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La ciencia y el espíritu en las palabras

    miércoles 23.jul.2014    por Pepe Cervera    0 Comentarios

La ciencia son dos cosas diferentes: un método para descubrir información sobre el universo con la mayor precisión posible y un cuerpo de conocimientos obtenidos usando ese método. El cuerpo de conocimientos es provisional, inestable, incompleto, y está sujeto a bruscos cambios y reinterpretaciones. El método de adquisición de datos es imperfecto, falible y víctima de muchas debilidades de los humanos que forman parte ineludible del proceso. Pero es lo mejor que tenemos. Y no es sencillo, porque estamos hechos para equivocarnos; nuestro intelecto busca explicaciones, asociaciones de causa y efecto, y cuando no las encuentra con demasiada facilidad se las inventa. Podría decirse que el sistema nervioso humano está hecho para crear explicaciones basadas en los espíritus (gnomos, dioses, hadas, cualquier cosa), porque no sólo arrojamos causalidad a las cosas, sino también voluntad: somos dados a la Falacia Patética. Lo demuestra, como cuenta este reportaje de Aeon, nuestra fascinación con la superstición, compartida por alguna de las mejores mentes de la Humanidad como Newton o Tycho Brahe. Pero lo demuestra mucho más nuestro lenguaje, que está sin que nos demos cuenta plagado de expresiones que evocan a los dioses y a los errores de nuestra percepción del cosmos. La misma herramienta que usamos para pensar está deformada.

El sol, como explica el reportaje, no ‘asciende’ en el cielo ni ‘se pone’ en el ocaso. La luna no ‘mengua’ ni ‘crece’, ni está ‘llena’ ni es ‘nueva’. La ‘influenza’ (gripe) no tiene nada que ver con las estrellas. El demonio no sale de nosotros cuando estornudamos, por lo que sobran el ‘jesús’, el ‘bless you’, el ‘alhamdullilah’, el ‘devaru kaapadali’ o el ‘hari om’. Las cosas que queremos que ocurran no dependen de la voluntad de Alá (ojalá, del árabe law sha’a Allah, ‘si dios quisiera’) ni de ‘si dios quiere’. Cuando nos vamos no nos vamos ‘a diós’. Mencionar a ‘la virgen santa’’, la madre del cordero’ o ‘la madre de dios’ no amortigua los malos sucedidos (aunque los exabruptos pueden reducir el dolor subjetivo). Y si nos deslizamos hacia nuestras percepciones o recolecciones, la cosa es todavía peor. Nuestros ojos nos engañan constantemente, como lo hacen el resto de los sentidos. Los autobuses no llegan antes cuando encendemos un cigarrillo. Pasar por debajo de una escalera o cruzarnos con un gato negro no atrae a la mala suerte. Los nacidos bajo el signo de Leo no son necesariamente líderes. Y aunque pensemos que un comprimido de azúcar con una dilución infinitesimal de corteza de abedul nos alivia el dolor de cabeza, lo cierto es que la píldora homeopática no hace nada.

Durante millones de años nuestra supervivencia ha dependido de establecer relaciones de causa y efecto con rapidez: no comas esa seta, que te mueres; cuando oigas ese ruido o huelas ese aroma sal por patas, que viene un oso; esas ondas en el fango indican arenas movedizas, no las pises. Lo malo es que esa (mala) costumbre de asociar sin comprobar también nos lleva a muchas otras conclusiones que son falsas: hay que evitar bañarse después de comer, las mujeres son impuras durante la menstruación, la posición de las estrellas determina el futuro de la persona recién nacida, el wifi causa enfermedades, la destilación y recocción de metales permite alcanzar la transmutación del plomo en oro y la vida eterna. Nuestro lenguaje y nuestros hábitos de pensamiento están trufados de referencias a un mundo animado de voluntad propia que explica lo que sucede a nuestro alrededor. Pero esos espíritus no existen, y las causas de las cosas son otras. Descubrir las verdaderas y eliminar las falsas, exorcizando a esos inexistentes espíritus de nuestra imaginación, es una tarea dura porque somos humanos y padecemos de ese mismo mal. Somos todos víctimas de la Falacia Patética, incluyendo las gentes de ciencia, y una buena parte del método científico no es más que una codificación del rigor en el pensamiento, para tratar de sortear todas las trampas que nos pone nuestra percepción e incluso nuestro lenguaje.

Pepe Cervera   23.jul.2014 08:30    

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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