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Un sensor de tres metros de largo

    lunes 7.abr.2014    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Para los griegos el unicornio no era un animal mitológico, sino real, que vivía y coleaba en la lejana y mítica India. Algunas de sus descripciones eran claramente animales de la familia de las gacelas o rinocerontes, pero la más típica que luego heredaría la Edad Media europea era la de un caballo con un único cuerno retorcido en la frente de hasta un metro de longitud. Aunque este tipo de unicornio jamás existió, lo cierto es que sus cuernos sí que son reales, y que se traficó con ellos durante milenios. Solo que no corresponden a unicornios, ni son cuernos; se trata de colmillos izquierdos de Narval (Monodon monoceros), una pequeña ballena ártica de la familia de los odontocetos (con dientes). Los machos de esta especie, pero no las hembras, desarrollan estas verdaderas lanzas que alcanzan hasta los 2 metros de longitud. Lo que no se sabe es por qué de semejante inversión. Los narvales se alimentan de peces y crustáceos, y su alimento no es especialmente abundante; alcanzan los 4 a 4,5 metros de longitud y hasta 1.600 kg de peso, y el colmillo derecho de los machos queda enterrado en su mandíbula, no alcanzando jamás las gloriosas dimensiones de su gemelo izquierdo. Hay numerosas hipótesis sobre la razón de la existencia del colmillo del narval, empezando por la obvia sugerencia de su uso en competencias de tipo sexual dada su ausencia en las hembras. Lo que acaba de descubrir un científico de la Universidad de Harvard es que este enorme colmillo es, al menos en parte, un enorme y sofisticado sensor capaz, por ejemplo, de distinguir la salinidad del agua en la que nada el animal.

Narwal

El análisis de los colmillos efectuado por los especialistas ha descubierto que contienen una pulpa similar a la que nosotros tenemos en nuestros dientes, que incluye terminales nerviosas; es por eso que podemos detectar el frío, el calor o la presión en los dientes. En los narvales la pulpa también contiene terminaciones nerviosas, como ha demostrado un análisis de activación de genes relacionados. Y mediante una serie de ingeniosos experimentos con animales vivos los científicos han podido confirmar que el colmillo les ayuda a detectar los cambios de salinidad del agua. Algo vital en el ártico: cuando el agua se enriquece en sal es porque se está congelando, lo que implica que puede cubrirse la superficie y el narval podría quedar atrapado sin poder salir a respirar. Por el contrario si el agua se endulza es porque el hielo se está derritiendo. No se puede descartar que semejante enorme sensor pueda servir también para otros tipos de detección. De momento el colmillo que la imaginación popular transformó en cuerno de unicornio tiene función sensorial; algo más sabemos de un animal casi desconocido. 

Foto ilustración de libro de 1820 con Narval (arriba) y tiburón de Groenlandia (abajo) tomada de Wikimedia Commons y en el Dominio Público.

Pepe Cervera    7.abr.2014 08:30    

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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