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El carbón de la memoria, en las cuencas mineras europeas

    domingo 14.nov.2021    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

 

20211110_143725Foto: angelaGonzaloM

Como si fueran los pináculos de las catedrales de la minería, los castilletes de los valles del Nalón y Caudal recuerdan la historia minera de Asturias. Ya no se escucha el trullo, la sirena que anunciaba los cambios de turno, pero su presencia rememora las fatigas y luchas obreras de los mineros que durante más de un siglo extrajeron el carbón de las entrañas de la tierra.

El valle del Turón, de unos 8 kilómetros, tuvo cinco castilletes. En los años 60 trabajaban unas 25.000 personas y se llegaron a extraer un millón de toneladas de carbón al año. En el valle del Nalón, el pozo Sotón, con sus dos castilletes, está considerada una de las 100 obras más representativas de la industria española.

El origen de la minería del carbón se sitúa en 1593 en la localidad asturiana de Arnao, cuando el rey Felipe II concedió la primera licencia minera, a fray Agustín Montero. Pero la extracción del carbón de forma industrial se inició a mediados del siglo XVIII en una pequeña mina junto al mar. Fue la primera de España y la primera mina submarina de Europa. En Arnao pescadores y ganaderos cambiaron sus trabajos por el de la mina, quizá era más peligroso, pero ganaban un salario regularmente.

Se fundó bajo el nombre de Real Compañía Asturiana de Minas y contó con capital belga. La minería en el Principado llegó de manos de empresarios extranjeros.  "Ellos estaban más avanzados en cuanto a las técnicas de extracción y al desarrollo industrial", explica la historiadora Mónica García Cuetos. "Vinieron muchos técnicos y empresarios belgas, franceses y británicos", que eran los que sabían  como perforar los pozos para extraer el carbón.

Empresas que organizaban la vida de los trabajadores

 

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Aún así, la primera empresa que se instaló en Asturias, en Arnaú, no tuvo mucho éxito con el carbón, porque era de mala calidad y acabó abriendo una empresa siderúrgica. Su fábrica de zinc convertirá Asturias y la comarca de Avilés en un referente mundial de este metal.  La Real Compañía Asturiana de Minas fue más allá de lo estrictamente técnico e industrial y transformó la economía y las relaciones sociales de la zona. Organizó un modelo de vida y de sociedad creando las antiguas escuelas de la localidad y organizando el entorno urbanístico del municipio.

En Bustiello, la Sociedad Hullera Española también se organizó la vida social y económica en torno a las fábricas. Esta poderosa empresa propiedad del multimillonario Marqués de Comillas, de hondo carácter católico, se inspiró en las apuestas urbanísticas y arquitectónicas francesas.  El empresario construyó un poblado en un valle estrecho a la entrada de Asturias desde la meseta con el objetivo no solo de instalar una empresa sino que trató de monopolizar el poder local y la organización territorial y religiosa, aunque no pudo llevarlo a cabo ante la negativa de las autoridades locales.

La empresa utiliza un modelo y una política social de tipo paternalista que trata de tutelar la vida de los obreros, tanto laboralmente como  en educación, sanidad, ocio, abastecimiento de productos básicos y vivienda. El poblado de Bustiello mantiene las viviendas de los obreros y la estructura original por lo que en 2017 fue declarado Bien de Interés Cultural.  

Auge y declive de la minería asturiana

 

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Decenas de empresas explotaron los diferentes pozos que fueron horadando las montañas que encajonan a los ríos Nalón, Caudal y Turón. Durante las dos guerras mundiales el aumento de la producción industrial y armamentística provocó una necesidad imperiosa de carbón para hacer funcionar la siderurgia europea. España, que se mantuvo neutral durante ambos conflictos aprovechó la situación para incrementar la extracción y  las minas vivieron su momento dorado, pero a mediados del siglo XX muchas de ellas entraron en quiebra.

Aunque no era un producto rentable, para el gobierno de Franco era imprescindible mantener la extracción de carbón para aumentar  la producción siderúrgica y reforzar el desarrollo de la industria. En 1967 creó Hunosa, con el objetivo de salvar un sector estratégico de su política industrial. En la década de los 90  en España trabajaban 50.000 mineros y se producían 45 millones de toneladas de carbón anuales. 

 

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Presionada por España y Alemania, en 2010 Bruselas, aceptó que las minas europeas deficitarias recibieran ayudas públicas hasta 2018. A partir de entonces o debían ser autosuficientes o devolver el dinero recibido. Incapaces de continuar funcionando sin financiación pública y con las políticas medioambientales contra el carbón, el 31 de diciembre cerró la última mina asturiana. También se vieron afectadas por la reconversión otras provincias como Teruel, Palencia o León.

Para entonces ya habían cerrado  las minas de carbón del Reino Unido. Francia cerró en 2004.  "El modelo del gobierno británico fue cerrar de un día para otro, nos recuerda Mónica García, mientras que en España se optó por cerrar las minas paulatinamente. Hay quien dice que eso nos llevó a agonizar en el tiempo".  Alemania, anunció que a partir de 2019 mantendría una extracción de carbón de 180 millones de toneladas con cerca de 15.000 trabajadores.

 

20211110_150600Foto: angelaGonzaloM

El cierre fue el declive de las zonas productoras, que años más tarde todavía buscan alternativas para evitar el abandono poblacional, como explican los alcaldes de san Martín del rey Aurelio y de Langreo. "Nosotros teníamos cinco pozos, recuerda el alcalde de san Martín, José Ángel Álvarez, y ahora solo nos queda el pozo Sotón, que Hunosa ha convertido en un lugar turístico, si no ya no nos quedaría nada relacionado con la minería". La alcaldesa de Langreo, Carmen Arbesú, añade que "no solo nos afectó el tema del carbón, sino también la industria y llevamos tiempo intentando resurgir de estos palos que nos tocó".

La minería del carbón ha quedado reducida en España a un único pozo activo, el de San Nicolás, en Mieres, en el que actualmente trabajan entre 350 y 400 personas y produce 170.000 toneladas de carbón anuales para alimentar a la térmica de La Pereda, de la misma empresa pública. El cierre de la mina ‘Nicolasa’ está previsto para diciembre de este año, aunque los sindicatos piden que prolongue su actividad para alimentar a la térmica y contribuir a frenar el precio de la luz. 

Cuando se cerraron las minas en Asturias se calcula que quedaron más de 200 millones de toneladas de reservas de carbón. Es el único combustible fósil con el que cuenta España y la falta de materias primas ha triplicado su precio en el mercado internacional respecto al que tenía en 2018 hasta alcanzar los 228 dólares por tonelada. 

Históricamente en Europa las grandes productoras han sido las cuencas del Ruhr en Alemania, la Silesia polaca, la Lorena francesa, Valonia en Bélgica, Escocia y Gales en Reino Unido y Asturias en España. Todas ellas buscan alternativas al carbón. "La única térmica de carbón que existe en la nuestra, dice Gustavo Pañeda, portavoz Hunosa, y la estamos transformando para aprovechar el poder térmico que tiene el agua bajo tierra para producir biomasa".

 

20211110_150448Foto: angelaGonzaloM

La compañía promueve la creación de un Polo Tecnológico y Empresarial de la Biomasa en Asturias con el fin de constituir una agrupación de empresas y organismos vinculados con este recurso forestal, estableciendo sinergias y contribuyendo al crecimiento de un sector muy atomizado y poco desarrollado en el zona central del Principado.

Tres años después del cierre  las ayudas no llegan con la celeridad que se prometieron y las comarcas mineras sufren la lacra del paro, que llega al 25%, el 60% entre los jóvenes y se calcula que desde principios del siglo XXI, han perdido más del 15% de su población. Aun así, la alcaldesa de Langreo apuesta por las energías renovables. "La gente creía que la mala calidad del aire, el ambiente sucio y los ríos negros de lavar el carbón, eran sinónimo de progreso, hoy debemos pensar que la riqueza se puede conseguir con un río limpio".

 

Luchas y accidentes

 

Courrières_1906_LeJIlustración de Le Petit Journal. Nr. 801. 23. Marzo 1906 /Wikipedia

 

El mundo de la minería ha sufrido terribles accidentes. A la puerta del pozo Sotón se recuerda a unos 500 trabajadores que murieron en las explotaciones mineras de Hunosa a los que hay que añadir los que han sufrido problemas de salud y otras enfermedades profesionales.  

La población francesa de Sallaumines, junto al paso de Calais, sufrió el mayor accidente minero en Europa. En la madrugada del 10 de marzo de 1906 se produjo una fuerte explosión que mató a 1.099 trabajadores de la compañía de minas de hulla de Courrières. Dos tercios murieron durante la explosión y el resto a causa de los gases tóxicos inhalados o de los derrumbes de los túneles. Unos 600 trabajadores sobrevivieron al accidente y pudieron escapar de la mina. Se dice que algunos mineros vagaron durante más de 20 días por la oscuridad de las galerías.

 

20211112_094035Foto: angelaGonzaloM

 

Las deficientes condiciones laborales de decenas de miles de trabajadores en Europa propició la aparición de un potente movimiento sindical desde principios del siglo XX. En España protagonizaron la revolución de octubre de 1934 en Asturias y el norte de León y en la década de los 60, a pesar de la dictadura, se paralizó el sector tras el despido de 8 trabajadores en el pozo Nicolasa , cuando protestaban por las duras condiciones de trabajo. Los mineros asturianos protagonizaron dos "marchas negras" en 1992 y 2012 y en 1999, varios mineros leoneses mantuvieron un encierro de 65 días, para protestar por los planes de reconversión del sector y la supresión de ayudas. En los años 90 las mujeres se incorporaron al trabajo en el interior de la mina

Como hace más de una década pasó en la cuenca minera asturiana, en los últimos meses las minas de Silesia en Polonia viven un proceso similar y con un final que será parecido. El cierre definitivo, antecedido por huelgas y manifestaciones de los mineros. 

La Comisión Europea se ha comprometido a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 80% antes de 2050, lo que supone dejar de lado el carbón, que paradójicamente, junto con el acero fueron el origen de la Comunidad Económica Europea, el germen de la actual Unión Europea.

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Categorías: Actualidad

Ángela Gonzalo del Moral   14.nov.2021 15:19    

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