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El ecocida reacio

    viernes 10.jun.2011    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Es sorprendente la cantidad de oposición que existe a hacer desaparecer de una vez para siempre el virus de la Viruela. Sorprende, por muchas razones. Para empezar, la Humanidad en conjunto hemos sido responsables de innumerables extinciones de seres vivos en el tiempo que llevamos en este planeta. Algunos casos son conocidos, como el Dodo o la Paloma Migratoria. Otros casos son mucho más desconocidos, como las incontables variedades de árboles, hormigas, escarabajos y otros insectos que jamás conoceremos y que nos hemos llevado por delante explotando las selvas tropicales. Somos uno de los eventos de extinción más graves de la historia geológica, y podrá reconocerse en los estratos mucho después de que hayamos desaparecido nosotros mismos. De hecho hoy en día, cuando ya conocemos el tamaño de nuestros pecados contra la ecología y las consecuencias de nuestros actos, seguimos extinguiendo especies; haciendo desaparecer para siempre variedades únicas producto de millones de años de evolución. Y sin embargo nos da pudor eliminar un simple virus, una especie más.

  Smallpox_virus_virions

Aunque no cualquier virus: el virus responsable de una enfermedad mortífera que acabó con muchos millones de seres humanos a lo largo de los siglos, hasta el punto de ser crucial en la modificación de la misma composición étnica de continentes enteros (América). Y no sólo mató a mansalva, sino que lo hizo de una forma cruel y terrible, haciendo pasar a sus víctimas por un horroroso proceso que provocaba sufrimientos extremos y el pavor entre los no afectados. Los pocos supervivientes quedaban marcados de por vida, desfigurados por cicatrices que jamás desaparecían. Hoy resulta difícil evocar el terror que provocaba en la gente la aparición de casos de viruela en las proximidades; la sensación de terrible tragedia sucediendo a su alrededor, el sufrimiento, las profundidades de abyección a las que se llegaba por huir de tan cruel e inmisericordioso asesino. Hoy hemos olvidado lo que significaban las plagas, las pestes, las enfermedades infecciosas en términos de amenaza moral y social. Y sin embargo hay quien aboga por respetar a nuestro antaño cruel enemigo, y preservarlo.

Child_with_Smallpox_Bangladesh1973
Hay buenas razones para ello. Una intensa campaña de vacunación que culminó a finales de los años 70 consiguió erradicar la enfermedad del planeta Tierra; la última infección natural se produjo en 1975 en Bangladesh. Pero nadie puede estar completamente seguro de que en algún rincón remoto no sigan existiendo virus con capacidad infecciosa. Dado que la enfermedad desapareció hoy mucha gente ya no está vacunada, y por tanto sería vulnerable a su reaparición; en este caso sería necesario disponer de muestras del virus para poder volver a fabricar las vacunas que sería necesarias. Aunque dado que la secuencia completa del virus es conocida, de ser necesario podría reconstruirse desde cero en este caso. Para según qué investigaciones puede ser útil contar con muestras almacenadas. Lo cual supone un riesgo; de contaminación accidental (ha habido varias muertes entre personal de laboratorio contagiado accidentalmente) o incluso de robo por algún grupo con malas intenciones. Los argumentos a favor y en contra son serios. Pero el simple hecho de que exterminar un virus de forma voluntaria y deliberada sea tan discutido es una buena señal. Es posible que el ser humano esté empezando a comportarse como un ser civilizado.

Pepe Cervera   10.jun.2011 13:00    

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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