Quiero té

    miércoles 6.abr.2016    por Julia Varela    1 Comentarios

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Su especialidad son las risas de teína. Surgen mientras habla, escucha o se sirve una taza. Beatriz Parreño es diseñadora de té. Ni sommelier ni sumiller ni catadora. Diseñadora. Tea designer

Heredó la afición de su abuelo manchego, comerciante de especias. Viajaba a la India y China para traerse condimentos que innovasen frente al azafrán y pimentón comunes en las cocinas de entonces. También se interesó por las hojas:

"Tengo un recuerdo nítido de mi abuelo con sus vasos de cristal combinando manzanilla, poleo, anís y rabo de gato para tratar de conseguir nuevas infusiones", me cuenta. Hoy la que experimenta es ella. Ha elaborado unas 2.000 mezclas de té

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Los consumidores españoles de bebidas calientes se dividen entre cafeteros y teteros, ignoremos a los del ColaCao. Algunos combinan opciones, pero el café encabeza estadísticas: en nuestro país, se comercializan cada año unas 5.200 toneladas de té frente a las 140.000 de café, según la Asociación de Té e Infusiones. 

A excepción de Reino Unido (inventores de la amplia cultura del té con pastas), en Europa y USA el café gana al té por goleada. Aunque es cierto que se han acortado distancias: la Asociación estadounidense de Té revela que allí sus ventas han pasado de los 2 a los 10 billones de dólares, entre 1990 y 2014

Y, si sumamos a los países asiáticos, la realidad es que el té es la bebida más consumida del planeta, por encima del café y después del agua.

Así que, en este Occidente bañado en cafeína, las hojas de té de momento solo se llevan. Cualquier local cool que se precie debe tener su carta de té con al menos diez sabores, entre ellos el de canela. Hay franquicias de té a granel, se toma en polvo, caliente y frío, se divulgan sus propiedades terapéuticas e incluso el formato rectangular de las bolsas ha pasado a ser piramidal.

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Ante la moda, la experta opina: "Más que tendencia, hay mucho esnobismo. Y eso no es consistente. El té en España nunca llegará al nivel del consumo del café, por motivos de tradición e historia. En realidad, en nuestro país, el té está donde tiene que estar". Se refiere a un lugar más recogido y sibarita, en contraste con la popularidad del café:

"Son bebidas con universos muy diferentes. El ritmo del café es rápido, ajetreado y con frecuencia vinculado al tabaco. El té, sin embargo, se asocia a un estilo de vida pausado. Hasta su ritual de elaboración requiere reposo y más paciencia que las prisas del café!", explica Beatriz Parreño. En casa tiene más de 40 tés, sin contar los centenares que vende en su tienda física y on line

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Los hoteles de lujo la contratan para que instruya a los empleados y asista a los clientes que buscan un buen té. Organiza catas y tea parties, pero también ha recorrido pueblos para dar charlas que acerquen el té a los negocios locales.  Sus blends o mezclas propias -siempre naturales, sin aromas acoloniados- se pueden saborear en sitios tan singulares como la única peluquería de Madrid con salón de té

"No es un negocio que te haga rica. No paro. He viajado mucho, he investigado mucho e invertido muuucho dinero. He tenido momentos duros. Comprar una cosecha de un té indio, que te dura un año, puede costar 70 mil euros, con eso te digo todo!".

Destapa el bote de su té de piña colada y el olor me transporta al verano tropical por el precio de 100 euros el kilo. "Es más caro que uno convencional, sí. Pero tengamos en cuenta que, cuando el té es de calidad, no necesitas añadir más que una cucharadita". 

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Beatriz asegura que jamás se ha tomado un café y que hasta su hijo de 5 años degusta el té con una calma que muchos adultos quisieran. Ella, sobre todo, sonríe sin parar: "El té no cura nada, eso que quede claro. Lo que a mí me aporta es energía positiva. Lo entiendo casi como una filosofía de optimismo". La cafeína despierta a Occidente cada mañana, cierto. Pero el té hace caminar al mundo. 

@VarelaJulia

Julia Varela    6.abr.2016 08:45    

Súper modas

    lunes 28.mar.2016    por Julia Varela    2 Comentarios

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Un año antes de que los neo-herbolarios que parecen galerías de arte comenzasen a divulgar los beneficios de la chía, Javier y Juan ya la vendían en su tienda. 

Las semillas de chía -planta iberoamericana- son cada vez más populares. Como el alga espirulina, la quinoa, el açaí, la col kale y el bimi.

Forman parte de un club exclusivo, el de los superalimentos, esas hortalizas y frutas que, al parecer, concentran todas las vitaminas, minerales y ácidos esenciales para convertirnos en gente súper sana. 

El eslogan dice que un vaso de kale triturada tiene más proteínas que la carne y más calcio que la leche. Pero la que escribe, después de pagarla a 3 euros el manojo, probarla y hablar con dietistas, puede afirmar que ni en el sabor ni en sus virtudes, esta col rizada supera tantísimo a la berza común. O al brócoli de siempre.

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A ver: son muy saludables y hay estudios que prueban su alto contenido en cosas buenas.

La mayoría son hierbas, cereales y frutos centenarios, la alimentación pura y natural, sin pesticidas ni añadidos, de indígenas en Perú, México o Guatemala a lo largo de la historia.

Hoy, producto de la globalización, llegan a Europa como innovadores superalimentos, grandes hallazgos que generan súper modas

"Es cierto que tienen muchas propiedades. Pero lo que atrae de verdad al cliente es el desconocimiento de estas plantas, la novedad. Y ni te cuento cuando un cocinero mediático las usa en sus platos!", comenta Javier, el de barba. 

Javier conoce a Juan -vegetariano- desde el colegio y juntos decidieron abrir un negocio inspirado en la venta tradicional más retro, la venta a granel. Al peso.

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Algas rarunas y atractivas para foodies conviven con sacos de garbanzos que adquieren, sobre todo, las señoras del barrio. Tienen una veintena de legumbres, casi todas españolas: 

"Si compras un paquete de lentejas de Canadá en el supermercado, claro que es más barato. Pero si tu idea es llevarte justo la cantidad que necesitas y te aseguramos que son lentejas pardinas de un agricultor amigo que las cultiva bajo patrones ecológicos en León...en realidad, comprar a granel no sale caro. Siempre que te importe la calidad, por supuesto", explican. 

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Este tipo de comercio conecta con la tendencia de vuelta al pasado que está por todos lados, algo que han captado bien las abuelas nostálgicas de la zona que "acuden a por su cuarto de judías", encantadas de rememorar los tiempos del ultramarinos. 

Además, es un estilo de consumo responsable con la naturaleza: "Puedes traer tu bote de cristal para que lo rellenemos, así no hay necesidad de generar envases contaminantes. Si no, te facilitamos bolsa de papel o de plástico biodegradable, para que recicles". 

Y también encaja dentro del fenómeno slow, que propone un retorno a los modos de vida lentos. Una compra meditada, tranquila y a pequeños sorbos, asesorada por Javier y Juan, que no paran de investigar, frente a la rapidez compulsiva de las grandes superficies. De manera que elegir guisantes puede ser un oasis dentro de esta rutina de prisas

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@VarelaJulia

Julia Varela   28.mar.2016 08:36    

Viva la abuela!

    lunes 14.mar.2016    por Julia Varela    2 Comentarios

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Es la alacena que tu abuela tenía en el pueblo. También llamada fresquera. Porque solían situarla a la sombra, donde corre el aire, junto al patio interior para que le diese el fresco. De esta manera, los alimentos se conservaban mejor

La fresquera era la antigua nevera, provinciana y práctica. Hoy es un capricho entre la modernez de la ciudad. Y es, por encima de todo, un motor de negocio para estos dos artesanos jóvenes,  Ana y Alberto. Madrileños, de 26 y 28 años, que sufrieron mucho hasta que esta moda colonizó su taller.

"Comenzamos restaurando viejas fresqueras y todavía lo hacemos. Pero la demanda ha aumentado tanto que se nos ocurrió recrearlas a imitación de las añejas. Ya hemos construido unas 50!". Por supuesto, son bastante más asequibles, unos 400 euros frente a los 1.000 que pueden alcanzar las auténticas, una vez reformadas. 

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Por si algún ingenuo lo dudaba, la fresquera fue un invento americano: "Se popularizaron en España en la década de los 50. Eran una copia de las metálicas que se fabricaban en Estados Unidos. Ellos metían hielo en la parte inferior. Aquí, pasamos a emularlas en madera de pino, porque era un material más barato". 

Así que Alberto y Ana copian la copia, por lo tanto no hay pecado. Las hacen de todos los colores y tamaños, a gusto del cliente. Para que encajen en cualquier rincón de nuestras mínimas guaridas urbanas. 

Son fresqueras igual de verosímiles, parecen sacadas del pueblo, y sacian el apetito de los abonados al vintage. "Te recuerda a la casa de tu abuela y eso toca la fibra", deducen. Fresquera05

No son coolhunters, pero esta vez sí han detectado y sacado partido de una tendencia que se enmarca dentro del fenómeno del todo vuelve. Como ocurre con la clásica formica, el conglomerado de papel plastificado y resina, habitual en sillas de cocina y pupitres escolares.

También lo idearon en USA -oh, surprise- y, junto a la fresquera, prolifera cubierto de polvo en rincones olvidados de nuestro país. Para encontrar lo demás, hay que irse fuera:

"La ausencia de una verdadera revolución industrial en España y la guerra posterior, no contribuyó a generar un tejido potente de fábricas de muebles como en otros países. Tenemos que viajar al resto de Europa para encontrar buenas piezas", explica Alberto.

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Cada tres meses, se suben a la furgoneta y visitan a sus proveedores de Francia, Italia, Reino Unido, Dinamarca o Suecia. Cuanto más al norte, mejor. Porque, después de la formica y la fresquera made in spain, el mobiliario nórdico lo peta. Y no hablo de Ikea.

Se trata de aparadores y mesas escandinavas de autor fechadas en los años 60. Que, por ejemplo, suecos y daneses ya han desechado y sustituido por otras recién salidas de su imparable industria de diseño.

Vamos, que estamos comprando lo que arriba ya olvidan por antiguo. "Es un mueble que lo tiene todo para gustar siempre: líneas rectas, marrón sobrio, atemporalidad en general. El mueble nórdico ha llegado a España para quedarse", pronostican. 

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Saben del tema. Ana es licenciada en Bellas Artes y Alberto es carpintero. Ambos se especializaron en restauración y, después de dos años de negocio en el barrio más alternativo de Madrid, han investigado mucho e invertido todavía más para sobrevivir.

"Más que emprendedores, somos emperdedores", bromea Alberto. "No hemos contado con ningún tipo de ayuda económica institucional y todos conocemos lo caro que es ser autónomo en este país. El pago del IVA trimestral te parte en dos y cada poco necesitamos adquirir maquinaria. En resumen, ricos no somos". 

Viven entre tienda y trastienda, de 9 a 21h. La madre de Ana entra a saludar, le da un beso rápido y se va. Están ocupados con el esqueleto de otro encargo de alacena retro. Otro y otro. "Podríamos decir que este mueble nos da de comer cada mes", comentan.  Pues bienvenida de nuevo, fresquera. Y gracias, abuelas.

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@VarelaJulia

Julia Varela   14.mar.2016 08:45    

Falsa taxidermia

    lunes 7.mar.2016    por Julia Varela    5 Comentarios

DogHay una nueva taxidermia que se ha puesto de moda y es falsa. Un fake. También la llaman craftydermia. La intención es emular el trofeo de cazador, pero sin disecar al animal. Eso sí, hay que colgarlo en la pared, según costumbre atávica.  

Cabezas de león, ciervo, oso y jabalí que no son de pelos y piel tiesa, sino de tela, papel, plástico, madera o cerámica. También mascotas:CatEl resultado, por tanto, no es macabro. Es  una muerte artificial, colorida, vivaz y hasta elegante. En la actualidad, la falsa taxidermia adorna locales de vanguardia y diseño. Aunque su origen está en una técnica nada glamourosa que conlleva despellejar post mortem.

Como tradición decorativa, la taxidermia es típica en hogares campestres y cinegéticos. Lo sabe bien esta chica del este de Wisconsin, Kelly Rene Jelinek: Studio6Nació y vive en un pueblo, rodeada de granjeros, y estos monumentos embalsamados son habituales en casa de sus padres. Sus muros están engalanados con esfinges de cinco venados, un antílope y unos cuantos pájaros bien conservados con alas desplegadas. IMG_1614Este paisaje doméstico familiar y sus estudios universitarios de Arte la han llevado a a crear su propia versión del tema. Es la autora de un bestiario artificial donde la tapicería sustituye a la dermis. Kelly representa, a día de hoy, uno de los ejemplos más auténticos de esta tendencia ornamentalReno"Amo los animales. Mi familia siempre ha tenido caballos, perros, gatos, conejos, pollos e incluso ardillas. Mis vecinos cuidan vacas y cerdos. Prefiero ver a los animales en su hábitat salvaje, pero también disfruto si voy al zoo. Desde pequeña los he dibujado!", me comenta Kelly. "Y cuando era adolescente ya restauraba sillas viejas, las tapizaba para que pareciesen nuevas". Studio2Así que sus trabajos son casi una evolución natural de esta herencia y aficiones. Solo que cambia los serruchos y productos químicos necesarios para desollar por tijeras y máquina de coser.Kelly2"Mi Singer, mi perro Ike y mi gato Rufus son los únicos compañeros en el estudio. Paso bastante tiempo ahí metida para elaborar cada pieza, sobre todo cuando se trata de un león, que requiere unir más trozos de tela que cualquier otro animal".

El precio de cada busto empieza a contar a partir de los 1.000 dólares. El rey de la selva es el más caro, claro. Y el más vistoso:Lion2A Kelly le apasiona el mundo incompleto, abandonado, inadaptado y la estética wabi-sabi, la belleza imperfecta, rústica y natural, que definieron los japoneses. Desde esta perspectiva entiende la taxidermia real, en contraste con el escalofrío que genera en la mayoría de personas:

"Honestamente, la taxidermia me encanta. Para mí no son solo animales muertos momificados, cadáveres. Creo que es arte. Quizás un arte encuadrada en un plano más folclórico que en el grupo de las denominadas bellas artes. Pero es arte. Folky y nostálgica, desde mi punto de vista". Lion3Dice que su propósito ahora es, precisamente, asistir a un curso de taxidermia profesional. Para que ese aprendizaje contribuya a perfeccionar sus imitaciones.

A fin de cuentas, en ambos casos, se trata de inmortalizar la vida: un rugido para siempre. Un aleteo eterno. Un acto de fuerza vital en su perfección y encapsulado para contemplar sin fin. No se pudrirá, cierto. Pero también acumula una buena capa de polvo. 

@VarelaJulia

Fotografías de Little Stag Studio

Julia Varela    7.mar.2016 09:12    

A qué saben las nubes?

    lunes 29.feb.2016    por Julia Varela    1 Comentarios

Nubes gourmet Lemon Jelly Marshmallows (6)

Puedo afirmar sin complejos que nunca he quemado una nube.

De hecho, entonces era la única chuche que no me gustaba. Me parecía la más de mentira de todas, como tragar poliespan. Hasta que me la sirvieron de postre, hace unos meses, en un restaurante moderno. Tostadita y en brocheta. Gourmet.  

Las nubes de azúcar nacieron en los años 60, en Illinois, en la fábrica de la familia Doumak. Ellos tienen la patente del proceso de elaboración de este dulce que popularizaron de manera masiva en USA. Boy scouts de acampada horneando espetos de marshmallows en la hoguera. 

Hoy, los chefs más vip las reinterpretan en su carta. Son las golosinas de moda para foodies, cocinillas, comidistas y otros paladares inquietos. Y entre ellas, estas son las más artesanas

Nubes gourmet Lemon Jelly Marshmallows (2)

Las hace Carmina Núñez, la ingeniera informática y loca por la gastronomía que sonríe en la siguiente foto. Hace tres años, dejó la dirección de sistemas de información en un banco importante para subirse, literalmente, a la nubes.

Las suyas no tienen nada que ver con las industriales, repletas de conservantes, espesantes y colorantes artificiales. Defiende que sus Lemon Jelly Marshmallows están hechas con agua, azúcar y gelatina. Y no son anodinas, "no tienen todas el mismo sabor y olor", algo que sí ocurre con las tradicionales y envasadas. 

Carmina Núñez - Nubes artesanas Lemon Jelly Marshmallows (2)

Carmen tampoco plantaba fuego a las nubes: "Creía que era como quemar plástico y que me iba a llenar la boca de petróleo! Claro que antes solo tenía opción de comer nubes industriales. Ahora puedo quemar con tranquilidad las mías. Eso sí, tardan más en arder porque no son plástico!!". 

Nubes gourmet Lemon Jelly Marshmallows (7)

De niña, estas chucherías fueron su devoción y de adulta se obsesionó con encontrar la receta perfecta: "He visitado muchos países buscando inspiración, he viajado a Estados Unidos, Inglaterra, Irlanda, Francia, Italia, Portugal...quería contactar con empresas que hicieran una nube de azúcar natural, original y divertida, pero ha sido francamente difícil dar con una fórmula auténtica y fresca". 

En la actualidad, sus nubes son las más saludables que puedes ingerir y las más sabrosas para el paladar. Es capaz de convertirlas en volcanes de cacao que recuerdan a un coulant o rebozarlas en menta y chocolate negro, en plan homenaje al británico After Eight

Nubes gourmet Lemon Jelly Marshmallows (4)

A golpe de recuento, la verdad es que tienen las papeletas necesarias para ser tendencia: saben bien, son de colores y súper estéticas, enganchan sin aditivos y tienen una textura blanda única. No hay ningún alimento así de esponjoso, ni siquiera un bizcocho.  

Pero, más allá de las papilas gustativas, las nubes nos transportan. Son retro. Se enmarcan en el mercado de la añoranza. Saben a infancia. Recuerdos de cientos de visitas al quiosco de las chuches

@VarelaJulia

(Fotografías de Lemon Jelly MarshMallows)

Julia Varela   29.feb.2016 08:25    

Julia Varela

Bio Yo, laggard

Tendencias. Movimientos. Cosas que pasan. En la carrera de ir a la última, me reconozco entre la tribu laggard (rezagado in English). Admiro tanto las joyas impresas en 3D como un buen pincho de tortilla. Lo cool y lo castizo, aquí se habla de eso. De modernidades viejas, de antigüedades nuevas. De lo bonito. Poliédrica, multitasking. Gallega de lacón con grelos y madrileña inevitable de Malasaña. Periodista casi siempre
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