10 razones para no perderse esta temporada NBA

    martes 16.oct.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

La capacidad de la NBA para reinventarse es tremenda. Algo digno de elogiar. Cada temporada surge una nueva rivalidad o hay un nuevo fichaje que hace aún más apasionante la Liga. Esta temporada hay muchas novedades e historias que contar. Aquí algunas que pueden hacer la temporada 2018-19 apasionante.

1. Unos Warriors aún mejores

Cuando parecía imposible lo han vuelto a lograr. Golden State se ha reforzado aún más. Lo ha hecho con un nuevo el All Star: DeMarcus Cousins. El pívot se une a otros cuatro: Curry, Thompsom, Durant e Iguodala en el que ya es uno de los mejores equipos de todos los tiempos. El objetivo: ser el mejor de siempre. Para ello deben continuar los éxitos o lo que es lo mismo, los Warriors deben ganar su tercer anillo seguido, el cuarto en cinco temporadas, el último en Oakland antes de marchar a San Francisco. Pocos dudan de ello. Que Cousins no vuelva hasta enero, que sea una incóginita como va a responder su tendón de Aquiles no parece un gran problema.

2. LeBron, de oro y púrpura

El mejor jugador del mundo en la franquicia con más seguimiento. Así de sencillo. El 'Rey' apuesta fuerte al iniciar un nuevo proyecto en los Lakers. Hubiera sido más sencillo hacerlo en Philadelphia, pero a James le van los retos. Este es mayúsculo: devolver a los angelinos a lo más alto tras ocho años sin un anillo y cinco sin pisar los play-offs. No parece que el título vaya a llegar esta temporada, quizás por eso LeBron haya fichado por cuatro. Jóvenes como Ingran, Kuzma y Hart crecerán a su lado; veteranos como Rondo o McGee serán el apoyo de un 23 que, para añadir glamour a la historia, vestirá la camiseta del equipo del 'Showtime' de 'Magic'.

3. Los Celtics, con Irving y Hayward

¿Si la temporada pasada Boston estuvo a un solo triunfo de la Final de la NBA sin sus dos grandes estrellas, de qué no será capaz en ésta? Los Celtics afrontan su primera campaña completamente sanos como auténticos favoritos en el Este. Los problemas de Irving y Hayward en la 2017-18 tuvieron algo positivo: las explosiones de un Tatum que de 'rookie' pasó a estrella y de un Jaylen Brown que demostró todo lo que se esperaba de él. Si a eso le sumamos la mejora de Rozier, a un Smart renovado y un valor más que seguro como Horford tenemos equipo para todo con un valor añadido: se llama Brad Stevens, tiene 41 años y pinta que va a ser una leyenda de los banquillos.

4. 'El Proceso' continúa

De 28 triunfos a 54 en una sola temporada. De ser un equipo pensado en perder para buscar rondas altas en el 'draft' a ser uno de los candidatos a hacerse con el triunfo en el Este. Este ha sido el camino de Philadelphia en los últimos meses y años. 'El Proceso' ya ha tomado forma. Lo ha hecho de la mano de dos súper estrellas como Joel Embiid y Ben Simmons. Si les respetan las lesiones y vemos a un Marquelle Fultz que la pasada campaña apenas pudo jugar por problemas en el hombro en esa maldición que sufren los 'rookies' de los Sixers, todo es posible en una ciudad del amor fraterno a la que la llegada de Wilson Chandler mucho puede aportar.

5. El 'Fenómeno Doncic'

A Doncic se le ha comparado en Europa con Bodiroga, también con Toni Kukoc. No estaría mal que tuviera una carrera en la NBA como la del croata y sus tres anillos con los Bulls. Otro europeo será su mentor en Dallas, y no uno cualquiera. A sus 40 años, en su campaña número 21 vistiendo la camiseta de un mismo equipo (nadie lo había hecho hasta ahora en la Liga), Dirk Nowitzki será el nexo de unión entre los Mavericks del pasado y los del futuro. Los que deben de comandar el esloveno y Dennis Smith Jr. Con estos mimbres, más los DeAndre Jordan, Harrison Barnes y con Carlile en el banquillo, se auguran buenos tiempos para la franquicia texana y para el ex del Madrid, una de las grandes figuras de un 'draft' que, con Ayton, Bagley, Jackson y compañía, aspira a ser recordado como lo fueron los del 96 y 2003 entre otros.

6. Houston, ¿el nuevo Sacramento?

Partamos de la base de que estos Rockets no juegan ni la mitad que los Kings de Adelman, Bibby, Webber, Stojakovic y compañía. Si bien, ambos tienen algo en común: se han cruzado con un súper equipo. A Sacramento le tocaron los Lakers de Shaq y Kobe, que les dejaron por lo menos sin un anillo. A Houston le ha tocado Golden State. La pasada campaña pudo ser, pero enfrente estaba un equipo mejor, encima se lesionó Chris Paul. Habrá que ver si en ésta la llega de Carmelo es un factor positivo y no un lastre para los Harden, Capela y compañía. Un equipo que vive del tiro de tres y puede que eche de menos a Ariza esta temporada.

7. Ricky y un nuevo contrato en los Jazz

Ricky afronta su séptima temporada en la NBA. Lo hace sabiendo que el próximo verano podrá decidir su futuro. Su llegada a Utah el pasado verano fue un soplo de aire fresco tanto para él como para los Jazz, que se han encontrado a un jugador que ya no sólo asiste y roba. Rubio también tira con asiduidad y lo hace muy bien. Con Gobert siendo un muro atrás (29-6 en fase regular desde que volvió de su lesión la pasada campaña) y con Donovan Mitchell en el que debe ser su año de confirmación como estrella de la Liga de este número 13 del 'draft', repetir semis de Conferencía debe ser el objetivo para los de Snyder. Si todo va según lo previsto, lo harán o se acercarán y Ricky estará más cerca de mantener su futuro a una franquicia en la que encaja como un guante.

8. ¿Eternos Spurs?

Mirar a San Antonio y no ver en pista a Duncan, Ginobili y Parker es un hecho más que raro. Sin el trío con más victorias en la Liga y sin el hombre que les iba a sucede, Kawhi Leonard, afrontan en San Antonio esta campaña. Lo hacen con De Rozan y Aldridge como líderes (bajo sospecha por su carácter) de un proyecto que se ha quedado cojo con la lesión de Dojounte Murray en la que es la temporada número 18 de Pau Gasol en la Liga. Cuando el de Sant Boi aterrizó en la NBA, en 2001, Popovich ya llevaba cinco años al mando de un equipo que no falta a la cita de la lucha por el título desde el año 97. ¿Se bajarán de ella en Texas este año? El pronóstico no es fácil de calibrar.

9. Nueva era en Toronto

DeRozan se fue y llegó Kawhi con todo lo que ello conlleva: mucho talento y muchos problemas tras disputar solo 18 partidos la temporada pasada aún no sabemos bien porque. Sin LeBron en el Este, les ha echado de los play-offs de manera consecutiva en tres ocasiones, los Raptors sueñan con dominar por fin su Conferencia y, de paso, conseguir la renovación de Leonard. Ibaka y Scariolo como técnico asistente pondrán el acento nacional a la franquicia canadiense que volverá tener a Lowry como cerebro en la pista, a Valanciunas como pívot dominante y al novato Nick Nurse manejado una rotación más que amplia a la que Casey solo pudo sacar partido, de gran forma eso sí, en temporada regular.

10. ¿El MVP para Antetokounmpo o Davis?

El futuro está aquí. Estamos ante dos jugadores tan versátiles que pueden hacer de todo. Antetokounmpo es el líder de unos Bucks que deben dar un paso adelante esta temporada; Anthony Davis lleva ya demasiado tiempo deslumbrando en Nueva Orleans sin un mayor premio que una segunda ronda de play-offs. Es el momento para que ambos derriben la puerta y se acerquen a ese MVP. Será consecuencia de su nivel, pero también del de sus equipos con Middleton o Mirotic, entre otros, de acompañantes. ¿Si Westbrook y Harden lo lograron las dos ultimas campañas, por quén no lo van a hacer ellos? Talento y hambre les sobran.

He aquí 10 razones para no perderse esta NBA, pero hay más. Está Wade y su última temporada como profesional; los renacidos Pacers de Oladipo; el talento de Lillard y McCollum; el de Jokic o el que puede ser el último baile de Marc en Memphis.

Todo en una temporada 2018-19 de una NBA que arranca ya.

Pedro Molina   16.oct.2018 20:36    

¿Una Euroliga de cinco?

    miércoles 10.oct.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

"Llueva o haga sol, nieve o truene, CSKA, Fenerbahce y Madrid estarán en la Final Four de la Euroliga".

Durante las dos últimas campañas no me he cansado de repetir esa frase. Es cierto que he acertado. También es verdad que no había que ser ningún gurú para atinar con este pronóstico. De hecho, mediada la campaña pasada los Generals Managers de los equipos dieron al 100 % que rusos y turcos estarían en Belgrado (lo del equipo de Laso y sus lesiones quizás era más difícil de asegurar)

Esta temporada, en cambio, creo que la situación puede ser un poco diferente.

Hay que partir de la base de que CSKA, Madrid y Fenerbahce son los tres grandes candidatos a estar en Vitoria del 17 al 19 mayo. Pero no es menos cierto que el poder griego acecha, que este año sí parece que Panathinaikos puede dar ese salto cualitativo que casi siempre ha logrado el Olimpiacos.

Las llegadas de un pívot de 2,20 como Papagiannis y de un anotador compulsivo como Keith Langford dotan a Xavi Pascual de un arsenal mayor con el que optar a todo pese a las pérdidas de Mike James o Singleton. Dos temporadas seguidas quedando cuartos en la Liga regular y perdiendo en el play-off de cuartos con el a la postre campeón (primero el Fenerbahce, mas tarde el Madrid) parecen haber escocido a Dimitris Giannakopoulos aún más que sus disputas con la Euroliga. Algo que hace que miremos aún con más respeto a lo que sucede en el caliente OAKA con Calathes y compañía.

Muy cerca, en El Pireo, tampoco sentó demasiado bien que la Cenicienta Zalguiris les pasara por encima. De ahí que a Spanoulis, Printezis y compañía se hayan unido Toupane (antiguo verdugo) o un Timma que rindió a un nivel menor del esperado en su etapa en Vitoria. Buenos refuerzos, pero tampoco estelares. El verdadero fichaje de Olimpiacos está en su banquillo. Se llama David Blatt y es un grandioso entrenador. La Euroliga 2014 ganada con Maccabi y el Europeo de 2007 con Rusia ante España (sí, el de la canasta de Holden y el error de Gasol) definen lo que es Blatt: un entrenador capaz de sacar el mayor rédito de cualquier equipo.

En Moscú, en cambio, ya no pueden fallar más. Han llegado a 15 de las últimas 16 Finales a Cuatro, pero solo han ganado tres, una con Itoudis en cuatro años. La lógica, su presupuesto y su plantilla, dice que deben estar en Vitoria, pero al equipo del ejército ruso quizás le haya faltado reforzar la pintura para ayudar a los Hunter, Hines y compañía. Llegan Alec Peters, un buen 'cuatro' tirador, pero también una incógnita por ver como se acopla a Europa y un Hackett que aumentará aun la batería exterior del equipo. Si bien no parece ya en un momento para dar ese salto de calidad a los 'Chacho', De Colo, Higgins, y Clyburn. De ahí que esta temporada un CSKA con más años y kilómetros en sus piernas parezca un poco más vulnerable.

Obradovic, en cambio, ansía la 'Décima' en su sexta campaña en Turquía. En éstas ha llegado a cuatro Finals Fours y ha jugado tres finales, pero sola ha ganado una. Un balance bueno soberbio para cualquier entrenador, pero normal para el 'Rey Midas' del balon cesto europeo. El serbio Ha perdido a Wanamaker y a Nunally, pero se ha reforzado bien con don NBA como Tyler Ennis y Lauvergne, un pívot de los que marca diferencias y se complemetará a la perfección con Melli y Datome. Es una de las consecuencias del 'Efecto Tavares'. Todos los equipos buscan minimizar su presencia en la zona con un jugador que le pueda hacer frente. Algo que no es fácil.

Con el de Cabo Verde más asentado, Llull ya al 100 % tras su colosal vuelta en abril de la pasada campaña (Laso encontró en el de Mahón el perfecto refuerzo anímico para dar el empujón final al equipo en la parte clave de la temporada), las llegadas de Prepelic y Deck y el bloque ganador de otros años, el Madrid no debe echar demasiado de menos a Doncic (si es que eso es posible). Otra cosa es que repita título. Algo solo logrado por Maccabi y Olimpiacos en los últimos 15 años.

Con este nuevo formato de competición de todos contra todos que cumple su tercer año, la Euroliga se ha convertido en una competición durísima, cuesta horrores ganarla. Primero hay que entrar entre los ocho mejores tras 30 partidos, no siempre uno por semana pues hay cinco jornadas dobles. Luego llegar con factor cancha (o ser como mucho quinto para evitar a los ogros de la competición) a los play-offs y, más tarde, estar en tu mejor momento y tener una pizca de suerte en la Final Four, donde lo hecho hasta ahora importa poco.

Bien lo sabe el Barça que, con su enésima revolución, esta vez con seis caras nuevas (Pangos y Singleton las más ilusionantes), aspira a estar de nuevo compitiendo con los mejores tras dos temporadas en las que ha perdido gran parte del prestigio ganado en sus 30 años anteriores. También Baskonia que, año tras año, se reinventa y nunca falla a esos play-offs. No parece que Shields y Hilliard vayan a darles ese salto para soñar con el título en casa, pero sí para competir y buscar entrar en su 'Final Four'. De los vitorianos y su carácter nunca se puede dudar.

Zalguiris busca un nuevo milagro de la mano de Jasevicius ya sin el mencionado Pangos y Toupane, pero con la palabra equipo grabada en la frente. Maccabi quiere reverdecer laureles con Wilbekin llegado de Turquía tras ser MVP de la Eurocup y dos ex NBA como Tarik Black y Johnny O'Bryant a la cabeza en otra temporada de constantes cambios en los israelíes. Algo que cada temporada hace Efes, esta vez con nueve caras nuevas con Larkin y Beabouis a la cabeza. Armani también tiene un perímetro explosivo, el formado por Mike James y Nedovic que se unen a Kuzminskas. Otra cosa es que compitan y no ocupen la parte baja de la tabla. Quizás a ese puesto opositen Bayern, Darussafaka, Buducnost o Herbalife. No, el Khimki de Bartzokas y un Shved tan anotador como anárquico e individualista.

Todo en una competición en la que el campeón puede llegar a jugar 37 encuentros. Una Euroliga que, desde 2008, ha visto ganar dos títulos a Madrid, CSKA, Panathinaikos y Olimpiacos; uno a Fenerbahce y a Maccabi.

A priori, los cinco primeros parten en cabeza para levantar el trofeo el domingo 19 de mayo en Vitoria, en el Buesa Arena. ¿Aparecerá alguien más?

Lo sabremos ya.

Pedro Molina   10.oct.2018 10:23    

Una selección con talento y mucho corazón

    martes 2.oct.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

¿Qué habría pasado si Alba Torrens hubiera llegado al Mundial a tope, habiendo jugado más de dos partidos en la preparación sin esas molestias en la rodilla?

El resultado nunca lo sabremos. Quizá no habría llegado ninguna medalla, pero tengo claro que esta España hubiera sido muy distinta. La alero es el factor diferencial de esta selección, un talento único en Europa casi imposible de frenar en un uno contra uno. Algo de lo que se habrían beneficiado mucho sus compañeras y habría hecho más dinámico el juego del equipo.

¿Qué habría pasado si Sancho Lyttle no se hubiera lesionado de gravedad y hubiera acudido al torneo?

Seguro que Cambage no habría resultado tan imparable. La pívot no habría jugado a su antojo con las nuestras, ni habría sacado a tres de la cancha por faltas. Pero, ¿habría ganado España a las 'aussies'? No lo sabremos. Quizás no nos hubiéramos cruzado ni con ellas.

¿Y si Silvia Domínguez hubiera podido aportar más que su testimonial presencia por otra inoportuna lesión?

Seguro que el porcentaje de triples habría mejorado, pero esto no es garantía de éxito total.

Con todo esto quiero decir que los Campeonatos son así. A veces se llega mejor; a veces no. Hay torneos en que todo te va de cara; otros, no. Con ese factor hay que contar y si no la haces, mal vas.

Este ha sido el gran mérito de la selección española de baloncesto femenina en el Mundial: no rendirse jamás, superar las adversidades, no cegarse con los problemas, salir más fuerte de todos ellos. Algo que forma parte de su ADN.

Si este equipo ha subido seis veces de manera consecutiva al podio en sucesivos Europeos, Mundiales y Juegos es por eso: por su carácter único que han sumado a su grandioso talento.

Por eso se fue en Tenerife de menos a más. Por eso se superó una derrota tan dura como la sufrida ante Bélgica en la primera fase. Por eso se dejó más de nueve minutos sin anotar a Canadá en el último cuarto del partido clave, el de cuartos de final, aquel que marca la frontera entre el éxito y el fracaso. Por eso se superó el pésimo inicio de partido (como ante Australia) en la lucha por el bronce ante Meesseman, Mestdagh y compañía.

En corazón, ningún equipo gana al combinado de Mondelo. El tenia un plan y se cumplió.

Este lo representaron mejor que nadie Cristina Ouviña y Queralt Casas, el 'comando kamikaze' que salía desde el banquillo para dar aún más intensidad al equipo con sus robos y penetraciones. Para unir su garra a la de Nicholls en su lucha por los rebotes y sus puntos claves (ahí esas dos canastas ante Bélgica el último día y la previa asistencia a Laura Gil). Para ayudar a la mujer de la máscara y a Astou Ndour. Para sumarse a una Marta Xargay a la que una vez más le ha dado igual jugar de casi todo, de escolta a ala pívot, haciéndolo casi siempre a la perfección.

Esto también lo representa Alba, jugando todo lo bien que se podía cuando no se está en plenitud de forma; y Laia Palau que, desde luego, no aparenta ni de largo tener 39 años. Qué decir de una Anna Cruz que apenas ha parado en los últimos veranos uniendo la WNBA a su club en Europa y en la selección.

Hasta las que no han participado poco como Bea Sánchez y Belén Arrojo son dos claros ejemplos de haberse dejado alma. Como también lo hicieron María Conde y Leo Rodriguez, los dos últimos descartes de la preparación.

El genio de la táctica y la preparación, un enorme técnico como Lucas Mondelo, dejó este sabio mensaje el pasado domingo en alusión a lo que es el éxito: "¿Os acordáis cuando Indurain ganaba Tours como churros y parecía fácil? Y no quiero ni pensar cuando se Dios Nadal se retire", comentó.

"En 2013 ganamos el oro en el Europeo y la gente pensaba que era flor de un día. Hemos seguido ganando medallas cada año hasta ahora", prosiguió en la rueda de prensa posterior a ese bronce mundialista, a la sexta presea consecutiva.

Estas medallas las ha logrado una generación irrepetible, cuyo talento es único. Pero, sobre todo, las ha logrado un grupo cuyo corazón está muy por encima del del resto de conjuntos. En eso, nadie gana a la selección española femenina de Ba-lon-ces-to.

Pedro Molina    2.oct.2018 20:38    

'La Bomba' se desactiva: adiós Navarro

    viernes 17.ago.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

Había oído hablar de Juan Carlos Navarro allá por 1995. Un compañero del instituto que militaba en las categorías inferiores del Estudiantes me contaba maravillas de un base contra el que jugaba en el Barça. "Qué desparpajo, qué velocidad, qué tiro. Este va a dar que hablar", me decía. Ya empecé a seguirle la pista desde su debut en la ACB en noviembre del 97. Si bien, fue en el verano del 99 cuando se convirtió en alguien familiar.

España estaba a punto de jugar la final del Mundial Junior ante Estados Unidos y, como muchos de los amantes de este precioso deporte llamado Ba-lon-ces-to, me senté a ver a un equipo cuya generación, la del 80, decían que iba a cambiar la historia de este deporte en nuestro país.

'La Bomba' le metió puntos de todos los colores, fueron 27, a los americanos y yo, que la noche anterior no pude presenciar la semi ante Argentina, me quedé prendado de aquel chaval escuálido con barba de tres días, que apenas llegaba al 1,90 y al que nadie podía parar para nuestro gozo, y para el de Pedro Barthe.

Así hasta este verano del 2018. Curiosamente, el primero desde su aparición como profesional sin baloncesto de selecciones en verano.

Navarro se retira. Nos queda su final, con mucho menos tino, chispa y físico del deseado. Dos años duros, frente a 19 geniales.

Se va el hombre que lideró, junto a Pau Gasol, la revolución del deporte de la canasta en nuestro país. Aquel que tras su amigo ha sido el mejor jugador nacional de todos los tiempos. Aquel que, libra por libra, quizás haya sido el número uno. El de las penetraciones imposibles, los triples lejanos y las canastas sobre la bocina.

El hombre que hizo que España fuera el rival a batir, el conjunto más temido: la Yugoslavia y la URSS del siglo XXI.

Navarro solo se perdió dos citas con la selección desde que apareció en el 2000. Fueron en 2013 y 2015. En la primera el cuerpo le obligó a parar; la segunda se lesionó. Compromiso máximo, con el equipo nacional y con su Barça.

Recuerdos y actuaciones geniales, demasiadas.

Siempre tendré en mi mente la canasta ante Israel en seisavos del Europeo 2001. Un discutible arbitraje ante Turquía mando a la España entonces de Imbroda a jugar esa peligrosa ronda para entrar en cuartos. El partido no era incomodo. Se llevo bien, pero como tantos ante los hebreos se trabó hasta el punto de perder por uno a 30 segundos para el final.

Entonces Raúl López sacó de fondo y se la dio a un Navarro que recorrió toda la pista para lograr un dos más uno. Se ganó. Se hizo gracias, en gran medida, a la sangre fría de un chico de 21 años.

Volvió a hacer lo mismo ante Rusia, con ayuda de Lucio Angulo y su 'esfínter' en un partido trabadísimo. Para secundar a Gasol en su memorable duelo ante Nowitzki en la lucha por el bronce.

En el país otomano llegó la primera de sus 10 medallas con la selección.

La semi ante Italia en otro Europeo, el de 2003; la memorable jugada ante Grecia en Madrid 2007 con pique incluído con Diamantidis al acabar el tercer cuarto. La 'Semana Fantástica' en otro Campeonato de Europa, el de 2011; el soberbio Mundial 2010 ejerciendo de líder sin Pau Gasol. Las finales de los Juegos ante Estados Unidos en 2008 y 2012.

Hay tantos partidos excelsos del escolta que nunca he hablado de dos percepciones, quizás erróneas.

La primera es que la selección no ganó la final del Eurobasket 2007 ante Rusia al quedarse Navarro en cero puntos. El encuentro se jugó solo un día después de la brutal semi ante los helenos en un torneo en el que el de Sant Feliú tuvo problemas físicos desde el principio. La segunda dice que la final de Londres ante los americanos hubiera tenido un resultado diferente si no hubiera jugado medio cojo por la maldita fascitis plantar que tanto le ha lastrado.

Siendo duda por esa lesión, 'La Bomba' masacró al Madrid las Navidades de ese 2012 con 33 puntos y un solo fallo en el tiro. Tantas veces lo repitió con un Barça con el que, además de las ocho Ligas y siete Copas, suma dos Euroligas. La de 2010 como MVP. Sí, un español siendo el mejor, el referente, el hombre a seguir.

Podemos hablar de algo más: del mejor exterior europeo en los últimos 25 años y no exagerar.

Navarro termina su carrera y nos deja con el poso de orfandaz del que nos ha dado tanto y de cuyas hazañas en la cancha no podremos disfrutar ni volver a hablar y escribir más.

'La Bomba' se desactiva. Lo hace sin que aún nadie sepa realizar su característico lanzamiento igual. ¿Cuántas defensas han sido superadas por ese tiro marca de la casa? ¿Cuántos jugadores han sido incapaces de frenar al 7 de España, al 11 del Barça, al 2 de Memphis en una NBA que prefirió dejar tras una campaña para volver a mandar en Europa?

Ya lo decía Boza Malkovic: "Es muy educado y me saluda antes de los partidos. Después mete siempre más de veinte puntos".

Se retira un genio. Se va un talento inigualable que, desde la diversión y el gozo, convertía lo difícil en fácil.

Queda solo la leyenda: Juan Carlos Navarro Feijoo.

Pedro Molina   17.ago.2018 23:02    

Doncic-Dallas, una conexión perfecta

    viernes 22.jun.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

"With de third pick in the NBA draft the Atlanta Hawks select..."

No era el año 2001, pero lo parecía. El comisionado es Adam Silver, ya no está David Stern. Y no hablamos de Pau Gasol, lo hacemos de Luka Doncic.

Como en un guiño del destino, la misma franquicia que seleccionó al de Sant Boi hace 17 años, hizo lo mismo con el esloveno anoche para traspasarle en lo que podíamos considerar un 'deja vu'. El destino, eso sí, es diferente. Pau se fue a Memphis; Luka marcha a Dallas, una franquicia más que perfecta para su primera aventura en la NBA.

Doncic es muy bueno, pero también ha tenido mucha suerte. Son muchos los jugadores cuyo talento hemos visto desperdiciado por no caer en el sitio adecuado en el momento adecuado. Tiene pinta de que al esloveno no le va a pasar esto.

En los Mavericks, el hombre que lo ha ganado casi todo en una temporada prácticamente perfecta, se va a encontrar el entorno adecuado para seguir creciendo.

Para empezar, Dallas es una franquicia seria, y tampoco se crean que hay muchas de ellas en la NBA.

Mark Cuban es un excéntrico, pero tiene muy claro su objetivo: volver a devolver a los suyos a lo más alto. Para ello, nunca ha escatimado en gastos desde que se hizo con ésta en el año 2000. Vestuarios de lujo, los aviones más preparados, nunca han faltado los lujos para atraer a los mejores jugadores. Dinero, gracias a sus inicios en el mundo de la informática y a la venta de sus posteriores empresas,le sobra. Ambición, también.

Rick Carlisle lleva el timón desde el banquillo. Lo hace ya desde la temporada 2008-09, habiendo vivido de todo. Desde el anillo conquistado en 2011 ante los Heat de LeBron, Wade y Bosh con una magistral dirección en el banquillo sacando lo mejor de Kidd, Terry, Marion o Tyson Chandler, hasta duras derrotas o el tener que reconstruir el equipo en estos momentos. Lo hace desde la seriedad, siempre con un gran criterio, el que había mostrado antes en Detroit e Indiana.

Si hablamos de los compañeros, también hay que sacar conclusiones positivas. Doncic formará un 'backourt' más que interesante con un jugador de segundo año como Dennis Smith Jr. Harrison Barnes es un ala pívot más que interesante pese a su salida de los Warriors y un clásico como el puertorriqueño Barea o un ex del Madrid como Salah Mejri pueden hacerle más cómoda la aclimatación en temas de idioma.

Claro que, por encima de todos estos jugadores, está Dirk Nowitzki.

Leyenda en Dallas, leyenda en la NBA, el alemán se va a convertir esta temporada en el primer jugador en vestir durante 21 temporadas la camiseta de un mismo equipo, superando las 20 de Kobe Bryant con los Lakers.

Podríamos hablar de su mítica final de 2011, de su MVP de la regular en 2007, de sus 13 presencias en el All Star, de las cuatro en el mejor quinteto de la Liga o de sus más de 31.000 puntos, que le convierten en el sexto anotador en la historia de la competición. Pero Nowitzki es algo más, o lo va a ser para Doncic. Es el nexo perfecto, el veterano que apadrinará a un joven de 19 años que tiene todo para ser un grande en la NBA. ¿El nuevo Nash de los Mavs? Cuban ya les ha comparado. No estaría mal.

"Luka nació con estrella. En su debut en ACB ante Unicaja salió y metió un triple en la primera pelota que tocó". Esta frase es de Pablo Laso, su hasta ahora técnico en el Madrid, el hombre que ha gestionado su crecimiento, el que le ha visto pasar de niño prodigio a estrella.

De momento, ésta, la suerte, ha aparecido para hacer que juegue en Dallas en sus primeros años en la NBA. Una conexión perfecta que pinta que va a dar mucho que hablar.

Pedro Molina   22.jun.2018 12:06    

Rudy Fernández: una carrera marcada por la espalda

    jueves 21.jun.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

"Siempre me voy a dormir con un pastilla de Voltaren para poder levantarme en condiciones"

Rudy Fernández realizaba estas declaraciones el 19 de mayo del año 2017 en una entrevista concedida a nuestro compañero Faustino Sáez en el diario 'El País'. Nueve años antes cambió su carrera.

Fue un 9 de marzo de 2009. El alero balear marchaba como un rayo dispuesto a realizar un mate en la canasta de los Lakers cuando Trevor Ariza le realizó una brutal falta que le dejó, para siempre, tocado de la espalda.

Desde esa nefasta jugada llegaron tres operaciones. La primera, de una hernia de disco en ese 2009 con solo 24 años de edad. La segunda llegó en 2012, para ser intervenido de la misma dolencia. La tercera, en diciembre de 2015. No habrá una cuarta, al menos si Rudy quiere seguir jugando al baloncesto.

La resurrección en ataque del alero en el cuarto partido de la final de la ACB y su merecidísimo MVP nos han retrotraído al pasado. Nos han hecho recordar el jugador que era Rudy en 2008, cuando marchó como una estrella a la NBA.

Porque Rudy dominó como nadie la ACB en la temporada 2007-08. Tuvo tres meses en los que era prácticamente imparable, en los que en Vitoria (casualidades que tiene la vida) lideró al Joventut de Ricky y Aíto a ganar la Copa. También a hacerse con la Copa ULEB y, casi, con la Liga.

A Portland llegó el balear con la aureola de estrella, fue recibido como una estrella del rock & roll, más tras su mate en la cara de Howard en la final de los Juegos de 2008 y a sus triples inverosímiles, pero esa falta de Ariza creó un jugador diferente.

La velocidad de Rudy y sus tremendas entradas a canasta jugándose el físico se han visto reducidas con el paso del tiempo. En parte, por los años; en parte, por su mermada espalda. Si bien, su incidencia del juego nunca ha dejado de ser importante.

Pocas estrellas, el mallorquín lo es, han dado tanto a sus equipos en defensa. El canterano de la Penya lo ha hecho desde el rebote y, sobre todo, con su defensa asfixiante que se ha traducido en robos de balón o, incluso, en el algún tapón (véase el fundamental a Parker en la prórroga del Europeo de 2015 con la selección).

Un Rudy fue el que llegó por primera vez al Madrid en el 'Lockout' de 2011; otro el que ha sido nombrado 'Mejor Jugador' de la final ACB en 2018. Los dos tienen el mismo talento, pero un físico distinto.

Este ha sido el gran problema del balear, pero también su mejor virtud. Pocos han sabido leer su carrera mejor el balear, pocos han sabido reconvertirse en pos del equipo dejando atrás el beneficio personal. Haya sido con Llull, Carroll o Ayon en cancha; haya sido acompañando a los Gasol y a Navarro en el equipo nacional con Scariolo al mando.

Quizás esa sea la gran virtud del alero, la que le haya hecho ganarse dos años más de contrato con el Madrid cuando pocos creían en él. Su palmarés asusta: dos Euroligas, cuatro Ligas y cinco Copas son algunos de sus 17 títulos nacionales. Nueve medallas le avalan en una selección en la que debutó en 2004 (destacando un oro mundial, tres europeos y otras tres preseas olímpicas). Casi nada.

Este es Rudy Fernández. Se mire como se mire, uno de los más grandes de la historia de nuestro baloncesto.

Pedro Molina   21.jun.2018 14:32    

Pon un base a las órdenes de Laso

    lunes 21.may.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

La mejor versión de Pablo Laso, la que yo recuerdo como jugador allá por mediados de los 90, era la del vitoriano colocándole milimétricos alley-hoops a Joe Arlauckas en las filas del Real Madrid. Una versión que superaba aún más la del base que deslumbraba con el número siete en aquel TAU de Manel Comas.

La mejor versión de este Madrid de Pablo Laso que yo recuerdo, transcurrió en la temporada 2013-14. Fue el año de los récords, en el que el conjunto blanco sólo ganó la Copa al Barça con canasta de Llull sobre la bocina, en el que acabó perdiendo la Liga con los azulgrana en el Palau, con el vitoriano saliendo en silla de ruedas de éste tras haber caído antes en la final de la Euroliga con el Maccabi en Milán.

Curiosamente esa campaña Sergio Rodríguez fue el MVP de la fase regular de la máxima competición continental.

El 'Chacho' y Llull fueron las apuestas del técnico en 2011 para llevar el timón de su Madrid. No se equivocó. El equipo creció mucho, pero más lo hicieron ellos.

El de Mahón era un potro desbocado en esa época, un jugador de gran talento al que muchos veían más como escolta, pero Laso lo tenía claro: para él Llull era su base.

El otro Sergio, Rodríguez, venía de una campaña muy dura con Messina, acrecentado las dudas que le hicieron volver de la NBA. Laso lo tenía también claro: ahí estaba su otra extensión en la pista.

Estamos en 2018 y el crecimiento de ambos ha sido de tal impacto que podemos considerarlos dos de los mejores jugadores de Europa. Cada uno ha sabido sumar nuevos registros a sus cualidades innatas. Llull es más tranquilo y dirige mejor; el 'Chacho' anota en el CSKA más con la misma magia en sus manos. En gran parte de ello, seguro que ha tenido que ver Laso.

Continuamos en 2018 y Doncic acaba de ser elegido MVP tanto de la fase regular como de la Final Four de una Euroliga que ha ganado su equipo. Está claro que estamos ante un talento único, uno de esos jugadores que aparecen cada 30 años. El esloveno puede actuar de base, de escolta, de alero o, incluso, de ala pívot, pero Laso lo ha colocado de 'uno' y así ha triunfado.

La campaña que viene Doncic jugará, salvo situación muy extraña, en la NBA. Su puesto lo ocupará, seguramente, Facundo Campazzo. Un Campazzo que ha estado excepcional esta temporada tras crecer dos años en Murcia previa primera temporada de blanco en 2015 ganándolo todo.

El argentino vino a suplir a un Draper que a la vez volvió a la casa blanca dos campañas más tarde. No fue el mejor Draper el que vistió de blanco. Rindió menos de lo esperado en ataque, pese a ser un gran baluarte atrás sobre todo en su primera etapa. Así salió del Madrid hace exactamente un año.

Ayer, el norteamericano se congratuló en redes sociales de la conquista de la Décima por parte de su ex equipo. Lo hizo alabando a Pablo Laso, uno de los mejores entrenadores para los que ha jugado según sus palabras.

Un ex base, como él; como el 'Chacho', MVP de la fase regular de la Euroliga en 2014. Como Llull, también 'Mejor jugador' de ésta en 2017. Como Doncic, que ha unido a los anteriores el de la Final Four en este 2018.

Todos bases, como Laso en su época antes de sentarse en los banquillos para dar al Madrid 14 titulos de 28 posibles en siete años y reescribir su historia moderna. Algo aparentemente sencillo si el que lleva la batuta ha sido y es aún un genial director de orquesta.

Pedro Molina   21.may.2018 21:17    

La Final Four de Jasikevicius

    jueves 17.may.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

La Final Four 2018 de la Euroliga comienza mañana. Lo hace con muchos nombres propios y muchas cuestiones a dilucidar. He aquí algunas:

1. ¿Conseguirá Obradovic en casa su décimo entorchado continental en su presencia número 17 en una Final a cuatro para agrandar aún más su leyenda?

2. ¿Marchará Doncic, presumiblemente, a la NBA con una Copa de Europa bajo el brazo y explotando por fin en una gran cita tras sus malos encuentros en Estambul hace exactamente un año y en la Copa del rey esta temporada?

3. ¿Tendrá Itoudis una cita tranquila una vez que no se va a cruzar con Olimpiacos como en las semifinales de 2015 y 2017, de las que aún se recuerdan los nefastos finales de partidos de los suyos con Teodosic y al mando y sus imprecisiones?

Sin embargo, para mí, en Belgrado, pese a estar en la casa de Zeljko; pese a que todas las miradas vayan hacia él y hacia la joven perla eslovena de un Madrid ya sano; pese a que el CSKA se presente con el Chacho en su versión más tiradora en busca de un nuevo título, debemos de hablar de un hombre: Sarunas Jasikevicius.

El lituano llega a esta Final a cuatro a los mandos de un Zalguiris que estaba entre los cuatro presupuestos más bajos de toda la competición. Un equipo que no llegaba a esta cita desde Munich en el 99, cuando fue campeón. Un equipo que ha levantado admiración y generado sorpresas a partes iguales de la mano de su líder.

Zalguiris es 'Saras'. Son sus lágrimas tras eliminar al Olimpiacos en cuartos. Son sus gritos a Ullanovas tras haber metido una canasta clave por no haber defendido una 'puerta atrás' en la jugada anterior de uno de esos duelos. Es su carácter, el que ya mostraba como jugador.

Jasikevicius siempre fue un tipo de raza. Su clase era tremenda, con sus asistencias sin mirar y sus triples, pero sus maneras en la cancha también daban que hablan, pues el base lituano siempre se dejaba notar. Sus protestas a los árbitros eran constantes, sus gestos igual. Quizás por eso, por su mezcla de clase y gen competitivo, llegaron sus éxitos.

Sarunas ganó cuatro Euroligas. Una llegó con el Barça de Navarro, Bodiroga, Fucka y Dueñas. Dos con el Maccabi avasallador de Anthony Parker y Vuijic (el equipo más dominador que hemos visto en los últimos años); la última con el Panathinaikos de Spanoulis antes de marchar a El Pireo, de Dimantidis y de Batiste, un conjunto que tampoco andaba la zaga al israelí.

Los jugadores que le acompañaban, como vemos, eran tremendos; los entrenadores, también.

En ese periodo de tiempo, entre 2000 y 2010 con un receso en Indiana en la NBA, el base estuvo a las órdenes, nada más y nada menos, de Pesic, de Pini Gershon y del 'Rey Midas' Obradovic. Tres entrenadores de esos que son leyenda, de carácter que, seguro, forjaron más el de Jasikevicius.

Ahora el ha hecho un primer milagro al devolver a un clásico como Zalguris a la élite europea, pues no son muchas las estrellas a su cargo.

Pangos es un muy buen base, maravilló en Gonzaga, pero no es Nash pese a su nacionalidad y las comparaciones; Ullanovas y Milaknis son muy buenos tiradores, pero tampoco alcanzan a Macijauskas. Mientras que Aaron White, Brandon Davis o Toupane maravillan a un nivel que nadie podía esperar.

Con estos mimbres buscará Sarunas hacerse con la Euroliga a los 42 años de edad en su tercera temporada, segunda completa, en el banquillo de un Zalguiris que ha supuesto su primera experiencia como técnico jefe.

La primera batalla llegará ante el Fenerbache de un Obradovic que se llevó la primera a los 31. La teoría dice que el equipo lituano ya ha cumplido llegando a esta cita. La teoría dice que los turcos ganaran al equipo revelación del torneo. Pero esto es baloncesto, hay que llevarlo todo a la práctica.

Mañana en Belgrado, antes del CSKA-Madrid, saldremos de dudas. Qué la Final Four 2018, con Jasikevicius de protagonista, empiece ya.

Pedro Molina   17.may.2018 20:07    

Cuando una Final Four es (casi) un título

    lunes 30.abr.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

"Mister Laso, perdone, pero ustedes ayer jugaron como gallinas".

La frase es cierta; la frase es real. La sentencia la dictó un tendero en Atenas, fan de Olimpiacos por cierto, la mañana siguiente a que el Real Madrid cayera por 28 puntos ante el Panathinaikos en el primer partido de su serie de cuartos de final del play-off de Euroliga.

Las gallinas, horribles en ese primer duelo, se convirtieron en lobos, cercaron a su presa y ganaron los tres encuentros siguientes para volver a meter al equipo blanco en la Final Four.

No sabemos si aquel tendero estará feliz por el Madrid, puede que animando a los del Pireo sí tenga una buena sonrisa en su rostro. Lo que sí es seguro es que en Chamartín deben de estar muy orgullosos de los suyos.

Los blancos vuelven a una Final a cuatro. Es la quinta en siete años en la 'Era Laso' donde ya cayó lá 'Novena' en 2015. Números que asustan si se echa la vista hacia atrás y se tiene en cuenta que desde que se ganó la octava Copa de Europa de la mano de Sabonis en el 95, solo se había estado entre los cuatro mejores del continente en el 96 y en el 2011. Pero hoy no hay que hablar solo de datos, hay que hacerlo de sensaciones.

Llull, ocho meses y medio de baja. Ayon, cerca de cuatro. Randolph, tres. Kuzmic, toda la temporada. Doncic, tres semanas. Rudy, alrededor de un mes. Thompkins, 40 días fuera por problemas familiares graves. Este ha sido el parte de lesiones y problemas aproximado con los que ha tenido que lidiar Laso esta campaña. ¿Alguno más? Sí, la baja de Campazzo cuando mejor estaba para la serie ante Panathinaikos.

Cualquier equipo normal (véase el Barça de un Bartzokas cuyo papel en Olimpiacos, Lokomotiv y Khimki demuestran que es un gran entrenador) ya estaría pensando en el futuro. Con razón se habría dejado llevar, pero este Madrid no.

La fe de Laso en los suyos y de sus jugadores en Laso ha sido digna de elogio (y de estudio). Ahora se ve el resultado.

Unas veces gracias a Doncic y a su extraordinaria explosión; otras a Campazzo y a su agresividad atrás y su magia adelante. A veces con la constancia de Caseur. Siempre con la defensa de Taylor, los tiros de Carroll, la intensidad de Rudy y la brega de Felipe. También con el crecimiento de Thompkins, con pequeñas dosis de Randle, Radoncic y Yusta. Por supuesto, con la intimidación de Tavares (vital su fichaje mediada la temporada). Siendo más equipo que nunca, las lesiones no han resquebrajado al equipo blanco. Al contrario, lo han hecho crecer.

El conjunto se ha hecho tan fuerte mentalmente que no ha parado de superar retos y alcanzar cotas. De ahí su madurez ante Panathinaikos para no descomponerse, para superar a los griegos con 'factor cancha' en contra. Es cierto que con Ayon ya en forma, con un Llull a un excelso nivel si se tiene en cuenta su largo periodo de baja. Hasta eso ha hecho bien el Madrid.

Al de Mahón se le ha esperado, pero no se le ha forzado. Ha entrado cuando debía, con naturalidad; igual que Ayon lo hizo en la Copa. Sin prisa, pero sin pausa, sabiendo que el plantel es amplio, que otro te cubrirá.

Solo así se explica que, tras una temporada plagada de lesiones, el equipo de Laso vuelva a estar entre los cuatro mejores conjuntos de Europa. Puede que en Belgrado te gane el CSKA del Chacho; puede que no. Quizá lo haga el Fenerbache de Obradovic o el sorprendente Zalguiris de Jasikevicius; tal vez tampoco esto suceda y llegue la 'Décima'. En tres semanas, del 18 al 20 de mayo, esto se sabrá.

Lo único cierto es que la presencia del Madrid en la próxima Final Four de 2018 es (casi) un título para los de Laso.

Estos suman 13 en seis campañas y media en 19 finales de 27 posibles desde su llegada. Si bien, aquí no se cuenta el más importante: devolver la fe a una afición que vuelve a abarrotar el Palacio, solo había que ver el ambiente que allí se respiraba en la serie ante Panathinaikos.

Pedro Molina   30.abr.2018 20:35    

El 'Huracán Oriola'

    martes 20.feb.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

"Un jugador con tres coches en su garaje no va al rebote ofensivo". Svetislav Pesic, al ser presentado en su vuelta al Barcelona el pasado día 9 de este mes de febrero.

Pierre Oriola, como mucho, tiene uno.

La pasada edición de la Copa del rey, más allá del 'Milagro Pesic' y su forma de resucitar a un equipo que parecía muerto a base de psicología, conceptos sencillos, defensa y un ataque que siempre comenzaba con un pick & roll, magistralmente ejecutado por Heurtel, nos ha dejado la confirmación en el estrellato de un hombre: Pierre Oriola.

El de Tárrega se ha ganado por méritos propios que se hable de su labor tanto dentro como fuera de la pista.

Oriola ha sido el socio perfecto de Heurtel en ese bloqueo y continuación que tanto rédito ha dado al Barça. Los puntos llegaban con sus finalizaciones en forma de mate tras atacar el aro como si no hubiera un mañana o bien con una asistencia a un tercer jugador libre tras una buena circulación de la bola.

Los puntos llegaban también desde la línea de tres, bien es cierto que más a cuentagotas, pues estamos hablando de un tipo que va a los 2,08 de estatura.

Había aún una tercera opción: ese rebote ofensivo que mencionábamos al principio y del que Oriola ha sido el máximo estandarte de este Barça. Todo a base de talento, pero sobre todo de garra, en la que es la gran virtud del ala pívot.

Pero la labor de Oriola en este Barcelona va mucho más allá de lo que se ve en la cancha.

Estamos ante un jugador que es pura intensidad, que vive para este deporte y siente el escudo como ya no lo hace casi nadie en un mundo en el que, seamos realistas, ya quedan pocos románticos. Un mundo en el que se siente más el dinero que los colores de tu equipo.

Oriola llegó el pasado verano a un Barça del que quería ser futbolista de pequeño. No lo logró, pero su forma de ser y actuar se asemeja mucho a Carles Puyol, que bien sabe de esto.

Cuando el equipo perdía con Sito (me pregunto, por cierto, que debe estar sintiendo el técnico ahora) él era el primero en comparecer ante los medios y decir lo que pensaba. Siendo claro y duro, expresando que jugando cada uno a lo suyo no podían ir a ningún sitio.

También habló Oriola el día de la final ante el Madrid para decir que si estaban allí era para ganarla, haciendo de 'peso pesado' en el vestuario, casi de capitán. Un puesto que pinta a que, tarde o temprano, será suyo.

Así se hizo el Barcelona de manera inesperada con la Copa. Con efusividad, no podía ser de otra forma, él lo celebró.

Oriola corrió como un poseso hacia su banquillo pasando por encima de Doncic. "Todo el que me conozca sabe que no lo hice a propósito. Vivo con intensidad y así marché con los míos", dijo en zona mixta tras el triunfo.

No le falta razón. Todo el que le conozca sabe que estamos ante un jugador con agallas, pero noble. Un jugador que a base de pagarse a pasado de la LEB al Barcelona en solo cuatro años, forjándose en plazas como Sevilla y Valencia hasta llegar a ser internacional con la selección.

Oriola es lo más parecido que tiene a Felipe Reyes nuestro baloncesto y bien haríamos en disfrutarlo. Con 25 años ya forma parte del núcleo duro del Barça. Con Pau Ribas (qué importante es siempre el núcleo nacional en un equipo ganador) debe ser el corazón de un Barça en el que se agota el talento de Navarro. Un Navarro al que hizo salir, como a todo el equipo, a saludar a los pocos fieles que habían marchado a Gran Canaria con ellos.

Oriola es tan grande que falló dos tiros libres y dio emoción a la final para que el Madrid tuviera bola para ganar. Entonces, el triple de Caseur no entró. Y Claver hizo la ya famosa falta sobre Taylor que no quita ningún mérito en la victoria azulgrana, pero que sí ha valido para que aquellos que apenas ven Ba-lon-ces-to hablen de éste y llenen tertulias de televisión y radio, junto a páginas de periódico y redes sociales, con sus opiniones como si fuesen el mismísimo Naismith.

Es lo que tiene el 'Huracán Oriola'. Puro aire fresco que va a amenizar mucho el deporte de la canasta en los próximos tiempos. La Copa ha sido solo un ejemplo.

Pedro Molina   20.feb.2018 20:13    

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