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África y el Franco CFA

Los cambios tecnológicos y la explosión de las redes sociales han permitido una nueva oleada de movilización en los colectivos africanos. En lugares donde los medios de comunicación, generalmente controlados por Gobiernos y oligarquías, no daban acceso a voces discordantes, Twitter, Facebook o Instagram se han posicionado como soporte para las grandes aventuras. Es el caso del #FrontAntiCFA que desde Senegal ha lanzado una campaña de protesta para que los 15 estados africanos que tienen como moneda oficial el Franco CFA puedan recuperar su independencia monetaria.

 

Para entender que es el CFA, hay que remontarse hasta la década de los 40. África fue un lugar importante para Francia durante la Segunda Guerra Mundial, Brazzaville llegó a ser la capital de la Francia libre e incluso el General Charles de Gaulle llegó a tener allí su cuartel general, que hoy acoge la Embajada de Francia y un pequeño museo sobre el paso del militar que ejerció de líder frente a la invasión nazi.

Una vez finalizada la contienda, se creó el Franco CFA como moneda para las colonias africanas francesas, con un tipo de cambio vinculado directamente al Franco. Las independencias  que arrancaron a finales de los 50 y durante los 60 en todo el continente, no fueron motivo suficiente para que aquellos Estados tomaran completamente las riendas de su propia soberanía.  A través de dos bancos centrales que se ocupan de la gestión de la moneda, Francia ejerce de autoridad monetaria y garantiza un tipo de cambio estable con el euro, situado hoy en 655,957 CFA por cada euro. En África Occidental, adoptaron esta moneda como oficial en Senegal, Costa de Marfil, Malí, Burkina Faso, Níger, Togo y Benín, países a los que se unió posteriormente Guinea Bissau, antigua colonia portuguesa. En África Central es la moneda de Camerún, Chad, Gabón, República Centroafricana y Congo-Brazzaville, además de Guinea Ecuatorial que en los ochenta se sumó al club. Igual ocurre en las Islas Comoras, que de la misma forma funciona con el franco comorano.

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Fuente: Tesoro de la República Francesa

Los defensores del franco CFA aseguran que es muy positivo para los países africanos, pues tienen la fortaleza derivada del euro, prometen una inflación controlada y facilita los intercambios comerciales con Europa y entre ellos. Pero esa estabilidad es para Kemi Seba, promotor del Frente Anti CFA, una muestra del neocolonialismo que impide a África tomar su propio camino. “Cuando un esclavo trabajaba en las plantaciones también tenía estabilidad. Sabía que su vida iba a ser igual cada día. Nosotros preferimos coger otro camino aunque tenga más riesgos, pero al menos seremos dueños de nuestras decisiones”, aseguraba en Cinco continentes de Radio 5. Este comunicador, que desde la ONG Urgences Panafricanistes, ha organizado protestas simultáneas en varias ciudades, asegura que no es sólo un tema económico.Asegura que es también una manera de perseguir “de verdad ese proceso de independencia por el que se levantaron nuestros padres y por el que muchos murieron. Ahora tiene que avanzar en la eliminación de esta moneda para monos, así hay que llamarla, para arrancar un camino sin retorno hacia la soberanía política, intelectual, cultural y económica de todo el continente.”

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Kemi Seba, promotor de Urgencias Panafricanistas.

Para garantizar esa estabilidad, el tesoro francés exige que los estados africanos que participan en la zona CFA depositen  la mitad de todas sus reservas en divisas como garantía, lo que según Kemi Seba es la renuncia a toda soberanía y la sumisión a los dictados de Francia, la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional. “Es curioso que se convoque una cumbre de Jefes de Estado africanos sobre Economía y por allí aparezcan el ministro francés de Finanzas y la directora del Fondo Monetario Internacional. Casualmente la conclusión es que, en países con muchos recursos naturales y grandes bolsas de pobreza, la solución es la aplicación de la austeridad presupuestaria”, afirma el economista y profesor universitario congoleño Noël Magloire Ndoba, antaño decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Marien Ngouabi de Brazzaville. La realidad es que cada seis meses, los ministros de finanzas de la zona CFA se reúnen con su homólogo francés. Y lo cierto es que asomarse a las pequeñas tiendas de ciudades como Brazzaville o Cotonou, muestran que prácticamente todos los productos de alimentación manufacturados importados proceden de Francia. Aunque la visita también depara sorpresas al ver que el vino en tetrabrick que se vende en las estanterías africanas es español.

El movimiento ha cogido fuerza en los últimos meses y el siguiente paso a dar para Kemi Seba es la creación de una moneda africana que anime la unidad económica y política de África, pero Noël Magloire Ndoba señala que hay que actuar con cautela. “Una posible solución, más prudente, sería crear dos monedas subregionales aprovechando las ramas actuales del CFA y sumar a otros países potentes como Nigeria en África Occidental para reforzar las nuevas divisas. A partir de ahí, y según avance la integración comercial africana y la eliminación de visados, se podría plantear una moneda única para todos. Pero hay que tener muy presente el ejemplo del euro y no lanzarse a unificar mercados sin antes establecer políticas comunes e instituciones federales para evitar colisiones o desequilibrios internos”.

Los dos reconocen que con una moneda distinta al Franco CFA no se van a solucionar los problemas.  Seba relaciona directamente la corrupción gubernamental con un control teledirigido de la economía, asegura que “la mayoría de los jefes de estado en la zona del franco actúan mal por sus propios intereses, sólo piensan en sus  bolsillos. En este juego, las empresas francesas se llevan la barra de pan, los presidentes  se quedan con las migas para vivir como pachás, y los africanos se mueren de hambre”. “El principal problema es la gobernanza, hay que pasar página a los Gobiernos malos, que a pesar de contar con recursos naturales, gestionan mal, roban y obliga a los países a asumir deuda externa que al final adquiere tal tamaño que condena para siempre a los ciudadanos”, señala Ndoba.

El próximo 11 de febrero, el Frente Anti CFA ha convocado protestas en hasta 30 países, para exigir soberanía monetaria y económica pero también para reclamar a sus gobernantes que piensen más en la gente que en sus propios bolsillos.

 

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Santiago Barnuevo    1.feb.2017 12:52    

Emergencia en el corazón de África

Esta es una tragedia de largo recorrido, pero por aquí no hace mucho ruido. En en el entorno del Lago Chad se vive una de las peores emergencias de los últimos años. Más de ocho millones de personas necesitan hoy ayuda humanitaria. Muchos son desplazados por la violencia de Boko Haram, y por la miseria que tanto tiempo de barbarie ha dejado. Según ACNUR, hay más de dos millones de desplazados, principalmente en Nigeria, pero también en los países colindantes que también sufren las consecuencias de la gran fuerza que cogió este grupo en los últimos años.

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Hace unos días el mundo se echaba las manos a la cabeza porque un avión del Ejército de Nigeria dejó caer al menos dos proyectiles sobre el campo de desplazados de Rann. Es un lugar, muy apartado del país, casi en la frontera con Camerún. Está a unas tres horas por carretera de Maiduguri, capital del Estado del Borno y donde está el centro sanitario decente más cercano. Es una zona en la que las Naciones Unidas prohibían el acceso del personal humanitario hasta hace bien poco ya que, allí, día sí y día también, Boko Haram y el Ejército no paran de lanzar ataques. El secretario general de la Cruz Roja nigeriana nos explicaba el día de la tragedia que "habían dado la autorización de seguridad necesaria hace 15 días y habíamos empezado a repartir ayuda que llevaba meses sin llegar". Y la población está en medio. En ese campo hay 25.000 personas que huyen de los terroristas pero que también sufren la contundencia de los militares. Son muchas las denuncias sobre la brutalidad de las fuerzas armadas nigerianas que, en ocasiones, la toman contra gente que ya ha vivido antes bajo la barbaridad de Boko Haram. Ese día murieron al menos 90 personas, según Médicos Sin Fronteras, aunque otras fuentes elevan la cifra a casi 200. “La mayoría de los fallecidos y heridos eran mujeres y niños”, según explicaba Mohamed Musoke, coordinador médico de MSF en Rann.



Aquel ataque dejó cientos de heridos que tuvieron que ser evacuados de manera urgente hasta Maiduguri. El Gobierno de Nigeria asegura que fue un error, que confundieron el lugar con una base de Boko Haram, pero la gente está ya harta. Esta es probablemente la situación más extrema de una emergencia a menudo ignorada, y que no deja de ser habitual, porque según Lilian Kastner, jefa de Emergencias de UNICEF en Chad, "por un lado están los militares y por otro, Boko Haram. Los niños viven situaciones dramáticas terribles, hay unos niveles de malnutrición muy elevados". Las poblaciones cercanas al Lago están a merced de continuos ataques que obligan a un desplazamiento masivo por que, cuando el grupo terrorista ataca "lo hace para abastecerse, pero de paso se lleva a la población, sobre todo a los niños para trabajar y a las niñas para explotarlas sexualmente", añade.

 

 

 

La vida en los campos es "sumamente difícil", como recuerda Pablo Yuste,  jefe de la base logística del Programa Mundial de Alimentos en Las Palmas, que ha participado en la implantación del servicio de reparto de ayuda humanitaria de las Naciones Unidas, "la población está desesperada, desplazada de sus pueblos, les hostigan en los campos, lugares enormemente agresivos, con miles de tiendas sin policía, sin servicios, sin asistencia sanitaria. Ya es un drama estar allí, pero imagínate no poder ni fiarte de un niño pequeño porque igual Boko Haram ha cargado su mochila con explosivos".

La población se desplaza del campo a las ciudades, donde creen que están más protegidos, aunque en Maiduguri se han producido atentados sin cesar en mercados o mezquitas. Pablo Yuste asegura que “en las ciudades como Maiduguri ha mejorado la situación, hacen vida relativamente normal, pero también se viven momentos complicados porque mucha gente ha llegado huyendo y los servicios no dan para todos. Además, cada cierto tiempo hay atentados suicidas en mercados o mezquitas.

En el vecino Níger la cosa no está mejor. Hay 300.000 personas desplazadas en la región de Diffa que viven en campos cada dos por tres atacados. Y son acogidas por parte de la población local "ya de por sí, tremendamente pobre", según Álvaro Pascual, responsable del país en Acción contra el hambre.  Explica que no es nada optimista a corto plazo porque "en los próximos meses arranca el periodo de siembra, el de mayor carestía de alimentos, y la situación se empeorará por que habrá que exprimir al máximo los pocos recursos en un clima de violencia".

Sin duda, el mejor reportaje que leerás en castellano sobre esta tragedia es el publicado en Revista 5W por Xavier Aldekoa. Es fundamental no olvidarse de ella.

 

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Santiago Barnuevo   27.ene.2017 18:52    

Crecer en Benín

La Fundación Alaine organiza una cena solidaria este viernes en Tres Cantos para recaudar fondos para el Centro de Recuperación nutricional Louis Amigó de Nikki (Benín) gestionado por las Hermanas Terciarias Capuchinas. http://www.fundacionalaine.es/proyecto-en-marcha/

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Todas las fotos son de Pablo Garrigós Cucarella. http://www.pgarrigos.com/

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A veces uno necesita tiempo para asimilar las cosas. Han pasado cuatro meses desde que estuve en Benín, un país del que rara vez se habla por aquí. Tiene la fortuna de ser bastante tranquilo, sin esas guerras atroces que de vez en cuando - no siempre- captan la atención en los grandes medios, pero es un lugar en el que pasan cosas. La pobreza, sin ir más lejos. A pesar de esa calma y de asistir ya a dos transiciones políticas tranquilas en la última década, Benín ha empeorado en los últimos años en esas cifras 'macro' que, a través de informes, pretenden dar una imagen real de lo que vive su gente.

Benín tiene un gran problema, más o menos el mismo que la gran mayoría de países africanos, la falta de oportunidades y un futuro difícil. El acceso a la alimentación es un serio reto para los 11 millones de personas que viven en este país del tamaño de Portugal situado junto a Nigeria, y que está a expensas de la volátil economía vecina. Estar al lado de la hasta hace poco mayor economía de África no augura nada bueno si ésta precisamente vive ahora una crisis de caballo por la caída del precio del petróleo. Benín tiene oportunidades para el desarrollo gracias al puerto de Cotonou, que sirve de punto de descarga para el suministro de mercancías a Níger y Burkina Faso. La alargada figura del país está marcada por carreteras en estas dos direcciones. Cientos de camiones cargados las surcan día y noche, por lo que se podría esperar cierto nivel de desarrollo a su alrededor. Es así junto al asfalto, pero apenas a unos cuantos kilómetros, el mundo es otro. Aldeas de pequeñas casuchas bajo cuyos techos viven familias con nada. La supervivencia diaria es su vida.

Al tener dos estaciones meteorológicas diferencias, la húmeda y la seca, el país consigue abundantes cultivos  una mitad del año, mientras que en la otra mitad se quedan a verlas venir. Y esto tiene efectos terribles en lugares como Nikki, una población pegada a la frontera nigeriana, en el noreste del país. Allí, las monjas Terciarias Capuchinas tienen desde hace años un centro de atención a menores malnutridos en el que salvan vidas. Hacen un trabajo increíble que recibe ayuda desde distintas organizaciones españolas. 

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Hasta allí acuden muchas familias desesperadas por la salud de sus hijos. Son muy pequeños y, prácticamente desde que nacieron, no han recibido una alimentación mínima. No te puedes creer la edad que tienen de lo menguados que están, aunque si te fijas un poco, su mirada te cuenta cómo están y cuánto han tenido que vivir en tan poco tiempo. Junto a ellos están sus madres que se internan en el centro para su recuperación, pero también para aprender a alimentar correctamente a sus hijos. Por lo general, son chicas muy jóvenes que ni siquiera han tenido tiempo de pasar de ser niña a madre y en este lugar encuentran un apoyo que comparten en comunidad junto al resto.

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En el patio, todas se reúnen. Ríen y se sientan junto a unos chicos que recuperan ese instinto para el juego. De momento, sólo es un intento.

De repente, encuentras una habitación silenciosa, en penumbra, donde apenas se escucha el zumbido de una máquina. Es una de las incubadoras que envió Cáritas de Cuenca, y en la que está un pequeñísimo bebé. Sietemesino, me pregunto realmente cómo en este entorno y en estas condiciones, tiene la fuerza suficiente para estar todavía aquí. Está tranquilo, muy abrigado, y los ojos de quienes cuidan de él brillan con pasión. Es el más mimado, del que todos están pendientes. A pesar de las dificultades, la vida se abre paso y poco a poco se esquiva el primero de los muchos y altísimos obstáculos que van a enfrentar.  Poco a poco, crecen.

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En el comedor, madres e hijos se juntan en la mesa. Pablo se asoma con una aparente timidez que es puro cariño. Se asoma, sonríe y consigue una respuesta tan buena como sus fotos. No es fácil que alguien te quiera mostrar su miseria, pero él es especial. Es un ser humano extraordinario. Capta esos ojos cansados, a los que parece faltar fuerza para sostenerse. También, la avidez con la que se lanzan al plato. Y por supuesto, la sonrisa que intentan ocultar las madres, mezcla de los nervios que provoca el fotógrafo batoure (blanco) con la sensación de ver finalmente a sus criaturas ganar peso. Al fin empiezan a tener lo que a nadie debería faltar.

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La realidad es así. Tan jodida y tan cruda. 

 

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Santiago Barnuevo   16.nov.2016 11:48    

La rebelión de Faten por Yemen

 

Faten es una mujer yemení a la que más o menos las cosas le iban bien hasta marzo de 2015. Tuvo la oportunidad de estudiar y tenía un buen trabajo. De repente, se convirtió en testigo de cómo su país se lanzaba de cabeza por el precipicio. Y una amiga suya, Eva Erill, empezó desde España a pensar en qué podía hacer para ayudar al país que pudo disfrutar cuando era un país difícil, pero sin guerra.

Cuenta que en un arrebato creó Solidarios sin fronteras para enviar ayuda. Le preguntó a Faten que buscara una organización local con la que poder trabajar. Y dijo que ella misma se iba a encargar. Obviamente, su ayuda no va a salvar a su país pero para esta joven yemení supone su particular acto de rebeldía cívica ante lo que ve como el asesinato masivo de su pueblo. Eva busca y consigue fondos desde Barcelona, y Faten busca y compra comida, agua o combustible que reparte luego entre las familias que peor lo pasan. Son miles los que han perdido todo y no tienen nada.

Porque la tozuda realidad es que Yemen vive desde hace más de año y medio una guerra que ha matado al menos a 10.000 personas. Pero no es un conflicto prioritario más que nada porque no vemos por ninguna parte a los 2 millones de personas que han tenido que huir de sus casas. Es un conflicto realmente crudo, donde la población está en medio de dos grandes actores regionales.

Por un lado está Irán, que apoya a los huthíes chiíes del norte que obligaron en marzo de 2015 al Gobierno de Abd Rabbuh Mansour Hadi a huir hacia la costa. Por otro lado, está la coalición liderada por Arabia Saudí y las monarquías del Golfo Pérsico (Qatar, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait), que quieren evitar a toda costa que Teherán incremente su influencia. Lo hacen con el apoyo más o menos explícito –según el día- de Estados Unidos.

A la familia Saud no le hace ninguna gracia pensar en un Yemen que no pueda dominar. Un país que muchos han calificado como un Estado fallido ya que Al Qaeda domina desde hace años una parte importante de su territorio.

Utiliza bombas de racimo sobre la población, según denunciaba esta semana la organización Landmine & Cluster Munition Coalition, una coalición contra el uso de este armamento. También ha sido el motivo que ha proporcionado uno de los momentos más patéticos de la historia de las Naciones Unidas. Cuando su secretario general, Ban Ki Moon, se atrevió a incluir a esta coalición en la lista de las organización que atentan contra la infancia en las guerras. Tuvo que recular y reconoció públicamente haber tomado la decisión más difícil de su vida porque Riad amenazó con retirar la financiación de millones de dólares en ayudas a las agencias internacionales. Una prueba de hasta donde se puede llegar, y de quien manda realmente en la llamada comunidad internacional. Médicos sin fronteras ha denunciado además, numerosos ataques contra los centros en los que trabaja. Son sólo ejemplos de que Yemen se ha convertido en un gigantesco desastre que todos denuncian, pero que nadie con poder parece querer atender.

La guerra de Yemen además ha abierto la puerta del país a DAESH, un nuevo actor que ha cometido atentados sangrientos con decenas de muertos, el último hace tan sólo unos días se llevó la vida de 60 personas. Desde el estallido del conflicto han sido muchos y varios centenares de muertos en mezquitas o mercados. Siempre contra el pueblo yemení, sean chiíes o sunníes.

Este es un relato de los hechos seguramente muy simplificado, ya que todo lo que ocurre en Oriente Próximo siempre tiene más aristas de las que parece. Siempre hay algo más de lo obvio. Pero nos sirve para hablar de Faten, Eva y todos los que intentan que este desastre humano acabe algún día.

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Santiago Barnuevo    2.sep.2016 11:10    

Asilo y soledad, la vida de 7.000 menores refugiados

Escucha el reportaje en 'África Hoy' de Radio Exterior

Imagínate que tu vida es tan miserable que sólo piensas en huir. Que en plena infancia todos los días te pegan, te violan, te obligan a trabajar de sol a sol, y que incluso es tu propia familia la que te entrega a un señor que te esclaviza.

Esta es la vida que sufren miles de niños y niñas que intentan llegar a Europa pensando en una vida mejor, y que según el informe 'Un peligro en cada etapa del camino' presentado por UNICEF, pone de manifiesto la realidad que han vivido más de 7.000 menores no acompañados que han llegado a Italia a través de la ruta marítima desde Libia en lo que va de año. Es el doble de los registrados en la primera mitad de 2015 y casi todos, nueve de cada 10, llegan solos.

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El fondo de Naciones Unidas para la Infancia ha recopilado varios testimonios de jóvenes llegados desde países como Siria, Irak, Afganistán, Eritrea, Gambia o Nigeria. También de Somalia, desde donde Omar arrancó un camino a través de media África para huir de Al Shabaab y que por poco estuvo a punto de acabar en el fondo del mar.

No es el único. Peace, nigeriana de 17 años, se marchó lejos por que su tía quería casarla con un hombre mayor cuando sólo era una niña. Se negó. De Benin City fue hasta Agadez, en Níger. Y de ahí a Libia cruzando el desierto de la mano de las mafias. Hoy, ya en Sicilia, asegura que "si llego a saber lo duro que iba a ser esto, me habría quedado sufriendo en Nigeria".

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"Han tenido que atravesar tres o cuatro países", asegura Sara Collantes, especialista en políticas de Infancia de UNICEF, que explica que estos menores están totalmente a merced de los traficantes. "Para pagar el trayecto, les obligan a trabajar como esclavo y hasta que no reúnen el dinero, sufren todo tipo de abusos", añade antes de recordar a dos hermanos de Gambia, que contaban las brutales agresiones que sufrían si paraban de trabajar. No se olvidan tampoco de cómo les encerraban en una habitación al acabar la jornada. Y que no se les ocurriera intentar escapar porque les dispararían. 

Después, hay que subirse en una lancha condenada al naufragio. Al menos 2.500 personas han muerto este año en el Mediterráneo. Otros lo pueden contar gracias a los equipos de rescate.

Una vez pisan de nuevo suelo firme, sus sueños no acaban de cumplirse. UNICEF critica que los sistemas de acogida de los países europeos están completamente saturados, y de media, según Sara Collantes, "tardan un año en resolver una solicitud de asilo, un tiempo en el que cientos de niños y niñas permanecen en un limbo administrativo, totalmente desprotegidos y absolutamente inaceptable. Los Gobiernos tienen que recordar que han firmado las convenciones sobre Derechos de la Infancia, y están obligados a dar una respuesta apropiada". La organización asegura que actualmente hay 23.000 menores bloqueados en Grecia que llegaron a través de las islas griegas en busca de algo mejor. En estos momentos, la gran mayoría de ellos, todavía no lo ha encontrado.

Las fotos son de UNICEF.

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Santiago Barnuevo   14.jun.2016 19:18    

Ecuador quiere levantarse

 

Un desastre natural nos pilla a todos por sorpresa. Hay países con más recursos que pueden prepararse mejor para lo peor. Pero ni siquiera eso te libra. En Ecuador, y después del terremoto de magnitud 7,8 en la escala Richter que sacudió la costa pacífica, hasta el presidente del país, Rafael Correa, ha denunciado la mala calidad de la edificación. Lo decía horas después del sismo, mientras paseaba por las calles de ciudades como Pedernales, Manta o Portoviejo. Reconstruirlo todo va a costar miles de millones de dólares en un contexto económico complicado. Pero desde Ecuador llega la sensación de que todos están comprometidos en levantarse de nuevo.

El 16 de abril será para siempre el día en el que 20.000 personas se quedaron sin casa en un abrir y cerrar de ojos. Gente que te cuenta miles de historias, como explica Mariela García,  responsable de Salud Mental en la zona de Manaví-Santo Domingo, que al final coinciden en lo mismo. "Están doloridos de ver una ciudad que era tan próspera y tenía tanta alegría, y ahora sienten la tristeza al desplazarse y ver como las edificaciones, sus casas, ya no existen. Ya no están".

Mariela recuerda como todos los profesionales sanitarios se pusieron a trabajar nada más sentir el temblor. "Nosotros, que somos también afectados, que hemos perdido familiares, tenemos mucho dolor por dentro, por eso cuando Betty Roca y el equipo de Médicos del Mundo llegó, supuso el apoyo que necesitábamos. Nos dijeron lo que teníamos que oír".

El grupo de psicólogos que esta organización envió hasta Ecuador tenía como principal objetivo estar al lado de una población afectada, traumatizada incluso por un terremoto que les cambió la vida en unos segundos. Se trataba de escuchar, con especial interés en profesionales como Mariela que tenían que trabajar por los demás cuando por dentro también tenían mucho dolor. "Son damnificados en distintos niveles, afectados en lo personal pero sin prácticamente derecho a lamentarse porque de su trabajo depende la atención a los demás. Es importante darles un espacio de respiro para que puedan seguir con su labor ", nos cuenta Betty, que ha ejercido de coordinadora del equipo español de Médicos del Mundo. "Nuestro trabajo pasa por asegurarnos que la población tenga cubiertas las necesidades básicas y nos coordinamos con todas las estructuras que prestan apoyo psicosocial para que los afectados se sientan seguros".  Su profesionalidad no les exime del dolor. Tienen un corazón que también sufre con relatos tan duros a pesar de que en todo momento recuerdan que pronto volverán a España.  Su formación les permite cierto autocontrol en esos momentos. Pero al finalizar cada jornada, Betty recuerda que no son de piedra que necesitan hablar, "nos hace falta pasar por un proceso de descarga emocional entre nosotros, Es necesario ventilar todas esas emociones que aparecen de forma natural", añade.

Betty muestra preocupación por los miles de niños que se han quedado sin casas y escuelas en las ciudades más afectadas porque "ante al miedo generado por las réplicas, la gente se niega a permanecer dentro de las viviendas, por miedo, y viven en las calles, en asentamientos espontáneos. Y allí están también los niños, todo el día fuera, y se necesitan dispositivos que cuiden de ellos, porque esta situación puede ser un potencial peligro para ellos". Su trabajo en los albergues temporales habilitados por el Gobierno, también se centra en comprobar que los menores están bien atendidos y que nadie intente aprovecharse de su debilidad.

50 días después del terremoto miles de personas intentan recuperar sus vidas y como nos cuenta Mariela "aunque han perdido todo, su actitud es positiva. Tienen un nivel de resiliencia bastante importante que nos ha sorprendido a todos, acá en nuestro país. Es una lucha del vecino, del niño, del adolescente, del adulto mayor, de la persona con discapacidad, de todos,  para que Ecuador vuelva a resurgir". Eso lo van a tener que hacer ellos solos, pero uno poco de ayuda no viene nada mal.

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Santiago Barnuevo    3.jun.2016 22:54    

El cólera, entre la catástrofe y la pobreza

 

Siempre que se produce una catástrofe natural, entre las prioridades está evitar una epidemia de cólera. En Haití, la sufren de una manera trágica desde el terremoto de 2010. A pesar de la reconstrucción, el cólera nunca se ha marchado, y las organizaciones sanitarias hablan de 735.000 afectados desde entonces, con más de 9.000 muertos.

Pero el cólera no sólo es fruto de tragedias puntuales, también de los países que las viven de forma permanente por culpa de la pobreza. Es el caso de Zambia, un país en el que el cólera va y viene. Su capital, Lusaka, ha contado desde el año 2000 con varias epidemias que han dejado al menos 1.000 muertos.

La última fue hace seis años y, ahora, ante una nueva oleada de casos, Médicos sin Fronteras ha reaccionado junto al Gobierno de Zambia con la mayor campaña de vacunación que se ha hecho allí. Con miles de voluntarios situados en cuatro distritos de Lusaka, se han distribuido más de 420.000 dosis para proteger a buena parte de la población más vulnerable de una ciudad de 1,2 millones de habitantes.

 

 

No es la primera vez que Eva Ferreras se ocupa de una epidemia de cólera en Zambia y de la distribución de esa vacuna tan fácil de conseguir en España pero que allí sólo llega de manos de la Organización Mundial de Salud.

El cólera es una infección intestinal a lo bestia causada por una bacteria que llega al organismo a través de agua o comida contaminada. Tarda como mucho cinco días en provocar una diarrea aguda que si no se trata, acaba por deshidratar al enfermo que puede morir si no recibe tratamiento. Eva nos explica que la gente fallece “sobre todo por deshidratación” .  Y eso que el  tratamiento sólo se basa en beber suero oral. Pero añade, “aquí hay un problema también social, porque a veces apuran mucho antes de ir al médico por la estigmatización que tiene la enfermedad, y en ocasiones es demasiado tarde”.

Es una enfermedad de pobres, porque la falta de recursos ayuda mucho a su transmisión. Uno de los grandes problemas en Lusaka es la falta de infraestructuras de saneamiento. Las letrinas no son muy profundas y cuando llega la época de lluvias y alguien tiene la enfermedad, la transmisión al resto de la comunidad es muy sencilla.

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La vacuna está diseñada para administrarse en dos dosis y ofrece una protección que dura varios años pero en esta campaña, se ha preferido repartir sólo una para que llegue a un mayor número de personas como forma también de cortar su propagación. Otro de los grandes problemas a los que se enfrenta el equipo de vacunación es la falta de información de la población. A Eva le extrañaba al principio que algunos llevaran mascarillas "porque creían que se contagiaba por el aire, y luego a lo mejor no se lavaban las manos después de ir al baño”.

Por eso, además de vacunar también han organizado charlas en barrios y escuelas  para explicar de forma clara y sencilla como evitar la transmisión de la bacteria. Lo hacen de manera gráfica, “en formato cómic, para que todos aquellos que no saben leer sepan cómo evitar la enfermedad porque, muchas veces, es peor la falta de información que la situación sanitaria de la zona”.

A pesar del esfuerzo, el cólera todavía no se puede dar por desaparecido en Lusaka y en las próximas semanas, el equipo de Médicos sin Fronteras volverá a la carga en otros puntos del país para evitar una enfermedad que, por culpa de la pobreza endémica, se cobra muchas más vidas de las que debería.

Imagen de Santiago Barnuevo - RNE

(Eva Ferreras y Fran Luquero, de Médicos Sin Fronteras España en Lusaka, Zambia).

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Santiago Barnuevo   13.may.2016 10:00    

¡A por la Malaria!


Hoy, 25 de abril, es el día Mundial contra la Malaria. Una enfermedad que ya no existe en Europa según la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero que es todavía uno de los grandes retos sanitarios a nivel mundial.

Cada año, mueren cerca de 438.000 personas y hay más de 214 millones de casos, según el Informe mundial de 2015 que publica la OMS. Es una realidad que uno no acaba de entender hasta que ve con sus ojos los efectos. La fiebre se dispara y la persona queda anulada. Y si de la cena de tu familia depende de tu trabajo, el problema se multiplica en cascada. Cuando la malaria es tan habitual, se genera un hundimiento total en miles de pueblos, alejados de los centros de salud y hospitales, y que convierten la curación en toda una aventura. Por no hablar de lo que cuesta el tratamiento, una cifra que puede suponer  el tercio de los ingresos mensuales.

Mamá Monique vive en Madzia, un pueblo de la República del Congo al que cuesta llegar. Está en la región del Pool, la más castigada durante las últimas guerras civiles y que todavía sueña con el asfalto. La carretera desde Kinkala es "insoportable", como explican sus vecinos de manera generosa. Un camino con el que mi estómago no pudo. Adiós, desayuno.

Madzia es uno de los pueblos en los que Cáritas Kinkala, con la ayuda de Cáritas Cuenca, distribuye desde hace años mosquiteras entre la población para intentar reducir unas tasas de malaria alarmantes. Monique conoce muy bien esa carretera. Ha tenido que ir al hospital muchas veces para curarse. Pero ha pasado un año y ya no ha tenido que volver. Monique tiene desde entonces una de esas mosquiteras que en África se han convertido en la forma más barata y eficaz para evitar durante la noche las picaduras de los mosquitos que transmiten el parásito que provoca la Malaria. El trabajo de Cáritas en este perdido lugar del Congo también insiste en la sensibilización porque también es necesario adoptar ciertas costumbres para evitar que los mosquitos se hagan fuertes. Como explica Pascale Makela, secretario general de Cáritas Kinkala, "hay que convivir con los mosquitos pero no con la Malaria". Él y su equipo se encargan de visitar los pueblos. Reúnen  a los vecinos y les explican cómo se utiliza la mosquitera, cómo hay que cuidarla para que dure y cómo se puede luchar contra el mosquito de manera sencilla. 

 

 

Este vídeo forma parte de la exposición que Cáritas Cuenca ha organizado para celebrar sus 10 años de trabajo en el Congo. Ahora se puede ver en Ciudad Real y próximamente en más ciudades, además de estar de forma permanente en su página web. Un trabajo del que me enorgullece formar parte.

Acabar con la Malaria es muy difícil, pero cada vez hay más esperanza. El año pasado se aprobó la primera vacuna con cierta efectividad parcial, y buena parte del trabajo que ha permitido su diseño, se ha hecho en el Centro de Investigación de Salud de Manhiça, en Mozambique, gestionado por el Instituto de Salud Global de Barcelona. Una de sus epidemiólogas, Beatriz Galatas, nos ha contado que combatir la malaria en un sitio como éste es muy difícil, porque la prevalencia es elevadísima - hasta el 85 % en algunas zonas- algo que además está relacionado directamente con el nivel de desarrollo de la población que no consigue tocar la explosión macroeconómica que vive Mozambique en los últimos años, con incrementos del PIB superiores al 7% hasta 2014, con una desaceleración al 6,4% en 2015.

Además de atender a la población enferma de Malaria, Beatriz y el resto del equipo del ISGlobal investigan y prueban cosas nuevas de la mano de la Alianza Mozambiqueña para la Eliminación de la Malaria que une a todos los agentes implicados. En los últimos meses han introducido fármacos preventivos, y los resultados son extraordinarios, una caída de los casos de más del 90%. Es como explica el director de la Alianza, Francisco Saúte, una manera de afrontar el problema de forma distinta, con otra perspectiva. "Gastarse millones de dólares en evitar la proliferación de mosquitos está bien pero es ineficaz, porque siempre que haya parásito habrá enfermedad, añade Saúte. Por eso, su trabajo se centra más en evitar que el parásito llegue a las personas, y así los mosquitos al picar, no lo transmitirán. Hoy lo hemos escuchado en África Hoy de Radio Exterior, y en 5 minutos para la Cooperación de Radio 5.

 

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Santiago Barnuevo   25.abr.2016 19:00    

Moundelada primera

Este blog nace desde una premisa bastante egoísta, como un reto personal. Me apetece que las historias que contamos en la radio lleguen un poco más lejos. Casi siempre, matices preciosos sobre la vida de las personas se pierden en nuestros archivos sin que tengamos tiempo para darles el espacio que se merecen. Y eso, a mí, me escuece por dentro. Radio Moundélé sólo aspira a ser mi manera de acercar cosas, más o menos bonitas, pero reales, y con la única intención de comprender.

Quiero escribir mucho de África, de sus cambios, de sus retos y su gente. Me asombra comprobar que el continente con más futuro por escribir es el más ignorado. Pero también habrá sitio para el resto del mundo porque hay demasiadas vidas que contar. Algunas, las buscaré. Y otras, me las encontraré.

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Moundélé es la palabra que en el Congo dedican a los blancos. Algunos lo hacen con desprecio, pero generalmente es con ese cariño que nos sorprende por nuestra ignorancia. Sentirlo me aportó mucho en su momento y es probable que esa sensación nunca me deje en paz. Por eso me acompañará en esta historia. El camino no ha hecho más que empezar. Pronto, más moundeladas.

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Santiago Barnuevo   15.abr.2016 23:04    

Santiago Barnuevo

Bio Radio Moundélé

Hago radio desde hace años y 'Moundélé' fue lo primero que me llamó un agente de aduanas cuando se quedó mi pasaporte al querer entrar en el Congo. Al final, me dejó pasar. Y lo escuché muchas otras veces. Que te llamen 'blanco' a gritos por la calle puede parecer extraño, pero lo echo de menos cada día. Aquí vamos a hablar sobre todo de África, y de todas esas historias que quedan por contar en el mundo. Radio Moundélé, un título facilón.
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