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La sofisticación de los narcosubmarinos colombianos

    lunes 23.dic.2013    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Desde hace unos años los narcotraficantes colombianos se han embarcado en una campaña de transporte ilegal de droga (sobre todo cocaína) a los EE UU en submarinos de construcción casera. Decenas de barcos intentan la travesía entre la costa pacífica de Colombia y las costas de California, una singladura de varios miles de kilómetros; cada uno de estos transportes semisumergibles es capaz de llevar entre 5 y 10 toneladas de cocaína. Diseñados para tener un perfil extremadamente bajo y para operar con tres o cuatro tripulantes en condiciones espartanas, estos semisumergibles pueden ser detectados por aviones, y cuando eso ocurre normalmente son hundidos por sus tripulantes para hacer desaparecer las pruebas. Los beneficios de cada viaje son tan altos que el coste de los que son localizados no disminuye la rentabilidad. En los dos últimos años las autoridades colombianas y ecuatorianas descubrieron algo mucho más preocupante: al menos tres ejemplos de verdaderos submarinos capaces de viajar completamente bajo la superficie, y por tanto mucho más difíciles de detectar. Un juicio en EEUU ha sacado a la luz numerosos detalles sobre esta increíble historia: la creación de una armada submarina por parte de una organización no estatal, algo inédito hasta ahora.

Narco_submarine

El creador de los narcosubmarinos es Mauner Mahecha Marcelo, un colombiano sin conocimientos de ingeniería pero con enorme talento para la organización que fue capaz de crear astilleros en lo más profundo de la selva colombiana, cerca (y alguno al otro lado) de la frontera ecuatoriana, en áreas que carecen de electricidad y carreteras. Contrató talento procedente de la Marina de Colombia, que posee 4 submarinos diésel-eléctricos bastante sofisticados y presume de tener el mejor arma submarina de la región, para el diseño; mano de obra local (fontaneros, soldadores, trabajadores de taller) para la construcción e incluso un pequeño ejército mercenario para la protección. Y llegó a tener tres buques terminados de tal nivel de sofisticación que los expertos estadounidenses quedaron impresionados: grandes (de más de 30 metros), construidos en fibra de carbono y kevlar (lo que los hacía difíciles de detectar por el radar) y dotados de potentes motores eléctricos y de baterías de fabricación china, eran capaces de sumergirse a decenas de metros de profundidad y de permaneces sumergidos hasta 18 horas. Al menos uno de ellos tenía incluso un snorkel, para cargar las baterías sin salir a la superficie. Los submarinos de Mahecha (amante padre soltero que cuidaba también de su anciana madre) podrían haberse convertido en lanzaderas indetectables de cocaína directamente al corazón de EE UU.

Porque la caza de submarinos en el mar es una actividad complicada y cara que no siempre tiene éxito; hacen falta grandes y sofisticados medios para localizar incluso los de combate, que están hechos de metal y son todavía más grandes. Montar una eficiente barrera para los submarinos de Mahecha hubiese sido una tarea imposible hasta para la marina estadounidense. Esta vez la DEA, la agencia antidroga de aquel país, tuvo suerte: uno de los marineros de la armada colombiana a los que quiso fichar el constructor para su flota indetectable habló con sus superiores, que a su vez hablaron con la DEA. Los astilleros fueron asaltados y el aspirante a transportista de drogas acabó entregándose en Panamá, y más tarde fue condenado a 18 años de cárcel en los EE UU. El juicio a uno de sus lugartenientes es el que ha sacado a la luz todos los detalles de cómo un mecánico infiltrado desarticuló lo que hubiese podido ser una exitosa operación criminal; Mahecha ya tenía laboratorios de procesamiento y un cargamento de 4 toneladas de cocaína para su primer envío cuando los investigadores desarticularon la operación. Pero mientras haya tantísimo dinero en romper las leyes contra el tráfico de drogas habrá más intentos; lo que esta vez se paró algún otro sabrá terminarlo. Que exista una flota privada de submarinos, ajena al control de cualquier gobierno, es sólo una cuestión de tiempo.

Pepe Cervera   23.dic.2013 08:30    

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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