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El oscuro atractivo de la ‘desextinción’

    lunes 3.mar.2014    por Pepe Cervera    1 Comentarios

Los humanos somos una plaga del ecosistema terrestre. Desde hace muy poco tiempo, en términos geológicos o evolutivos, desde que controlamos el fuego y el metal y luego el vapor y el átomo, estamos matando animales y plantas a escala industrial. Y así hemos conseguido ‘hazañas’ memorables que deberían cubrirnos de vergüenza, como la completa extinción de la Paloma Pasajera en un tiempo récord (de vertebrado más numeroso en Norteamérica en 1880 a la muerte de la última en 1914), el exterminio del Gran Alca (alimentó a los neandertales, últimos ejemplares estrangulados en 1844), la paulatina desaparición del Uro (antecesor de los toros, último ejemplar muerto en 1627 en Polonia) o la caza hasta la extinción del Tigre de Tasmania (último ejemplar muerto en 1933). Desgraciadamente no son los únicos seres vivos con los que hemos acabado; la especie humana es la gran protagonista de la llamada Sexta Megaextinción, que está costando la desaparición a gran cantidad de animales y plantas. Pero estos animales sí que podrían ser los primeros a los que consiguiésemos ‘desextinguir’, si una serie de proyectos de recuperación que están trabajando en ello consiguen llegar a buen puerto. O tal vez el primer animal ‘desextinto’ sea un mamut lanudo... aunque todas las papeletas las tiene la Paloma Pasajera, primer sujeto de Revive&Restore, un proyecto inspirado por la Long Now Foundation (fundación del largo ahora) del pionero de Internet Stewart Brand.

PassengerPigeon

Las técnicas genéticas han avanzado lo suficiente como para que esta idea, que parece sacada del cine de ciencia ficción, se pueda plantear como posibilidad real. De hecho ya hubo un ejemplo, cuando científicos españoles consiguieron realizar una clonación por transferencia del núcleo celular somático del Bucardo, una subespecie extinta de cabra montesa pirenaica. El proceso culminó con éxito en el nacimiento de un bucardo vivo, aunque el ejemplar murió inmediatamente. Y con otros animales como la Paloma Pasajera no es posible, puesto que no disponemos de muestras congeladas de sus tejidos. Con ellos harán falta técnicas mucho más complicadas: primero secuenciar el genoma completo, con la ayuda del genoma de especies cercanas como la Paloma de Collar que sirva como plantilla. Luego habrá que conseguir integrar este genoma en un huevo, de Paloma de Collar, con la ayuda de un cultivo celular intermedio; una técnica aún no dominada. Si todo sale bien finalmente se crearán palomas de collar quiméricas que tendrán dentro gónadas de Paloma Pasajera; al cruzarlas el pájaro resultante será la primera de su especie post-extinción. El proyecto calcula que el nacimiento podría producirse entre 2020 y 2025, si todo sale como debe. A partir de ahí será tarea de etólogos y ecólogos crear una población de Palomas Pasajeras 2.0 que sea capaz de retomar el hueco ecológico que dejaron sus ancestros, en el mejor de los casos hacia 2060. De conseguirlo, la Paloma Pasajera sería el primer ser vivo ‘desextinto’. Pero tal vez no el último.

Hay muchos otros candidatos, desde el Mamut Lanudo al Tigre de Tasmania, el Gran Alca, ranas, primates e incluso animales aún no completamente desaparecidos (como el Rinoceronte Blanco), pero de los que quedan tan sólo un puñado de ejemplares. Incluso se especula con la posibilidad de ‘retocar’ algunas especies en riesgo para evitar que desaparezcan, como los murciélagos norteamericanos, afectados por una enfermedad fúngica de origen europeo que no afecta a sus parientes de este lado del Atlántico y a los que se podría dotar de inmunidad. La idea, resucitar especies extintas por una parte, y ‘reforzar’ algunas en peligro por otra, no sólo tiene problemas técnicos, sino morales e incluso legales. Las especies ‘desextintas’ no serían idénticas a las originales sino en apariencia; los costes implicados en la operación distraerán fondos y atención de otros proyectos de conservación ecológica. Hay quien teme a cualquier intervención de este tipo; el ‘Síndrome de Frankenstein’ está vivo y goza de buena salud. Y algunos abogados se preguntan si estos animales creados en laboratorio deberían tratarse como animales salvajes o como Organismos Genéticamente Modificados, lo que cambiaría por completo la legislación a aplicar. El mero hecho de que podamos plantearnos en serio corregir errores del pasado, de que contemos con la tecnología y con el entusiasmo para hacerlo, es una gran noticia. Que la discusión sea intensa y fructífera.

Pepe Cervera    3.mar.2014 08:30    

1 Comentarios

No parece buena elección la paloma pasajera, ya que cuando se extinguió lo hizo bajo un programa de protección que no consiguió evitar su desaparición, según creo recordar. La clave del fracaso, cuentan, es que los individuos necesitaban formar parte de un grupo numeroso para llegar a hacer la puesta. Creo recordar que tenían unas veinte enjauladas y ninguna llegó a poner. Ignoro cuál sería el mínimo número de individuos necesario para inducir la puesta, pero sabiendo que las bandadas eran solo comparables a las plagas de langosta, es de creer que bastantes.

Supongo que una de las mejores opciones sería la recuperación de la variabilidad del genoma del diablo de Tasmania. Es por su alta afinidad genética que las peleas entre individuos conllevan el contagio del cancer de la cara de uno a otro. Corregir esta deficiencia aportando los genes extraídos de individuos disecados supondría aprender a superar muchas dificultades prácticas y no habría que recurrir a organismos ajenos a la especie.

miércoles 19 mar 2014, 03:10

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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