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Una persona, una historia

    martes 1.oct.2013    por La observadora    2 Comentarios

Emana algo de animal herido. Lo pienso nada más topármela en mitad del pasillo antes de acceder al estudio, vestida con ropas holgadas, sus negros mechones enredados y ese andar perezoso, como si arrastrara una dolencia de la que no puede hablar. Y eso que ella no para.

Lucía posee un verbo rápido y afilado. Dice las cosas a las claras y no siempre gustan. Nunca ha sido un personaje complaciente; he aquí la tarjeta de presentación de la Etxebarría, el glosario de tópicos que precede a una escritora de éxito y a contracorriente lo que, en su caso y milagrosamente, no parece reñido. 

Confieso cierta simpatía por ella, quizá porque no se parece en nada a mi. O porque pelea contra gigantes cada vez que le sale al paso alguno, y así anda metida en unas cuantas guerras. O porque es más sensible de lo que aparenta. O porque es distinta. Qué se yo.

A los invitados de un programa de radio como La Observadora hay que tenerles empatía, de lo contrario es difícil abonar la complicidad en la que cuenten algo que a la defensiva se guardarían como tesoro. Y más que eso, es preciso despojarles del maquillaje y el artificio. Eliminar de ellos el apellido. Motivo por el que Bárbara Rey se quedó en Marita.

Se trata de otra mujer construida en el imaginario colectivo a base de tópicos, mientras que en la distancia corta, y con un café por medio, no es más ni menos que una señora de sesenta años muy bien llevados obsesionada hasta lo superlativo por sus hijos y entregada a un placer que durante años ha reprimido: comer. Como tantas otras. No obstante no nos engañemos, porque aguantarle la mirada e intuir lo que le ronda por dentro la convierte en un ser poco corriente.

La singularidad debe ser un plus en la vida. Un añadido a la condición humana que atraiga a los demás como un imán. Por ello este equipo se afana en rastrear historias únicas para narrarlas en la radio: alguien excepcional que suscribe un hecho heroico; lo épico de vivir sin piernas o un amor preservado en secreto durante años. Joyas que nos regalan l@s oyentes, convencida como estoy de que tras cada uno de nosotros se atrinchera una gran historia.

Cuando es revelada, ell@s se liberan y a nosotr@s se nos caen lágrimas como garbanzos. 

 

La observadora    1.oct.2013 15:58    

2 Comentarios

Me gusta mucho La Observadora, lo escucho todos los domingos!!!, y me gusta mucho cuando hay sección de psicología, aunque creo que tu programa tiene bastante psicología emocional!!!
Te adjunto un blog que he visto y me ha gustado bastante, ya que tiene artículos muy buenos de psicología

http://tuespacioemocional.wordpress.com

Mil gracias!!! continuar así porque me encantaaa!!!! y dar cañita al blog que lo teneis muy apagadooo

sábado 26 abr 2014, 20:14

"A los invitados de un programa de radio hay que tenerles empatía" dices en tu texto.
Hay que desnudarlos para que nos revelen qué guardan debajo de la piel. Y tú sabes hacerlo.
Te escribo desde aquí por que no tengo otro medio.
Lo aprovecho para decir que me encantó la entrevista que hiciste a Federico Mayor Zaragoza el día 6 de junio.¡Cuántas ideas como las suyas nos hacen falta en estos tiempos tan combulsos!
Por favor,Teresa,¿quién canta en la última parte del programa? Es la voz de una chica con un piano de fondo. Minuto 20 de tu programa.
Un saludo.
Francisco Montero

domingo 5 jul 2015, 19:20

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La observadora

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Porque no es lo mismo ver que mirar. Ni escuchar que oír. Por ello les invitamos a examinar qué sentimos y después, traducirlo en palabras. A observar y a observarnos. Se duerme mejor, se lo aseguro.
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