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Sarah Chang: la madurez de la niña prodigio


Sarah Chang, una de las virtuosas del violín más destacadas de nuestro tiempo ha visitado Barcelona para ofrecer su versión de una página de cabecera en su instrumento: el Concierto para violín y Orquesta núm. 1 de Max Bruch. Arropada por la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña, bajo la dirección de Eiji Oue, Sarah Chang nos atiende entre un ensayo y otro, y comenta que está muy ilusionada por interpretar esta obra, una de sus preferidas, y además, regresar a Barcelona, una ciudad que encuentra muy estimulante porque combina la seriedad en el trabajo, el interés cultural y la capacidad para disfrutar la vida.

Esta violinista norteamericana nació en Filadelfia en 1980 en el seno de una familia coreana. Desde la primera infancia demostró un don excepcional para la música. Con tan sólo 6 años, fue admitida en la prestigiosa academia Julliard School of Music de Nueva York, tocando precisamente el Concierto para violín de Bruch, una experiencia que ella misma recuerda de la siguiente manera:

«Recuerdo que cuando fui a mi primera audición en la Julliard School era muy pequeña, tenía 5 años y medio, (lo cual es ridículo no sé cómo pudo ser que llegara allí siento tan niña), pero el caso es que allí estaba para tocar y recuerdo que llevaba el Tercer concierto para violín de Mozart y también, el Concierto de Bruch. Entré en la Escuela y recuerdo que comenzaron las clases, una oportunidad única para quien quiera dedicarse a la música y yo estaba muy motivada e inspirada al comprobar que todos tenían tanto talento y tocaban tan bien, pero claro, estaba impactada por la diferencia de edad; yo era mucho más joven que cualquiera de mis compañeros, la media del alumnado era unos 17 años, estaban en el programa pre-universitaria, y claro yo tenía 10 años menos, tenía unos 7, así que esto me afectaba pero empecé a superarlo cuando pasé a la adolescencia. Sin embargo, me inspiró y me alentó muchísimo estar rodeada de gente mayor y de gran talento, lo cual compensaba el desequilibrio de edad que sufría».

Tras ser admitida en la Julliard School con tan sólo 6 años de edad, Sarah Chang fue tutelada por Dorothy DeLay una de las maestras indiscutibles del violín, por cuyas clases han pasado los virtuosos más brillantes de las últimas décadas como por ejemplo Itzhak Perlman, Gil Shaham, Shlomo Mintz entre otros, incluyendo al propio padre de Chang. Su profesora afirmó que cuando escuchó por primera vez a Sarah «nunca había visto algo como ella».

El dictamen por tanto, fue unánime: Sarah Chang era una niña prodigio, su perfil rompía todos los esquemas hasta entonces conocidos. Con sólo 8 años ya fue reclamada para tocar en público junto la Orquesta Filarmónica de Nueva York y la Orquesta de Filadelfia, dirigida por batutas de la talla de Zubin Metha o Riccardo Muti. Un año después, era la violinista más joven en grabar un disco en una compañía internacional.


Ante una biografía de estas características tan singulares, y después de haber desarrollado una carrera en ascenso que le ha permitido evolucionar como artista e intérprete en la edad adulta, a Sarah Chang (que ahora cuenta con 28 años), le preguntamos si algún día, en el caso de tener hijos bajo su responsabilidad, si los alentaría para emprender un camino como el suyo…

«Realmente estoy en un momento de mi vida estupendo; puedo tocar lo que quiero, viajar, conocer lugares y personas, puedo tener esa agenda tan agitada porque claro, no tengo responsabilidades familiares pero si algún día tengo hijos por supuesto que les transmitiría el amor por la música, todos los niños necesitan de una educación musical porque es muy bueno para el alma, aporta disciplina y de alguna forma u otra, todos necesitamos música en nuestras vidas. Pero no me gustaría que mis futuros hijos empezaran tan pronto como yo hice, y les diría que no deberían hacer una carrera como intérprete si no lo desean realmente, porque es un estilo de vida muy específico, muy agotador, debes estar hecho para ello,”fabricado” para ello, en el sentido positivo del término; debes que trabajar una mentalidad muy concreta para ser feliz con este tipo de vida y además, nacer con una capacidad para disfrutar de manera genuina en el escenario, para adaptarte y seguir este ritmo de vida, dar conciertos y viajar permanentemente, estar de una ciudad a otra… Espero que si algún día tengo hijos, vivan una vida más normal que la que la mía»




Un fenómeno artístico como lo es Sarah Chang sólo es posible si una conjunción de múltiples factores se dan en una persona y coinciden en el espacio y en el tiempo: dotes naturales, entrenamiento desde la primera infancia, apoyo familiar, orientación profesional desde el inicio de los estudios, determinación psíquica y entusiasmo, así como disciplina, esfuerzo y constancia para forjar un carácter invencible ante el cansancio o el desaliento. Una fórmula en equilibrio perfecto entre la inteligencia racional, emocional y física, para poder abarcar así, una obra musical de envergadura, con una técnica y una interpretación brillantes. Ella nos explica su método de trabajo:

«Creo que todo el trabajo de preparación, aspectos técnicos y de mantenimiento, como yo lo llamo, debe ser realizado con antelación porque cuando ya estás en el escenario, las luces se apagan y el público está enfrente tuyo, entonces, se pone en marcha una energía que fluye sola y en ese punto, lo más importante, es ser lo más auténtico que puedas, la musicalidad habla por sí sola, ser espontáneo, dejar que la expresión y la emoción salgan, para que la electricidad del concierto en vivo pueda transmitirse a la audiencia».

«Creo que tengo la profesión más maravillosa del mundo; de veras que lo creo, porque para mí no es un trabajo es una opción de vida. Aunque tenga que viajar, vivir en un hotel, llevar mi vida en un equipaje de un lado para otro, no tener una vida normal; a pesar de todo eso, es especial, todo se me olvida cuando estoy en el escenario soy tan feliz, con un público a quien tocar, en una sala preciosa y entonces, subo al escenario, estoy en compañía de una orquesta, un director, en puedo conectar con una electricidad que me supera y me hace vibrar, porque estás allí para entregar todo lo que eres y tienes y recibirlo después del público. Nada de lo que he vivido fuera del escenario puede ser comparable a esta experiencia, me siente auténticamente viva y feliz. Por eso, creo que es la mejor profesión del mundo, al menos para mí»


Detrás de cada interpretación de Sarah Chang hay mucho esfuerzo y trabajo invertido, pero también una extraordinaria capacidad para el disfrute y la emoción. Por eso, le preguntamos, qué situaciones divertidas le han pasado últimamente sobre el escenario:

«Siempre suceden cosas divertidas durante un concierto: algunas anécdotas relacionadas con el violín como la rotura de una cuerda, alguna vez estalla alguna cuerda, algo dramático que hay que superar en escena… Recuerdo situaciones curiosas como por ejemplo, mi debut en Australia, en la Opera de Sydney, iba a tocar el Concierto de Tachaikovsky y quería estrenar un precioso vestido de Valentino color azul celeste que me encantaba, pero tenía una ristra de botones muy incómodos así que le pedí a la modista que cambiara los botones por unos automáticos (porque no tengo paciencia con los botones antes de un concierto): así que me dirigía a alzar mi arco para emprender mi primer ataque cuando estallaron los botones automáticos; imagínate, me quería morir, dos mil personas mirándome y yo allí con todo el vestido abierto y el director, ajeno a esto, comenzó con la introducción, mientras yo, con una mano agarrando el violín y con la otra, tratando de cerrar el vestido, podía ver cómo el público estaba alucinando y los profesores de la orquesta sonriendo, haciendo verdaderos esfuerzos por no estallar en carcajadas… Algo dramático en un momento pero que al final resulta muy divertido…»

Así con optimismo, fuerza vital y sentido del humor nos despide Sarah Chang, una virtuosa de nuestro tiempo de la cual el propio Yehudi Menuhin afirmó lo siguiente: «Sarah Chang es la más maravillosa, la más perfecta, la violinista más ideal que jamás he escuchado».



*Reportaje entrevista con Sarah Chang en Lo que hay que oír (08/10/09) 10 horas.

Pueden volver a escuchar nuestros podcast en:

http://www.rtve.es/podcast/radio-clasica/lo-que-hay-que-oir/


Contenidos de los últimos podcast de Lo que hay que oír:

LO QUE HAY QUE OIR I (06/10/09) 09:00 – 10:00

Thomas Zehetmair dirige a la Northern Sinfonia en la Sinfonía núm. 4, Op. 120 de Schumann. William Christie al frente de Les Arts Florissants recrea Confitebor tibi domine in consilio de Michel Ricard de Lalande.

LO QUE HAY QUE OIR II (06/10/09) 10:00 – 11:00

Alexander Sinchuk, último ganador del Concurso Internacional de Piano Rachmaninov en el Auditorio Nacional de Música de Madrid. Sorteo de invitaciones. Audiciones: Vladimir Ashkenazy interpreta la Sonata para piano núm. 1 en Fa menor, Op. 6 de Scriabin. Cuarteto de Cuerda en La Mayor, Op. 2 de Richard Strauss.

LO QUE HAY QUE OIR III (06/10/09) 11:00 – 11:30

Haendel vuelve al Teatro Real de Madrid con Teodora en versión de concierto de los Gabrieli Consort and Players dirigidos por Paul McCreesh. En su interpretación escuchamos Mater Ora Filium de Arnold Bax.




LO QUE HAY QUE OIR I (07/10/09) 09:00 – 10:00

El Aula de Reestrenos de la Fundación Juan March regresa a Radio Clásica esta tarde con un concierto de cámara a cargo el Trío Salazar. Audiciones: Cuarteto de Cuerda núm. 1 en Do sostenido menor de Pavel Haas. Sonata para violonchelo y piano en Sol menor, Op. 65 de Chopin con Alexander Kaniazev (vc.) y Nikolai Lugansky (p.).

LO QUE HAY QUE OIR II (07/10/09) 10:00 – 11:00

Ahime misero ío canto de Lodovico Viadana en versión de la Capella Palatina. Contra viento y madera: música de banda danesa y francesa de la mano de la Danish. Concert Band y de la sección de viento de la Orq. Municipal de Burdeos en una selección de obras Gioacchino Rossini, Leif Kayser y André Frederic Eler. Otras audiciones del magacín: Piezas de concierto de Enrique Fernández Arbós con Ara Malikian (violín) y la Orq. Sinf. de Madrid bajo la dirección de Jesús López Cobos.

LO QUE HAY QUE OIR III (07/10/09) 11:00 – 11:30

En el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, L’Arbore di Diana de Vicente Martín y Soler. Del compositor valenciano que rivalizaba en aplausos con Mozart, escuchamos su Divertimento para octeto de viento y contrabajo ad libitum núm. 2 en Si bemol Mayor sobre temas de su ópera “Una cosa rara” en versión del Conjunto Moonwinds a las órdenes del clarinetista Joan Enric Lluna.




LO QUE HAY QUE OIR I (08/10/09) 09:00 – 10:00
Suite de Danzas Antiguas, de Evaristo Fernández Blanco con Orq. Sinf. de RTVE, dirigida por Adrian Leaper. Mark Elder dirige a la Orchestra of the Age of the Enlightenment en una selección de Bianca e Fernando, opera de Bellini. Sinfonía en Do Mayor del compositor alemán Joseph Martin Kraus.

LO QUE HAY QUE OIR II (08/10/09) 10:00 – 11:00

Entrevista con la violinista Sarah Chang, una virtuosa de nuestro tiempo. Recuperamos la figura de Michele Puccini (padre de Giaccomo) con su Magnificat.

LO QUE HAY QUE OIR III (08/10/09) 11:00 – 11:30

La Fundación Juan March de Madrid estrena el ciclo de Sábados Temáticos. Audiciones: Tres Piezas para piano de Fernando Remacha en versión de Jorge Robaina. Concierto para trompeta, dos oboes y contínuo de Telemann dirigido por Bob Van Asperen y con Wolfgang Basch como solista.



LO QUE HAY QUE OIR I (09/10/09) 09:00 – 10:00

Reportaje entrevista con Salvador Brotons quien estrena su Concierto para trompa con la Orquesta Nacional de España y Javier Bonet como solista. El coreano Jae-Moon gana el Premio de Composición Musical Reina Sofía. El Festival Internacional de Música Contemporánea de Tres Cantos celebra su IX Edición.

LO QUE HAY QUE OIR II (09/10/09) 10:00 – 11:00

Grand Jeté: El Lago de los Cisnes de Tchaikovsky (III). Monográfico dedicado a la danta realizado por Silvia Pérez Arroyo.

LO QUE HAY QUE OIR III (09/10/09) 11:00 – 11:30

Reportaje sobre Lulú, de Alban Berg, la ópera que Radio Clásica transmite desde el Teatro Real de Madrid: declaraciones de Eliahu Inbal, Jenifer Larmore y Agneta Eischenholz




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