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¿Y si los ricos vivieran el doble que los pobres?

    viernes 11.jul.2014    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Desde el inicio de la crisis en todo el mundo se ha repetido un patrón; el mismo que se repite en todas las crisis económicas de la historia: los ricos tienden a hacerse más ricos y los pobres más pobres. La desigualdad económica aumenta. Como consecuencia de la propia dinámica del mercado capitalista, según las tesis del famoso libro de Thomas Piketty, y como consecuencia de las políticas que ponen en marcha los gobiernos para reactivar sus dañadas economías. El caso es que el dinero, el poder y todo lo que ello implica se concentra en cada vez menos manos, lo cual provoca un aumento de la tensión política. Pero ¿que ocurriría si la diferencia en la riqueza se tradujera en diferencia en años de vida? Y no unos pocos, sino muchos; puede imaginarse una situación en la que los pobres tengan una esperanza de vida notablemente inferior a la de los ricos, incluso de la mitad. ¿Qué clase de tensiones sociales podrían surgir entre una clase de hiperricos centenarios y un proletariado que no pudiese esperar más de 60 o 70 años de vida? Por supuesto que esto ya sucede hasta cierto punto: la gente de dinero en general lleva vidas más sanas, consume productos de mejor calidad, está protegido por mejores medidas de seguridad, tiene acceso a medicina más efectiva y en efecto tiende a vivir unos pocos años más que los pobres. Los menos agraciados por la suerte viven en peores barrios, sufren desproporcionadamente el crimen, comen alimentos más baratos de menor calidad, cuando enferman reciben cuidados de segunda y viven unos cuantos años menos. El problema puede presentarse cuando la diferencia no se mida en unos pocos años, sino en décadas. Y recientes avances sugieren la posibilidad de que estos radicales avances en longevidad ocurran antes de lo que nos imaginamos.

GeertAdriaansBoomgaard

En los últimos años, explica a la revista estadounidense Aeon un científico, se están produciendo avances que sugieren que muy pronto dispondremos de tratamientos realmente eficaces para ‘rejuvenecer’ a personas al nivel celular, o como mínimo para revertir algunas de las consecuencias ineludibles del envejecimiento. Resultados obtenidos en modelos animales han proporcionado sólidas pistas de terapias que realmente funcionan, y que si se comprueba que son eficaces y carecen de efectos secundarios podrían estar en el mercado en unos pocos años. Ahora bien; además de su notable eficacia al nivel bioquímico en ratones, que sugieren que se podría elevar la esperanza de vida de la Humanidad hasta a 120 años, estas terapias comparten otra característica: serán caras. Muy caras; sólo al alcance de una élite económica. Con lo que nos podemos encontrar en un lustro con una paradoja: una reducida élite que cada vez vive más tiempo y una gran masa de población empobrecida que cada vez vive menos. Un grupo de humanos que tiende a la inmortalidad, y otro que tiende a morir a edades inferiores a las actuales. La brecha económica se estaría convirtiendo en una verdadera brecha vital, porque ya no sería una cuestión de tener o no piscina o jet privado, sino de morir a los 70 o vivir 50 años más. Y no sólo vivir más años, sino vivirlos mucho mejor: en condiciones físicas y mentales incomparablemente por encima de las disponibles a los hoi polloi.

Algo similar aparece en películas como la reciente Elysium, y ha sido tratado en no pocos libros de ciencia ficción. Porque la diferencia real en la esperanza de vida añade un enorme diferencial de tensión a la polarización social y económica: los de abajo no se conformarán con vidas acortadas, y exigirán tener acceso a las mismas terapias que los de arriba. La tentación de poderosos y gobiernos repletos de centenarios y supercentenarios (como el holandés Geert Adriaans Boomgaard, primero validado) puede ser reprimir las protestas, lo cual sólo exacerbará el problema. El único modo de que esta situación no acabe en desastre político es que en el acceso a la medicina la desigualdad sea lo menor posible, incluyendo las caras terapias de extensión vital que se están desarrollando. La alternativa es una distopía inquietante; mejor será que empecemos a considerar el problema antes de que nos reviente en las manos.

Imagen: fotografía de Geert Adriaans Boomgaard en la década de 1890, tomada de Wikimedia Commons.

Pepe Cervera   11.jul.2014 08:30    

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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