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Naufragio en el Sahara

    viernes 1.nov.2013    por Fran Sevilla    1 Comentarios

Intentaban atravesar el desierto. Y el desierto les dijo no. Era parte del tributo que ese inmenso territorio desbordante de silencio y soledad se cobra cada año, como si reclamara una ofrenda, una oblación al dios de sus interminables arenas y sus pétreas montañas. 92 seres humanos yacen en fosas comunes en un recóndito punto del desierto del Sahara, a diez kilómetros de la frontera entre Níger y Argelia.

Se calcula que cada año 80.000 personas atraviesan el Sahara desde Níger, provenientes de distintos países y regiones del África subsahariana, con destino a Argelia o Libia para, desde allí, intentar atravesar ese otro desierto húmedo, salado e igualmente amenazador que representa para ellos el mar Mediterráneo.

De lo que no hay cálculos es de cuantos se quedan en el camino, abrasados por el sol, enterrados por las tormentas de arena, resquebrajados por la sed y el hambre, perdidos en el más inhóspito de los territorios, abandonados a su suerte por las mafias del tráfico humano. No hay cálculos de cuántos son, solo se sabe que son muchos.

En esta ocasión la tragedia ofrece cifras: 7 hombres, 33 mujeres y 52 niños. Y arroja rostros e imágenes: algunas madres habían muerto abrazadas a sus hijos (se forma un nudo en la garganta si uno se pregunta quien murió antes, si la madre o el hijo, sea cual sea la posible respuesta); otros niños estaban solos. Los cadáveres, algunos semienterrados, yacían esparcidos por un radio de 20 kilómetros, lo que nos habla de la desesperada búsqueda de agua, de un infructuoso intento por hallar una salida inexistente.

Miles y miles de seres humanos inician cada año una arriesgada travesía; han de atravesar selvas, desiertos y mares, en un desesperado intento, en ocasiones verdaderamente suicida, por huir de la miseria. Al principio la inmensa mayoría eran hombres, ahora cada vez son más mujeres. Llevan a sus hijos, o los dejan atrás, o los envían por delante; la desesperanza no tiene edad.

Buscan un paraíso que no existe realmente para ellos en una Europa que cada vez se blinda más y mira para otro lado, como ocurrió hace unas semanas con la tragedia de Lampedusa, como ocurre de forma cotidiana, con la insensibilidad instalada entre nosotros.

Probablemente mientras se escriben estas líneas, mientras se da la noticia en televisión o se escucha la crónica en la radio, un nuevo grupo de seres humanos esté iniciando, desde el corazón de África, el sinuoso periplo. Un periplo jalonado de naufragios.

fran.sevilla@rtve.es

Fran Sevilla    1.nov.2013 05:54    

1 Comentarios

Hola Fran. Se hace difícil, casi diría impropio, agregar un comentario a tu blog. La palabra insensibilidad queda ahí flotando y me pongo a pensar, como muchos otros, qué hacer, cómo ayudar, cómo evitar tanta tragedia. Tal vez si seguimos tu ejemplo y empezamos a hablar con voz clara y firme aprendamos a reaccionar ante el horror. Quién sino nosotros tiene que intentar que el dolor del otro no sea silenciado?

martes 5 nov 2013, 02:23

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Fran Sevilla

Bio Vagamundo

(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
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