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Las difíciles relaciones euromediterráneas

    martes 1.dic.2020    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

 

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Foto: esa_int

Las aguas del Mediterráneo reflejadas en las obras de poetas, escritores y músicos a lo largo de la historia, se encallan en el maremagnum político.... A lo largo de los siglos el Marenostrum ha sido símbolo conquistas y de grandes imperios, pero sobre todo de mezcla, intercambio, hibridación....

El violinista Ara Malikian, habla de una esencia común. "Nos une la gastronomía, la música, la cultura y también la luz.... esa luz tan característica de nuestros pueblos".

Muchas de sus ciudades más importantes son mediterráneas por convicción. Venecia, Atenas, El Cairo, Túnez, Líbano, Jerusalén, Estambul, Barcelona, Valencia, Málaga, Marsella, Niza, Argel, Orán, Tánger. Todas han ido tejiendo una red cultural y muchas acogen organismos que lo demuestran.  Por poner solo dos ejemplos: el Mucem (Museo de la Cultura Mediterránea) de Marsella o la Biblioteca de Alejandría. Además existen proyectos de colaboración municipal en gestión del agua, salud o educación.

"Creo que la cooperación euromediterránea no es una elección es nuestro destino", decía hace unos meses Nasser Kamel, secretario general de la Unión Por el Mediterráneo, la UPM. "Somos vecinos cercanos".

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Foto: @cristinagallach

Pero el Mediterráneo, es cada vez menos un mar de conexiones e intercambios y se agrieta en su parte más débil, la de las relaciones humanas. Algo que había permanecido como un nexo de unión a lo largo de los siglos, superando cualquier tensión política o militar.  

Estos días se cumplen 25 años del proceso de Barcelona sin haber alcanzado el objetivo de mejorar las relaciones entre la Unión Europea y los países de la cuenca sur y oriental. En 2004 se lanzó la Política de Vecindad de la UE, que ofrecía a los países vecinos aumentar la calidad de la cooperación si se comprometían a realizar reformas económicas, democráticas y sociales. En 2008 llegaría la Unión por el Mediterráneo y posteriormente la ARLEM (Asamblea Regional y Local Euromediterranea) y la red Medcités principales plataformas de colaboración local. 

Pero sin una apuesta clara de los gobiernos ni de la Unión Europea se hace necesario defender el multilateralismo y la cooperación en un momento en que los actores más poderosos del planeta apuestan por la unilateralidad, las amenazas y la confrontación. Es necesario conectar el tejido institucional, social, económico y cultural de las ciudades para relanzar la mediterraneidad. La última propuesta nacía el 28 de noviembre con el lanzamiento del día internacional del Mediterráneo, potenciado por la Unión por el Mediterráneo.

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"¿Podemos decir que el Mediterráneo está hoy en peor situación que hace 20 años?, se preguntaba Josep Borrell. "Me temo que sí desde muchos puntos de vista. Está fragmentado económicamente, y continúa siendo una de las regiones menos integradas del mundo".

Un mar de aguas mucho más tranquilas que otros lugares del planeta vive auténticas tormentas sociales, que se van acumulando sin claras soluciones políticas y económicas a corto y medio plazo. La explosión de la crisis económica de 2009, las primaveras árabes en 2011, la posterior crisis migratoria siria y del norte de África, la guerra de Libia han ahondado las brechas entre las dos orillas.

"Los viejos conflictos no se han resuelto y los nuevos añadidos a las tensiones políticas han estado creando obstáculos adicionales a la cooperación en la región", ha dicho el responsable de la política exterior comunitaria, Josep Borrell. Conflictos o tensiones como las de Israel con Palestina, Libia o Turquía y Grecia no tienen fácil costura y se mantienen estancadas en el tiempo.

Sí se han multiplicado los intercambios comerciales entre el norte y el sur, pero en lugar de cerrar la brecha económica... la han ensanchado. En 2008, el déficit comercial del norte de África era de 7.000 millones de euros.... Una década más tarde se había multiplicado por diez.

Así lo reconocía el máximo representante de política exterior de la Unión Europea, Josep Borrell. "Sigue siendo una de las regiones menos integradas del mundo".

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Y esas desigualdades empujan a miles de personas a lanzarse al mar para alcanzar las costas europeas. Lesbos en Grecia, Malta y Lampedusa en el Mediterráneo central, han unido sus nombres al de la tragedia que en muchos casos lleva unida la emigración ilegal. Las islas Canarias, en el Atlántico han recibido en las últimas semanas centenares de pateras con jóvenes migrantes, azotados ahora también por la pandemia.

"Tenemos que darles una razón para quedarse e invertir en sus propios países", decía Borrell, pero sin concretar cuántas, cómo, ni cuando.

Incluso el clima está empeorando las cosas. Es la segunda región del planeta, tras el Ártico, más afectada por el cambio climático. Lo sufre un 20% más rápido que la media global, con fenómenos extremos cada vez más frecuentes. La mitad de las ciudades más expuestas a esta situación son mediterráneas.

Además del cambio climático... en la lista de retos pendientes está la competitividad de las economías, la transformación digital, el intercambio de información, la capacitación profesional de los jóvenes o la igualdad de género.

 

Veinticinco años después del Proceso de Barcelona, no se ha conseguido el primer objetivo: construir un espacio de prosperidad y estabilidad, acercar las economías, la democracia, el desarrollo humano y los principios de gobernanza. Hay quien critica a la capital catalana, siempre implicada en la realidad de la región, que cada vez mira más hacia otros lugares y ha dejado de liderar iniciativas de este entorno. Otros recuerdan que son los gobiernos los que deben implicarse para empujar la agenda mediterránea.

Es necesario construir consensos y puentes para superar las divisiones que impiden el progreso de una iniciativa como la Unión por el Mediterráneo. Si esto era claro hace unos años, ahora esta zona geopolítica, mantiene unas relaciones regionales que van más allá de las costas bañadas por un mar común. Los líderes políticos piensan en otras claves: la euro-árabe, la euro-magrebí, la norteafricana o la del Próximo Oriente.


"El futuro de la Unión Europea depende también de la evolución y el desarrollo del Mediterráneo y de África y sus fronteras", añadía Karl-Heinz Lambert, expresidente del Comité de las Regiones. Creo que estamos en el mismo barco".

Una región demasiado interdependiente como para que las dos orillas puedan permitirse el lujo de darse la espalda.

 

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Categorías: Actualidad

Ángela Gonzalo del Moral    1.dic.2020 21:34    

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