2 posts de junio 2011

De Valencia al Hespérides

¡Buenas a todos los que seguís el blog sobre Malaspina! Mi nombre es Maribel Cerezo, nací en Valencia hace 25 años y he vivido durante muchos años en Moncada, un pueblo ubicado a 20 minutos de la ciudad valenciana.

Hace un año me concedieron una beca pre-doctoral del CSIC y empecé a estudiar con la doctora Susana Agustí, investigadora en el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados, en Baleares.

Recorte_maria Para llegar a donde estoy ahora, primero me licencié en Ciencias del Mar en la Universidad Católica de Valencia y después realicé un máster necesario para poder acceder a la formación pre-doctoral.

Así fue mi camino antes de embarcarme en el Hespérides, donde me encuentro mientras escribo estas líneas. No es un barco nuevo para mí. En el último año, he estado ya durante cuatro campañas en este buque y ya me considero casi una marinera.

¿En qué consiste mi trabajo? Básicamente, realizo experimentos para estudiar los efectos de los hidrocarburos policíclicos aromáticos en las poblaciones de fitoplancton.

El fitoplancton es el conjunto de pequeñas algas unicelulares microscópicas que se encuentran en la columna de agua hasta donde penetra la luz; son microorganismos fotosintéticos responsables de la mayor producción de oxígeno en la Tierra y de la mayor absorción de dióxido de carbono.

Lo que me interesa estudiar es la resistencia que tienen estos pequeños organismos ante diferentes concentraciones de hidrocarburos. Lo mejor de todo es que para ello tengo una piscina enorme, en la que incubo muestras de agua superficial con una mezcla de contaminantes y observo cómo van cambiando las poblaciones mediante citometría.

  Microplancton

Durante esta campaña, última ya de la expedición, os voy a ir escribiendo diferentes días. Espero estar a la altura de los compañeros que lo han hecho anteriormente, y si no, por lo menos espero entretener.

Gracias por seguirnos, nos vemos pronto en España.

Maribel Cerezo, becaria pre-doctoral en el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (CSIC)

Un citometrista en campaña

¡El CTD está arriba!... dice una voz de chica joven desde la escalinata de acceso a las 'mazmorras'. Termino de abrir las ventanas del programa de análisis, aprieto el botón de standby y me dirijo a la dichosa escalera, la más complicada del buque. A mitad de ella me acuerdo de que no me he puesto los zapatos de seguridad y de esta guisa el implacable contramaestre Don Germán no te deja ni asomar la nariz en cubierta. Me vuelvo y encuentro que un compañero ha iniciado ya la subida. Respetuoso con las canas, da marcha atrás y me deja vía libre para volver a mi puesto de trabajo y calzármelos.


Roseta1

La gente se arremolina en torno al tablón donde se indican las profundidades y las botellas asignadas. Trajín de personas yendo y viniendo con los más variados recipientes para llenarlos del precioso líquido, del que dependen muchos objetivos, aportaciones relevantes o descubrimientos quizás. En cualquier caso, de este agua que se ordeña diariamente de cada botella se obtendrán, después de un arduo trabajo, tesis doctorales, publicaciones en revistas de impacto y generará conocimiento y material biológico nuevo. En eso pensaba con la mirada perdida en un fondo borroso de cuerpos con chalecos salvavidas y cascos.

Yo soy uno de los últimos en ordeñar y no es por desidia, el protocolo así lo exige. Cuando tomo mi cuota líquida, la mayoría ya está empezando a procesar sus muestras. Desciendo la escalera con mis muestras, agarrándome con fuerza con una mano al barandal y la otra a mi preciado botín marino. Llego a la mazmorra y se ha producido el milagro.

Ya no parece lo que era cuando estaba vacía de personal y con los aparatos apagados. Ahí estaban las máquinas funcionando y los operarios, antes hormiguitas ordeñadoras, absortos en su tozuda labor de tomar declaración a la mar de los secretos que guarda.

Pero el interrogatorio, lejos de ser agrio, es toda una fiesta discotequera que invade y derrota incluso al ruido perenne que viene de la cercana sala de máquinas. Aunque soy melómano, no me gusta la música impuesta ni en cualquier momento, así que me coloco mis tapones para los oídos, regalo de un vuelo transoceánico, y me pongo a hacer lo propio.

Nubes de puntos se agrupan en la pantalla y una tras otra van cayendo muestras durante varias horas, sólo interrumpidas por el bocadillo y el almuerzo. Comida abundante y de calidad. Empiezo a engordar. Tengo que estar muy atento porque cualquier fallo ya no tiene posibilidad de corrección o repetición. La tensión abre el apetito. Pensaba volver a casa hecho un pincel. Termino, a lo justo una ducha y la cena. ¿Es posible que pueda comer otra vez? ¡Si almorcé hace  algo más de cuatro horas! Seguimos, reunión de incidencias del día, plan para el día siguiente y charla con discusión de un tema expuesto por alguno de los participantes. Aplausos finales.

 

Roseta2

¿Alguien quiere ver una película? Tengo una de Fellini que nos la ponían en el cine de arte y ensayo a finales de los sesenta y que molaba mucho. La gente me mira, sobre todo los jóvenes, con cara de sota de bastos, como diciendo  ¿de qué va este?

No hay película, la mayoría no está para cines, hay cansancio y todavía algunos tienen que terminar sus análisis o sus experimentos, mientras que otros se quedan con sus ordenadores abiertos en la cámara, y los demás nos vamos al catre, para dejarnos mecer y arrullar por nuestro barco que sigue sin solución de continuidad su rumbo en la inmensidad del Pacífico.

Luis Mª Lubián Chaichío
Profesor de Investigación del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (CSIC)

Equipo del Hespérides


La Expedición Malaspina 2010 ya ha comenzado su singladura gracias al impulso del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC. Es la mayor expedición marina de la historia que pretende evaluar el impacto del cambio global en el Océano y estudiar su biodiversidad.
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