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La "raspadeira" que regresó a la escuela

Flavia raspadeira

Se llama Flavia Josefa Dos Santos y tiene 34 años. Vive en la comunidad Jarvs Gonzaga del municipio de Feira Nova; un lugar perdido en el brasileño estado de Pernambuco. A una hora de Vitória de Santo Antao. A dos horas y media de Recife. 

Flavia entró a trabajar en una fábrica de harina cuando era una niña. Y dejó los estudios para comenzar una vida de esclavitud. Las mujeres negras y afrodescendientes son la principal mano de obra en estos lugares insalubres. Ahí pasan alrededor de 15 horas al día raspando mandioca para conseguir un salario que no llega a un euro diario. Exactamente les pagan 4 reales brasileños por cada cien kilos de mandioca que dejen pelado y preparado para su molienda.

Son legión las mujeres negras y afrodescendientes que sólo han conocido esta forma de vida hasta que se les apareció Manos Unidas y el Centro de Mujeres de Vitoria (CMV). Hasta entonces su vida era nacer, raspar, sufrir abusos de todo tipo, raspar, tener hijos, raspar, enfermar, no poder raspar, no tener qué comer, volver a raspar, morir para liberarse de una vida de esclavitud que era más muerte en vida que cualquier otra cosa.

Flavia tiene dos hijos de 13 y 14 años que se llaman Evelyn y Everton. Estudian octavo y quinto curso. Flavia se sienta con ellos en la mesa de la estrecha cocina de su casa para resolver dudas y hacer las tareas de la escuela. Pero no como haría cualquier otra madre. Flavia también está en la escuela. Va al turno de noche y cursa séptimo y octavo a la vez. Comenzó hace cuatro años y, desde el principio, sus hijos se han sentido orgullosos de ella. Casi tanto como sus vecinas y, sobre todo, sus compañeras del centro de producción. Porque Flavia dejó la casa de harina en la que raspaba mandioca para entrar de lleno en el programa de Manos Unidas que ofrecía la posibilidad de organizarse con otras mujeres. Y así lo hizo. Y desde entonces cocinan dulces y salados en un local alquilado para venderlos luego en ferias, instituciones y en su pequeño puesto ambulante. 

Son tres grupos de doce mujeres cada uno. Todas ellas son negras o afrodescendientes. Muchas no pudieron ir a la escuela y todas se han dedicado (alguna todavía sigue haciéndolo) a las tareas del raspado de la mandioca sin derechos y en unas condiciones indignas. Ahora, con la ayuda de Manos Unidas, van recuperando la dignidad. Son madres e hijas. Vecinas, primas, amigas. Todas quieren mejorar sus vidas. Y han encontrado en estos centros de producción una alternativa.

Flavia es un caso de éxito. El de la "raspadeira" que regresó a la escuela.

Santiago Riesco   29.sep.2015 00:23    

Brasil: Allá que vamos

Mapa-do-brasil

El sábado 26, de madrugada, salgo otra vez hacia Brasil. Será mi tercer viaje a este gran país, tan grande como 17 Españas. En esta ocasión visitaré los estados de Pernambuco, Paraíba y Matogrosso. Durante dos semanas trataremos de grabar y recoger todas las historias de esperanza que ha generado la solidaridad española a través de distintos proyectos de Manos Unidas.

En Pernambuco volveremos a grabar con los niños de la calle en los canales de Recife. Hace diez años que hicimos con ellos el reportaje "Las calles de los sueños rotos", hoy pretendemos localizar a alguno de los protagonistas de aquel documental para ver cómo les ha ido la vida una década después. Todavía en el estado de Pernambuco, a unas horas de carretera, conoceremos la realidad de las mujeres afrodescendientes y el círculo de la esclavitud ligado a la actividad de la harina de mandioca. Pero, sobre todo, trataremos de mostrar cómo es posible romper esta inercia de abuelas, madres e hijas que entran a raspar la mandioca desde muy niñas sin poder optar a otra forma de vida y sin ningún derecho laboral. Grabaremos las cooperativas de generación de renta en el ámbito rural de Santo Antao, en Vitória. Ahora las mujeres elaboran bizcochos, tartas y dulces que venden en ferias y tiendas de toda la comarca.

Semiárido

En el vecino estado de Paraíba nos empaparemos del programa que Cáritas Nordestina ha puesto en marcha para convivir con el sertao, con la caatinga, con esa gran y desconocida sabana brasileira del semiárido. Una extensión equivalente a dos Españas donde las lluvias son escasas e irregulares. Donde, si no fuera por el proyecto "Raízes" en el que colabora Manos Unidas, la gente y el ganado acabarían muriendo de sed. Especialmente este año, el más seco desde que se tienen registros pluviométricos. Los depósitos domésticos para el consumo de agua potable, los pequeños embalses para regar los huertos, el cuidado del ganado, los bancos de semillas, la cultura del semiárido... también fueron objeto de uno de nuestros reportajes hace una década. Ahora volvemos a ver cómo ha evolucionado aquello que contábamos en "Caatinga, el desierto brasileño".

El estado de Mato Grosso es el tercer estado al que llegaremos con nuestras cámaras para contar historias de esperanza en medio del dolor. Para llegar tendremos que coger dos vuelos de línea regular (Recife-Brasilia y Brasilia-Cuiabá) para recorrer los 3.173 kilómetros que separan estas ciudades. En Cuiabá subiremos a una avioneta que nos llevará hasta la población que será nuestro campamento base en esta segunda semana de rodaje: Sao Felix de Araguaia. Aquí tenemos previsto encontrarnos con la obra de dom Pedro Casaldáliga. Trataremos de captar el espíritu evangélico que ha llevado a luchar por los derechos de los últimos: los campesinos y los indígenas que pretenden cultivar con respeto la tierra frente a las grandes empresas dedicadas al monocultivo y los grandes propietarios dispuestos a arrasar con todo para criar sus miles de cabezas de ganado.

Indígenas Xavante

La última parada será, si Dios quiere, a cuatro horas de Sao Félix de Araguaia, con el pueblo indígena Xavante. Esta historia merece que me extienda un poco más.

Los Xavante fueron contactados en 1950 en la época de la expansión agropecuaria en la Amazonía. Fueron expulsados de su tierra durante 38 años. En este tiempo la mitad del pueblo Xavante murió. Sus tierras fueron ocupadas, durante estas cuatro décadas, por la mayor hacienda de ganado de América Latina, la Suiá-Missu, con 400.000 cabezas de ganado en una extensión de un millón de hectáreas. En 1992, en la Conferencia del Clima celebrada en Río de Janeiro, la empresa italiana AGIP, propietaria de la hacienda, declaró su voluntad de devolver la tierra a los dueños legítimos, los Xavante. Seis años después, el Estado brasileño, por medio de la Fundación Nacional del Indio (FUNAI) reconoció la propiedad de los Xavante sobre estas tierras. En 2004 consiguieron recuperar un 15% de su territorio, aunque destrozado. En 2012, y con ayuda de Manos Unidas, los Xavante consiguieron la total expulsión de los invasores que vivían y esquilmaban su territorio indígena. Actualmente tratan de recuperar la naturaleza destrozada, su cultura y su modo de vida. El pueblo Xavante está formado por 960 individuos que, todavía, viven un un solo poblado. El poblado en el que nos recibirán y donde nos contarán su historia para que os la contemos a vosotros.

Si los desplazamientos y el wifi nos repetan, trataremos de contaros lo que nos vamos encontrando.

Seguimos en contacto.

 

Santiago Riesco   23.sep.2015 17:24    

La prensa hondureña, con los violentos

Violencia es mentir
El martes, 7 de mayo, explicábamos en este mismo blog -desde Honduras- el susto que le dieron tres pandilleros armados a dos de las voluntarias con las que estábamos grabando. Y lo contábamos al detalle. Y explicábamos que seguimos grabando con dos laicos españoles después del susto. Y por la tarde entrevistamos al obispo de San Pedro Sula, monseñor Ángel Garachana. Ése fue nuestro último día en Honduras. El post se titula "susto y fin de la grabación". 

El miércoles, 8 de mayo, llegábamos al aeropuerto internacional Ramón Villeda Morales para subirnos al avión que nos llevaría a Miami. En la ciudad norteamericana hacíamos escala durante cuatro horas antes de partir, bien entrada la noche, rumbo a Madrid, donde hemos llegado hoy, jueves 9 de mayo, a las 13:00. Nada más tomar tierra en Barajas, varios mensajes entran en nuestro teléfono con sendas noticias publicadas el día 8 en la prensa hondureña. Los titulares son aberrantes y absolutamente falsos.

"Equipo de prensa español abandona Honduras por amenaza de mareros"  publica el diario "La Prensa" que anda estos días diciéndole a sus lectores que cuentan con uno de los manuales de estilo más avanzados en ética y deontología de todo Latinoamérica. Lástima que nadie se haya puesto en contacto con nosotros para comprobar que todo lo que publican es mentira. Quizá por eso lo firma "Redacción". Pero lo más increíble es que su única fuente, el post citado al principio de este texto, está absolutamente descontextualizado. Hubiera bastado con leer alguno de los siete textos publicados desde Honduras entre el 24 de abril y el 8 de mayo para saber quiénes somos y qué hacemos. Esto sin contar con la posibilidad de ponerse en contacto con nosotros a través de Facebook, Twitter, correo electrónico publicado en nuestra web o llamando por teléfono a TVE, al obispo de San Pedro Sula o a cualquier comunidad de misioneros claretianos del departamento de Atlántida.

Más grave aún es lo del periódico digital hondureño "Proceso Digital". Aquí el titular es aún más fantasioso: "Equipo de Radio Televisión Española asegura que abandona Honduras por amenazas de mareros". No es que abandonemos Honduras amenazados por los mareros, en este caso es que somos nosotros los que lo "aseguramos". Muy curioso, tampoco se ha puesto nadie en contacto con nosotros para asegurarles que no, que nos vamos porque hemos cumplido con todo el programa previsto. Que nos llevamos los cuatro reportajes que hemos ido a grabar. Que el pueblo hondureño nos ha tratado de maravilla y que, por desgracia, lo que nos habían comentado de los periodistas patrios lo hemos tenido que sufrir en nuestras carnes con este artículo que, por supuesto, firma "Proceso Digital". En fin.

Por si fuera poco, la bola comenzada por estos dos diarios se ha visto aumentada y deformada por la agencia de noticias "Prensa Latina" que titulaba: "Abandona Honduras amenazado equipo de televisión española". Que no, señores, que no nos han amenazado. Que tres delincuentes juveniles pertenecientes a una banda de maleantes han atemorizado a dos voluntarias de un proyecto de la iglesia católica y nos han pedido que nos fuéramos. Ellas, las voluntarias. Y nosotros nos hemos ido. Pero los mareros no nos han amenazado. Y mucho menos hemos abandonado el país por estos delincuentes. No es así. Hemos dejado Honduras porque el plan de grabación comprendía desde el 24 de abril hasta el 7 de mayo. Y no solo lo hemos cumplido entero sino que, gracias al pueblo hondureño, hemos superado con creces nuestras expectativas. Ya de paso aprovechamos para dar las gracias a los garífunas urbanos de San Pedro y a los garífunas de San Juan y Corozal (en la costa Atlántica); a los campesinos de El Cangrejal en La Ceiba y de El Astillero, Arizona y Nueva Florida en Tela; a las personas privadas de libertad en el penal de Tela; a los comunicadores sociales de radio Subirana; a los profesionales sanitarios de Siloé y de distintos puestos de salud urbanos así como a los promotores de salud de las distintas zonas rurales que hemos visitado; a las voluntarias del programa "madres maestras"; a los estudiantes del proyecto "el maestro en casa", a las pescadoras de jaibas de Los Cerritos, en la Laguna de Micos... vamos, a todo el pueblo hondureño que nos ha abierto su casa y su alma y que no se merece una prensa que se ponga del lado de la industria del miedo.

Bastante sufrimiento causa la pobreza extrema en la que vive gran parte de la población como para sumarle el terror a vivir en un estado gobernado por grupos de delincuentes organizados. Quizá la prensa debiera preguntarse por qué no gobiernan los representantes elegidos en las urnas por el pueblo y son los narcotraficantes y los jóvenes pandilleros los que deciden qué se puede o no se puede hacer. Con la anuencia de la policía y el ejército, dicho sea de paso.

Un gran compañero periodista (de los de verdad) me dijo una vez que "cuando el sabio señala la luna, el tonto mira el dedo". Y el miedo, las maras, el terror, los asesinatos, los secuestros, las extorsiones, los "guachimanes", las vallas, las alambradas... son sólo el dedo. 

Un saludo a todos los periodistas responsables y valientes de Honduras (o sea, el 99 por ciento) y mis condolencias por tener que trabajar al dictado de empresarios ocupados en que nadie mire la luna.

Ni pueda preguntar sobre ella.

 

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Santiago Riesco    9.may.2013 21:08    

Susto y fin de la grabación

TVE playa

No ha sido nada. Todos estamos perfectamente. Pero hemos tenido que dejar de grabar. Y nos hemos tenido que ir de Cerrito Lindo, una colonia "caliente" en el sector Rivera Hernández, en San Pedro Sula, la ciudad con el índice de homicidios más alto del mundo.

Habíamos quedado con las voluntarias del jardín de infancia a las ocho de la mañana. Queríamos grabar una secuencia donde visitaran las casas de las familias con niños menores de seis años para invitarles a que los escolaricen en el "kinder" que la iglesia católica ha puesto en marcha de la mano de las voluntarias del programa "madres maestras".

En el lugar nos esperaba Mabel, una joven voluntaria que no dejaba de mirar hacia uno y otro lado de la calle. Nos pidió que esperásemos a que llegase alguna otra compañera porque a ella le daba miedo y vergüenza recrear esta visita en soledad. El padre del niño que íbamos a visitar, don Mario, vive en la misma manzana, cinco casas más allá del propio jardín de infancia. Todo estaba ya preparado y hablado. María, la compañera de Mabel, ya había llegado con su camiseta de "madres maestras". 

Estábamos todos en la calle y Sergio había optado por captar el sonido con la pértiga en lugar de con el micrófono de corbata inalámbrico. Se lo quita a María y lo guarda. Alberto ya había preparado el encuadre, la luz y el movimiento de cámara siguiendo las indicaciones del realizador, Roberto. La secuencia estaba ya preparada cuando Roberto pidió a Mabel y María que doblaran la esquina y a una voz suya vinieran hacia la casa de don Mario. Pero en lugar de las voluntarias aparecieron tres adolescentes de no más de 18 años montados en bicicletas y con la pistola bien visible en su pantalón de deporte. Le pidieron el móvil a Mabel y revisaron sus contactos y llamadas. Le preguntaron quiénes éramos nosotros. La tensión iba en aumento. Mientras yo preguntaba a don Mario si los conocía y me aseguraba que no al tiempo que su hijo le pedía que entrara en casa porque él sí los había ubicado. Entonces pregunto al vecino de enfrente, un joven con el que estaba contrastando datos sobre el barrio tomado por Los Ponce y la guerra que mantenían con los de La 18. El sí los conocía y nos advertía que nos fuéramos, que sólo íbamos a meter en problemas a las voluntarias. Finalmente los mareros devolvieron el móvil a Mabel que llegó hasta nosotros llorando y sin habla. María, la otra voluntaria, nos pidió que nos fuéramos, que era peligroso. Y eso hicimos. Irnos.

Estuvimos toda la mañana grabando con dos laicos españoles que llevan casi doce años viviendo en La Rivera Hernández. Aquí llevan un proyecto de prevención para que los niños, niñas y jóvenes puedan disfrutar de un entorno apropiado para estudiar, jugar, intercambiar saberes y olvidarse del entorno de violencia durante cuatro horas al día.

Silvia es de la diócesis de Orihuela-Alicante y Oscar de la de Menorca. Aquí están acogidos por el obispo claretiano de San Pedro Sula, Angel Garachana. Esta tarde hemos quedado con los tres para grabar la secuencia final y hacerles algunas preguntas. Antes de todo esto hemos llamado a Mabel a su móvil. Está más tranquila. Cuando estábamos comiendo nos ha enviado un mensaje dándonos las gracias por la comprensión y dándonos su bendición.

Mañana tomaremos el avión para regresar a España. Pasado, si Dios quiere, estaremos en Madrid.

Son muchas las historias que quedan por contar. Algunas de ellas absolutamente tremendas. Todo ello hubiera sido imposible sin el equipo impresionante (humana y profesionalmente hablando) con el que he tenido la suerte de compartir estos días: Roberto Domingo, Alberto Novo y Sergio Rodríguez. Un lujo de compañeros que me hacen sentir orgulloso de pertenecer a la misma empresa que ellos, a TVE, y con los que uno se puede ir al fin del mundo. Aunque unos críos con pistola intenten amargarnos la mañana y atemoricen a la buena gente de Cerrito Lindo. Lo teníamos que contar.

¡Viva Honduras! (la de la gente buena, que son el 99%)

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Santiago Riesco    7.may.2013 23:36    

Mártires, impunidad y nuevas amenazas

  HondurasEran las cinco de la mañana del 3 de mayo. Un grupo de 80 campesinos encabezados por el Delegado de la Palabra, el líder católico Felipe Huete, tomaron posesión de las tierras que les pertenecían por justicia y que un terrateniente se había empeñado en robarles a toda costa. Y no dudó un instante en enviar a diez militares encabezados por el Coronel Galindo pertrechados con chalecos antifragmentos, granadas de mano y subfusiles AK47. Cuando los campesinos les vieron aparecer, Felipe Huete dio un paso al frente y levantó su mano pidiéndoles conversar. El primer disparo le reventó la mano levantada quebrándole el radio y el húmero a la altura de la muñeca. El segundo tiro le pegó en el pecho y le provocó la muerte instantánea. Cayó hacia delante. Después vinieron las ráfagas sobre todos aquellos que trataron de auxiliar a don Felipe. Su hijo Ciriaco también fue abatido. Lo mismo que su sobrino Mártir y su yerno Carlos Gonzáles. El quinto asesinado fue el líder de los maestros de la zona, Cruz Chacón.

Esto sucedió hace 22 años. Y nos lo han contado dos de sus hijos que sobrevivieron a la masacre. El pequeño, Reinaldo, tenía por aquel entonces 18 años. El mayor, Valentín, recibió un disparo en el codo que le ha dejado el brazo inutilizado. Por aquel entonces tenía 31 años. Y nos han llevado al lugar donde sucedió todo y que hoy es un cementerio. El lugar, en mitad del campo, es un jardín donde reposan los restos de su madre, muerta de pena, y de algunos miembros de la comunidad. Pero no los de los cinco mártires. Ellos han sido enterrados en la capilla católica, para que todos recuerden cada día la importancia de dar la vida por la justicia.

Hoy, 22 años después, cientos de personas han pedido la intercesión de los mártires. Han recorrido las calles de Astillero acompañados por su obispo, el irlandés Miguel Lenihan. Y han cantado en memoria de todos los mártires de este continente regado con la sangre de héroes que han ido conquistando pequeñas parcelas de justicia en los lugares donde la impunidad y las amenazas son el pan nuestro de cada día.

Tanto que el propio párroco que atiende El Astillero -el claretiano guatemalteco César Espinoza-recibe mensajes que creemos pueden ser de los empresarios mineros y sus correligionarios amenazándolo de muerte por defender los derechos de los campesinos, por abrirles los ojos, por explicarles aquello que los empresarios que quieren abrir cuatro minas a cielo abierto para extraer el óxido de hierro pasan por alto. Una lucha en la que la comunidad de Nueva Esperanza está implicada hasta las trancas. Y por eso nos llevaron hasta la cima de la sierra en una ascensión tan hermosa como esforzada para ver cómo los empresarios han comenzado con las catas, con la contaminación de las cuencas de agua, con la contratación de personal llegado de otros lugares. Obreros bien pagados que han recibido un arma y que habitualmente están borrachos para amenazar y amedrentar a la población. A ellos se une un puesto policial francamente extraño y con diez efectivos en un lugar donde apenas hay delincuencia. En mitad del campo. En la montaña. En plena naturaleza. Y, sin embargo, en la zona urbana apenas hay tres policías. Curioso, muy curioso.

Tras oír los testimonios de los amenazados por las empresas mineras e hidroeléctricas, tras compartir con el pueblo sus esperanzas y sus temores, a todo el equipo de PUEBLO DE DIOS se nos ha puesto un nudo en la garganta. Todo esto después de que se nos removieran las tripas tras escuchar que el Coronel Galindo pasó ocho meses por un simulacro de cárcel que no era tal y que ahora es un terrateniente que vive impunemente teniendo el triple de propiedades de las que tenía antes de la masacre.

Y no podemos sino agradecer uno a uno a todos los campesinos de Nueva Florida la resistencia que están oponiendo a la entrada de las mineras. Las barricadas de piedras en el camino, las cadenas para que no pasen los mineros, la organización de las mujeres para no darles ni un vaso de agua y complicarles la existencia para que no revienten la naturaleza, para que no contamienen el agua, para que no acaben con la vida.

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Santiago Riesco    6.may.2013 04:45    

El Cangrejal: rafting y frijoles

TVE Cangrejal
Chema es un claretiano de Haro (La Rioja) que viene renovando los papeles de su residencia en Honduras -una vez al año- desde hace nada menos que 42 años. Siempre ha trabajado con campesinos, en las zonas rurales. Y es feliz. Mucho.
Desde hace casi nueve años su área de trabajo pastoral está en la Cuenca del Cangrejal, un valle absolutamente espectacular cuyo río están explotando turísticamente algunas empresas dedicadas al turismo de aventura. Pero esto es sólo en la parte más baja. Cerca ya de la desembocadura en el Atlántico, en la ciudad de La Ceiba. Si uno comienza a subir por la carretera que serpentea junto al río Cangrejal en dirección a la montaña se da cuenta enseguida de que está en un lugar con un potencial turístico fuera de lo normal para los amantes de la naturaleza y los deportes de aventura: hoteles, lodges, cabañas, zonas de acampada, restaurantes, bares, tiendas especializadas, alquiler de todoterrenos, kayak, rafting, descenso de cañones, tirolinas, paseos guiados... una maravilla. Eso sí, la mayoría de los empresarios son extranjeros. Y la mayoría de los usuarios también.
A Chema, sin embargo, lo que le preocupa es lo que hay cuenca arriba. Cuando uno sigue ascendiendo por la carretera (o lo que queda de ella) una vez pasada la cuenca baja donde se concentra el turismo, la cosa cambia mucho.  Además de que la carretera -o lo que queda de ella- está en unas condiciones calamitosas, se ve cómo las montañas comienzan a aparecer deforestadas, cada vez vamos encontrándonos con más ganado y la gente es mucho más tímida ("penosa" dicen acá).
Para recorrer en coche los 23 kilómetros que separan La Ceiba del centro misional en El Cangrejal, hemos tardado dos horas. Echando cuentas se puede uno hacer idea de cómo es la carretera -o lo que queda de ella-.
TVE Cangrejal 2

Al llegar nos estaban esperando algunos de los líderes campesinos más implicados en la pastoral de la zona para explicarnos que la cuenca de El Cangrejal está compuesta por 24 aldeas. No existe ningún censo fiable sobre población, porque las familias viven desperdigadas por la montaña, en las quebradas y cerca de sus cultivos de frijoles y sus animales. Don Eugenio sostiene que hay dos centros de salud y que han hecho un censo con la gente que ha ido al médico. En total salen 7.190, pero ellos creen que no todo el mundo va al médico y que estarán más cerca de los 10.000 que de los 20.000 que cacarean los políticos cuando suben a pedirles el voto y a prometerles todo lo que no tienen. Porque de las 24 aldeas aún hay dos que no tienen escuela y menos de la mitad tienen luz eléctrica -sólo 10-. Y no insistimos en el tema de la carretera...
La iglesia, con Chema al frente, ha construido seis puentes-hamaca para que la gente no se quede incomunicada y los niños puedan ir a la escuela (aún así, a día de hoy, algunos tienen que caminar diariamente 40 minutos desde su casa hasta el punto donde un autobús les recoge para llevarles al colegio). Con ayuda de la ong española PROCLADE han levantado un centro comunal que se utiliza para reuniones y, sobre todo, para dar formación específica en temas relacionados con la vida en el campo. Y en una aldea donde el gobierno había destinado un maestro pero no había construido la escuela, también han sido los católicos los que se han organizado para levantarla. 
Chema le quita importancia a todo lo que ha hecho. Es un misionero que habla poco y sonríe mucho. Que escucha a su gente y la apoya pero que respeta sus ritmos y sus formas. Y son los laicos los que nos explican que ya tienen agua en las casas. Que la ayuda que ha ido recabando el padre Chema ha sido importantísima para conseguirlo. Y que ya tienen taza del báter. Es una letrina que aquí llaman "baño lavable". Y que ahora los promotores de salud formados por la iglesia católica notan que ha disminuido el número de casos de diarreas y enfermedades estomacales. 
Cuando les decimos que somos un programa católico nos cuentan orgullosos que han construido doce capillas y que son ellos, los delegados de la palabra, los que celebran cada domingo en todas ellas. "El padre Chema nos visita una vez al mes y celebra la misa para nosotros. Y siempre que puede viene hasta dos veces". Pero las condiciones de los caminos no siempre lo permiten. Para llegar a la comunidad más lejana del centro misional hay que cabalgar a lomos de mula tres horas. Tres horas de ida y otras tres de vuelta, claro.
Después de escuchar a todos los líderes campesinos que nos han recibido como hermanos en El Cangrejal, tuvimos la suerte de conocer a varias de sus familias y de compartir con ellos su casa, sus alimentos y su conversación. Queremos dar las gracias a la familia de María y Mario por los jugos de piña y las tortillas con frijoles. También acordarnos de la familia de Berto y Salvadora por habernos dejado compartir con sus cuatro nietas de 10, 12, 14 y 16 años, una mañana de muchísimo calor junto al río Cangrejal. Y, por supuesto, al bueno de Matías por habernos prestado su caballo para grabar una secuencia con Chema y así poder explicar en la tele cómo viven y cómo construyen el Reino de Dios en la tierra. 
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Santiago Riesco    2.may.2013 15:16    

Rita y los milagros de la biosalud

TVE Siloe
A poco más de veinte minutos de La Ceiba, donde empieza la falda de la montaña, se encuentra el centro de medicina natural integral Siloé. Desde hace 12 años, gente de todo el país se desplaza hasta aquí para curar sus males con el uso de distintas terapias limpias.
La hermana Rita está al frente de este rincón milagroso. Nos recibe con un jugo verde delicioso y, por lo visto, muy beneficioso. Es una Misionera Cordimariana que nació hace 70 años en Zacatecas (México), que vive en comunidad con la hermana Margarita, otra mexicana -ésta del DF- en el barrio más complicado de La Ceiba, en Las Mercedes, rodeadas de mareros, pobreza y mucha violencia.
El centro es una auténtica maravilla. Aquí cultivan las plantas, frutos, flores y hierbas que luego preparan para venderlos a precios populares. Pero lo mejor de todo no es que vendan una miel deliciosa, jarabes para la tos, gotas para el reúma, cremas para la piel o pastillas para el tránsito. Lo mejor es que tienen una consulta para el diagnóstico biomagnético y le dicen a uno qué es lo que tiene mal y el tratamiento que necesita. Otras veces -no pocas- son los médicos los que mandan a los pacientes desahuciados con enfermedades complicadas para que desde Siloé les ayuden a mejorar su calidad de vida y, en ocasiones, a curarse. 
Ni qué decir tiene que todo el equipo aprovechamos para que nos hiciesen un diagnóstico biomagnético y, de paso, comprar un saco con todos los jarabes, píldoras y hierbas para mejorar nuestra maltrecha salud sin temor a los efectos secundarios. 
"Aquí viene gente que ha tenido, por ejemplo, una llaga durante más de veinte años y, con medicina natural, la hemos curado en menos de quince días". La hermana Rita, que habla suave y se mueve con dulzura entre pacientes y colaboradores, insiste en el poder de la orinoterapia. Y habla de cómo se pueden curar enfermedades que para la medicina convencional son incurables. Y nos pone ejemplos de familias que vienen desde los rincones más apartados del país para que ellos les curen. El calor mientras grabamos se hace cada vez más sofocante y la hermana Rita nos ofrece "horchata", otro de sus zumos. En esta ocasión es blanco, menos dulce aunque igual de sabroso.
La hermana Rita, junto con sus doce colaboradores, ha atendido el último año a más de 5.000 pacientes. En Siloé se han dado alrededor de 160 cursos de biosalud y han recibido la visita de medio centenar de centros educativos.
A nosotros nos sigue sonando muy mal eso de la orinoterapia, pero algunas técnicas de esta medicina natural se van imponiendo porque su eficacia es incontestable y sus efectos secundarios inexistentes. El uso del áloe vera, la moringa, la soja, la meditación y el ejercicio moderado son aceptados en casi todo el mundo como algo muy beneficioso. En Siloé, además, saben cómo usarlo, quién lo debe usar, cuándo y para qué. 
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Santiago Riesco   30.abr.2013 15:26    

En el paraíso de los garífunas

TVE Garifunas
En casa de Loyda, líder garífuna, cocinando con algunas de sus vecinas en la colonia Lacayo, dentro del sector Rivera Hernández de San Pedro Sula.

Wátina es la palabra que usan los garífunas para refererirse a la llamada que sienten estos afrodescendientes caribeños cada vez que tienen que hacer algo juntos, solidariamente. Y eso es lo que comprobamos el otro día en casa de Loyda, una de las líderes de la comunidad garífuna urbana de San Pedro Sula. En cuanto supo que queríamos grabar su barrio, su casa, su familia... llamó a todas sus vecinas y nos montaron una fiesta en un santiamén. La hospitalidad y la acogida son una de las señas de identidad garífunas, un pueblo que celebra los 216 años de su llegada a Honduras compartiendo su lengua, su cultura, su gastronomía, su folclore y sus ganas de vivir con todos los "ladinos" (así llaman a los blancos).

En el Caribe

Después de conocer a Loyda, a Triffy, a Botellita, a Nandi, a Lucy y a todas las mujeres garífunas de la comunidad urbana, nos desplazamos a la costa, al lugar del que proceden casi todas ellas. Ayer, domingo, llegamos a La Ceiba después de tres horas de viaje por carretera. Aquí hay otra misión claretiana que también atiende dos pueblecitos costeros mayoritariamente garífunas: Corozal y Sambo Creek. 

Se trata de dos destinos turísticos muy apetecibles, en el costa Atlántica, bañados por el Mar Caribe y justo enfrente de Los Cayos, uno de los lugares que más visitantes recibe en Honduras. Aquí la ongd española PROCLADE está apoyando varios proyectos de desarrollo gestionados por la comunidad garífuna. 

En la playa de Corozal han construido dos grandes chozas abiertas, con suelo de cemento, que sirven para que la comunidad tenga sombra durante todo el año junto al mar pero, sobre todo, sirven para que los garífunas puedan vender comida y bebida para financiar sus actividades.

En Sambo Creek han financiado varias lanchas que hacen las veces de taxis entre la playa y Los Cayos. También han construido dos casitas a pie de playa donde los turistas pueden dormir como si fuera un hotelito típico de la zona. 

En Corozal, el joven Nelson -responsable de la pastoral garífuna- nos invitó a participar de la misa que celebran cada semana en la capilla dedicada al Cristo negro de Esquipulas. El templo es pequeño, sencillo, como una caja de zapatos casi en la misma orilla del mar. Los tambores y las danzas son la seña de identidad. Aquí se reza con todo el cuerpo, de pie, en un movimiento constante, levantando las manos y volviéndolas a bajar. Es una celebración viva, con unas ofrendas generosas pensadas para compartir con los que menos tienen. Y aunque no sabemos garífuna, nos ha sido muy fácil participar de su alegría y su necesidad de expresarla y contagiarla.

En la misa sólo había mujeres y niños. Los hombres, Nelson y párroco incluidos, se contaban con los dedos de una mano. A la salida las mujeres nos lo explican: "Nuestro pueblo es un pueblo de pescadores. Los hombres casi siempre han estado fuera mientras nosotras rezábamos por ellos". Y así es. La mayoría de los hombres garífunas están embarcados como marineros y pescadores en grandes buques; y los que no, están en Estados Unidos buscándose la vida para enviar algo de dinero a sus familias. Las mujeres garífunas, como en la mayoría de las etnias africanas, son las que llevan el peso de la casa, los hijos, las tradiciones y la fe. Aunque estas africanas vivan desde hace más de doscientos años en el paraíso.

 

 

 

Santiago Riesco   29.abr.2013 13:49    

"Mi mamá es mi maestra"

TVE Madres maestras
En total son más de 170 las mujeres de las barriadas más pobres y conflictivas de San Pedro Sula las que, voluntariamente, gratis, sin remuneración de ningún tipo, mantienen en pie los 22 jardines de infancia del proyecto "Madres maestras". La animadora general es una misionera claretiana de Calatayud, Consuelo Martínez. Consuelo lleva los últimos 18 años viviendo en Honduras y dedicando todas sus energías a este milagro educativo.
El progama "Madres maestras" nació en 1970 en Panamá. Las madres que trabajaban no tenían con quien dejar a sus niños pequeños antes de que comenzaran la escuela. Y se organizaron. La Iglesia animó esta iniciativa dotándola de una organización interna y una fortaleza educativa que, 43 años después, sigue funcionando perfectamente. 
En San Pedro Sula funciona desde que sor Consuelo llegó al país. Ni la malaria ni el dengue hemorrágico que ha sufrido esta religiosa -que recién ha cumplido 70 años- han podido detener la fuerza de las madres y su esfuerzo para que sus hijos reciban una educación de calidad.
Una vez al mes las 170 madres voluntarias se reúnen para recibir formación. Normalmente hay diez voluntarias en cada jardín de infancia, dos para cada día de la semana. El horario que cubren es de 7:30 a 11:30 y está incluido el almuerzo, que aquí llaman "merienda". Esta comida la hacen las madres de los pequeños en las cocinas mejoradas que existen en todas y cada una de las guarderías.
Cerrito Lindo
Hace dos años, el jardín de infancia de Cerrito Lindo, en el barrio de Rivera Hernández, tenía 4250 alumnos. El año pasado bajaron a 38. Este curso sólo hay nueve críos. Y las madres maestras también han descendido hasta quedarse en media docena. ¿Por qué? Al principio nadie nos sabía dar una explicación. La espiral de silencio originada por el miedo y la violencia hacen muy complicado comunicarse y entender la realidad social de este barrio de San Pedro Sula. Finalmente las voluntarias se abren y nos lo cuentan. Resulta que el jardín de infancia de Cerrito Lindo (de nombre "Con flores a María") se encuentra en un territorio fronterizo disputado por dos bandas armadas: "En la parte de arriba del barrio están "Los Ponce" y en la parte de abajo "La 18" y andan todo el día a balazos. Las mamás tienen miedo de que maten a sus hijos. Y por eso no los traen".
Mabel, la animadora del jardín de Cerrito Lindo, cuenta que todos los años, antes de comenzar el curso escolar, en el mes de enero, visitan las casas de los vecinos donde saben que hay niños en edad de ir al "kinder" para invitarles. En el resto de jardines de infancia las madres maestras van de dos en dos. En Cerrito Lindo las seis van juntas porque se trata de una "zona caliente".
Otros centros del sector Rivera Hernández han pasado antes por esta situación. Hace un par de años sucedió lo mismo en el jardín "6 de mayo". Casi se quedan sin niños porque dos bandas se disputaban el territorio y las familias temían llevar al niño a la guardería. Hoy de nuevo tiene medio centenar de críos preparándose para ir a la escuela y permitir a sus mamás trabajar en la maquila o sirviendo en una casa pudiente mientras otras mamás son sus maestras.
El futuro, en San Pedro Sula y especialmente en este violento sector de Rivera Hernández, pasa por la educación. Y las madres lo saben.
 
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Santiago Riesco   27.abr.2013 04:21    

"A mi hijo le metieron 27 balazos"

TVE VIH
Con un grupo de "madres afectadas" en la Ciudadela Claret de San Pedro Sula (Honduras)

 

Estamos en el sector Rivera Hernández, el barrio más peligroso de la ciudad con el índice de asesinatos más alto del mundo. Aquí la vida no vale una mierda. Nada. La gente cuando sale de casa piensa que quizá no vuelvan más. Te recomiendan que entre las siete y media de la noche y las siete y media de la mañana no camines por la calle. Tampoco acompañado. Si vas en coche tienes que ir con las ventanillas bajadas para que las bandas que manejan los distintos territorios te vean las caras. Si la mara que controla esas calles por las que pasas dice que tienes que poner la luz de peligro, la pones. Si los narcos que gestionan ese pedazo de barrio dice que hoy no se puede ir con zapatos negros, te los quitas. Si le pegan un tiro a tu hijo y reconoces a los dos muchachos que le han metido 27 balazos, y les ves cómo se ponen el casco antes de subirse otra vez a la moto. Te callas. Y no vas a denunciar porque la Policía y el Ejército son aún peores. La impunidad es total. Y te arriesgas a que te "ultimen" a ti también. Y no de un modo limpio. Aquí las muertes son con ensañamiento. Hoy mismo el periódico hablaba de un asesinato en "la Rivera Hernández" a machetazos en la cabeza. El tipo en cuestión había sido encontrado atado de pies y manos en su casa. La noticia apenas era un breve que ocupaba poco más de ocho líneas. La muerte es el pan nuestro de cada día.

Hoy hemos entrevistado a dos madres que han perdido a sus hijos asesinados por las bandas organizadas de delincuentes que tienen sometida la ciudad de San Pedro Sula. Especialmente el sector Rivera Hernández. Un barrio en el que los taxis no entran, en el que los del mantenimiento telefónico sólo acuden con protección policial. Un barrio donde cada hora "eliminan" a una persona. Un barrio con más muertes que cualquiera de las guerras que ocupan las portadas de los grandes telediarios internacionales. Una de ellas nos contaba que estuvo a punto de no acudir a la cita porque nada más salir de casa oyó muy cerca dos disparos. "Tengo tres niños pequeños de mi hermana que murió de VIH, y me da miedo que me los puedan matar como a mi hijo". A su hijo le acribillaron en el porche de su casa este mes de enero. Apenas tenía 19 años recién cumplidos. "A mi hijo le metieron 27 balazos y fui a la Policía a pedirles que me dejaran enterrarlo, aquí nadie denuncia, no sirve para nada".

Otra de las madres que nos ha contado su testimonio es aún más directa: "La corrupción alcanza a todos, y nadie quiere hacer nada". A ella le han matado dos de sus ocho hijos además de a dos de sus yernos. Tres de ellos fueron de una tacada en el 2006, al último lo acaba de enterrar hace una semana.

"Cuando veníamos para acá hemos oído una tableta de ocho disparos y ni nos hemos inmutado", comentan Eric y Melvin, dos jóvenes de la parroquia que viven en el barrio y conocen a los que matan y a los que son matados. Dos universitarios de 21 y 24 años que no tienen miedo a los fusiles de asalto, ni a las pistolas de 9 milímetros, ni a los revólveres del 38. Ellos creen que en su barrio hay futuro. Que en "la Rivera Hernández" son más los buenos chicos que los otros, los que la droga ha convertido en mafiosos sin escrúpulos. Insisten en que una bala suena más que un beso y un abrazo, pero que son infinitamente más estos últimos.

Y los misioneros claretianos lo dejan también muy claro: "Nosotros de aquí no nos vamos". Llevan 40 años en San Pedro Sula. Cuatro décadas en las que han visto cómo se degradaba el barrio, cómo la violencia se apoderaba de cada calle, de cada cuadra, de cada casa. Y también creen en que algún día esto tendrá que acabar. En que no es sostenible una vida en la que apenas si quedan rendijas por las que respirar. 

Desde hace diez años, la parroquia celebra la Jornada por la Vida. Los muertos se recrudecen antes, durante y después de la semana de actos convocados para denunciar las muertes gratuitas. Y los cristianos, ante las amenazas, comienzan a cuestionarse si merece la pena seguir en esta lucha inútil. Si este año saldrán por las calles para denunciar la impunidad. Si basta sólo con rezar. Y Eric responde con firmeza, sin titubear: "Como cristianos no nos podemos callar. No podemos esperar a que sean las piedras las que se pongan a gritar".

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Santiago Riesco   26.abr.2013 06:01    

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