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114 años encendida: las bombillas antes de la (supuesta) obsolescencia programada

Hay una bombilla en la estación de bomberos de Livermore (California) que lleva encendida, prácticamente sin interrupciones, desde 1901. Fue fabricada a finales de la década de 1890 y todavía hoy sigue cumpliendo su función como el primer día. Y por supuesto, alguien ha puesto una cámara a través de la que te puedes pasar las horas muertas viéndola brillar.

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Esto nos lleva a reflexionar sobre cómo cambian los patrones de consumo, según la tecnología y según la época. Como recoge la revista Collectors Weekly, los primeros hogares que disfrutaron del privilegio de la luz eléctrica recibían un mantenimiento completo por parte de las compañías. Los clientes compraban la instalación del sistema eléctrico, fabricado por un proveedor regional, que también se ocupaba de la instalación y el mantenimiento. Lo que significaba que si una bombilla se fundía alguien venía y la arreglaba, o la sustituía por otra. Todo ello a cuenta de la propia compañía eléctrica.

Con este modelo de negocio, tenía todo el sentido para las empresas desarrollar bombillas que se estropearan lo menos frecuentemente posible, y de ser posible, duraran para siempre. La que todavía brilla en Livermore fue fabricada por la  Shelby Electric Company, en Ohio. Y nadie sabe qué la hace tan especial como para que sea capaz de desafiar al tiempo.

Más tarde, cuando las compañías eléctricas decidieron ceder el trabajo de reemplazar las bombillas a los habitantes de las casas decidieron hacer bombillas más baratas, que se funden con muchísima más frecuencia. A partir de 1910 las compañías norteamericanas cobraban el equivalente actual a 33 dólares por una lámpara de unas 1.500 horas de uso. Por suerte hoy han bajado de precio pero el concepto había nacido. Hoy a esto se le llama obsolescencia programada: la supuesta práctica de diseñar y fabricar productos con una fecha de caducidad determinada, destinada a obligar al consumidor a hacer continúas compras repetidas del mismo o similar producto. 

Lo cierto es que el porcentaje de electrodomésticos que se deben reemplazar en sus cinco primeros años de su vida por problemas técnicos se ha duplicado entre 2004 y 2012, según un estudio realizado por la Universidad de Berlín y el Öko-Institut. ¿Reduce la industria intencionadamente la duración de vida de sus productos? Es una pregunta difícil de responder pero lo que está muy claro es que cuando un electrodoméstico se estropea antes de los cinco primeros años es evidente que no ha respondido a las necesidades de los consumidores, además de dañar el medio ambiente.

Que sea o no un comportamiento planificado por parte de las empresas es otro cantar que todavía nadie ha podido demostrar.

@jesus_hidalgo

Imagen: Public Domain

Jesús Hidalgo Bravo    3.nov.2015 12:49    

¿Extraterrestres? Lo único seguro es que estamos ante algo asombroso

Decía Carl Sagan que las afirmaciones extraordinarias requieren siempre de evidencias extraordinarias. Y eso es lo que precisa el descubrimiento hecho con el Telescopio Espacial Kepler del extraño comportamiento de una estrella que ha desatado todo tipo de especulaciones, incluido el hallazgo de vida inteligente.

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Hasta ahora, lo único científicamente comprobado es que la estrella de nombre KIC 8462852 se comporta de un modo increíblemente extraño. Algo desconocido orbita a su alrededor y no parecen ser planetas. Kepler se ha dedicado los últimos cuatro años a monitorizar el brillo de un montón de estrellas, buscando pequeñísimas variaciones de la radiación a intervalos regulares, cosa que en astronomía se interpreta como el paso de un planeta por delante de un astro. Así ha encontrado Kepler más de 1.000 exoplanetas.  

Imaginemos a un alienígena en una remota galaxia que apunta con un telescopio hacia el Sistema Solar. El tránsito de Júpiter (el planeta más grande de nuestro vecindario) por delante del Sol supondría una caída de aproximadamente el 1 % de su brillo. Con ese dato, nuestro alienígena supondría que algo del tamaño aproximado de un planeta la está orbitando. Si siguiera midiendo vería como –a intervalos regulares– van pasando los demás planetas, provocando ligerísimas variaciones en su brillo. Habría encontrado un sistema de cuerpos celestes girando en torno a una estrella. Esto es lo que hace Kepler metódicamente.

Pero en KIC 8462852 ha encontrado una anomalía: las caídas de su brillo son gigantescas (algunas de ellas del 20 %) y completamente asimétricas, lo que no corresponde en absoluto con los modelos astronómicos de caza de planetas extrasolares. Si en algo parecen estar de acuerdo los científicos por ahora es que no se trata de un planeta.

¿Entonces? Por el momento son todo especulaciones. Una de las más plausibles es que se tratase de una estrella joven, que aún está en el proceso de acumular masa, y por ello está rodeada de una nube de polvo y rocas que podrían explicar la irregularidad de su brillo. El problema es que –según las mediciones de radiación infrarroja– KIC 8462852 tampoco es una estrella joven.

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Otra explicación es que esa masa que se cruza delante de la estrella corresponda a una nube de cometas que se han visto despedidos hacia la estrella, atraídos por el empuje gravitatorio de un segundo astro cercano. Aunque una colosal fragmentación de varios cometas puede ocurrir, es difícil imaginar un fenómeno capaz de tapar el 20 % de la luz de una estrella. Además ese colapso debería producir una enorme cantidad de polvo, lo que debería producir  –como hemos mencionado antes– que la estrella brillase intensamente en el infrarrojo, lo que tampoco es observado por los astrónomos.

Pero la hipótesis que ha desatado la locura de los medios de comunicación es esta: ¿y si el cambio de brillo no fuese natural? ¿Y si hubiese detrás una civilización alienígena? Es la interpretación que fue publicada hace unos días en The Atlantic.  Según mencionaba este medio, Jason Wright, un joven astrónomo de la Universidad Penn State, va a publicar proximamente una interpretación alternativa que va por el camino de los hombrecillos verdes. Según esta línea argumental, los cambios en el brillo se podrían deber a la construcción de una megaestructura creada por alguna civilización extraterrestre. Algo parecido a una esfera de Dyson, una infraestructura hipotética propuesta en 1960 por el físico Freeman Dyson, en la novela de ciencia ficción Star Maker y supuestamente fabricada para aprovechar al máximo la energía de la estrella. Desde el punto de vista científico, una de las ideas más locas y más maravillosas que se han escuchado en las últimas décadas. Y por supuesto, pura especulación.

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Que un grupo de científicos contemple una posibilidad como esta denota de que no tienen ni la más remota idea de qué demonios está pasando en esa estrella. Pero eso no es necesariamente malo. Como recoge iflscience en esta entrada, muchos de los más importantes y excitantes descubrimientos de la astronomía fueron eventos completamente casuales. La serendipia inunda la historia de la ciencia y sea lo que sea lo que los investigadores han hallado en esa lejana estrella –cuando buscaban otra cosa totalmente distinta– será totalmente asombroso. Valgan como ejemplo algunos casos:

En 1781, usando un telescopio casero William Herschel descubrió Urano mientras recorría el cielo en busca de estrellas dobles. De un solo golpe, gracias al descubrimiento de Herschel, se duplicó el radio de nuestro Sistema Solar, y se dio a luz verde a la búsqueda de otros planetas. Este hallazgo llevó también al descubrimiento de Neptuno, a través de la fuerza de gravedad que ejercía sobre Urano. La búsqueda de más planetas cercanos a nosotros llevó al descubrimiento de los asteroides y otros objetos que orbitan nuestro Sol, que son fundamentales a la hora de desentrañar el nacimiento y evolución de nuestro Sistema Solar.

En 1965 dos jóvenes físicos Arno Penzias y Robert Wilson descubrieron una misteriosa radiación mientras calibraban una antena de los Laboratorios Bell en Nueva Jersey (EEUU). Después de intentarlo todo, e incluso volver a montar la antena pieza a pieza, llegaron a la conclusión de que era imposible deshacerse de aquel misterioso ruido. Normal; habían descubierto el eco primigenio del universo, el silbido eterno provocado por el Big Bang que llena el cosmos por completo: la radiación de fondo de microondas. Aquellos dos jóvenes que apenas sabían nada de astronomía recibieron el Nobel de Física en 1978.

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En julio de 1967 los astrónomos Jocelyn Bell y Antony Hewish detectaron unas señales de radio de corta duración y extremadamente regulares mientras rastreaban el cielo con un radiotelescopio. El extraño pulso, procedente de un único punto, tenía una rapidez y una regularidad pasmosa, nunca observada antes. Poseía un periodo de 1,33730113 segundos. Al igual que ocurre con KIC 8462852, lo observado desafiaba cualquier explicación conocida. De hecho, ambos científicos pensaron que podrían haber establecido contacto con una civilización extraterrestre, por lo que llamaron tentativamente a su fuente LGM (Little Green Men u Hombrecitos verdes).

Una vez publicados los datos, científicos de todo el mundo buscaron posibles explicaciones y llegaron a la conclusión de que el fenómeno era puramente natural. No eran hombrecillos verdes sino algo mucho más impresionante (al menos desde el punto de vista de la física). Se trataba del núcleo vivo de una estrella más masiva que el Sol después de su colapso, tras la explosión de una supernova. Ese objeto, llamado estrella de neutrones, posee un intenso campo magnético que induce la emisión de pulsos de radiación electromagnética a intervalos regulares, relacionados con su periodo de rotación. Habían descubierto el primer pulsar y, con ello, toda una rama de la astronomía. Anthony Hewish recibió en 1974 el Premio Nobel de Física por este descubrimiento. La joven Jocelyn Bell no recibió condecoración, aunque fue ella quien advirtió la primera señal de radio.

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Los científicos seguirán observando pacientemente durante años a KIC 8462852 para tratar de explicarnos qué diantres se está cociendo a 1.480 años luz, en la constelación de Cygnus. ¿Una civilización extraterrestre? ¿Por qué no? La ciencia no está exenta de sueños. Pero una regla muy antigua dice que en igualdad de condiciones la explicación más sencilla suele ser la más probable. Así que, o le damos a Sagan sus evidencias extraordinarias o, por el momento, será mejor que dejemos de hablar de hombrecillos verdes.

@jesus_hidalgo

Imágenes: Fotolia/Kepler/Bungie Studios/archive.org

Jesús Hidalgo Bravo   19.oct.2015 17:51    

Más Lego y menos Barbies para las niñas

“¡Descubre que todo es posible con el armario de Barbie! Busca tu look con más glamour, podrás guardar tus vestidos. ¡Es genial!” Así arranca uno de los muchos anuncios televisivos de la muñeca más famosa del mundo, con la que pasan horas y horas las niñas de medio mundo. No parece un eslogan muy del agrado de Dame Athene Donald, profesora de física experimental de la Universidad de Cambridge, que ha recomendado a las chicas devolver a las Barbies (y el resto de las muñecas) a sus respectivas cajas.

Barbie

La nueva presidenta de la British Science Association levantó la semana pasada un buen revuelo en su discurso de investidura al acusar a la Barbie y otros juguetes dirigidos a las niñas de estar alejándolas de la ciencia y la ingeniería antes incluso de que lleguen a la edad escolar.

Cuando yo era niño cualquier juguete que caía en mis manos solía requerir de un montaje. Si no venía por piezas yo mismo me encargaba de hacerlos pedazos. La verdadera diversión venía con la reconstrucción, que por otra parte la mayoría de las veces acababa en un estrepitoso fracaso. Mientras tanto, mis hermanas se divertían con cosas como peinar o maquillar muñecas que, por cierto, yo también terminaba desmontando por piezas.

Lo cierto es que a las niñas que se les ha tendido a regalar desde pequeñas juguetes como espejos, muñecas o cepillos para el cabello, con lo que se les inculca que la apariencia y el cuidado son lo importante y que los problemas se resuelven por medio del amor o la magia. Por el contrario, a los niños se les obsequia con juguetes relacionados con la construcción, como mecanos, piezas de Lego o juguetes de acción, lo que les enseña que la experimentación, la imaginación, la creatividad y la confrontación son naturales para ellos.

Lego

Según Donald “introducimos construcciones sociales por estereotipar los juguetes que los niños y niñas reciben a temprana edad, lo que finalmente deriva en el déficit que existe de mujeres que se matriculan en las carreras de ingeniería y ciencias”.

Y lo cierto es que a pesar de que ellas estudian más –sin ir más lejos, en España las mujeres consiguen el 59% de todos los títulos universitarios– solo representan el 32% de los titulados en ingeniería y apenas el 21% de todos los titulados en informática –según datos de la OCDE– un sesgo que se repite en casi todos los países que agrupa esta organización.

Según el informe PISA, las chicas de 15 años alcanzan un mayor rendimiento académico que los chicos de la misma edad–incluyendo las asignaturas de ciencias– pero tienen peor confianza en sí mismas para resolver problemas científicos y matemáticos, hecho que se observa incluso entre las féminas con mejor rendimiento escolar.  Es muy revelador que cuando se les pide a las chicas que “piensen como científicas” lo hacen peor que ellos, lo que “podría relacionarse con la confianza que las alumnas tengan en sí mismas”, según refleja el informe.

Aunque no podemos culpar de este sesgo únicamente a la selección de juguetes en la infancia está bastante claro que representan un importante punto de partida que puede marcar la forma de pensar de niños y niñas y la elección de futuras profesiones.

Iniciativas como esta de la compañía GoldieBlox, "cuya misión es inspirar a la próxima generación de mujeres científicas", creada por la ingeniera Debbie Sterling –harta de la escasez de compañeras con las que compartir clases y horas de estudio– son la excepción en la industria juguetera.

 

En su web, Mattel  dice que su famosa muñeca es un buen modelo a seguir para las niñas, ya que ha tenido más de 150 carreras, como enfermera, estrella de rock, veterinaria, piloto o policía y que supone “un agente de cambio para las niñas”.  Mattel presume incluso de haber llevado a la Barbie al espacio cuatro años antes de que la NASA hiciera lo propio con Neil Amstrong. Pero quizá la clave para la Barbie astronauta esté en alcanzar la Luna sino en aprender la manera de llegar hasta allí.

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@jesus_hidalgo

Jesús Hidalgo Bravo    8.sep.2015 12:03    

Un tribunal francés concede la primera pensión de discapacidad por alergia al wifi. ¿Y ahora qué?

Marine Richard vive aislada del mundo en una pequeña choza en la región del Ariege, en los Pirineos centrales. No tiene luz ni agua caliente y en invierno la rodean hasta dos metros de nieve, pero es el único lugar en el que encuentra alivio a su ‘dolencia’:  el síndrome de hipersensibilidad a las ondas electromagnéticas. Richard afirma que no tuvo más remedio que dejar su trabajo y su familia y huir a las montañas para aislarse de ellas.

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Esta experiodista de 39 años acaba de ganar una demanda al Estado francés, que tendrá que pagarle una pensión de invalidez de 800 euros al mes durante tres años por padecer alergia a las señales electromagnéticas, especialmente de las conexiones wifi.

Aunque hay muchas personas que dicen padecer este síndrome ella es la primera en ser oficialmente reconocida y compensada por un Estado. La hipersensibilidad electromagnética es un conjunto de síntomas médicos adversos cuyo origen –según la creencia de sus afectados– está en la exposición a campos electromagnéticos, e incluyen dolores de cabeza persistentes, náuseas, confusión mental, depresión o mareos. La dolencia no está reconocida oficialmente por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que nunca ha encontrado ninguna correlación entre el padecimiento de estos síntomas y la exposición a estas ondas.

¿Significa eso que las personas como Richard no sufren esos síntomas? En absoluto, lo que implica es que una aplastante mayoría de estudios revisados por pares no ha encontrado vínculo alguno entre los síntomas y los campos electromagnéticos. Según la OMS, los estudios indican que estos individuos “no demuestran tener una mayor sensibilidad cuando se les expone a los campos electromagnéticos que los que no sufren síntoma alguno”.

La falta de evidencias científicas pone de manifiesto que tengamos que buscar otras razones para encontrar la causa real. Podría ser simplemente estrés o el bien conocido el efecto nocebo, que actúa de manera opuesta al placebo: si uno se convence de que algo puede hacerle daño, le dañará realmente. Se trata de fenómeno psicológico que tiene que ver con la creencia de que algo tiene el potencial de desarrollar determinados síntomas; cuando alguien con esta creencia se pone en contacto con la causa, es capaz de desarrollar esos síntomas concretos.

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Entonces ¿cómo ha conseguido Richard (en la foto) ser compensada por el Estado francés? La sentencia, dictada en julio pero dada a conocer hace unos días, dice que “la sintomatología desaparece en cuanto las causas son eliminadas” y explica que “tal eliminación imponen un modo de vida y unos sacrificios tan extremos que no permiten la menor sospecha de simulación”.

El fallo –que se produce poco después de la polémica petición del eurodiputado  Pablo Iglesias ante el Parlamento Europeo para que la Unión Europea reconozca la hipersensibilidad electromagnética– pone la carga de la prueba en que la demandante no está mintiendo en cuanto a sus síntomas y que estos desaparecen cuando se elimina la exposición a las fuentes electromagnéticas.

Que, efectivamente, así ocurra no demuestra en modo alguno la correlación, como ya hemos explicado y como admite la misma OMS. Lo que hace una decisión como esta es legitimar la creencia que las señales wifi y otras fuentes electromagnéticas están haciendo enfermar a parte de la población, aunque no haya evidencias que soporten esta afirmación. Y no solo se está culpando a la tecnología, sino que se hace responsables a los estados (y por tanto, a todos nosotros) del presunto daño causado a miles de enfermos.

Según los abogados de Richard, esta decisión judicial abre una puerta a la multitud de personas que viven con la misma condición que ella. También es un peligroso precedente a la hora de dejar de lado la ciencia para tomar decisiones que afectan a toda la sociedad.

@jesus_hidalgo

Imágenes: Jochen Tack/DDM, F.Raoul

Jesús Hidalgo Bravo    1.sep.2015 13:17    

Si miras fijamente a alguien durante diez minutos verás cosas muy locas

Mirar fijamente a alguien a los ojos puede resultar realmente intenso y normalmente es una situación que tendemos a evitar. Como la ciencia siempre va un poco más allá, un equipo de investigadores se ha puesto a analizar qué pasa si lo hacemos durante mucho rato. Y pasan cosas realmente extrañas, tanto, que se puede llegar a lo que los psicólogos denominan un estado de conciencia alterada, alucinaciones incluidas.

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En un experimento realizado por Giovanni Caputo, de la Universidad de Urbino se reclutó a 40 adultos jóvenes y se dividieron por parejas, sentados a un metro de distancia y una iluminación tenue. La mitad de las parejas se situaron uno frente a otra, contemplando las expresiones faciales neutras de su compañero, mientras la otra mitad –que sirvió de grupo de control– estaban sentados espalda con espalda, mirando a una pared blanca. Tal que así estuvieron durante 10 minutos.  

En un cuestionario posterior, los que se miraron entre sí a los ojos manifestaron haber sufrido alteraciones del color y el sonido en su entorno, haber tenido la sensación de que el tiempo se paraba y de “salir de su propio cuerpo”. El 90 % veía la cara de su compañero deformada y el 75 % observó seres monstruosos o animales. Un 15 % manifestó ver la cara de un familiar. Los resultados fueron convenientemente publicados en la revista Psychiatry Research.

Según Caputo, son síntomas típicos de la disociación, un término usado para describir una desviación de la propia conexión con la realidad, tales como la pérdida de memoria,  ver los colores deformados o sentir que el mundo no es real. También son típicos del consumo de drogas como la ketamina, el peyote, el éxtasis o el LSD. Sin duda, a esta lista habrá que añadir ahora las miradas intensas.

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Según escribe el psicólogo Christian Jarrett en la revista British Psychological Society’s Research Digest, “los participantes dijeron que tuvieron una experiencia convincente diferente a todo lo que habían sentido antes”.

No es el primer experimento que Caputo hace con las miradas. Hace unos años hizo algo parecido con voluntarios mirándose a sí mismos en un espejo. Los efectos alucinatorios fueron parecidos.

Pero no es cosa de brujería, todo esto tiene que tener una explicación científica, aunque todavía no está nada clara. Por ejemplo, sabemos que cuando miramos fijamente un punto central durante un periodo prolongado de tiempo, la periferia empieza a hacerse más borrosa poco a poco, hasta casi desaparecer. A esto se le llama efecto Troxler. Pero no es suficiente para explicar lo que sucede, porque los rasgos faciales tenderían simplemente a desaparecer y no cuadra con las alucinaciones.

Como señala la revista Scientific American, si falta alguna información visual, el cerebro se ocupa de estos vacíos para rellenarlos en base a las expectativas o experiencias, lo que podría explicar este fenómeno. Sin embargo, este efecto no se da en el grupo de control, que simplemente está mirando una pared. Los científicos no están seguros de lo que pasa en nuestras cabezas pero hay algo en eso de mirar fijamente a unos ojos humanos que causa estos efectos aberrantes.

En cualquier caso, hay mucho que aprender y Caputo admite que su investigación apenas está dando los primeros pasos. El experimento es bastante fácil de reproducir en casa. Si te atreves y te sobran 10 minutos, ya sabes. Todo por la ciencia.

@jesus_hidalgo

Jesús Hidalgo Bravo   20.ago.2015 13:12    

Houston, tenemos que ir al baño (y reciclar lo que se pueda)

Howard Wolowitz, el personaje de la serie The Big Bang Theory, trabaja en la ficción como ingeniero mecánico en el Instituto Tecnológico de California. Entre sus tareas conocidas está el diseño para la NASA de un sistema de eliminación de residuos para la Estación Espacial Internacional, o como sus compañeros lo llaman, "un váter espacial". Aquí uno de sus "revolucionarios" prototipos:

 

Aunque sus compañeros de piso se lo tomen a chufla, lo cierto es que para la ingeniería aeroespacial el asunto de la evacuación de los residuos corporales de los astronautas no ha sido un problema menor.

Ya ha llovido mucho desde que aquel 5 de mayo de 1961 Alan Shepard se convirtiera en primer americano en el espacio, en un viaje suborbital a bordo de la cápsula Freedom 7. Aquí tenéis las emocionantes imágenes del lanzamiento:

 

Lo que no muchos saben es que Shepard, tras una larga espera de cinco horas, se había orinado en el traje espacial. Mucho más a menudo de lo que se nos cuenta, la épica de las grandes hazañas sufren estos mundanos baños de realidad.

Tras el desastre húmedo de Shepard y años y años de experimentación, los ingenieros de la NASA  y la ESA desarrollaron inodoros para los transbordadores y la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) capaces de absorber tanto las heces fecales como la orina por medio de un sistema de succión, como por ejemplo el actual Waste Collectiom System. En la ISS, los restos pasan a unas bolsas en las que son acumuladas en contenedores herméticos, que más tarde son expulsados fuera de la estación por las naves Progress, para más después, ser lanzados al vacío y desintegrarse al entrar en contacto con la atmósfera terrestre.

Gracias a este vídeo de la ESA publicado hace unas semanas por la astronauta italiana Samantha Christoforetti puedes comprobar que ir al baño ahí arriba dista mucho de la (casi siempre) confortable y reparadora experiencia terrestre.

 

Si piensas que con esto los ingenieros se daban por satisfechos te equivocas. Y si no que se lo digan a Jennifer Pruitt, una especie de Howard Wolowitz de la vida real. El cargo que ostenta en el organigrama de la NASA lo dice todo. Ella es Engineer for Urine Processing (algo así como ingeniera para el procesamiento de orina). Un cargo que le da para muchas bromas en Twitter, donde se hace llamar @PlaysWithPee

Su misión: hacer que los astronautas puedan aprovechar su orina para beber. Como podrás suponer, el agua es un recurso escaso y caro en la ISS y la orina la contiene en un 95 % así que, para la NASA, blanco (o en este caso, transparente) y en botella. Para ellos es más barato crear estos sistemas de reciclaje que transportarla desde la Tierra en costosísimos viajes.

Pruitt trabaja desde el Marshall Space Flight Center en Huntsville (Alabama, EEUU) en la mejora del sistema de recuperación de aguas de la ISS. Además de la orina, la NASA recicla el agua que se recupera a partir de los filtros de aire que condensan la humedad –prácticamente todo es sudor de los propios astronautas–. Combinando ambas fuentes Pruitt estima que un astronauta podría beber 730 litros de agua en una misión de un año de duración, según cuenta a la BBC.

La  agencia estadounidense desarrolló un complicado proceso físico y químico de reciclado para hacer potable estos restos corporales. Un proceso que no tuvo en cuenta la pérdida de calcio que sufren los astronautas cuando están en microgravidez. Este calcio se evacua en parte por la orina, lo que acabó obstruyendo los conductos del sistema y provocando una verdadera crisis a bordo de la ISS.

El equipo de Pruitt ha cambiado la composición química del tratamiento al que es sometido la orina para evitar estos problemas y hacer el sistema de reciclado de la ISS mucho más eficiente. Esperan incorporarlo en breve al nuevo Universal Waste Management System que equipará en un futuro la ISS. Lo que en la Tierra venimos llamando retrete.
@jesus_hidalgo

Categorías: Ciencia , Web/Tecnología

Jesús Hidalgo Bravo    1.jun.2015 16:41    

Google nos promete máquinas sensibles en 10 años

“Software Element se enorgullece de presentar el primer sistema operativo de inteligencia artificial. Una entidad intuitiva que te escucha, te entiende y te conoce. No es solo un sistema artificial, es una conciencia.” Es una frase extraída del guion de la aclamada película Her, en la que el protagonista acababa enamorándose de un sistema operativo interpretado por Scarlett Johansson (así cualquiera, por otro lado). Pues bien, desde Google nos indican que en 10 años podría ser realidad.

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Lo dice Geoff Hinton, que fue contratado por Google hace dos años para desarrollar sistemas operativos inteligentes. Según él, la empresa está al borde de desarrollar algoritmos con capacidad para la lógica, la conversación natural e incluso, flirtear.

Se trata de un algoritmo diseñado para codificar los pensamientos en forma de secuencias de números, en algo que describe como "vectores de pensamiento". Aunque todavía el desarrollo está en una fase temprana, la intención de la compañía norteamericana es pasar del software actual a una versión más sofisticada, que tendría algo parecido a la capacidad humana para el razonamiento y la lógica.  Es decir, hablaríamos de máquinas con sentido común.

¿Se puede sintetizar un pensamiento humano en una secuencia de dígitos? Para Hinton no hay razón alguna para que pueda no ser así. De hecho, cree que afrontar el desarrollo de la inteligencia artificial desde este enfoque de vectores de pensamiento “ayudará a dar el salto en dos de los desafíos centrales en este campo: dominar el lenguaje conversacional natural y la capacidad de dar saltos de lógica”, según declara a The Guardian.

A muy grandes rasgos, la técnica funciona atribuyendo a cada palabra un conjunto de números (o vector) que definen su posición en un contexto gramatical. Una frase puede ser vista como un camino entre esas palabras, las cuales, a su vez, pueden ser codificadas en su propio conjunto de números o pensamiento vector. Dicen los técnicos de Google que lo complicado va a ser que las máquinas capten la ironía, lo cual no es de extrañar porque a muchas personas tampoco les resulta una tarea sencilla. Un problema que no tenía HAL 9000, la computadora de 2001: Una odisea del espacio, que las pillaba absolutamente todas.

 

Pero no os preocupéis, la técnica del flirteo parece mucho más fácil de imitar para el futuro algoritmo de Google. En este tipo de situaciones los humanos somos bastante más previsibles y las máquinas no tardarán en caer rendidos a nuestros encantos o a salir corriendo (en el caso de que tuvieran patas).

El gigante norteamericano empezó a trabajar con este concepto de vectores de pensamiento para mejorar el software de traducción de Google Translate, donde, la verdad, todavía les queda muchísimo trabajo por hacer. Y como muestra, un botón.

Quizá este algoritmo acaba integrado en el sistema operativo de este simpático robot-osito que interactuará con nosotros mediante la voz y que acaba de patentar Google. En el peluche del futuro encontraríamos cámaras en sus ojos y micrófonos en sus orejas para comunicarse y reconocer a las personas que tienen delante. Entre sus habilidades estaría la del control de la reproducción multimedia del hogar.

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Sin duda, un juguete adorable pero no me veo flirteando con él. Tendremos que esperar a que los señores de Google vayan desarrollando la réplica robótica de Scarlett Johansson. Paciencia.

@jesus_hidalgo

Categorías: Ciencia , Web/Tecnología

Jesús Hidalgo Bravo   27.may.2015 12:47    

¿Qué tiene de especial el 2.147.483.647?

2.147.483.647 o lo que es lo mismo, dos mil ciento cuarenta y siete millones cuatrocientos ochenta y tres mil seiscientos cuarenta y siete. ¿Por qué tiene este número su propia página en la Wikipedia? Se trata del octavo número primo de Mersenne pero esto no os dirá nada. Antes de que dejéis de leer os diré que esta aparentemente irrelevante y azarosa cifra es capaz de hacer explotar en segundos un cohete Ariane 5 y, literalmente, “romper” el contador de visitas del Gangyang style, el vídeo más viral de la historia de YouTube.

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El 4 de junio de 1996, 370 millones de dólares en tecnología punta se esparcían sobre la Guyana Francesa después de volar tan solo 39 segundos, en una de los mayores fracasos en la historia de la ESA. El informe oficial achacaba el accidente a un “error de programación” al reutilizar código de su predecesor (el Ariane 4). Pero detrás de este error de programación se esconde nuestro amigo, el 2.147.483.647, tal y como recoge la BBC.

Imagínate que tienes un coche muy, muy viejo cuyo contador llega hasta 999.999 km. Cuando llegues al kilómetro 1.000.000 el contador volverá al valor 000.000 y vuelta a empezar. Pero en un procesador las cosas son más complicadas. Se trata del mismo tipo de circunstancia que condenó al fracaso al Ariane 5.

 

Los informáticos lo llaman un integer overflow, (que se podría traducir algo así como desbordamiento de entero). Resulta que el número 2.147.483.647 es el valor máximo positivo que puede almacenar un procesador de un ordenador de 32 bits, comúnmente instalado en muchos sistemas de computación, como era el caso del Ariane. El rango de valores naturales que pueden ser almacenados en esta arquitectura va del -2147483648 al 2147483647. Y fuera de ese límite empiezan los problemas.

En el caso del Ariane se descubrió que un proceso que había quedado en el software de una generación anterior de cohetes, el Ariane 4, había capturado una lectura inesperadamente alta, fuera de ese rango. El sistema no pudo manejar esa cifra e inició una secuencia de autodestrucción. Bueno, un pequeño fallo lo tiene cualquiera.

Pero no es la única travesura de nuestro número. Se sospecha que la razón por la cual la Nasa perdió contacto con la sonda espacial Deep Impact en 2013 fue que llegó a uno de estos desbordamientos de enteros.

Y el avión Boing 787 puede estar afectado por un problema similar. La propia Boeing ha detectado un error en la programación de las unidades de control de los cuatro generadores eléctricos principales, que hace que, si estos permanecen encendidos durante 248 días, entren en un modo de protección contra fallos, lo que pararía inmediatamente los cuatro generadores. Y eso, teóricamente, podría pasar en pleno vuelo. El error obliga a reiniciar periódicamente todos los Boeing 787 matriculados en los Estados Unidos. Que 248 días contados en centésimas de segundos sean equivalentes (otra vez) al número 2.147.483.647 no parece muy casual.

¿Pero qué tiene que ver el Ganyang Style –el hit perpetrado por el surcoreano Psy– en todo esto? A principios de diciembre de 2014 la canción excedió el límite posible de visitas de YouTube. Casualmente ese límite estaba situado en 2.147.483.647. Efectivamente, el reproductor fue programado utilizando un contador de valores enteros de 32 bits. Sus informáticos nunca pensaron que un video superaría esa cifra de visitas. Eso es, sin duda, porque no conocían la calidad de la música surcoreana.

 

Al llegar al límite, el contador de visitas pasaría a -2.147.483.647, lo que no tiene ningún sentido. Lamentablemente para muchos, los ingenieros de Google no dejaron que el hit se autodestruyera y actualizaron a un número entero de 64 bits. Ahora el límite está en 9.223.372.036.854.775.808 visitas. A prueba de virales. O al menos eso piensan en Google.

Lo que es seguro que esa cifra aguantará bastante más allá de las 03:14:07 UTC del 19 de enero de 2038. ¿Qué diantres pasará en ese momento? De nuevo el problema estará en los ordenadores de 32 bits, y más concretamente, en el reloj que usan estos sistemas. La fecha que tomaron como referencia es el 1 de enero de 1970 (no me preguntéis por qué) y el tiempo se mide como el número de segundos que han pasado desde entonces. El número máximo de segundos que pueden almacenar son 2.147.483.648, que equivale a unos 68 años, lo que llegará en enero de 2038. Entonces, el contador de esos ordenadores se saldrá del rango de los números positivos y entrará en el intervalo de los números negativos (como le pasaba al vídeo de nuestro querido PSI).

La mayoría de los programadores apuestan por que la fecha se trasladará automáticamente al 13 de diciembre de 1901, 2.147.483.648 segundos antes del 1 de enero de 1970. Es decir, tenemos otro apocalíptico efecto 2000 a la vista. Faltan 23 años pero la verdadera pregunta es: ¿de verdad hay algún procesador actual que vaya a aguantar operativo tanto tiempo?

@jesus_hidalgo

Categorías: Ciencia , Web/Tecnología

Jesús Hidalgo Bravo   12.may.2015 15:39    

Misión a Marte, una odisea neuronal

“¿Para qué ir a otros planetas con la de lugares bonitos por conocer que hay en el nuestro?”, dice el sin par Ángel Martín respecto a la exploración espacial. Efectivamente, querido Ángel, por el momento parece que nos tendremos que conformar con el “turismo doméstico” porque lo de viajar a Marte se sigue complicando bastante.

Uno de los mayores problemas para que podamos darnos una vuelta por el planeta rojo es la exposición a los rayos cósmicos durante una misión de unos dos años de duración, entre la ida, la estancia –con todos los gastos pagados, eso sí– y la vuelta. Estos rayos –que se convierten en una inofensiva lluvia de partículas cuando llegan a nosotros después de atravesar nuestra atmósfera, tal y como nos enseñó Antonio Martínez Ron en esta demostración– son en realidad un verdadero peligro para nuestros futuros viajeros interplanetarios.

De hecho, los científicos no tienen claro lo que sucede en el cerebro humano cuando se expone durante un tiempo largo a estas partículas sin la protección de nuestro campo magnético terrestre. ¿Y qué hacen los científicos cuando no tienen ni idea de lo que nos  pasa con algo? Pues que cogen de voluntarias a unas cuantas ratas para hacer un experimento, tal que así:

 

Esto es lo que hicieron el investigador Charles Limoli y sus colegas de la Universidad de California en Irvine (EEUU) tal y como recoge la Agencia Sinc. Estos científicos han acelerado estos tipos de partículas cargadas y las han irradiado sobre ratas alteradas genéticamente, para poder observar mejor la reacción de los rayos sobre sus neuronas fluorescentes y brillantes. ¿Y qué pasó? Nada bueno: seis semanas más tarde, los investigadores detectaron distintos cambios en el cerebro de los animales; los roedores habían disminuido el número de sinapsis dendríticas, unas estructuras ramificadas que sobresalen de las neuronas y son esenciales en la transmisión de los impulsos nerviosos. Es decir, esos malditos rayos cósmicos habían dejado el cerebro de los roedores, digamos, bastante perjudicado.

De hecho los roedores mostraron una disminución en las funciones de aprendizaje y pruebas de memoria, así como una falta de curiosidad y una mayor lentitud en la resolución de pruebas. No es casualidad que la pérdida de las ramas dendríticas se vincule con el deterioro mental asociado a la enfermedad de Alzheimer y otras dolencias neurodegenerativas.

Según los científicos, los astronautas podrían sufrir daños cognitivos que llevarían a una disminución de sus funciones mentales, confusión, aumento de ansiedad y problemas a largo plazo de la salud cognitiva. Como podrás imaginar, no es la situación ideal para volver pilotando una nave espacial desde millones de kilómetros.

Así que si ya tenía problemas ese gran hype llamado Mars One –una misión que se plantea llevar cuatro personas a Marte en 2023 para no volver– ahora se les presenta el inconveniente de que sus astronautas acabarían aterrizando la nave con unas habilidades más parecidas a las de Tony Leblanc en esa desconocida joya llamada El Astronauta, en el que un grupo de amiguetes se plantean llegar a la Luna en la España de los 70. “Yo os pongo en la Luna con 8.000 pesetas y unos cuantos contrachapaos”, decía el gran Leblanc. Pues más o menos.

 

@jesus_hidalgo

Jesús Hidalgo Bravo    5.may.2015 16:26    

Órbita Laika

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Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: una perra orbitar más allá de Orion. A Goyo Jiménez brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Este blog nace con la intención de que esos momentos no se pierdan en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. www.rtve.es/orbitalaika
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