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Déficit de atención: enfermedad de circunstancias

    miércoles 5.nov.2014    por Pepe Cervera    0 Comentarios

El trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH, ADHD en sus siglas en inglés) se ha convertido en una de las enfermedades sicológicas más diagnosticadas entre los jóvenes, hasta tal punto que en los EE UU afecta nada menos que al 11% de toda la población en algún momento entre los 4 y los 17 años. Fijémonos en esa cifra: más de 1 de cada 10 niños estadounidenses es diagnosticado, y con frecuencia medicado, por una afección sicológica que hace un par de décadas simplemente no existía. O algo en nuestro medio ambiente está provocando cambios en el cerebro de las nuevas generaciones a una velocidad aterradora o nuestros criterios para decidir qué es o no es una enfermedad necesitan una depuración seria. Una serie de recientes estudios sobre el funcionamiento íntimo del cerebro de las personas con TDAH sugiere que los rasgos de la enfermedad no son más que un modo basal de funcionamiento de nuestra mente, que el problema en realidad lo tienen nuestro sistema educativo y nuestro modo de organizar el trabajo, y que una buena parte de los afectados pierde los síntomas cuando se hacen mayores. La clave estaría, según el doctor Richard A. Friedman, en que los afectados tienen un cerebro adicto a las novedades, con un tipo concreto de sistema de recompensa cerebral. En la mayoría de los casos no haría falta medicación, sino adaptar las clases, las actividades educativas o el trabajo a esta peculiaridad en lugar de intentar forzar a estas personas a concentrar su atención durante largos periodos de tiempo.

Distracted

Según parece las personas con TDAH tienen el circuito de recompensa del cerebro, la región que controla la sensación de placer y que está vinculada también con la adicción, especialmente poco sensible. Sus cerebros contienen menor cantidad de dos tipos de receptores de dopamina, un neurotransmisor clave en la activación del circuito de recompensa, lo que supone que este circuito se activa menos en circunstancias normales. Es como si estuviese embotado: estas personas necesitan más novedad para no sentirse aburridas, desanimadas y sin interés, debido a una diferencia biológica. En adultos la cifra de pacientes disminuye notablemente, y menos del 3% de la población puede considerarse afectada; experimentos de función cerebral sugieren que el resto de los afectados  aprenden a modificar el funcionamiento de su cerebro. Además, muchos de ellos simplemente escogen profesiones en las que el particular modo de funcionamiento de su cerebro no es un problema, lejos de la inmovilidad y la concentración: adaptando su vida a su modo de funcionar hacen desaparecer el problema.

Estudios biológicos efectuados sobre una tribu keniana que se dedica al pastoreo, pero parte de la cual ha abandonado el nomadismo y practica la agricultura muestra diferencias genéticas entre ambas ramas. Los pastores nómadas muestran mayor prevalencia de alelos relacionados con el TDAH que los agricultores, y además en cada comunidad hay una curiosa correlación entre el estado general de salud (medido por el peso) y el alelo que se porta: los pastores comen mejor cuando se distraen con facilidad, y los agricultores al revés. Es decir: tener un cerebro fácil de aburrir y dado a la novedad puede ser una ventaja para algunas tareas, y un problema para otras. La enfermedad no está en la persona, sino en sus circunstancias. Aunque sin duda habrá casos concretos en los que no sea suficiente, haríamos bien en recordarlo antes de convertir en enfermos a una décima parte de nuestros jóvenes que quizá no sean más que otra forma de ser humanos normales.

Pepe Cervera    5.nov.2014 09:03    

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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