Chile también es tierra de misión

    martes 26.nov.2019    por Antonio Montero    3 Comentarios

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Parroquia Sagrado Corazón de Jesús (Lo Espejo, Santiago de Chile)

Un equipo de ´Pueblo de Dios´ acaba de regresar de Chile. Hemos viajado hasta el país andino, gracias a Obras Misionales Pontificias, para documentar los testimonios y la labor misionera de algunos curas españoles de la OCSHA, la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana. Son sacerdotes diocesanos que han sido enviados por sus iglesias locales para servir a la misión en América Latina por un tiempo, aunque algunos llevan más de 50 años.

Hemos estado en Chile. Sí, sabemos que hay una crisis social, la más grave de los últimos 30 años. Que los pobres siguen saliendo a las calles, pacíficamente en su mayoría, porque no pueden aguantar más descontentos ni sufrimientos.

Y, sí, sabemos que la Iglesia chilena tampoco pasa por su mejor momento, pero también somos conscientes de que la misión de un cristiano es la de evangelizar a quienes no conocen a Cristo y que los límites que marcan una tierra de misión ya no existen.

El “primer anuncio” de Cristo se queda a medio camino en países considerados, tradicionalmente, como católicos. Muchos han abandonado la Iglesia de forma dolorosa y es necesario consolidar la fe bautismal a través de la convivencia, el testimonio de vida misionera y con obras evangelizadoras. 

El Padre Félix antes de su entrevista en Malloco

Padre Félix en la parroquia Niño Dios de Malloco.

El rostro de Cristo misionero en la iglesia chilena

En Chile nos hemos encontrado con los rostros de misioneros españoles encarnados en una iglesia que escucha el clamor de su pueblo. En esa misión se encuentran los sacerdotes diocesanos que trabajan pastoralmente en Santiago de Chile, en Malloco o en la diócesis de Copiapó, al sur del desierto de Atacama.

¿Y por qué hemos ido ahora a Chile, en estos momentos tan convulsos e inesperados? Lo resume muy bien el comienzo de la constitución pastoral sobre la iglesia en el mundo actual, hace casi 55 años (1965):

Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del genero humano y de su historia(Gaudium et spes, 1)

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Fachada principal catedral de Copiapó (Atacama).

MISIONAR EN CHILE CON TENSA CALMA

Después de salvar la burocracia aduanera y de esquivar una huelga nacional al salir del aeropuerto, nos pusimos en marcha. La primera semana grabamos al padre Jesús Bonachía y a monseñor Ysern en la capital chilena. Luego nos alejamos a la periferia para grabar a dos sacerdotes manchegos: el padre Modesto Núñez en su parroquia de Lo Espejo y al padre Félix Zaragoza en su misión de Niño Dios en Malloco.

Tensa calma en la capital. Las pintadas y destrozos en el mobiliario urbano, después de casi un mes de protestas, las más graves de los últimos 30 años, son cicatrices que tienen marcada Santiago de Chile. En las calles, ejecutivos y vendedores ambulantes por igual se acercan a nuestras cámaras para denunciar las desigualdades e injusticias sociales que callan desde hace años. El pueblo, en su mayoría, grita. También sus miradas.

La catedral estaba cerrada al público cuando entramos a grabar. El miedo a nuevos ataques a los templos sagrados, como los ocurridos en varias iglesias del centro, obliga por prudencia a resguardar algunas de las imágenes más valiosas para la fe del pueblo chileno.

Emigrantes haitianos acogidos en la parroquia del padre Modesto3

Padre Modesto con familia haitiana acogidos en la parroquia de Lo Espejo.

Esta tensión se transformó en testimonio de fe y de alegría cuando hablamos con el consejo parroquial del padre Modesto y con los migrantes haitianos acogidos en su parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Lo Espejo. También, cuando nos alegraron las inocentes risas de los niños en las salas cuna de las comunas de Malloco. Hijos de madres solteras, familias desestructuradas, en barrios dominados por el narcotráfico, el paro y el hambre de Dios. La presencia de Niño Dios alimenta, educa y cuida con cariño el futuro de varias generaciones de chilenos.

Para la segunda semana de grabación volamos al sur del desierto de Atacama, al norte del país andino. Allí nos recogen tres sacerdotes valencianos, misioneros reincidentes que llevan muchos años evangelizando en la diócesis de Copiapó. Tres diocesanos con carismas distintos pero un mismo espíritu misionero, con memoria agradecida por la presencia de tantos valencianos que han servido al pueblo copiapino.

Visita de campamentos en el territorio del padre Juan Pedro

Padre Juan Pedro con el equipo de Pueblo de Dios en un campamento de su parroquia en Copiapó.

El padre Miguel Hernández, el padre Enrique Sarneguet y el padre Juan pedro Cegarra nos acogieron con cariño y dedicación. Han dejado un buen poso en el cuerpo y el alma del equipo de Pueblo de Dios desplazado para la ocasión.

Tuvimos que hacer más kilómetros de lo esperado, a través de carreteras de interior y menos convencionales, para no encontrarnos con las movilizaciones y paros sociales que cortaban el tráfico con barricadas de fuego.

A nuestra llegada a la población de Calderas pudimos ser testigos de la buena convivencia del clero copiapino con la diócesis de Valencia. Pudimos entrevistar al padre Jaime Pizarro, que actúa como Administrador Diocesano a la espera del nombramiento de un nuevo obispo, que fue párroco en San José Obrero de Algemesí y que cursó estudios en Valencia.

Fueron días intensos, de mucho trabajo, poco descanso y buena convivencia. Hemos recogido con nuestros focos la actividad pastoral en las tres ciudades, distantes entre ellas, donde se entregan en cuerpo y alma los tres misioneros diocesanos: Vallenar, Huasco y Copiapó. Hemos recorrido lugares emblemáticos e impactantes, para no olvidar, grabados en nuestras retinas y en las cámaras de TVE. Nos adentramos al desierto con Enrique, donde Dios habla al corazón, para ver cómo sobrevive el ciego Willy, iluminado por la fe y guiado con los ojos del Señor para regar su huerto y alimentar a sus animales.

Con Miguel, subimos a las capillas del Altiplano en Vallenar para vivir una oración y una plegaria por los sacerdotes valencianos que pasaron por allí. Con un recuerdo especial para el Padre Lucho y el padre Luis Gil, enterrados en el cementerio cercano a la parroquia. También pudimos comprobar el compromiso de la comunidad parroquial con el proyecto “Mi pequeño hermano” que cuida a personas que tienen capacidades especiales y a familiares mayores con principio de Alzheimer.

Con el padre Juan Pedro hemos filmado las principales fundaciones valencianas en Copiapó: el Asilo de Santa Teresa Jornet (Hermanitas de los Ancianos Desamparados) y el Monasterio de la Inmaculada de Atacama fundado por las Dominicas contemplativas llegadas desde Torrent en 1986.

En definitiva, nos hemos encontrado con los rostros misioneros españoles en una iglesia chilena que escucha el clamor de su pueblo y que viven la fe con espíritu conciliar. En esa misión se encuentran los sacerdotes diocesanos que trabajan pastoralmente en Santiago de Chile, en Malloco o en la diócesis de Copiapó, al sur del desierto de Atacama.
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Padre Miguel en la capilla de Ntra. Sra. del Tránsito (Vallenar).

Padre Enrique Sarneguet en su parroquia de Huasco

Padre Enrique en la parroquia de San Pedro en Huasco.
Padre Enrique visita feligreses en el desierto

Grabación en el desierto de Atacama, visita del padre Enrique a Willy (ciego).


Padre Enrique visita feligreses en el desierto

Saludo a las religiosas valencianas en el Monasterio de la Inmaculada de Atacama.Padre Enrique visita feligreses en el desierto


Padre Enrique visita feligreses en el desierto
Padre Enrique visita feligreses en el desierto
Padre Enrique visita feligreses en el desierto
Padre Enrique visita feligreses en el desierto

 

Antonio Montero   26.nov.2019 09:51    

Nuevas caras detrás de las cámaras

    martes 22.oct.2019    por Antonio Montero    1 Comentarios

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  • Federico Cardelús se incorpora como nuevo redactor al programa.

Pueblo de Dios estrena nueva temporada en La2 de Televisión Española. Lo hace con un equipo renovado, con el mismo espíritu misionero. Siempre detrás de las cámaras, para dar protagonismo y voz a los que no la tienen y más la necesitan. 37 años de emisión ininterrumpida para acercar el rostro samaritano y misericordioso de la Iglesia Católica.

El programa cuenta con un nuevo redactor que sustituye a Julián del Olmo. Federico Cardelús (Olot, Gerona, 1983) es Licenciado en Periodismo por la Universidad Francisco de Vitoria. Comenzó a trabajar en la redacción del periódico "La Nueva Alcarria" de Guadalajara y más tarde en la agencia de noticias "Europa Press". Realizó sus primeros trabajos televisivos en la productora 'Mediapro' con el programa de la Sexta "Vidas Anónimas". Luego pasó, entre otros programas, por ´Callejeros',  'Callejeros Viajeros' y, antes de su incorporación a Pueblo de Dios, 'Comando Actualidad' de TVE.

Federico Cardelús  redactor en Pueblo de DiosFederico Cardelús, redactor

Solo cambian los nombres en los créditos finales y, de paso, rejuvenecemos un poco. El equipo de este año está formado por tres redactores, entre los que se encuentran Federico Cardelús, José Luis González y Antonio Montero. Dos realizadores, Enrique Pérez y Francisco Blanco, además de Maribel González, Maricruz Manteca y Suso Flor en la producción.

En estas casi cuatro décadas Pueblo de Dios ha recorrido 65 países y cientos de miles de kilómetros por tierra, mar y aire. Más de mil quinientas horas de emisión para mostrar la fe y la labor callada de cientos de misioneros y personas dispuestas a dar su vida por los demás en cualquier rincón del mundo y de nuestra geografía española, en las situaciones más complicadas y con las personas más vulnerables.​ 

Enrique Pérez  realizador en Pueblo de DiosAntonio Montero, director.

Enrique Pérez  realizador en Pueblo de DiosJosé Luis González, redactor.

Enrique Pérez  realizador en Pueblo de DiosEnrique Pérez, realizador.

Enrique Pérez  realizador en Pueblo de DiosFrancisco Blanco, realizador.

 

Antonio Montero   22.oct.2019 21:36    

Pueblo de Dios TVE en la Amazonía Boliviana

    jueves 17.oct.2019    por Antonio Montero    0 Comentarios

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Un equipo de Pueblo de Dios TVE está recorriendo Bolivia de este a oeste. Estamos grabando nuevos programas con SED ONGD en la Amazonía boliviana, el mayor tesoro natural del país que ocupa el 43% de su territorio. Este viaje lo hemos empezado en el municipio de Roboré, la zona cero de los recientes incendios del Amazonas en esta parte de Bolivia.

Visitaremos también las comunidades maristas de San José de Chiquitos, Comarapa, Cochabamba y Santa Cruz donde los hermanos están presentes y coordinan acciones para atender, además de los proyectos que ya tienen en marcha, las necesidades más urgentes de la población afectada por el desastre ecológico y humano en esta parte del Amazonas.

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Justo ahora que nos encontramos en el ecuador del Sínodo para la Amazonía, Pueblo de Dios recoge con sus cámaras los sufrimientos y esperanzas de los pueblos indígenas y el cuidado que pone la Iglesia para proteger la que es nuestra "Casa Común". Os seguiremos informando.

Categorías: Actualidad , Viajes

Antonio Montero   17.oct.2019 10:03    

El cura viejo y el cura joven

    jueves 13.dic.2018    por José Luis González    2 Comentarios

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Pueblo de Dios me ha permitido conocer el trabajo que realizan Gonzalo y Andrés. Son dos curas rurales que atienden en Fornelos de Montes (Pontevedra) la unidad pastoral de Os Cotos, formada por 10 parroquias, 17 núcleos de población y 2 mil habitantes. El cura viejo y el cura joven como les llaman los vecinos, buscan recursos para restaurar las ermitas de la zona, que debido a la emigración han pasado al silencio y al olvido. Gonzalo y Andrés intentan que en sus parroquias la vida de fe no dependa exclusivamente del sacerdote y buscan el apoyo de sus feligreses para atender todas las parroquias.

Dejé Fornelos y me acerqué a Redondela, paso obligado para los peregrinos que hacen el camino portugués y tuve la suerte de conocer a Benito Esteve, un cura emprendedor, que tuvo la feliz idea de abrir un albergue parroquial en su pueblo. Ese día se alojaron la coreana Jilnee y los españoles Carlos y Ramón y los tres, durante una charla entrañable, me contaron las vivencias y experiencias que habían encontrado durante el viaje. Al día siguiente, emprendieron su camino hacia Pontevedra.

Si quieres ver el programa pincha en el siguiente enlace: curas de interior

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José Luis González   13.dic.2018 12:23    

Los cursos del padre Benito

    jueves 13.dic.2018    por José Luis González    0 Comentarios

Misión del silencio

En Vigo me llamó la atención el trabajo que hace el jesuita Benito Santos, que tras jubilarse de los Astilleros de Vigo, ha puesto en marcha junto a dos voluntarios también jubilados, cursos de formación para soldadores. Los inmigrantes que llegan a Vigo se apuntan a estos cursos. Su formación les ayuda en la búsqueda de trabajo en una zona donde destaca el empleo que genera el sector naval.

Una ciudad dinámica como Vigo, con 300.000 habitantes, cuenta con rincones preciosos como la parroquia de San Xoán de Panxón, consagrado a la Virgen del Mar donde también se encuentra la figura de San Juan Bautista que procede de la antigua iglesia situada junto al Arco Visigótico. Desde el faro comprobé como rugen las olas del Atlántico, y eso que era un día tranquilo para cómo se las gasta el mar en esta zona.

Como en todas las ciudades marineras, el centro Stella Maris, es la puerta que se abre para todas las personas llegadas de la mar que buscan alguna ayuda. También fui testigo del trabajo que hace la Asociación “Rosa dos Ventos” en defensa de los derechos de los marinos. En el programa que titulamos Marineros en Tierra pasé unas horas viendo cómo se las ingenia la hermana Guadalupe para dar de comer todos los días a un centenar de personas que tocan su puerta pidiendo un plato de comida. Me impresionó la generosidad que desprende la hermana Guadalupe, que se ha convertido, en el alma de la misión.

Si quieres ver el programa pincha en el siguiente enlace: marineros en tierra

 

 

José Luis González   13.dic.2018 11:49    

Relevo en Pueblo de Dios

    lunes 12.nov.2018    por Antonio Montero    0 Comentarios

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Se va Julián del Olmo y viene Antonio Montero.  Por: Julián del Olmo.

Llegué a TVE, en 1986, de la mano del carmelita Eduardo T. Gil de Muro, a la sazón director de “El Día del Señor”, para colaborar en la retransmisión de la Misa dominical. En 1990, pasé a subdirector de Últimas preguntas” con el padre  Gil de Muro de director. En 1992, desembarqué en “Pueblo de Dios” como adjunto a la dirección, siendo director el dominico José Luis Gago. Tras la jubilación del padre Gago, en 1999 me hice cargo de la dirección del programa. Han sido 32 años de trabajo en TVE, 26 de ellos en “Pueblo de Dios”.

Trabajar en los programas religiosos católicos de TVE ha sido un privilegio que debo y agradezco a Iglesia, que confió en mí, y a TVE que me acogió, me apoyó y aceptó muchas de mis propuestas. Aunque los honores (y las críticas) se polarizan en el director, responsable último del programa, sin embargo, el resultado final es fruto del trabajo de un gran equipo de profesionales: redactores, realizadores, productores, locutores, camarógrafos, técnicos de sonido y de posproducción, etc.

Agradezco a todos los que han trabajado conmigo, o mejor yo con ellos, para hacer que “Pueblo de Dios” sea -por antigüedad, calidad y audiencia dentro su franja horaria- uno de los programas de referencia de TVE. Es justo reconocer y agradecer a las congregaciones religiosas, entidades de la Iglesia católica y oenegés de inspiración cristiana la financiación de los viajes de “Pueblo de Dios” fuera de España. Sin su afectiva y efectiva colaboración, “Pueblo de Dios” no sería lo que es, ni tendría la proyección internacional que tiene.

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Un amor de 32 años 

Con el carné de identidad sobrepasado de años, ha llegado el momento de mi jubilación en TVE. Atrás quedan 32 años de trabajo, al pie del cañón, importantes proyectos realizados, muchas ilusiones compartidas, varios premios recibidos y algunos sustos en los viajes de trabajo por tierra mar y aire.

Llegué joven a TVE (tenía 44 años) y me voy viejo pero con la mochila repleta de nombres, de personas ejemplares y de experiencias que dejaron huella en mí. No se olvida fácilmente un amor de 32 años (este es mi caso) y menos a las personas con las que compartí alegrías y penas en despachos y pasillos y en los encuentros festivos de compañeros y amigos en el “Huerto de Yela”.

Traté a la “gente de la casa” con respeto, cercanía y cariño y la “gente de la casa” me pagó con la misma moneda. Además de dirigir “Pueblo de Dios”, en TVE  he sido un poco de todo: compañero de compañeros, amigo de amigos y cura a la carta (bautizos, bodas, funerales…). Batallé por mi programa contra viento y marea, estuve atento a los problemas personales y familiares de los compañeros y compañeras y me solidaricé con las señoras de la limpieza en la defensa de sus derechos. Y si molesté a alguien le pido perdón.

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Julián del Olmo recibiendo el premio Bravo 2017. Foto: Ricardo del Hoyo 

Nueva etapa    

Ahora “Pueblo de Dios” inicia una nueva etapa, la quinta. La primera fue con José Luis Martín Descalzo, la segunda con Eduardo T. Gil de Muro, la tercera con José Luís Gago y la cuarta, la mía. La nueva etapa estará pilotada por Antonio Montero, mi sucesor en la dirección de “Pueblo de Dios”. Antonio Montero, sacerdote, periodista y de madura juventud, viene con las pilas cargadas para darle un nuevo impulso al programa. Ilusión y ganas de trabajar no le faltan como tampoco le faltará el apoyo de TVE y la colaboración de los compañeros de la casa. Lo digo por propia experiencia.

La Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social y TVE me han pedido que siga en el programa “un tiempo prudencial” para facilitar la transición. En eso estoy, en eso estamos.      

Al nuevo director y su equipo les deseo suerte y muchos éxitos en la tarea encomendada y a “Pueblo de Dios”, programa con denominación de origen que desde hace 36 años ha sido fiel a la cita semanal con la audiencia, una larga y fructífera vida. Amén.

 

 

Antonio Montero   12.nov.2018 13:21    

23 de 35

    miércoles 12.sep.2018    por Ricardo Olmedo    7 Comentarios

Niño InhamingaNo conté casi nada de aquello, cuando nos tirotearon al norte del lago Kivu, en el Congo más bello y hostil. Quizá fueran las tropas de Laurent Nkunda, aquel generalote rebelde y sanguinario. A saber. Pero lo cierto es que ese día, camino de la frontera con Uganda, la historia podría haber acabado muy mal. 23 de 35.

Me callé la peripecia de Brasil, cuando la avioneta que nos llevaba hasta el corazón de la selva se metió de lleno en una tormenta. Aquel papel de fumar con alas comenzó a dar volteretas conmigo dentro hasta que llegó la calma…para mí, no para el piloto que, aterrorizado, comprobó que estaba perdido sobre el inmenso tapiz amazónico. Por fin vio una quebrada que reconoció y pudo enderezar el rumbo hasta nuestro destino. Unos días antes se había extraviado la avioneta de unos universitarios, tragados por la selva. 23 de 35.

Poco dije de lo de Sudán, cuando fuimos al final de la guerra y dormíamos en chozas espantando alacranes, comíamos espaguetis tres veces al día y nos engañaron con un coche sin tracción con el que tardamos veinte horas en recorrer un camino que se hacía en tres y por poco tenemos que pasar la noche – mal asunto- bajo un árbol y no muy lejos de grupos rebeldes. 23 de 35.

No hice mucha literatura de lo de El Salvador, cuando me empeñé en entrevistar a varios mareros y uno de ellos se puso nervioso, muy nervioso, al final de la charla, y sacó un pistolón tamaño XL. O cuando también me empeñé en grabar en uno de los mercados de Soyapango, territorio de los pandilleros de la Salvatrucha, y tuvimos que salir bastante más deprisa de lo que habíamos entrado. 23 de 35.

Tampoco le di mucho carrete a lo de Mozambique, cuando un par de tipos nos estuvieron siguiendo en un coche de forma más que amenazante mientras hacíamos un reportaje sobre niños de la calle que desaparecían y cuyos cadáveres se encontraban después… pero sin riñones o sin hígados, presuntamente destinados al tráfico de órganos. 23 de 35.

A pocos les conté- y menos a mi madre- las fatiguitas que pasamos bajando en coche por la cordillera peruana, ya en ceja de selva, cuando un camionero con malas pulgas nos obligó a pasar por el filo de una curva, asomada una rueda a un barranco de los que no se ve el fondo. 23 de 35.

No hice una novela con aquello de Filipinas, cuando nos llevaban a toda velocidad por las carreteras de una isla del sur del archipiélago, no fuera a ser que los terroristas de Abu Sayyaf se dieran cuenta de que estábamos por allí y aumentaran con nuestros nombres la lista de extranjeros secuestrados. 23 de 35 

Tampoco fue motivo de novela aquella noche en Guatemala, en la que un motorista borracho se incrustó bajo el parachoques de nuestro vehículo y cuando salí me encontré media pierna en el asfalto, un tipo agonizando en el arcén y, a la media hora, había cientos de personas buscando al “culpable” para lincharlo. 23 de 35.

Ahora me vienen a la memoria estas batallitas. Ojo, que también recuerdo muchos, muchísimos buenos ratos. ¿Y por qué ahora? Porque dejo de trabajar en Pueblo de Dios, el programa de TVE donde he estado 23 de los 35 años que tiene este histórico espacio. El motivo es sencillo: viene un nuevo equipo tras la jubilación del director. Y claro, es el momento en que los recuerdos vienen en cascada, muy claros. Con la misma nitidez con la que sé por qué no conté esas historias ni hice de ellas pólvora para fuegos narcisistas. Simplemente, porque no eran relevantes. 

Lo importante, lo que conté y volví a contar, lo que escribí, lo que resalté, de lo que hice algo de literatura y mucho de periodismo fue de esas vidas de película que me encontré por las decenas de países de África, América y Asia que he pisado. Vidas de hombres y mujeres, en su mayoría misioneros y misioneras, que no son héroes ni personajes de cuentos, sino personas que han llegado a una plenitud de humanidad gracias a esa fe que les hizo entregarse incondicionalmente a los que habitan en los abismos de la pobreza, el hambre, la violencia, la esclavitud, la enfermedad…

Y la suerte –inmerecida- fue que esos hombres y mujeres a los que conocí me hicieron mejor persona, aunque en pago tuviera que meterme en esos abismos y mirar a los ojos a quienes viven en ellos y traerme, para siempre, parte de ese dolor con el que procuro convivir, que a veces se escapa en las noches de insomnio y en los días de desesperanza.  

La otra gran suerte no fue visitar selvas, cordilleras, cataratas, desiertos, sabanas y mares lejanos sino hacerlo con otros. Con los compañeros he reído y cantado por las carreteras de Uganda, me he bañado junto al lago Turkana, he contado estrellas en el cielo de Bolivia, comido cocodrilo en Congo, camello en Kenia, serpientes en Mozambique, tortugas en Brasil y roedores varios en Ecuador. Con ellos lloré una noche en un hospital infantil en Angola o una tarde entrevistando a las niñas a las que los rebeldes dejaron ciegas con plástico fundido en la guerra de Sierra Leona. Con ellos compartí malos y buenos humores. Juntos nos aliviamos picaduras de arañas y mosquitos, cazamos tarántulas, dormimos en el suelo de un barco en el Amazonas, nos cosimos brechas y bebimos ron para despejar los malos ratos. Ellos me animaron y ayudaron en esos momentos en que no sabes por dónde tirar o cuando estás tan exhausto que ya todo te da igual porque te estás friendo a 46 grados, como en Chad; o porque llevas desde las cinco de la mañana dando tumbos por los caminos del norte de Perú o porque los problemas que dejas en casa no te dejan centrarte o por tantos motivos que me recuerdan mi fragilidad. Y claro, a algunos de estos compañeros les tendré siempre el cariño que el corazón reserva para esas personas especiales que la vida te pone en el camino.

23 años dan para mucho. Sobre todo, para dar gracias.

Ricardo Olmedo   12.sep.2018 19:23    

Manuel, Zimbabue, Antonio, Congo…

    martes 31.jul.2018    por Ricardo Olmedo    3 Comentarios

P1010149Insisto siempre entre los colegas que se dedican a la información internacional. Hay que acudir a la mayor red de corresponsales que tenemos los españoles: los misioneros. Son 13.000 y están en todos los rincones del planeta, tienen los pies en la tierra, saben de lo que hablan (si se trata de hablar de la realidad de la gente), no tienen intereses partidistas ni de negocios y, en su mayoría, llevan años en esas “corresponsalías”.

Viene esto a cuento de mi reciente reencuentro con dos de ellos: Manuel, un gaditano que está en Zimbabue y Antonio, un burgalés que lleva media vida en RD Congo.

Hablo con Manuel Ogalla en Cádiz, cuando le queda una semana para regresar a Zimbabue, y se lamenta de que por pocos días no va a estar en las decisivas elecciones generales que celebra ese país: “estuve esperando para cerrar el viaje de vuelta, pero no había una fecha definitiva”. A Manuel lo conocí en Zhomba, en el noroeste del país. Un tío feliz y lleno de energía que desprende vitalidad, buen rollo y muchas ganas de vivir, aunque no tiene pájaros en la cabeza y sabe qué terrenos pisa y lo difícil que lo tiene la gente de ese rincón de África. En un callejón gaditano hablamos de Zimbabue, del desastre de la época de Mugabe, de su asombro al ver lo pacífica que fue la toma del poder por parte de Emmerson Mnangagwa, sobre todo por la astucia de éste en controlar el Ejército y gran parte de los cuadros del partido gobernante ZANU-PF, hartos en silencio del viejo líder. Cierta apertura internacional y tranquilidad interior, reconoce Manuel, ha traído Mnangagwa. También me contaba este gaditano cómo se hacían los apaños en las anteriores elecciones para complicar el voto a la gente. En fin, todo muy sibilino. Lo que queda por hacer es… casi todo en un país con muchos frentes abiertos. Veremos.

Días antes, hablo con Antonio Riaño en Madrid. Con Antonio estuve varios días inolvidables en las afueras de Kinshasa. Ahora viene para arreglarse la cadera renqueante y hacerse la clásica “ITV misionera”. Me cuenta con más detalle los meses de violencia que han sufrido muchas parroquias en Kinshasa. La defensa que ha hecho la Iglesia ante Kabila de que se cumplan de una vez por todas los acuerdos de San Silvestre (en el que Kabila tenía que convocar elecciones) no le gusta nada al presidente. Además, Antonio me adelanta una fecha: se habla de que el 1 de agosto regresa Jean Pierre Bemba a RD Congo, después de que la Corte Penal Internacional rectificara sorprendentemente y absolviera al mismo que condenó a 18 años de prisión por delitos de crímenes de guerra y de lesa humanidad. Esto lo explicó muy bien Chema Caballero en Mundo Negro. Si lo que Antonio me cuenta se confirma, habrá que estar atentos a ver qué significa esa vuelta en la convulsa vida política congoleña.

Ricardo Olmedo   31.jul.2018 11:05    

En memoria de Enriqueta

    viernes 13.jul.2018    por Ricardo Olmedo    0 Comentarios

P1050048Estoy convencido que pasa en más ocasiones. Pero casi nunca lo sabemos: que se emita el reportaje y alguno de nuestros protagonistas haya muerto en ese tiempo que transcurre desde que lo hemos grabado hasta la fecha de emisión. Hoy es uno de esos escasos días en que lo hemos sabido.

Me acaba de llamar Manuela Zdanovich, una misionera argentina que trabaja en Chokwe, Mozambique. Nos fuimos con ella a visitar en su casa a Enriqueta, una de las diez mil personas con sida y/o  tuberculosis a la que hacen un seguimiento de su situación. Me impresionó lo que vi y lo escribí en el blog del programa: “mientras cae la tarde sobre este barrio de Chokwe y el sol se anaranja para la foto del turista, las verdades van saliendo a borbotones, como parece que se le va la vida a Enriqueta mientras me mira, ojos brillantes, sonrisa clara, atardecer amargo”.

Eso escribí, maldita sea, aquella noche. Y lo vuelvo a releer con un triste escalofrío mientras pienso en Michel, Sifisio y Wilson, los hijos de Enriqueta. Niños sin padre, de los que nunca tuvieron infancia si entendemos por “infancia” ese algodonoso tiempo feliz de cuidados, juegos, afectos y alegría.

Todos tenemos datos (contagio, prevalencia, huérfanos, mortalidad…) Yo, además, tengo nombres. Y rostros. Y miradas que vienen desde el pasado y se me clavan, haciéndome las grandes preguntas, los pocos interrogantes que nos machacan, maldita sea, sabiendo que no tenemos respuestas.

Aquel día en Chokwe yo escuchaba pasmado a la hermana Manuela pensando qué bien me iba a quedar la entrevista: me contaba lo duro que le resultaba tener que cerrar los ojos a cuatro o cinco muertos cada día. Pero seguía adelante, con una rocosa convicción interior y una fe hormigonada.  Y ahora que, en la distancia, me cuenta lo de Enriqueta, me tiemblan los dedos en el teclado y no encuentro las palabras bajo las turbias aguas de la tristeza.

Decía al principio que estoy convencido que pasa en más ocasiones: algunos de nuestros protagonistas no están vivos cuando salen en la tele. Normal. Si voy a contar las hambrunas del Turkana, las penurias y abusos de los niños de la calle, la oculta lepra del norte de la India, la vida loca de los mareros de El Salvador, la arriesgada defensa de los derechos humanos en Centroamérica, la extinción programada de bosques y nativos brasileños o la pandemia del sida en el sur de África… lo normal es que pase lo que ha sucedido.

El reportaje se emite el domingo y se titula "La larga sombra del sida". Pues eso, que nadie piense que lo que ve en la tele que yo hago es un cuento. Aquí no hay teatro ni trampa ni cartón. Aquí no se trata de entretener. Aquí se trata de contar lo que hay. Aquí se muere la gente de verdad. Aquí hay otros que están junto a los que se mueren dejándose también la vida. Lo sé porque lo he visto... y porque la hermana Manuela me lo acaba de contar.

Ricardo Olmedo   13.jul.2018 10:38    

Un sursudanés

    lunes 18.jun.2018    por Ricardo Olmedo    0 Comentarios

Untitled“Un sursudanés es el primer atendido de la flotilla del Aquarius”, leo estos días. Días extraños donde hay quienes esbozan una mueca de desagrado, de mal rollo y peor baba ante este asunto. Unos lo esbozan pero otros, descaradamente, claman contra el rescate agitando banderas negras, el caos que llega, el fin del mundo… y no se enteran de que el mundo hace mucho que se acabó. Al menos, su mundo.

 Un sursudanés. Que no sé cómo se llama, que no sé de qué rincón de ese país viene, que no sé si es dinka, nuer o shilluk o acholi. Pero ojalá sea él.  

Un sursudanés. Ojalá sea ese chaval que hace doce años clavó sus ojos en los míos en Mapourdit, en el corazón caliente de lo que aún era el sur de Sudán. Esa mirada me persigue, recurrente, en mis pesadillas. Cuando salen a pasear los fantasmas de las víctimas de tantas injusticias que salen en mis reportajes. Cuando la noche no me es propicia y parece que forman una hilera, que se empujan por aparecer, por recordarme que siguen ahí, huyendo de los jinetes de un apocalipsis perpetuo.

Un sursudanés. Ojalá sea él, que entonces vivía del aire y de la tierra inerte de un país destrozado por décadas de guerra. Mientras un misionero italiano salvaba vidas en una tienda de campaña donde había montado un quirófano, el chaval estaba allí quieto, estatuilla de ébano bajo el sol, desnudo. Y no paraba de mirarme.

Un sursudanés. Ojalá haya podido escapar de aquellos escombros de país al que volví cuando quiso venirse arriba y se había cambiado de nombre: Sudán del Sur. Y celebraba una nueva etapa…que duró un año y medio. El tiempo suficiente para que la oposición se levantara en armas y volviera otra vez el maldito caos. El mismo que todavía sigue.

Un sursudanés. Ojalá sea él y no se haya quedado en las cunetas de Malakal, de Wao, de Talit, en los arrabales de Yuba, en las orillas tristes del Nilo. En un país donde no hay quien viva y me resisto ahora a sacar datos, informes, estadísticas, números…que están ahí, que cualquiera puede leer, que nos apuñalan los ojos, que solo escupen dolor.

Un sursudanés. ¿Alguien duda porqué se escapa de su país?, ¿alguien no entiende que se embarque llevando por equipaje la desesperación y unas rabiosas ganas de vivir?, ¿de verdad alguien no lo entiende?

Un sursudanés. ¿solo uno?

Ricardo Olmedo   18.jun.2018 13:44    

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