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Vuelvo a África

Welcome_to_zimbabweHace más de un año que no piso África. Muchos meses añorando regresar a alguno de esos países, especialmente al sur del Sáhara, donde tantas cosas me han pasado, tanta gente he conocido y tantas historias he podido contar. Estos últimos meses en Paraguay, Ecuador, Perú e India también me he encontrado todo eso. Pero África es África. No sé si me entendéis...pero es que tampoco me explico mucho ni claro. Ya sabemos que África, dicho así, a bulto, es una entelequia. Pero tan cierto es eso como que las tierras africanas ejercen sobre mi una atracción  un pelín fatal. En Sudán del Sur, en RD Congo, en Sierra Leona, en Mozambique... he conocido todo el espectro de lo que el género humano puede hacer como dueño y protagonista de su vida, desde lo más sublime a lo más abyecto. Y mira que lo he pasado mal ...en la misma proporción que lo he pasado bien: los calores sofocantes, las carreteras infames, las ciudades caóticas, las grandes y pequeñas injusticias, las ganas de vivir, las soluciones a los problemas, el sentido trascendente de la gente, los paisajes...

Lo mejor de todo es que regreso lleno de dudas, de preguntas sin contestar, de enigmas sin resolver, de silencios que se quedan a vivir conmigo. Viajar a tierras africanas me hace ser mucho más cauto, más prudente, más precavido si se trata de opinar sobre lo divino y lo humano. Y todo porque me sigo dando baños de asombro cuando abro el catálogo de culturas, lenguas, tradiciones, actitudes...porque veo mezclarse, diluirse, moverse las fronteras que separan la vida de la muerte. 

Bueno, dicho esto, en esta ocasión voy de estreno: a Zimbabwe (me gusta más escribirlo con "w").Voy a recorrer el noroeste del país, uno de los últimos africanos en alcanzar la independencia (1980) y, quizás, de los pocos cuyo presidente es conocido por más gente (tampoco mucha). Aunque solo sea por el triste hecho de que lleva media vida aferrado al poder: Robert Mugabe.  

El viaje promete porque vamos a conocer y grabar varios proyectos de la ong Manos Unidas en una de las zonas más empobrecidas de un país empobrecido como Zimbabwe. Un par de veces al año recorremos distintos lugares de la geografía mundial contando las cosas que se hacen gracias al apoyo de esta ong de la Iglesia española, una de las más potentes del panorama de la solidaridad internacional. Allí nos vamos encontrar, entre otros, a varios misioneros españoles, de esos que llevan media vida dejándosela por las tierras de misión. Y también tengo ganas de encontrarme a Manuel Ogalla, un claretiano y paisano, un misionero que rompe esquemas (por joven y por gaditano). 

Me esperan historias de lucha por la seguridad alimentaria, por atender y cuidar a enfermos de sida, por mejorar la educación, por llevar agua a los poblados, por acoger a los ancianos... Esas historias que me gusta mucho contar porque nos reconcilian con lo mejor del ser humano y nos dejan entreabierta la puerta de la esperanza.

Viajo con el realizador Carlos González y los reporteros gráficos Alberto Novo y Juan Cabrera. Si las tecnologías lo permiten, os lo iré contando casi a tiempo real.  Y si no, habrá que esperar a que salga por la tele. Hasta pronto.

Categorías: Actualidad , africa , de-viaje

Ricardo Olmedo   20.may.2016 16:22    

La "raspadeira" que regresó a la escuela

Flavia raspadeira

Se llama Flavia Josefa Dos Santos y tiene 34 años. Vive en la comunidad Jarvs Gonzaga del municipio de Feira Nova; un lugar perdido en el brasileño estado de Pernambuco. A una hora de Vitória de Santo Antao. A dos horas y media de Recife. 

Flavia entró a trabajar en una fábrica de harina cuando era una niña. Y dejó los estudios para comenzar una vida de esclavitud. Las mujeres negras y afrodescendientes son la principal mano de obra en estos lugares insalubres. Ahí pasan alrededor de 15 horas al día raspando mandioca para conseguir un salario que no llega a un euro diario. Exactamente les pagan 4 reales brasileños por cada cien kilos de mandioca que dejen pelado y preparado para su molienda.

Son legión las mujeres negras y afrodescendientes que sólo han conocido esta forma de vida hasta que se les apareció Manos Unidas y el Centro de Mujeres de Vitoria (CMV). Hasta entonces su vida era nacer, raspar, sufrir abusos de todo tipo, raspar, tener hijos, raspar, enfermar, no poder raspar, no tener qué comer, volver a raspar, morir para liberarse de una vida de esclavitud que era más muerte en vida que cualquier otra cosa.

Flavia tiene dos hijos de 13 y 14 años que se llaman Evelyn y Everton. Estudian octavo y quinto curso. Flavia se sienta con ellos en la mesa de la estrecha cocina de su casa para resolver dudas y hacer las tareas de la escuela. Pero no como haría cualquier otra madre. Flavia también está en la escuela. Va al turno de noche y cursa séptimo y octavo a la vez. Comenzó hace cuatro años y, desde el principio, sus hijos se han sentido orgullosos de ella. Casi tanto como sus vecinas y, sobre todo, sus compañeras del centro de producción. Porque Flavia dejó la casa de harina en la que raspaba mandioca para entrar de lleno en el programa de Manos Unidas que ofrecía la posibilidad de organizarse con otras mujeres. Y así lo hizo. Y desde entonces cocinan dulces y salados en un local alquilado para venderlos luego en ferias, instituciones y en su pequeño puesto ambulante. 

Son tres grupos de doce mujeres cada uno. Todas ellas son negras o afrodescendientes. Muchas no pudieron ir a la escuela y todas se han dedicado (alguna todavía sigue haciéndolo) a las tareas del raspado de la mandioca sin derechos y en unas condiciones indignas. Ahora, con la ayuda de Manos Unidas, van recuperando la dignidad. Son madres e hijas. Vecinas, primas, amigas. Todas quieren mejorar sus vidas. Y han encontrado en estos centros de producción una alternativa.

Flavia es un caso de éxito. El de la "raspadeira" que regresó a la escuela.

Santiago Riesco   29.sep.2015 00:23    

Con las chicas de "Manos" en Senegal

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El equipo de Pueblo de Dios y "las chicas de Manos" en Senegal. Falta Alejandra que en ese momento se encontraba trabajando en Ziguinchor, la capital de La Casamance, al sur del país.

Acabamos de aterrizar en Madrid después de dos semanas grabando proyectos financiados por Manos Unidas en Senegal. Hemos estado en Dakar, Pikine, Thies y en la región de La Casamance, al sur, en la isla de Diogué y en la comarca de El Fogny

Nos hemos encontrado con muchos españoles. Ninguno de ellos estaba de turismo. Desde pequeños empresarios probando suerte hasta miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado desplegados en la zona. Paradójico si tenemos en cuenta que Senegal es uno de los países más estables de África Occidental. También hemos encontrado algunos compatriotas que trabajan en el tercer sector. Hemos entrevistado al coordinador general de la cooperación española en Senegal y hemos grabado varios días con otro español que lleva 16 años liderando una ong local que colabora con proyectos de la Unión Europea y la AECID. Pero, como siempre, lo que más adentro nos ha llegado, ha sido el encontrarnos con misioneros y misioneras que se dejan la vida junto a los más pobres: Justina con sus 80 hijos de menos de un año; Hortensia y su febril actividad de promoción de la mujer y la construcción de más de 200 pozos y Regina cambiando la mentalidad de todo un barrio con el fin de que las niñas puedan ser princesas.

Pues bien, gran parte del trabajo de estas misioneras no sería posible sin la ayuda de Manos Unidas. La ong de la Iglesia Católica es la que sostiene y financia las obras sociales que estas mujeres de bandera han puesto en pie. Proyectos de mujeres apoyados por una ong de mujeres. O lo que es lo mismo: calidad y calidez tanto en la meta como en el modo de llegar a ella.

Para poder grabar estas historias de éxito que van infinitamente más allá de la pavoneada y cacareada "Marca España", el equipo de TVE ha contado con una ayuda sobresaliente. Al gusto por la composición y la fotografía de nuestro cámara Antonio Urrea, a la cuidadosa tarea de captar los sonidos diolas y wolof de los micrófonos de Juan Cabrera, a la capacidad creativa del realizador Roberto Domingo para contar con imágenes lo que un servidor va escribiendo, a todo esto, hay que sumar el impagable trabajo de cuatro mujeres que nos han cuidado como sólo "las chicas de Manos" saben hacerlo.

Porque este viaje a Senegal hubiera sido imposible sin los contactos de Marisa, sin el conocimiento profundo sobre las realidades que hemos visitado y el origen de cada uno de los proyectos que acompaña voluntariamente desde las oficinas centrales de la calle Barquillo y que visita una vez al año para certificar el destino de cada euro donado por la generosidad de los españoles. No hubiéramos podido grabar tanto ni tan bien sin la tarea infatigable de producción y traducción de Irene y Almudena, las dos compañeras del departamento de comunicación que han sido capaces de convertir el trabajo en todo un placer. No habría sido posible entender la inversión de AECID y su convenio con Manos Unidas durante otros cuatro años sin el testimonio, la alegría y las ganas de cambiar el mundo de Alejandra, una cooperante de la ong católica que durante los próximos cuatro años estará viviendo en Senegal para llevar a cabo un ambicioso proyecto de desarrollo desde Ziguinchor, en la región de La Casamance.

Muchas gracias a todas. De todo corazón. De parte de los cuatro miembros del equipo y  de todos los espectadores de Pueblo de Dios.

En wolof: Djeredieuf. En diola: yooo¡. Entre nosotros, y para siempre: brlbrlbrlbrlbrlbrlbrl.

Santiago Riesco   22.may.2015 14:31    

Sam Sam: las princesas de Regina

Regina

El cansancio arrastrado durante casi dos semanas de grabaciones se evapora en cuanto das con una historia que merece ser contada. Justo lo que nos pasó ayer. Dos horas para recorrer menos de diez kilómetros. El error del conductor y el horror del atasco casi acaban con las pocas energías que aún reservábamos para llegar a Pikine, una gran ciudad dormitorio muy cercana a Dakar. Aquí nos esperaba una misionera española en el suburbio de Sam Sam, "un lugar en el que quieren que vivamos como las ratas", explicaba sor Regina Casado (Bembibre, 74 años - aunque parezcan veinte menos-). Y es que Sam Sam, con sus 12.000 habitantes de aluvión procedentes de la pobreza rural y de los países vecinos que viven aún en peores condiciones que Senegal, es un lugar pretendido por los especuladores para levantar un complejo hotelero en el que incluirían un lago. Y es por eso que las autoridades no mueven un dedo por echar una mano a estos vecinos y mejorar mínimamente sus condiciones de vida. Conclusión: Sam Sam es una cloaca en la que la lluvia estancada inunda casas, calles y hasta la escuela que los escolapios abrieron en su día para rescatar a los críos que pierden el ritmo del colegio porque repitieron o abandonaron. Aquí todo, o casi todo, es informal. Lo ilegal también supera los estándares admitidos.

Sor Regina es una berciana de mucho carisma. Una de esas mujeres capaces de hacer posible lo imposible. Una religiosa enamorada de su vida radical y entregada a los más pobres porque así lo quiso el Dios en el que cree. Desde que entró a formar parte de la familia de las Hijas del Niño Jesús ("Damas Negras" para los madrileños), sólo pensaba en la misión. Tanto que interrumpió sus estudios de piano y solfeo en el tercer curso para no perder la ocasión de ir a Camerún. Allí fundó una comunidad internacional con otras dos hermanas italianas y una francesa para ocuparse de la promoción de la mujer y la atención de los más pobres durante 22 años. Aprendió dos lenguas locales, perfeccionó el francés, se especializó en medicina tropical, algo de Sagrada Escritura enfocada a las comunidades eclesiales de base y vuelta a España. En la comunidad de El Raval se ocupaba también de los que menos tenían, pero África no dejaba de llamarla. Y por medio de sus hermanas de comunidad, consiguió que la superiora general la enviase a Senegal a echar una mano a los escolapios durante un año. Eso fue en 2002. Desde entonces no ha parado de trabajar en Sam Sam. Sobre todo con la gente del barrio y con las chicas. Tanto, que las costumbres han comenzado a cambiar.

Sam Sam es un barrio muy musulmán. Hasta la llegada de Regina las muchachas no tenían más futuro que esperar a que su familia les buscase un hombre para casarlas por interés. De modo que acababan, en el mejor de los casos, convertidas en empleadas domésticas sin sueldo, sin derechos y con más obligaciones y malos ratos que otra cosa. Y esto se ha acabado. Como las inundaciones de las casas, las calles y el barrio. Sor Regina tiene funcionando dos bombas de agua para achicar los charcos. También ha construido un centro de promoción femenina hace ya más de diez años. Y los mosquitos y sus enfermedades ya no rondan el agua estancada. Ni las chicas esperan a que les busquen un marido que, al menos, no las pegue demasiado. Donde antes había un lago, juegan ahora los chavales partidos de fútbol callejero con camisas de laureados equipos europeos. Donde las chicas no tenían más opciones que el matrimonio, encuentran ahora la posibilidad de emanciparse como modistas y diseñadoras de ropa, como cocineras, panaderas, reposteras y camareras. Durante cuatro años los padres se comprometen a que sus hijas reciban una formación esmerada en el centro de Regina sin entregárselas a ningún hombre en matrimonio. Y eso ha transformado Sam Sam. Ahora las chicas de Regina, son auténticas princesas.

Santiago Riesco   21.may.2015 10:51    

El mejor patrocinador

Río ZiguinchorSiempre que salimos de un apuro en alguno de nuestros viajes explicamos a nuestros acompañantes que estamos patrocinados por Dios. Y no hay nada más que añadir. Lo entienden a la primera. Es uno de los muchos guiños que tenemos en el equipo del programa para hacer más llevaderos los días de trabajo lejos de los tuyos y en contacto con la cara B del mundo, la que se asoma cada domingo a La 2 de TVE y, por desgracia, apenas tiene cabida en otro lugar.

Esta vez, por tierras de Senegal, ha vuelto a pasar.

Veníamos de la misión de sor Hortensia, en Thies, camino de Dakar. Y como nos pillaba de paso decidimos, tras democrática y equivocada votación, ir al Lago Rosa a ver la puesta de sol en las salinas más famosas del país del sol poniente. Todo iba muy bien hasta que nuestro conductor, el bueno y despistado de Abdulai, se perdió. Tras tres intentos entrando y saliendo de la autopista por el lugar equivocado, Antonio cambió la cámara por el GPS y le orientó. Ni siquiera así fue capaz de encontrar la ruta correcta. Y cuando al fin dio con ella se metió en un laberinto de calles con dos cuartas de arena de playa donde tenía que haber asfalto. No nos quedamos atascados por el patrocinador. Llegamos al Lago Rosa a punto de ver caer el sol. No había trabajadores en la salina pero sí una pequeña nube de vendedores con el colmillo afilado ansiosos por hacer su última venta del día a los blancos que bajaban dando gracias por no haber encallado en la arena del pueblo que milagrosamente acabábamos de atravesar sin encallar.

Y una más. En la región de La Casamance.

Después de una hora de avión, hora y media de carretera y dos horas de barca a motor por la desembocadura del mágico río Ziguinchor, llegamos a Carabane. Un lugar paradisíaco donde el patrocinio fue estelar. Primero pudimos grabar a los delfines que rodearon nuestra barca. Después navegamos por mitad de un manglar. Comimos ostras cocinadas en la orilla y en medio de tanta felicidad a Roberto, el realizador, se le cayó el móvil en el agua del mar. O de la ría, para ser exactos. Cuando todos lo dábamos por perdido, el motorista que nos llevaba en la barca, el mismo que había recogido ostras para nosotros y nos las había cocinado al estilo tradicional, el bueno de Pate Bar, se tira al agua y comienza a bucear. Tanteando en el fango y buceando ante nuestro asombro, salió con la carcasa y el móvil como si fuera lo más normal.

Y la última al dejar las islas de madrugada para aprovechar la luz del sol. 

Desayunamos de noche y nos subimos a la lancha de Pate Bar. No hacía frío pero estaba nublado y parecía que se picaba la mar. El motorista, siempre sonriente, señala un punto en el horizonte. Ante el asombro de todos aparecen cientos de pelícanos en perfecta formación volando a ras de agua y pasando tan cerca de nuestras cabezas, en mitad del mar, que nos hacen sentir protagonistas de uno de los documentales que compartimos con los compañeros de La 2. Y esta vez, en silencio, todos pensamos a coro, al tiempo que salía el sol, en el Patrocinador.

 

 

 

 

 

Categorías: Actualidad , africa

Santiago Riesco   18.may.2015 21:17    

Los 80 hijos de Justina

Sor Justina Dakar

Apenas nos miramos y parecía que nos conocíamos de toda la vida. Justina es una madrileña nacida en Vijuesa, un pueblecito de Zaragoza. Cuando tenía nueve años, junto con su madre y sus otros cinco hermanos, viajó a Madrid. Ahí estudió enfermería y, cuando tenía 21 años, sintió que quería entregar su vida a los demás. Y en eso anda, entregando vidas que rescata del abandono y de un futuro incierto para que hagan florecer las vidas de matrimonios que no pueden tener familia por esos caprichos infames de la naturaleza. De modo que Justina Miguel Gil, desde hace 19 años, se encarga de poner en contacto a niños sin padres con padres sin niños. De dar vida a más no poder.

Sor Justina ingresó en las Franciscanas Misioneras de María como enfermera y sus superioras enseguida la enviaron a Senegal. Era el año 1973. Pero sólo estuvo un año aprendiendo francés y casi de paso para Burkina Faso -que de aquellas aún se llamaba Alto Volta-. Ahí pilló la malaria y la cosa se complicó tanto que a los cuatro meses estaba trabajando en el hospital de Niamey, en Níger, donde no paró de dar vida como enfermera durante nueve años. Luego regresó a Burkina Faso para quitarse la espinita de su anterior paso fugaz y, durante otros siete años, trabajó en una maternidad ayudando a traer vidas a este mundo tan mal repartido. Aquí la cosa comenzó a torcerse con una lesión en un ojo y porque los antipalúdicos empezaron a no hacerle efecto. De modo que no tuvo más remedio que regresar a Madrid para recuperarse. Era 1990 y había estado 19 años dándolo todo en África. Parecía que había llegado el momento de descansar. Pero los caminos de Dios son inescrutables y, seis años después, más o menos con la salud recuperada, se ofrece para volver a la misión y sus superioras le confían una de las actividades más hermosas que jamás hubiera imaginado: la Pouponniere de Dakar. Un hogar cuna en el que recogen a niños huérfanos de madre (algunos de padre y madre), bebés abandonados y recién nacidos cuya madre ha caído enferma y no puede atenderlos durante el primer año de vida. Y tiene 80 muñecos de entre 0 y 12 meses que no dejan de llorar, de reír, de ponerse malos, de tomar biberones y papillas, de pedir que les cambien el pañal, de solicitar baños, mimos, masajes en la tripa para los cólicos y que les cojan y les canten para dormirse después de que les llenen de besos.

Justina insiste una y otra vez en que sus niños son los más guapos de Senegal. Conoce a todos y cada uno de ellos por su nombre. Sabe cuál es su juguete. Impresiona escuchar a un bebé llorar en una sala repleta de cunas y que la hermana diga el nombre de un bebé para que una de las chicas que colaboran con ella en este Hogar Cuna se dirija hasta su camita y lo coja para calmarle.

En la Pouponniere han sacado adelante, desde 1955, a más de 4.000 niños. La inmensa mayoría han vuelto con su padre o sus familiares después de superar el primer año de crianza. Alrededor del 12% han encontrado una nueva familia en Senegal, en Italia o en España. 

Son ya 19 años los que sor Justina lleva dando vida en esta misión. Ahora tiene que cuidarse un poco más porque ya ha cumplido los 78. Cada año va a España a que el cardiólogo controle su corazón al tiempo que se reúne con las familias de los más de 40 niños de chocolate que viven y dan vida en nuestro país. Ellos son los que le curan realmente el corazón. 

Nosotros nos vamos de la Pouponniere para pronto volver. Mañana nos espera sor Hortensia en la misión rural de Thies, a hora y media de Dakar. 

Nos llevamos a sor Justina muy dentro y, con ella, las historias de Clemence y sus hermanas de la corrala en el barrio de Ouakam; de Angela, Ambroggio e Isabel y el amor gigante por el pequeño André que muy pronto irá con ellos a Milán para formar parte de su familia; de Joseph Malick y su bebé Christelle; de Benedicta y la felicidad por haber encontrado un trabajo de cocinera en un hotel; de un grupo de 14 monjas de 10 países empeñadas en demostrar con su testimonio que el Pueblo de Dios es mucho más que el título de un programa de televisión en el que os contaremos todas estas historias y muchas más.

Seguimos en contacto (si el wifi y el cansancio nos lo permiten)

Santiago Riesco   11.may.2015 21:18    

Nos vamos a Benín

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El martes, bien tempranito, partimos hacia Benín. Es la tercera vez que un equipo del programa visita este pequeño país en el Golfo de Guinea. La primera vez fue en 2005 para visitar las misiones salesianas y sus obras de promoción con los jóvenes. En 2009 regresamos para ver los proyectos financiados por la solidaridad española a través de Manos Unidas. El martes iremos a grabar la realidad musulmana en la que viven inmersos (y en paz) los misioneros combonianos.

Estaremos fuera 16 días con la intención de grabar cuatro reportajes. Dos en la misión de Toko-Toko, con el padre Juan José Tenías; y otros dos en la de Manigrí, con el padre José Girau. En la escasa y complicada comunicación que hemos mantenido con ellos a través del correo electrónico nos han ido contando lo que hacen por allí: escuelas, pozos, hogar para chicas, evangelización y, sobre todo, presencia. Una presencia cristiana -y reciente, pues ambas misiones tienen menos de una década- en mitad de una región eminentemente musulmana. 

El viaje se plantea apasionante. En primer lugar por las complicaciones de las comunicaciones. Las dos misiones están en la región de Djougou, al noroeste de Benín. Cerca de la frontera con Togo. Llegaremos en avión a la capital, Cotonou, y desde allí nos desplazaremos en coche hasta Toko-Toko. Al parecer son 500 kilómetros de carretera para los que necesitaremos un día entero. Ya vamos mentalizados. Parece que los repetidores de telefonía móvil dependen de las idas y venidas de la corriente eléctrica. Y el tema de internet vía satélite ha resultado un fiasco. O sea, que será complicado llegar y contar desde allí lo que estemos viviendo. De modo que habrá que esperar a la vuelta.

En segundo lugar, los temas que vamos a tratar son de máxima actualidad. Benín limita al este con Nigeria, el país en el que los terroristas de Boko Haram están cometiendo los más abominables actos de terror amparándose y justificándose en la religión. La región de Djougou es musulmana en su inmensa mayoría y los misioneros católicos son respetados y queridos por su importante labor social y porque llevan una vida que es un ejemplo para todos los vecinos de la comarca, una vida de auténticos hombres de Dios.

Y en tercer y último lugar porque el padre Juan José Tenías protagonizó, en 1978, el capítulo dedicado a los misioneros de la emblemática serie de TVE "Vivir cada día". Esta semana, 38 años después, grabaremos con él un capítulo de "Pueblo de Dios" en el que también será protagonista. La idea es mostrar los cambios que se han producido en la vida de los misioneros (si es que se ha producido alguno). 

El equipo de este viaje, como siempre, es una auténtica garantía. Alberto Novo y Sergio Rodríguez se encargarán de la parte técnica con las cámaras, los micros y las luces. David Herranz se estrena con Pueblo de Dios en la realización y la parte artística. Y yo me encargaré de no molestar más de lo necesario para poder contar las siempre interesantes historias que nos vayamos encontrando en Toko-Toko y Manigrí. 

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Os dejamos aquí algunos de los reportajes grabados y emitidos por Pueblo de Dios en Benín:

- Benín, amaneció de noche

- Benín, mujeres de piedra viva

- Benín, la esperanza es femenina

- Misión entre los baribá

- Benín, las fuentes de la vida

 

 

 

Santiago Riesco    1.feb.2015 20:27    

La Iglesia, contra la "devolución en caliente" de inmigrantes

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Madrid, 2 de diciembre 2014.- Reunidos en Málaga representantes de instituciones eclesiales que trabajan “in situ” a uno y otro lado de la frontera sur para abordar coordinadamente distintos temas que afectan a las personas migrantes, y siendo testigos del sufrimiento diario que las vallas provocan, Cáritas Española, CONFER, Secretariado de la Comisión Episcopal de Migraciones y Justicia y Paz queremos solicitar la retirada inmediata de la disposición sobre las expulsiones sumarias.

La Comisión de Interior del Congreso de los Diputados aprobó el pasado 25 de noviembre el Dictamen sobre el Proyecto de Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana, en el que se recoge una modificación a la Ley Orgánica de Extranjería que pretende legitimar las expulsiones sumarias en la frontera de Ceuta y Melilla.

A nuestra preocupación por un proyecto de Ley que criminaliza la pobreza y la movilización social, se suma la consternación por la naturaleza de una enmienda que ha sido introducida a última hora por el Grupo Parlamentario Popular del Congreso.

Además de compartir las reflexiones de instituciones como el Consejo General de la Abogacía y la inquietud expresada por numerosas entidades y plataformas ante la aprobación del citado Dictamen, queremos hacer público nuestro enérgico rechazo a la modificación que se contempla en el mismo porque entendemos que viola derechos humanos, da cobertura legal a una práctica ilegal que se viene constatando desde hace tiempo y no va a aportar soluciones a ninguna de las causas por las que las personas migrantes abandonan sus países de origen para, tras un arduo camino, llegar ante las fronteras de Ceuta y Melilla. En definitiva, sólo se logrará incrementar el sufrimiento de las personas y no se reducirán las llegadas.

Recordamos que La Ley Orgánica de Extranjería ya cuenta con procedimientos legales para abordar los casos de entradas irregulares en España por puestos no habilitados y que conllevan una serie de garantías para las personas migrantes, como son la asistencia letrada y el derecho a intérprete. Además, aunque insuficiente, existe la posibilidad de solicitar asilo y refugio, e identificar potenciales víctimas de trata y otros perfiles vulnerables.

Es necesario señalar que las expulsiones sumarias vulneran lo dispuesto por los artículos 12 y 13 de la Directiva europea 2008/115/CE y el artículo 13 del Código de Fronteras Schengen, que establecen como garantías procedimentales en todo procedimiento de retorno la obligatoriedad de una resolución motivada para la denegación de entrada, en la que se indiquen los motivos exactos de la mismaasí como el derecho a recurrir dicha resolución de forma informada y asesorada. Es más, esas expulsiones podrían ser constitutivas de una violación del artículo 6 del Carta Europea de Derechos Fundamentales (CEDH) que contempla el derecho a un proceso equitativo.

Por otra parte, ese Dictamen pone en riesgo la protección internacional, lo que vulnera la Convención de Ginebra de 1951 y el artículo 18 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE. Junto a ello, el artículo 6 de la Directiva 2013/32/UE obliga a los Estados Miembros a garantizar el acceso a la protección no sólo en el territorio nacional sino también en las fronteras y aguas territoriales.

Llamamos también la atención sobre la violación que supone del principio de “non refoulement” (no devolución) recogido en el artículo 33 de la Convención de Ginebra de 1951, el artículo 3 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, el artículo 18 de la ya citada CEDH y la Directiva de retorno (Directiva 2008/115/CE) según el cual ninguna persona puede ser devuelta a un país donde su vida, libertad o seguridad corran peligro.

En las últimas semanas ha sido la propia Comisión Europea e incluso el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas quienes han manifestado su preocupación por la vulneración de derechos que podría conllevar estas decisiones.

Por tanto, solicitamos que se retire esta disposición adicional y se busque un consenso político en materia de inmigración. España debe liderar ese proceso y hacer ver a la Unión Europea que las vallas de Ceuta y Melilla son sólo la consecuencia de una política migratoria europea desenfocada.

Solicitamos, asimismo, diálogo para buscar vías de acceso regulares para quienes no las encuentran nunca y no se vean empujados a dar un salto desesperado.

Y solicitamos solidaridad con quienes buscan la protección del asilo y el refugio huyendo de conflictos, persecuciones y los efectos de una política de cooperación internacional centrada exclusivamente en un modelo económico de crecimiento que propicia el descarte y la expulsión de los ciudadanos de sus países de origen y no el desarrollo de sus propias capacidades y experiencias para evitar el abandono de sus comunidades como consecuencia de la injustica o la inseguridad.

La aceptación de las expulsiones sumarias que representa la aprobación de este Dictamen supondría consolidar legalmente un concepto de “frontera” sinónimo de un territorio donde los derechos humanos están ausentes. Y como ha señalado la Comisión Episcopal de Migraciones en el VII Congreso de Migraciones en el Vaticano, y ha afirmado recientemente el Papa Francisco ante el Parlamento Europeo, “Europa será capaz de hacer frente a las problemáticas asociadas a la inmigración si es capaz de proponer con claridad su propia identidad cultural y poner en práctica legislaciones adecuadas que permitan tutelar los derechos de los ciudadanos europeos y de garantizar al mismo tiempo la acogida a los inmigrantes“.

Pueblo de Dios    5.dic.2014 16:35    

Madagascar, un lustro después

Ya han pasado cinco años desde la última visita a la isla roja. Fue en 2009 y Madagascar acababa de sufrir una grave crisis de gobierno con un golpe de Estado que dejó al país en fuera de juego. El alcalde de la capital, Andry Rajoelina, se hizo con la presidencia ayudado por los militares. Y las ayudas internacionales dejaron de llegar a la cuarta isla más grande del mundo. Y coincidimos con él en Akamasoa, un basurero impresionante, en una fiesta inolvidable.

Manos Unidas MADAGASCAR 2009 842
Ha pasado un lustro desde nuestra última visita al lugar donde dimos de comer a los lemures, al paraíso en el que avistamos un grupo de ballenas a su paso por el Cabo Santa María, al sur de Madagascar. Cinco años ya desde que nos encontrásemos con el apóstol de la basura, el argentino Pedro Opeka. Parece que fue ayer, pero ya han pasado 60 meses desde que recorriésemos los caminos de El Androy, el desierto de espinas, junto al padre Ángel Santamaría. Un lustro ya. Y parece que fue ayer -insisto- cuando acompañábamos a las salesianas por el mercado central de Antananarivo atendiendo a los niños que vivían en la calle en busca de la infancia perdida

Por aquel entonces, hace un lustro, entrevistamos a María Bercerril, una española que ejercía como delegada de la Unión Europea para Madagascar. Y nos contaba cómo los millones de euros de ayuda comunitaria estaban bloqueados, y cómo una generación entera de malgaches perdería un curso escolar porque el Estado no tenía dinero para pagar a los profesores. Y comprobamos cómo la misión en tierra malgache estaba siendo dura, muy dura, en un país pobre y sin pingüinos.

Mañana partimos de nuevo a la tierra de los baobabs, los lemures, las ballenas, las cárceles inmundas, los basureros violentos y los misioneros valientes. Han pasado cinco años y la situación es muy otra. Si en 2009 llegábamos poco después del golpe de estado, en 2014 llegamos poco después de que el nuevo presidente, Hery Rajaonarimampianina, haya sido elegido democráticamente en las urnas. Y a la comunidad internacional le ha parecido bien y ha levantado el veto a las ayudas exteriores.

 

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Nuevas historias

En esta ocasión, cinco años después -por si no lo había dicho antes-, iremos de la mano de la ong de los hermanos de La Salle, PROYDE. No llegaremos a la costa, nos moveremos por la gran meseta central. Incluso viviremos a 1.500 metros de altitud y podremos dormir con manta y ponernos el forro polar mientras el verano se instala en España.

Tenemos previsto grabar en Anosibé, uno de los barrios más complicados de Antananarivo construido sobre una laguna en la que se vierten las aguas negras de toda la capital. Allí un grupo de profesores y voluntarios se ocupa de sacar a los menores de un ambiente contaminado en el que las enfermedades propagadas por ratas y mosquitos son el pan nuestro de cada día. 

En Vohiposa, una localidad ubicada a cinco horas de la capital, veremos el trabajo de las Hermanas Guadalupanas de La Salle en "zona roja". Se trata de un lugar en el que actúan los temibles "dahalo". Unos bandidos sanguinarios que llegan por la noche a los poblados y arrasan con todo lo que encuentran. Si alguien se opone, simplemente lo asesinan. La situación es preocupante pero las hermanas continúan adelante con su trabajo educativo.

La red escolar rural de la diócesis de Ambositra está formada por 152 escuelas en las que estudian 23.000 alumnos. Se trata de un ambicioso programa educativo desarrollado por la Iglesia con la ayuda de PROYDE para suplir las deficiencias del Estado malgache que no alcanza a dar cobertura educativa en las zonas rurales. El hermano de La Salle, Juan Sala, es el asesor del proyecto y, esperemos, sea nuestro guía en la mayor parte de esta nueva aventura.

Para grabar todo lo que podamos y contar todo lo que veamos, escuchemos y sintamos, Pueblo de Dios enviará un equipazo de profesionales compuesto por el realizador Julio Luquero, el veterano operador de cámara, Fernando De Andrés y el polivalente operador de sonido Juan Cabrera, además del periodista que esto firma. Si el tiempo y el wifi nos lo permiten, os lo iremos contando sobre la marcha. Cada viaje, aunque repitamos destino, es distinto. Mucho más si, como es el caso, han pasado cinco largos años. Un lustro en el que casi todo ha cambiado. En este tiempo yo mismo he tenido dos hijas y el Atleti ha ganado seis títulos. Es otra historia.

 

Santiago Riesco   11.jun.2014 10:01    

Rumbo a Mozambique

Mapa_mozambique
El lunes, 23 de septiembre, retomamos las grabaciones. Y lo hacemos poniendo rumbo a Mozambique. Allí nos esperan los Misioneros Combonianos para guiarnos en el descubrimiento de este pueblo de Dios.

El camino de ida será largo. Haremos escala en El Cairo (Egipto) y en Johanesburgo (Sudáfrica) antes de llegar a nuestro destino: Nampula, la cuarta ciudad del país, en el norte, cerca del océano Índico.

Allí tenemos previsto grabar las actividades de la misión que coordinan los combonianos: las celebraciones cristianas en un contexto musulmán, la escuela parroquial, el orfanato de las Misioneras de la Caridad (las de la madre Teresa de Calcuta) y el campo de refugiados que atienden los misioneros Scalabrinianos.

Otro de los reportajes que tenemos previstos es el que queremos grabar con el comboniano español Arístides Holgado en la localidad de Carapira. Aquí, en mitad del campo, levantaron estos religiosos una Escuela Industrial en la que se forman los jóvenes de toda la región en régimen de internado. Y veremos cuáles son los frutos que ha producido visitando alguno de los antiguos alumnos en los talleres de mecánica y carpintería que han ido montando en sus pueblos.

En Nacala, Nacucha, Cabaçeira y la Isla de Mozambique también hemos planificado distintas secuencias que ayuden a entender el sentido de la misión católica en un contexto musulmán. Grabaremos con el párroco de la Isla de Mozambique donde apenas hay cristianos, y visitaremos la escuela agraria de los paúles que hace nueve años, en otro de nuestros viajes al país, estaba en proyecto. Y trataremos de sacar tiempo para visitar a las monjas españolas de las Hermanas de la Purísima que trabajan en la promoción y educación de menores.

Pero todo esto es lo que dice la planificación sobre el papel. Cuando lleguemos a Mozambique, cuando miremos a los ojos  a los mozambiqueños, a los hombres y mujeres que viven, sufren, aman y mueren en esta tierra, entonces veremos si nuestros planes son también sus planes. Entonces, como en cada viaje, trataremos de meternos en la piel de nuestros hermanos para contar lo mejor que sepamos sus alegrías y sus penas. Su esperanza en un mañana mejor. El latir del pueblo mozambiqueño de Dios.

Os lo iremos contando (si la tecnología nos lo permite)

Seguimos en contacto.

 

Categorías: africa , de-viaje , Viajes

Santiago Riesco   19.sep.2013 17:45    

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