el menstruo que gotea por la cara interior del muslo.
Lame, dice ella.
Forma parte del acuerdo. He revelado su secreto y ahora he de beber su sangre.

¿Hay que escribir algo en el espacio URL?

No hubo respuesta. Ni siquiera un leve balbuceo. Tan solo, al tiempo, percibí un sonido quejumbroso y latente. Después sollozos, llantos y quiebros. Finalizados por un silencio ensordecedor, embotado, asfixiante y de tiempo indeterminado. Retahíla de imágenes yuxtapuestas, confusas y borrosas. Luces intermitentes y cegadoras. Olor a neumático, asfalto, gasolina y sangre. Sin lógica, equilibrio o explicación, intentaba relacionar acontecimientos en mi mente.

Ambos no podíamos articular palabra, el corazón con rabia nos oprimía el pecho.
Un nudo se aferraba a nuestra garganta seca. Con las manos temblorosas, en cuclillas; madre intentaba aliviar esa sensación de incertidumbre, ansiedad y sorpresa. Acariciaba con ternura la única zona de la cabeza que no tenía herida. Recostado en la cama, con la vista borrosa por la cantidad de sedantes que mi organismo trataba de asimilar, de una forma progresiva, enfocaba mi silueta sobre la superficie del diminuto espejo que ella sostenía en la otra mano.

La sábana blanca que cubría mis piernas terminaba de una forma abyecta, que no terminaba por reconocer. Podía intuir, entre latigazos de dolor, que me faltaba una pierna. Mi voluntad para incorporarme, emitían órdenes continúas a mi cerebro, pero lo único que obtenía: pinchazos y latigazos bestiales. Descargas eléctricas que recorrían mi cuerpo a su capricho, convulsionando mi tronco, lo que me provocaba más ansiedad y confusión. Con voz entrecortada volví a preguntar: "Mamá, ¿ese/a del espejo soy yo?"

Javier González dijo:

Mamá, ¿esa del espejo soy yo?

Mira, mírala...

Verdad que hay cierto parecido, tampoco lo niego, pero ¡no! ¡La del espejo no puede ser yo!

Mírala, mírala si no... llorando como una boba..., tonta estúpida, idiota, imbécilimbécilimbécil, ridículamente sorbiendo mocos, esa imbécil... que no soy yo.

¡Ojalá él estuviera aquí! ¡Sería tan divertido, estúpida llorona! ¡Nos reiríamos tanto! Y en tu cara..., si él... Pero no, ahora sólo quedamos tú con tus estúpidas estúpidas lágrimas... y yo. Tú y yo. Tú, y yo. Juntas y solas. Más solas... las dos que la una.

- Mamá, ¿ese del espejo soy yo?- susurro el pequeño François.
El pintor había tenido que alquilar un carruaje para poder transportar el cuadro hasta la casa de estilo Imperial, sita a orillas del Rodano. A duras penas sostenía un lienzo enmarcado con molduras estilo Luis XV, en el que el retrato del niño parecia estar vivo.
- No pequeño, esto no es un espejo es un cuadro, -corrigió en tono divertido su madre-, ciertamente señor Montagne, es usted un artista.

-Mama, ¿esa del espejo soy yo?
Ana volvió a mirar incrédula la imagen que le devolvía el espejo.
Sus manos y sus brazos no se reflejaban y por más que hacía aspavientos para ver si aparecían en su campo de visión… Nada, todo seguía igual…
Recordó lo que tantas veces le había dicho su madre.
-“¡Ana, vive!, ¡disfruta cada momento porque solo vas a estar aquí una vez!”
-“Si dejas que la vida te pase por encima y eliges ser una mujer gris, un día empezarás a desaparecer y entonces puede que sea demasiado tarde.”
-“Primero serán tus manos y tus brazos, ya que son inservibles si no los utilizas para abrazar y tocar las cosas maravillosas que la vida te ofrece. Después seguirán tus piernas, porque no te llevan a ningún sitio”.
-“La cabeza irá a continuación, ya que la tienes vacía de ilusión y esperanza.”
-“Por último el corazón, ese trocito de ti que mantienes inactivo como la vía muerta de un tren.”
-“Al final desaparecerás y no importará, ya que ¿para qué sirve una existencia sin alma?”

La muchacha se volvió y vio a su anciana madre observándola.

-Cariño, ¿no crees que ya es hora de que le pongas alas a tu vida?

Ana abrazó a su madre como si fuera la primera vez, como si quisiera volcar en aquel abrazo todo el amor reprimido a lo largo de su vida.
En la cara de la anciana se dibujó una tierna sonrisa.

Poco a poco las manos de Ana volvían a reflejarse en el espejo.

Mamá, ¿Ese del espejo soy yo?
Acepte su silencio como afirmación y miré mi reflejo horrorizado.
No podia creermelo, todo ocurrió tan rapido, aquel silvido arrebatador que se hundió en mi timpano, aquella sombra que amenazaba desgracia. Luego, solo un gran estallido, no recuerdo nada hasta mi despertar en la cama del hospital. No sabia que habia pasado, por mucho que preguntaba nadie me contestaba...
Más tarde me entere de lo ocurrido, uno de los muchos bombardeos hechos sobre mi ciudad, odiaba a muerte esta guerra sin sentido donde morian miles de inocentes.
No es justo que una sola persona, por llamarse presidente pueda elegir por todos, No es justo que sus actos adquieran consecuencias en nuestras vidas, pero, que se le va ha hacer.
Bajé de aquella cama de hospital y puse rumbo hacia mi nueva vida.
Yo y mi madre estabamos dispuesto a comenzar una nueva vida, intentar borrar de nuestas memorias todo aquel horror sin medida. Se acabaron los sabados en el campo con mi familia, no habría mas reuniones familiares por navidad, no podria volver a jugar con mis compañeros de escuela.

Solo tenia 15 años cuando ocurrió, tres segundos fué lo que tardó aquel misil en tomar tierra, una semana quedé insconciente en el hospital, 40 años llevo maldiciendo aquel momento en el que quedé solo

-¿Mamá,esa del espejo soy yo?
Tomó otra vez la palometa al final de la fina cuerda y volvió a estirar.
-Vamos al jardín a escuchar a los pájaros.
Veía sus ojos reflejados en las pequeñas pupilas tersas y oscuras enfrentadas a las suyas.Entre sus manos sostenía aquel cuerpo blando tan bien cosido a su memoria como los adornos brillantes de su vestido.
Repitió una vez más el gesto mecánico.
-Te quiero mucho.
Su voz, de la misma porcelana que su rostro, viajó otra vez de su infancia a su presente.
Besó la mejilla fría y depositó el leve cuerpo de su muñeca en el hueco privilegiado que le había reservado en la maleta.Despues la cerró solemne.
Fuera, a través de la ventana, la hierba descuidada pareció recordarla cuando le regaló unos segundos de quietud entre los azotes del viento. Giró entonces sobre si misma y caminó resuelta hacia la puerta de la habitación mientras se aferraba con fuerza al asa de cuero desgastado.
Cuando atravesó el umbral creyó oir desde el interior de su equipaje la voz dulce de nácar : - ¿Mamá, vamos a dar un paseo?

-¿Mamá,esa del espejo soy yo?
Fue lo último que oí antes de que cayera al pozo.

-Mamá,¿esa del espejo soy yo?
La madre quedó paralizada, y mientras llevaba sus manos temblorosas a los hombros de su hija no cesaba de preguntarse asustada:
-¿Cómo? ¿Pero cómo ha podido saber que estaba delante de un espejo? ¿Si era ciega de nacimiento?
-Sí hija mía,esa niña tan guapa eres tú.

-No te preocupes, lo descubrirás con el tiempo. Lo único que puedo adelantarte es que te acompañará allá donde vayas,no podrás librarte de ella ni un momento. Incluso cuando duermas, allí estará. Así que será mejor que te lleves bien con ella, y sobre todo cuidala mucho -contestó la madre sonriendo.
- Entonces, ¿crees que le gustarán los bocatas de chocolate?

¿Mamá,ese del espejo soy yo?
Me cuesta acordarme de mí. Siempre me bastó con verme en tus ojos, con pasear los mundos de tus libros y convencerme de que si algo no quería hacerlo, simplemente no lo hacía.
Pero lo he hecho mamá. He visto otros ojos. Su mirada ha desdibujado lo que soy. Lo que era. Lo que esta sangre arrastra en su tenebroso cauce para siempre. ¿Intentabas frenarlo? ¿Sabías que me sentiría tan bien? ¡Dímelo! ¿Ese del espejo soy yo? ¿Mamá? ¿Mamá? No te veo. Tengo que limpiar la ducha.

Mamá ¿Esa del espejo soy yo?

Se veía guapa y coqueta, incluso mayor, a pesar de sus 10 años. Pronto me pintaré los labios, pensaba.

¿Mamá?

Venga Aurora vete a jugar con tus amigas antes de que vengan molestando. Niños..

¿Pero dime, soy yo la del espejo?
No. Cierra la puerta por fuera.

La niña salió de la habitación de humo y ceniza, y cerró la puerta.
En la calle una alambrada, o lo que quedaba de ella separaba la sucia casa de la embarrada calzada.

Bicicletas sin ruedas, electrodomésticos sin cocinas, cielo sin Sol, muñecas sin vestidos, personas sin dientes ni educación.

Se detuvo frente al charco que solía formarse allá en la esquina , tras los días de frío y goteras, y volvió a mirarse.

Si, esta soy yo.

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El Postre


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