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Memoria compartida

Les tocó vivir los duros años de la posguerra, trabajaron desde niñas en el campo al servicio de los terratenientes, pasaron hambre, formaron sus familias sin tener nada y aún así Herminia y Consuelo recuerdan aquellos años con cierta nostalgia. En parte añoran su juventud claro, pero también aseguran que a pesar de todas esas calamidades fueron felices.

Las conocimos en un pueblo de los Monegros, en Huesca, llamado Sodeto. Uno de esos pueblos de colonización que se crearon durante los años 50, dentro de la política de regadíos que puso en marcha el franquismo. Cuando Herminia llegó con su marido y su hijo de un año se encontró una casa sin cristales y grifos sin agua. Pero aquella casa a medio terminar y el pedazo de tierra que les tocó en el lote eran por primera vez algo suyo. “Como no íbamos a ser felices si antes no teníamos nada”, nos decía. Allí han hecho sus vidas, allí han crecido sus hijos y ellas guardan el orgullo de haber sido pioneras en la creación de un pueblo nuevo.

Historiadores y economistas aseguran que aquella política de colonización benefició en realidad a los terratenientes que vieron como el agua llegaba a sus tierras a cambio de ceder pequeñas parcelas baldías a los colonos. Pero Herminia y Consuelo, mujeres curtidas en el campo, de esas que nunca han tenido miedo al trabajo, miran al pasado sin reproches. Nos han contado que en el pueblo antes eran todos como una gran familia. “Ahora, insistía Consuelo, tenemos de todo, antes no teníamos nada, pero éramos todos mas humanos “.

Todos, menos el propio régimen franquista que practicó sin piedad una política de represión. Don Sergio, que fue durante muchos años el médico de A Mezquita, un pueblo en la frontera que une Ourense, Zamora y Portugal, nos contó como los falangistas entraron acabada la guerra y fusilaron a todos los del cuartelillo por haber apoyado a La República. Allí hemos conocido a contrabandistas que sortearon el hambre pasando fardos. Eran años de corrupción y estraperlo. De trenes cargados de productos destinados al mercado negro, como nos ha relatado a sus 90 años Fernando, un ex maquinista que dice haber tenido suerte. A él la casualidad le hizo luchar del lado de los vencedores. Aún así no puede borrar de su memoria la imagen del puerto de Alicante los últimos días de la guerra. El iba en uno de los barcos que impidieron a miles de republicanos abandonar España. “Fue una trampa, nosotros pensábamos que les iban a dejar marchar, pero no fue así y muchos se suicidaron ante nuestros ojos para no dejarse coger”.

Gracias a los testimonios de todos ellos hemos podido recordar cómo se vivía en España en los años 40 y 50. Gracias a todos ellos por dedicarnos su tiempo, por prestarnos su memoria y por recordarnos qué es lo importante.

1 Comentarios

Como se nota que comes del pesebre, yo estoy en el paro y no tengo ni para comer y que malos eran esos tiempos, estos son mejores PARA TÏ, que chupas agusto, otros contaran la historia cuando tú cries malvas

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