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Drones mortíferos

    sábado 30.nov.2013    por Fran Sevilla    1 Comentarios

 

Se repite la misma historia. El Alto Mando de Estados Unidos pide disculpas al presidente afgano, Hamid Karzai, por el ataque de un dron que ha matado a un bebé y ha dejado heridas a otras dos personas. El presidente Karzai dice sentirse indignado, sin recordar, probablemente (ya habrá tiempo de hablar de eso) que fue Estados Unidos quien le impuso como presidente de Afganistán.

 

El caso es que los drones son el gran avance de las últimas décadas, el gran salto en la tecnología militar, es decir, aquella tecnología concebida para matar más con menor coste. Me atrevería a decir que, en poco tiempo, los drones (aviones no tripulados) supondrán un elemento tan diferencial como lo fue el descubrimiento de la pólvora y su aplicación a las armas de fuego. Y al igual que ocurrió en el pasado (léase la conquista española de la hoy América Latina o la conquista de los hoy Estados Unidos y Canadá por británicos y franceses, conquistas en las que las poblaciones aborígenes fueron masacradas) incrementará la brecha de forma insalvable entre poderosos y sometidos.

La utilización de los drones tiene un elemento novedoso con relación a cualquier conflicto o guerra anterior: nadie los pilota, nadie se arriesga, nadie puede ser derribado, herido, hecho prisionero o muerto. Son aparatos guiados por control remoto desde muchos kilómetros de distancia, lo que trastoca la concepción clásica de la guerra, de dos bandos enfrentados sobre un campo de batalla.

Lejos de mi intención hacer una apología de la guerra, brutal jinete del Apocalipsis que ha dejado un permanente reguero de muerte a lo largo de la historia de la humanidad. Pero es cierto que en algún momento hubo algo así como una concepción de guerra clásica en la que quienes se enfrentaban eran combatientes en cierto grado de igualdad y, sobre todo, con un cierto sentido del honor.

El gran salto cualitativo (también lo es cuantitativo) entre principios del siglo XX y principios del siglo XXI es que hace una centuria quienes morían en las guerra eran los hombres de armas, militares, muchos de ellos obligados o forzados. Pero al menos uno podía entender que el oficio de las armas suponía asumir el riesgo de perecer en el combate. Y de alguna manera la muerte, la de propios y ajenos, aunque dejaba una terrible huella, era algo a lo que había que enfrentarse.

Hoy los drones permiten matar sin apenas ver, sin oír, sin oler y sin sentir. Claro que esta forma de infligir la muerte a distancia tiene algunos imprevistos, los llamados daños colaterales. La utilización de estos aparatos ha disparado la muerte de víctimas inocentes allí donde son utilizados, ya sea Afganistán, en Pakistán, en Yemen o en Palestina.

Hace pocas semanas algunos legisladores estadounidenses escucharon en el Congreso los testimonios de varios familiares de víctimas paquistaníes de ataques con drones en los que relataban la muerte de hijos, hermanas, padres y madres. Y pedían que se detuviera su utilización, esos bombardeos supuestamente contra objetivos militares que en un alto porcentaje se convierten en bombardeos sobre civiles desarmados. Relataban también el terror de ver aparecer en el cielo esos auténticos heraldos de la muerte. No parece que el gobierno ni el Congreso ni el Alto Mando estadounidenses se hayan conmovido lo más mínimo.

fran.sevilla@rtve.es

Fran Sevilla   30.nov.2013 01:08    

1 Comentarios

Yo creo que la frase "ojos que no ven corazón que no siente" viene totalmente al caso.
Sin hacer apología de la guerra, es verdad que antes había ciertas normas y era un combate de igual a igual, pero ahora son robots contra hombres... y la verdad, saldremos perdiendo los hombres. ¿qué cabeza habrá ideado ésto? Una cabeza de "hombre" (sentido amplio de la palabra) me parece que no, le falta humanidad.

lunes 2 dic 2013, 08:55

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Fran Sevilla

Bio Vagamundo

(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
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