« Iron Dome: el techo de la cárcel | Portada del Blog | Para lo que hemos construido el LHC »

Nosotros y la isla que nunca estuvo allí

    viernes 23.nov.2012    por Pepe Cervera    3 Comentarios

Para el Diccionario de la Real Academia está muy claro: isla, del latín insŭla, es una porción de tierra rodeada de agua por todas partes; las demás acepciones derivan de ésta. De modo que para nosotros está muy claro lo que es una isla o no. Pueden existir islas temporales, como ocurre en algunos ríos; podemos iniciar enconadas discusiones sobre si algún país es una isla, o merece por su tamaño la categoría de continente (Australia, Groenlandia). Pero una isla es real en nuestro cerebro, algo delimitado de forma clara y definitiva. Por eso cuando en las noticias hablan de que una isla ha desaparecido en el Mar del Coral, nos extraña. Porque si estaba en los mapas, y hasta en Google Earth, algo ha tenido que pasar; había algo que ahora no está, y habrá que explicar su desaparición. A no ser que no haya nada que explicar, porque en realidad la isla sólo haya existido en nuestras cabezas. Porque la naturaleza no tiene por costumbre conformarse a los patrones que proyectamos sobre ella.

AtolonMaldivas
En el pasado hubo muchas islas que aparecían rutinariamente en mapas y hasta en periplos y memorias de viajeros, que juraban haber estado allí: San Borondón, o Brandán, en algún lugar del Atlántico, que aparecía y desaparecía, tal vez una ballena gigantesca; Thule, mítica tierra del extremo norte; la isla Brasil, al oeste de Irlanda, que acabó dando nombre a un país; Frislandia, que hasta aparecía en las cartas náuticas del siglo XVI y XVII; Antillia, también llamada la Isla de las Siete Ciudades, y muchas más. Entre ellas, por supuesto, la Atlántida, que se supone habría desaparecido entre las olas por culpa de una titánica erupción o terremoto en tiempos inmemoriales.

Algunas acabaron dando nombre a tierras reales, como California y Brasil. Otras impulsaron a los conquistadores europeos de los siglos XVI y XVII, que anhelaban encontrarlas y hacerse con sus míticas riquezas. Todas pueden achacarse a la imaginación y el aburrimiento de los marineros, a la mala visibilidad y pésima navegación desde los barcos, al incesante cotilleo a escala continental que eran los puertos medievales. Lo que uno creía haber visto en el lugar donde pensaba estar se acababa convirtiendo en una detallada cartografía con ciudades, montañas y ríos, acompañada incluso de una etnografía y una política imaginarias. Estas islas desaparecieron cuando la geografía se hizo ciencia dura; cuando los errores de navegación desaparecieron, y la luz de la razón iluminó los rincones oscuros del mapa.

Pero la explicación a nuestra desaparecida isla del Mar del Coral es probablemente mucho más sencilla. No hace falta un cataclismo titánico para hacer desaparecer una isla: basta con saber que la categoría ‘isla’ es mucho más fluida de lo que habitualmente pensamos. Los océanos del mundo están repletos de categorías intermedias entre lo que nosotros llamaríamos ‘fondo del mar’ y lo que categorizaríamos como ‘isla’. Hay arrecifes, bajíos, bancos y barras de arena; escollos, islotes y atolones; guyots, cayos y restingas. Las mareas movilizan arena y hacen que en la bajamar emerjan grandes extensiones de playa que desaparecen con la marea alta, o no. La altura de las mareas varía, y en determinadas zonas de baja pendiente la línea de costa puede ser varios kilómetros más larga o más corta dependiendo de la fase de la luna. A veces una tormenta crea un obstáculo, o elimina un pedazo de playa. La frontera entre la tierra firme y el mar es fluida y dinámica, como el mismo agua.

Todos estos procesos ocurren de modo natural, continuamente. El problema lo tenemos nosotros, empeñados en categorizar: esta será una isla, y como tal será marcada en libros y mapas; ésta otra sólo un banco de arena, que aparecerá marcado con humillantes líneas intermitentes en la cartografía y al que no concederemos derechos ni nacionalidad. La realidad está ahí fuera, pero nosotros no podemos capturarla en su movilidad. Necesitamos nombres, fechas, dimensiones, mapas, símbolos. Necesitamos asignar los fenómenos a categorías para poder pensar en ellos. Y al hacerlo ganamos en abstracción, y por tanto en potencia analítica. Pero también nos metemos en líos, cuando los fenómenos se niegan a dejarse atrapar por nuestras fronteras. En el Mar del Coral quizá un banco de arena haya quedado bajo la superficie, por los mismos procesos que durante un tiempo lo hicieron emerger. Y en realidad nada cambia, excepto estos inquisitivos primates que anotan y tratan de explicar un fenómeno que no es tal; solo un accidente derivado de su propio modo de pensar. 

Pepe Cervera   23.nov.2012 08:45    

3 Comentarios

Para raras espécies salidas de la "Isla del doctor Moreau" o "Mabuse"por el "supuesto macho dominante" jajajajjajja, no soy eskizo, no hay ningún dictamen médico que así lo corrobore, no tengo alucianaciones visuales ni sonoras, tengo otra patología que A NADIE LE IMPORTA.Y sinceramente...visto lo visto en las cloacas, habría que traer varios psiquiatras y sexologos para que determinasen sus algoritmos y pulsiones tremendamente sádicas.

viernes 23 nov 2012, 18:15

Nosotros también podemos ser islas, quedando atrapado en una farsa. Inventarnos una atmósfera, creernos seres divinos y contarnos mentiras. El delirio convertido en dogma.

sábado 24 nov 2012, 03:17

Libro increible la isla del doctor Moreau.

domingo 25 nov 2012, 13:46

Esto es solo una previsualización.Su comentario aun no ha sido aprobado.

Ocupado...
Your comment could not be posted. Error type:
Su comentario ha sido registrado. Los comentarios no aparecerán hasta que sean aprobados. Haga click aquí si desea publicar otro comentario

Las letras y números que has introducido no coinciden con los de la imagen. Por favor, inténtalo de nuevo.

Como paso final antes de publicar el comentario, introduce las letras y números que se ven en la imagen de abajo. Esto es necesario para impedir comentarios de programas automáticos.

¿No puedes leer bien esta imagen? Ver una alternativa.

Ocupado...

Los comentarios están moderados y no estarán visibles hasta que sean aprobados.

Mi comentario

Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
Ver perfil »

Síguenos en...

Últimos comentarios