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La danza de las bestias

    miércoles 11.jun.2014    por Pepe Cervera    0 Comentarios

El objeto que más ha cambiado el comercio mundial e incluso la fisonomía y la estructura de las ciudades más importantes del mundo es una caja de metal, y se inventó hace muy poco: el contenedor multimodal que hoy conocemos no hizo su primer viaje hasta 1956. Y sin embargo su adopción desde entonces revolucionó el comercio internacional, provocando un espectacular abaratamiento de los precios del transporte marítimo de mercancías, por los que todavía se mueve cerca del 90% de lo que se comercia entre países. Aunque algunas fuerzas militares habían probado sistemas que pueden considerarse antecesores del actual contenedor, fue el modelo creado por Malcom McLean el que acabó triunfando al estandarizar la carga y descarga de los barcos: algo que ha permitido estandarizar todo el proceso, desde los propios barcos (que ahora alcanzan tamaños ingentes) hasta los puertos. La actual era de globalización sería impensable sin el contenedor multimodal. Pero no sólo ha cambiado para siempre las relaciones comerciales y ha servido, por ejemplo, de sustrato al modelo chino de crecimiento, sino que ha permitido que ciudades como Nueva York, Londres, Barcelona o Sydney, Amsterdam, Hong Kong o Singapur sean hoy como son. Para entenderlo ayuda ver este corto de 8 minutos rodado en 2009 del alemán Jörg Wagner y titulado simplemente ‘Terminal’ que ha rescatado la gran revista online Aeon.

Terminal

La película muestra un puerto moderno, donde toneladas sin cuento de mercancías almacenadas en números inimaginables de contenedores suben, bajan, se desplazan y cambian de posición en un titánico baile mecánico acompañado de una música discreta. Lo llamativo no son sólo los juegos de colores, o los intrincados movimientos de cajas, camiones, barcos y grúas, sino la casi completa ausencia de personas. Apenas hace falta un puñado de trabajadores para descargar en pocas horas un barco, y para cargarlo de nuevo en el mismo escaso tiempo. Y este detalle no sólo hace que este corto sea fantasmagórico, sino que explica muchas cosas: tanto la espectacular reducción del coste del transporte marítimo como los profundos cambios en nuestras ciudades. Porque antes del contenedor los puertos tenían que estar en ciudades necesariamente, ya que eran necesario90s literalmente miles de estibadores trabajando durante días (o hasta semanas) para descargar y volver a cargar un buque mercante, mucho más pequeño que los mastodontes de hoy. El coste era astronómico comparado con el actual. Pero también las consecuencias sociales, e incluso políticas.

Los grandes puertos estaban, por necesidad, en grandes ciudades. Porque en los puertos hacía falta una amplia masa de estibadores: trabajadores cualificados pero manuales, con su orgullo obrero y de clase, que habitaban en sus propios barrios y tenían sus propias tradiciones, sus sindicatos con los que ejercer acción política y sus parcelas de poder local. A su vez el tiempo de descarga de los barcos garantizaba que los (numerosos) marineros que los tripulaban pasaran días, y hasta semanas, en cada puerto que tocaban, suministrando clientela a un barrio portuario a la antigua usanza con todos sus componentes, desde bares a burdeles. Entre los estibadores y los marineros cada gran puerto que era una gran ciudad mantenía un enclave entre proletario y lumpen, de Marsella a Shanghai. Y esto ocurrió desde los inicios en la Antigüedad de la navegación a gran escala hasta finales de los años 60, cuando de repente la eficacia económica del contenedor cambió por completo la ecuación. Ciudades que eran un complejo sistema de carga y descarga de barcos, como Amsterdam, de repente se encontraron sin clientes para su célebre Barrio Rojo cuando el puerto se trasladó a Rotterdam, alejado de la ciudad y manejado por apenas un puñado de técnicos altamente cualificados. Los marineros ya no bajan de los barcos más que para coger un avión e irse a casa, porque no hay tiempo para descansar en la ciudad. El West Side de Manhattan y buena parte de Brooklyn dejaron de estar habitados por estibadores; el barrio canalla de Marsella y el Barrio Chino de Barcelona se quedaron sin sustento.

Y las ciudades cambiaron. El barrio portuario de Londres, los Docks, es ahora una zona de edificios de alta tecnología donde habita la banca y las empresas de Internet. Singapur, Hong Kong y Shanghai sacaron los puertos de la ciudad y transformaron las áreas habitadas por estibadores en edificios para las finanzas, los seguros y las telecomunicaciones. Ciudades que siempre habían tenido un componente obrero en su seno, por necesidad, de repente dejaron de necesitarlo, y así Nueva York o Londres se convirtieron en partes temáticos para ricos tras expulsar de su seno a las clases menos pudientes. En ‘Terminal’ podemos ver ese proceso en pleno apogeo a través de la ausencia de figuras humanas entre las bestias mecánicas que danzan. Esa belleza y esa eficiencia han cambiado el mundo. Merece la pena ver cómo.

Pepe Cervera   11.jun.2014 08:30    

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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