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A la selva amazónica

Selva-amazonia
Con ¨Selvas Amazónicas¨. La organización de los dominicos encargada de atender a los misioneros que anuncian la alegría del Evangelio a orillas del Urubamba y el Madre de Dios. Dos tremendos ríos de 750 y 1.100 kilómetros de longitud que discurren por la selva peruana para acabar desembocando, de una u otra manera, en el padre de todos los ríos, en  el Amazonas.

Estaré dos semanas en el Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, entre avionetas y canoas visitando comunidades indígenas para escuchar cómo ha cambiado su vida. Para mal. Con la ambición desmedida de algunos codiciosos empresarios dispuestos a conseguir pingües beneficios aunque para ello tengan que reventar el planeta. Y en eso andan, en acabar con el pulmón de la Tierra cortando maderas sin control, en acabar con el agua vertiendo sin pudor el veneno con el que limpian el oro que arrancan de las entrañas de la selva en minas a cielo abierto, en acabar con el aire puro explotando el gas que genera diferencias obscenas entre los poblados artificiales de los obreros y los oriundos del lugar. Donde los que han venido de fuera tienen agua, luz, teléfono y parabólica mientras los que aquí estaban, los propietarios legítimos de las materias primas que están siendo explotadas continúan en las mismas condiciones de pobreza y abandono.

Esta vez no sólo llevamos la cámara, el micrófono, el cuaderno y el boli. En esta ocasión, con motivo de los 50 años de “Selvas Amazónicas”, también llevamos en la mochila la encíclica del Papa Francisco que aborda la ecología y el medio ambiente. La “Laudato Si” que este 24 de mayo cumplirá un año de vida advirtiendo sobre la necesidad urgente de cuidar la casa común.

Nuestro objetivo es contar con imágenes los desmanes y atentados que se están cometiendo en Sepahua, Kirigueti, Camisea, Cashiriari y Nuevo Colorado. El dolor y la muerte que trae consigo la codicia. La falta de respeto a un mundo que es de todos, también de nuestros nietos. Iremos de la mano de los dominicos. Estaremos atentos a lo que nos muestren los líderes indígenas. Escucharemos a los empresarios que quieran contarnos su versión. Y cuando regresemos, os contaremos lo que hemos visto y oído. Lo que hemos sido capaces de entender. Y sobre todo, lo que no.

El equipo es joven pero experimentado. Sergio Casas y Alberto F. Collantes van como responsables de imagen y sonido. Roberto Domingo como realizador y el que esto escribe como periodista. Si el wifi y el cansancio nos lo permiten, os iremos informando de nuestras aventuras en este mismo espacio. Seguimos en contacto.

Santiago Riesco    3.may.2016 10:27    

Vuelvo a Bolivia

Río Mamoré (19)

Regreso al país que me sorprendió hace seis años. Al lugar donde tuve la suerte de conocer a una de las heroínas de Cochabamba, a sor Adelina ("Otra heroína de Cochabamba"). Una Hija de la Caridad navarra que nos llevó con la lengua fuera recogiendo gente tirada en la calle, atendiendo enfermos terminales, escuchando a los toxicómanos y dejándose la vida a jirones por los descartes, los invisibles, los nadies ("La infancia amanecida"). Vuelvo a Bolivia dispuesto a que sus pueblos y sus gentes me vuelvan a conquistar. Aunque esta vez no iré en avioneta hasta las entrañas de la selva desde la capital del Beni, Trinidad. Ni caeré en la cuenta de que las Cesna de seis plazas no tienen limpiaparabrisas, ni navegador, ni gps, ni más instrumental que el móvil y la pericia de un piloto capaz de aterrizar guiado por su intuición en medio de una tormenta. Tampoco tenemos en el planning grabar una reducción jesuítica ni cómo los jóvenes indígenas cantan como los ángeles, juegan al fútbol descalzos y cazan pirañas con arpón metidos hasta las rodillas en el agua ("Así en la selva como en los Andes"). Ni siquiera hay prevista una larga jornada en barco remontando uno de los principales afluentes del Amazonas, el impresionante río Mamoré. No hay organizado un regreso nocturno en el que la luz de las estrellas se refleje en los ojos de los caimanes en medio de un silencio espeso mientras nuestro barco, salido de un cuento de Mark Twain, esquiva los troncos que arrastra la corriente. “Ustedes están acostumbrados”, me animaba preguntando a los que llevaban el timón. “Nosotros nunca viajamos de noche porque es muy peligroso. Esta es la primera vez”, me respondían ocultos por la oscuridad y navegando a la luz de una miserable linterna después de pedirnos que apagáramos las nuestras porque les distraían. No sé si volveré a ver a sor Geralda, la misionera norteamericana patrona del Santa Luisa ("Bolivia por tierra, río y aire").

Vuelvo a Bolivia y lo hago de nuevo con la ong española de los Paúles y las Hijas de la Caridad, vuelvo con COVIDE-AMVE, aunque cambiamos de paisaje, de región y de proyectos. Del 1 al 15 de marzo el padre Diego Plá será nuestro guía, tutor y anfitrión para conocer dos misiones de altura. La de Mocomoco, en la frontera aymara con Perú, a orillas del Titicaca, a 3.500 metros de altitud. Y la misión de Pisiga Bolívar, un lugar de migración en la frontera con Chile, a 4.000 metros de altura. Iremos abrigados y preparados para el soroche. Vuelvo a Bolivia que es la misma y muy distinta.

Santiago Riesco    1.mar.2016 08:39    

Santa Teresa vive en Toro

Mientras un equipo de PUEBLO DE DIOS (Ricardo Olmedo, Julio Luquero, Antonio Urrea y Alberto F. Collantes) está grabando en Perú con los Misioneros Combonianos, otro equipo (Roberto Domingo, Alberto Novo, Sergio Rodríguez y Julián del Olmo) ha viajado a Toro (Zamora) para grabar la vida y obras de la comunidad de Carmelitas Descalzas del convento de San José. Se trata de un convento cuyos orígenes se remontan al siglo XVI y actualmente está habitado por 18 monjas carmelitas, todas españolas. Sor Pilar tiene 94 años y Sor Verónica 27.

Su vida gira en torno a la oración, el trabajo, la convivencia y la formación. Y además hacen unos dulces exquisitos que están a la venta en la portería del convento. La comunidad es muy viva y ha participado muy activamente en la celebración del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús.

El programa que PUEBLO DE DIOS está grabando en Toro llevará por título “Santa Teresa vive en Toro” porque la vida y obra de Santa Teresa no han acabado con la clausura del V Centenario de su Nacimiento. En España hay 1.680 Carmelitas Descalzas repartidas en 141 conventos.

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Julian del Olmo   10.nov.2015 13:34    

Hospitalidad, dignidad y derechos con los refugiados y migrantes

Jesus inmigrante

Cáritas, la Comisión Episcopal de Migraciones, CONFER,
el Sector Social de la Compañía de Jesús y Justicia y Paz aprueban
el «Marco Común de la Red Intraeclesial frente a la situación actual»
para articular una estrategia conjunta de Iglesia ante el reto de las migraciones.

Madrid, 3 de noviembre de 2015.- Hospitalidad, Dignidad y Derechos. Estas son las tres claves del trabajo de la Iglesia con las personas migrantes y refugiadas que articulan el “Marco Común de la Red Intraeclesial frente a la situación actual”, que acaba de ser aprobado.

Con este documento, las entidades promotoras de la citada Red —Cáritas Española, la Comisión Episcopal de Migraciones, CONFER, el Sector Social de la Compañía de Jesús y Justicia y Paz— pretenden consolidar la estrategia estatal conjunta que vienen impulsando para organizar, a la luz del Jubileo de la Misericordia convocado por el Papa Francisco en 2016 para conmemorar el 50 aniversario del Concilio Vaticano II, una respuesta global y coordinada a la realidad de las migraciones en nuestro país, que se ha visto agudizado en los últimos meses con la aparición de nuevos escenarios en el seno de la Unión Europea.

Objetivo

Según se señala en la introducción, “el objetivo de este Marco Común no es otro que el de continuar con nuestra línea de trabajo conjunta, articulada a través de esta Red Intraeclesial desde la voluntad de impulsar una presencia coordinada de Iglesia y de compartir el núcleo de esta reflexión, que luego alimentará los distintos espacios de cada una de nuestras entidades, según su misión y carisma”.

Las entidades pretenden “sostener públicamente un discurso común y una mirada compartida sobre el hecho migratorio en todas sus vertientes, así como la convicción sobre la necesidad de sensibilizar a las propias comunidades cristianas en la defensa de los derechos de las personas migrantes y refugiadas, en el cultivo y desarrollo de una cultura de la acogida del diferente inspirada en la hospitalidad”.

Valoran, además, como una gran oportunidad la corriente de sensibilidad social y comunitaria expresada en múltiples formas hacia las personas en busca de protección internacional. Y señalan, al mismo tiempo, ciertas sombras del actual horizonte político y mediático “al establecer categorías sobre las personas que se encuentran en situación de movilidad, al situar en lugar preferente los derechos de unas personas solicitantes de asilo —que proceden de un determinado conflicto o de un determinado país— ante los de otros solicitantes de asilo y los de otras personas migrantes”.

Cuatro constataciones

En el documento se recogen cuatro constataciones. Primero: la actual situación no es solo una emergencia, sino el resultado de una política orientada exclusivamente al control de flujos. Segundo: estamos ante una situación que no afecta solamente a las personas en busca de protección internacional, sino a la dignidad y a los derechos de todos los migrantes. Tercero: es imprescindible activar en Europa una mirada larga que aborde las causas de las migraciones forzadas. Y cuarto: es urgente transformar el reto en oportunidad, ya que las migraciones son una oportunidad para el desarrollo de los pueblos.

Una mirada que aborda las causas de las migraciones forzadas

Cáritas, la Comisión Episcopal de Migraciones, CONFER, el Sector Social de la Compañía de Jesús, y Justicia y Paz proponen, junto a la puesta en marcha en Europa de un plan urgente de acogida humanitaria e integración, articular en paralelo medidas que incidan en las causas de los desplazamientos:

- Asegurar la paz y el desarrollo tanto en los países de origen como de tránsito hacia Europa es una pieza clave de nuestro futuro común.

- Atajar las causas de la migración involuntaria, como son los conflictos armados, la pobreza y la desigualdad, el cambio climático, la competencia por los recursos naturales, la corrupción y el comercio de armas.

- Aumentar la Ayuda Oficial al Desarrollo de los países de la UE hasta alcanzar el prometido 0,7 % del PIB. Esta ayuda debe prestar atención prioritaria a los Estados más frágiles y a los países menos desarrollados.

- Exigir a la ONU su apoyo a aquellas acciones que aseguren la paz en zonas de conflicto.

- Abordar de raíz las causas de la trata de personas. Esto pasa por considerar a las víctimas de trata no como infractores, sino como víctimas de un delito, y proporcionar respuestas eficaces de apoyo y tratamiento a las víctimas de trata.

Una mirada inclusiva sobre la acogida, la integración y la interculturalidad

La Red Intraeclesial ha acordado trabajar de forma conjunta y coordinada tanto a nivel interno como ante a los poderes públicos, en defensa de unas políticas de acogida e integración que incidan en el cambio de estereotipos y en combatir, a través de una mirada inclusiva, los discursos racistas y xenófobos en nuestra sociedad.

Las entidades muestran su convicción de que “las migraciones son una oportunidad para el desarrollo de los pueblos, no solo para las sociedades de origen y tránsito, sino también para nuestras propias sociedades que hoy se configuran ya como espacios de mestizaje, que se enriquecen en la convivencia con los otros”.

El Buen Samaritano, fuente de inspiración

El Marco Común lanza una invitación a encontrar “inspiración en la parábola del Buen Samaritano” y “a superar el miedo para ir al encuentro del otro, del extraño, del extranjero y reconocerlo como ser humano”. “Este encuentro –se recuerda— nos cuestionará, nos hará cambiar los planes y tomar una dirección distinta, como hizo el Buen Samaritano al ver al hombre apaleado al borde del camino. Pero nos llevará también a descubrir riquezas humanas insospechadas, allí donde el miedo nos hacía ver sólo riesgos y peligros”.

En definitiva, con esta iniciativa las organizaciones que integran la Red quieren responder a la pregunta del Papa en su mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y Refugiado 2016: "¿Cómo hacer de modo que la integración sea una experiencia enriquecedora para ambos, que abra caminos positivos a las comunidades y prevenga el riesgo de la discriminación, del racismo, del nacionalismo extremo o de la xenofobia?".

Categorías: Actualidad , sensibilizacion

Pueblo de Dios    3.nov.2015 13:37    

La santa y la princesa

La santa y la princesa

El equipo de PUEBLO DE DIOS viajará la semana que viene a la Alcarria para encontrarse, en Pastrana, con Santa Teresa de Jesús y la Princesa de Éboli, dos mujeres excepcionales cada una en su estilo. Santa Teresa fue a Pastrana en la primavera de 1569 invitada por la Princesa de Éboli para fundar un convento de Carmelitas Descalzas en la villa. La Santa no se fiaba de la Princesa porque era temperamental y caprichosa y se vio un poco forzada para ir a Pastrana. Lo cuenta ella misma en el capitulo 17 del “Libro de las Fundaciones”.

En los tres meses que estuvo en Pastrana fundó dos conventos: el de San José para mujeres y el de San Pedro para hombres. Al enviudar, a la Princesa le dio el arrebato de meterse monja. Cuando se enteró la priora de San José dijo: “¿La Princesa monja? Ya doy la casa por perdida”. Y así fue. Se llevó con ella a una de sus doncellas para que la sirvieran y en pocos días revolucionó al convento. Como esta vida no estaba hecha para ella se salió pero sin renunciar a seguir siendo dueña y señora del convento. Enterada San Teresa del tejemaneje de la Princesa ordenó a sus monjas que, muy discretamente, salieran de Pastrana y se trasladaran a Segovia.

Ni que decir tiene que el desplante de la Santa le sentó muy mal a la Princesa. Utilizando sus encantos se dedicó a intrigar en la corte y el rey Felipe II, ni corto ni perezoso, la encarceló en el palacio ducal de Pastrana donde permaneció los últimos once años de su vida. 

El equipo de PUEBLO DE DIOS (Roberto Domingo, Antonio Urrea, Alberto Collantes y Julián del Olmo) nos disponemos a viajar a Pastrana, a los 500 años del nacimiento de Santa Teresa, para rastrear la huella que dejó a su paso por la Alcarria. El párroco de Pastrana, Emilio Esteban, será nuestro guía en los antiguos conventos fundados por la Santa, en la Colegiata y en el Museo de Tapices Flamencos del siglo XV. Después José María Rodrigo, párroco de los pueblos ribereños del Tajo, nos dará una vuelta por la ciudad visigoda de Recópolis, en Zorita de los Canes, y por los pueblos de Almonacid y Albalate de Zorita que atiende pastoralmente. Todo esto lo podrán ver próximamente en PUEBLO DE DIOS.

Julian del Olmo   14.oct.2015 10:46    

Casaldáliga: "Mereció la pena... y la alegría"

Desde que me dijeron que grabaría con Manos Unidas en san Félix de Araguaia, sólo pensaba en una cosa: conoceré a Pedro Casaldáliga. No reparé en el largo viaje que me esperaba. Casi 4.000 kilómetros desde Recife, donde empezaba la grabación de proyectos solidarios, hasta las playas del río Araguaia.

Llegamos a mediodía y, al bajar de la avioneta, a mi saludo inicial uní la pregunta por Pedro. Hacía un par de meses que se había roto la cabeza del fémur. Tiene un Parkinson avanzado y ya cumplidos los 87 años. No siquiera sabía si estaba en su casa o recuperándose en cualquier otro lugar. El titular de esta crónica despeja toda duda. No sólo estaba en casa sino que conversamos un buen rato.

Nos llevaron al Centro Pastoral "Tia Irene", en el centro de San Félix, En la orilla oeste del Araguaia. Un lugar privilegiado donde se ve un impresionante amanecer desde la ventana. Allí me encontré a Félix, un agustino de Madrid que lleva junto a Pedro más de cuatro décadas dejándose la vida por los pobres de esta tierra, por la tierra, por sus mujeres y sus hombres. Hablamos de amigos comunes, de sus hermanos agustinos de Salamanca, Mallorca y El Escorial. De los laicos comprometidos que salieron de sus grupos scouts. De José María y Mari Pepa, un matrimonio fuertemente ligado a Casaldáliga. Y me habló de ANSA, la asociación para el desarrollo social que fundaron a los inicios de la prelatura y que ahora camina sola. De sus muchos proyectos y de cómo han puesto en marcha la única industria de la región, una fábrica de zumos en la que han contadocon el apoyo constante de Manos Unidas.

Araguaia

La casa de Pedro sigue igual que cuando era la sede episcopal. Sin muros, cercas ni alambradas. Abierta a la calle. De una sola planta.  Con una sencillez cálida y acogedora en la que resulta imposible sentirse extraño.

Eran las cinco y media de la tarde. Habíamos quedado. Y allí estaba Paulo Gabriel, superior de los agustinos de Brasil y poeta como él. Nos contó cómo unió su destino al de Pedro y qué hacen los hijos de San Agustín en San Félix. Habló de su militancia desde la fe, del compromiso real con la defensa de la naturaleza y de las denuncias al agronegocio por su comportamiento abusivo.

Pedro estaba en el pequeño patio, sentado de cara a la capilla. Mientras mis compañeros grababan a la comunidad de agustinos que vive con el obispo claretiano, yo me acerqué a él con auténtica veneración y respeto, hecho un manojo de nervios.

Casaldaliga

"Don Pedro, soy Santi Riesco" y me cogió una mano entre las suyas mirándome a los ojos. "El periodista", me dijo, "te estábamos esperando". Me senté a su lado y, aún con mi mano entre las suyas, comencé a hablar muy rápido, como temiendo que se acabará el sueño: "Don Pedro, le traigo muchos mensajes, recuerdos y abrazos de gente que le admira y le quiere, los traigo aquí apuntados". Saqué el móvil y comencé a leer los recados. De Charo y Carmen, que se han quedado con ganas de venir a verle, de Benjamín, que me envió el libro monográfico sobre su vida recién publicado. De Jesús que quiere publicar esta extraña entrevista y de Miguel Ángel, que sigue en la lucha implicado. Para cada uno me dio un mensaje. Y tras un largo silencio mirándonos a los ojos rompí la magia soltándole a bocajarro: "Mi compañero Ricardo me dice que no deje de preguntarle si ha merecido la pena", y tras una pausa calmada meditando la respuesta para que el esfuerzo de pronunciarla no se quede en nada, contesta: "mereció la pena... y la alegría". Y no me di cuenta de la profundidad de lo que me respondía porque estaba pendiente de memorizar cada una de sus palabras. Nos pidieron que no grabáramos, que respetásemos su descanso, el martirio de su enfermedad. Y yo tenía que emplearme a fondo para guardar todas sus expresiones. Algunas nada fáciles de entender por el esfuerzo al pronunciarlas, por el Parkinson, por la edad y por el cansancio acumulado de la jornada.

"¿Cuándo vas a entrevistar al Papa Francisco?", ahora era don Pedro el que preguntaba. Y yo trataba de explicarle que somos un programa para los últimos, para los nadies, que el Papa tendría cientos de peticiones de entrevistas de programas y periodistas más importantes. "Es el Papa de los descartes", apuntaba José María, sentado durante toda la conversación a la derecha de Pedro. Y con los nervios intenté contarle tantas cosas que me sorprendí hablándole con sus versos y obligándome a escuchar sus silencios.

"Los obispos están reunidos en Sínodo", sacó otro tema don Pedro. Y no me salía dirigirme a él de tú, a pesar de lo cerca que estábamos, a pesar de la total sintonía, de estar en comunión y experimentar de lleno la alegría. "El cambio tiene que ser grande. Hay que abrir puertas y ventanas; es lo que pedía el Concilio". Y le cuento como siento yo en España el cambio de la Iglesia. Que me parece más de forma que de fondo, que tenemos miedo a perder poder y privilegios.

No quiero despedirme. Temo que esté agotado. Me disculpo por no haberlo hecho antes y le preguntó por su salud. José María sale al quite y dice que antes les ha contado a mis compañeros que se encuentra con fuerzas y, de la pierna, casi totalmente recuperado.

Quiero seguir preguntando, y pienso en la pena que me da no poder grabarlo, no tener la imagen de sus ojos claros, de su hermano Parkinson agitándolo. "Mañana vamos a grabar con los indios Xavante, un referente de la lucha indígena que es un símbolo del triunfo de los pobres", le digo esperando su comentario. Y tras otra lenta, deliciosa y nutritiva pausa don Pedro me dice con un hilo de voz: "Hay que contarlo. Las grandes multinacionales del agro han destruido su tierra. Son un pueblo valiente. Un ejemplo de que unidos, en comunidad, se pueden conseguir grandes metas". Y aunque el volumen es bajo, sus palabras resuenan como un látigo en el atrio del templo.

"Gracias, don Pedro, por este rato. Muchas gracias por su vida y sus poemas". Me despido dándole de nuevo la mano. Y ya de pie, él la vuelve a coger entre las suyas. Entonces me inclino para escuchar su bendición: "Seguimos, Santi. Podemos"

 

Santiago Riesco    6.oct.2015 22:31    

Murilo, diez años después

Murilo y yo

"Rápido, rápido. Al carro, rápido". Gritaba Edson, responsable de la ONG "Rúas e prazas" (Calles y plazas) hace diez años. Era de noche y entrevistábamos a Murilo en plena calle. Estaba rodeado de otros niños, como él, a los que acabábamos de grabar colocando unos cartones para dormir en la acera, al raso, muy cerca de uno de los canales de Recife. "Rápido, rápido. Al carro, rápido". Y con la antorcha de la cámara aún encendida, y los pequeños revoloteando y gritando nerviosos a nuestro lado, pudimos ver de refilón cómo llegaba otro grupo de chicos de la calle corriendo hacia nosotros. Eran algo más mayores. Al parecer estaban cabreados porque habíamos entrado sin permiso en su territorio. Cuando nos subimos a la furgoneta, aún asustados, Edson trataba de explicarnos que Murilo nos había engañado. Al parecer nos había utilizado para alguno de sus múltiples trapicheos. Era el líder del grupo. Estaba completamente drogado. Tenía 12 años.

Hoy me he vuelto a encontrar con él. Ha pasado una década desde aquella entrevista atropellada que emitimos en el reportaje "Las calles de los sueños rotos". No me ha reconocido, al contrario que yo a él. Le he recordado la última vez que nos vimos y tuve que salir corriendo. Se ha sonreído y se ha disculpado: "He cometido muchos errores, no quiero que mis hijos sigan mis pasos". Y me deja asombrado pensar que pueda tener hijos. Le pregunto qué ha sido de su vida desde 2005, en estos diez últimos años. Y aunque es pleno día y no está drogado, a pesar de que estamos sentados bajo la sombra de un árbol viendo como Tiago -uno de sus "hijos" (9 años), juega al fútbol con otros críos- comienza a confesarse conmigo poniendo por testigo ,y a veces como traductor, a "Tonho da Olinda", el educador de calle más experimentado.

Murilo ha cumplido 22 años. Vive entre la calle y la casa de su madre, en el barrio de Coelho. Cobra una pensión que equivale al salario mínimo por la enfermedad mental que le diagnosticaron. Esnifar cola durante tantos años le ha salido muy caro. Me cuenta que la policía le tiene muy vigilado. Que van a menudo a molestarle a casa de su madre con la excusa de buscar droga y para sacarle dinero. Lo cierto es que ayer mismo, a su "hijo" mayor, João (17 años), se lo llevaron preso porque algo le encontraron.

Le pido que me cuente por qué tiene dos "hijos" tan mayores, dónde y cómo los ha adoptado. Y me muestra sus tatuajes en los antebrazos donde se lee: "Tiago meu filho" y "João meu filho". Dos niños que conoció en la calle y a los que "apadrina" informalmente. Viven con él, con su madre, su padrastro y sus dos hermanos pequeños. En total son siete en casa, aunque pasa largas temporadas con sus "hijos" en la calle.

Miro a Tiago jugar con el peto azul. No es un buen cierre, su portero le recrimina un fallo. Van perdiendo tres a cero. Y Murilo me mira mirando a su "hijo" y muy serio me suelta a bocajarro: "Quiero que aprendan en "Rúas e prazas" lo que yo no quise aprender. Quiero que sean más felices que yo, que tengan un futuro mejor". Y me viene a la mente la cara de Murilo con 12 años completamente drogado. La antorcha de la cámara encendida y la voz de Edson gritando: "rápido, rápido. Al carro, rápido".

Murilo

Santiago Riesco    3.oct.2015 07:44    

Una mujer de raíces. De agua

Ivanete

Merece la pena comerse siete horas de viaje y atravesar dos estados brasileños si, al llegar a destino, uno se encuentra con un ángel disfrazado de campesina. Una mujer identificada con su tierra y con su gente. Una cristiana de base con una fe enraizada en que la voluntad de Dios se haga en la tierra como en el cielo. Aunque no llueva.

Porque Ivanete vive en la región del semiárido, en el sertao, en la caatinga, en esa especie de sahel brasileño que recuerda al lejano oeste de las películas de vaqueros con sabor nordestino.

Este peculiar ecosistema mataba de sed campos y ganado. Impedía llevar una vida adecuada. La falta de agua era incompatible con el ser humano.

En la parroquia de Ivanete, Cáritas quiso hacer algo. Y montaron un "Grupo de agua" que más tarde encabezó el comité municipal que abordaba este asunto vital. Fue en 1997 cuando empezaron a construir los primeros aljibes e impluviums para recoger el agua de lluvia. Al poco, Cáritas Nordestina consiguió la ayuda de Manos Unidas para poner en marcha el proyecto "Raizes". Era un plan integral para abordar la falta de agua desde su recogida y tratamiento hasta el uso para el consumo y la producción.

Ivanete se convirtió en animadora rural entre 2010 y 2013. Comenzó a formar a las familias para que aprendiesen a convivir con el semiárido. Puso en marcha el banco de semillas, el fondo rotatorio de animales, unidades de producción de pulpa de fruta, actividades culturales.

Ivanete es ahora voluntaria. El proyecto terminó hace un par de años. Pero ella sigue visitando a las familias, acompañando a los Agentes de Desarrollo Local (ADL) en todas sus iniciativas rurales.

Ivanete es una mujer soltera. Tiene 50 años y, desde que falleció su madre, vive con la familia de su comadre, con el marido de ésta y sus dos hijas. La pequeña es su ahijada. Ivanete va en moto a todas partes. Los domingos a misa y, entre semana,  a su campo de una hectárea donde planta de todo para comer variado. Vende en la feria, una vez al mes, las frutas y verduras que le sobran. Y así consigue algún ingreso.

Ivanete adoptó hace unos meses a un gato abandonado: "Es blanco, muy guapo. El más listo de los gatos".

 

Santiago Riesco    1.oct.2015 04:06    

La "raspadeira" que regresó a la escuela

Flavia raspadeira

Se llama Flavia Josefa Dos Santos y tiene 34 años. Vive en la comunidad Jarvs Gonzaga del municipio de Feira Nova; un lugar perdido en el brasileño estado de Pernambuco. A una hora de Vitória de Santo Antao. A dos horas y media de Recife. 

Flavia entró a trabajar en una fábrica de harina cuando era una niña. Y dejó los estudios para comenzar una vida de esclavitud. Las mujeres negras y afrodescendientes son la principal mano de obra en estos lugares insalubres. Ahí pasan alrededor de 15 horas al día raspando mandioca para conseguir un salario que no llega a un euro diario. Exactamente les pagan 4 reales brasileños por cada cien kilos de mandioca que dejen pelado y preparado para su molienda.

Son legión las mujeres negras y afrodescendientes que sólo han conocido esta forma de vida hasta que se les apareció Manos Unidas y el Centro de Mujeres de Vitoria (CMV). Hasta entonces su vida era nacer, raspar, sufrir abusos de todo tipo, raspar, tener hijos, raspar, enfermar, no poder raspar, no tener qué comer, volver a raspar, morir para liberarse de una vida de esclavitud que era más muerte en vida que cualquier otra cosa.

Flavia tiene dos hijos de 13 y 14 años que se llaman Evelyn y Everton. Estudian octavo y quinto curso. Flavia se sienta con ellos en la mesa de la estrecha cocina de su casa para resolver dudas y hacer las tareas de la escuela. Pero no como haría cualquier otra madre. Flavia también está en la escuela. Va al turno de noche y cursa séptimo y octavo a la vez. Comenzó hace cuatro años y, desde el principio, sus hijos se han sentido orgullosos de ella. Casi tanto como sus vecinas y, sobre todo, sus compañeras del centro de producción. Porque Flavia dejó la casa de harina en la que raspaba mandioca para entrar de lleno en el programa de Manos Unidas que ofrecía la posibilidad de organizarse con otras mujeres. Y así lo hizo. Y desde entonces cocinan dulces y salados en un local alquilado para venderlos luego en ferias, instituciones y en su pequeño puesto ambulante. 

Son tres grupos de doce mujeres cada uno. Todas ellas son negras o afrodescendientes. Muchas no pudieron ir a la escuela y todas se han dedicado (alguna todavía sigue haciéndolo) a las tareas del raspado de la mandioca sin derechos y en unas condiciones indignas. Ahora, con la ayuda de Manos Unidas, van recuperando la dignidad. Son madres e hijas. Vecinas, primas, amigas. Todas quieren mejorar sus vidas. Y han encontrado en estos centros de producción una alternativa.

Flavia es un caso de éxito. El de la "raspadeira" que regresó a la escuela.

Santiago Riesco   29.sep.2015 00:23    

Brasil: Allá que vamos

Mapa-do-brasil

El sábado 26, de madrugada, salgo otra vez hacia Brasil. Será mi tercer viaje a este gran país, tan grande como 17 Españas. En esta ocasión visitaré los estados de Pernambuco, Paraíba y Matogrosso. Durante dos semanas trataremos de grabar y recoger todas las historias de esperanza que ha generado la solidaridad española a través de distintos proyectos de Manos Unidas.

En Pernambuco volveremos a grabar con los niños de la calle en los canales de Recife. Hace diez años que hicimos con ellos el reportaje "Las calles de los sueños rotos", hoy pretendemos localizar a alguno de los protagonistas de aquel documental para ver cómo les ha ido la vida una década después. Todavía en el estado de Pernambuco, a unas horas de carretera, conoceremos la realidad de las mujeres afrodescendientes y el círculo de la esclavitud ligado a la actividad de la harina de mandioca. Pero, sobre todo, trataremos de mostrar cómo es posible romper esta inercia de abuelas, madres e hijas que entran a raspar la mandioca desde muy niñas sin poder optar a otra forma de vida y sin ningún derecho laboral. Grabaremos las cooperativas de generación de renta en el ámbito rural de Santo Antao, en Vitória. Ahora las mujeres elaboran bizcochos, tartas y dulces que venden en ferias y tiendas de toda la comarca.

Semiárido

En el vecino estado de Paraíba nos empaparemos del programa que Cáritas Nordestina ha puesto en marcha para convivir con el sertao, con la caatinga, con esa gran y desconocida sabana brasileira del semiárido. Una extensión equivalente a dos Españas donde las lluvias son escasas e irregulares. Donde, si no fuera por el proyecto "Raízes" en el que colabora Manos Unidas, la gente y el ganado acabarían muriendo de sed. Especialmente este año, el más seco desde que se tienen registros pluviométricos. Los depósitos domésticos para el consumo de agua potable, los pequeños embalses para regar los huertos, el cuidado del ganado, los bancos de semillas, la cultura del semiárido... también fueron objeto de uno de nuestros reportajes hace una década. Ahora volvemos a ver cómo ha evolucionado aquello que contábamos en "Caatinga, el desierto brasileño".

El estado de Mato Grosso es el tercer estado al que llegaremos con nuestras cámaras para contar historias de esperanza en medio del dolor. Para llegar tendremos que coger dos vuelos de línea regular (Recife-Brasilia y Brasilia-Cuiabá) para recorrer los 3.173 kilómetros que separan estas ciudades. En Cuiabá subiremos a una avioneta que nos llevará hasta la población que será nuestro campamento base en esta segunda semana de rodaje: Sao Felix de Araguaia. Aquí tenemos previsto encontrarnos con la obra de dom Pedro Casaldáliga. Trataremos de captar el espíritu evangélico que ha llevado a luchar por los derechos de los últimos: los campesinos y los indígenas que pretenden cultivar con respeto la tierra frente a las grandes empresas dedicadas al monocultivo y los grandes propietarios dispuestos a arrasar con todo para criar sus miles de cabezas de ganado.

Indígenas Xavante

La última parada será, si Dios quiere, a cuatro horas de Sao Félix de Araguaia, con el pueblo indígena Xavante. Esta historia merece que me extienda un poco más.

Los Xavante fueron contactados en 1950 en la época de la expansión agropecuaria en la Amazonía. Fueron expulsados de su tierra durante 38 años. En este tiempo la mitad del pueblo Xavante murió. Sus tierras fueron ocupadas, durante estas cuatro décadas, por la mayor hacienda de ganado de América Latina, la Suiá-Missu, con 400.000 cabezas de ganado en una extensión de un millón de hectáreas. En 1992, en la Conferencia del Clima celebrada en Río de Janeiro, la empresa italiana AGIP, propietaria de la hacienda, declaró su voluntad de devolver la tierra a los dueños legítimos, los Xavante. Seis años después, el Estado brasileño, por medio de la Fundación Nacional del Indio (FUNAI) reconoció la propiedad de los Xavante sobre estas tierras. En 2004 consiguieron recuperar un 15% de su territorio, aunque destrozado. En 2012, y con ayuda de Manos Unidas, los Xavante consiguieron la total expulsión de los invasores que vivían y esquilmaban su territorio indígena. Actualmente tratan de recuperar la naturaleza destrozada, su cultura y su modo de vida. El pueblo Xavante está formado por 960 individuos que, todavía, viven un un solo poblado. El poblado en el que nos recibirán y donde nos contarán su historia para que os la contemos a vosotros.

Si los desplazamientos y el wifi nos repetan, trataremos de contaros lo que nos vamos encontrando.

Seguimos en contacto.

 

Santiago Riesco   23.sep.2015 17:24    

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