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La triste vida del pavo de Acción de Gracias

    miércoles 26.nov.2014    por Pepe Cervera    0 Comentarios

El Día de Acción de Gracias es la más estadounidense de las fiestas. Fue unificada por decreto presidencial nada menos que por Abraham Lincoln en 1863 y sirve para conmemorar un probablemente mítico banquete en la colonia inglesa de Plymouth en 1621 para celebrar la buena cosecha, obtenida en buena parte con el concurso de los indios locales de la tribu Wampanoag. A partir de la década de 1660 se convirtió en una fiesta popular aunque no acabó de celebrarse el mismo día hasta la década de 1870, después de la Guerra de Secesión. En diciembre de 1941 Franklin D. Roosevelt cambió la fecha, del último al tercer jueves del mes de noviembre, por razones puramente económicas. Hoy es una fiesta familiar por excelencia en la que los estadounidenses viajan para reunirse con sus parientes y celebrar. Y por supuesto la comida debe contener un pavo, típicamente asado aunque también se puede hacer a la brasa o frito, y cuanto más grande, mejor. Esto significa que muchos millones de pavos dan su vida por la tradición en la cuarta semana de noviembre, y por tanto que su crianza y venta son un pingüe negocio. Lo cual ha hecho de la vida de estos pavos una corta y mísera existencia. Para empezar la mayoría de ellos jamás conocerán siquiera los placeres del sexo: son tan deformes que no se pueden aparear.

Turkeys

La gran mayoría de los pavos que se consumen en Acción de Gracias en los EEUU pertenecen a la raza ‘Blanco de Pechuga Ancha’ (broad breasted white), desarrollada por cruces a partir de otras razas en los años 50. En la selección se primaron los aspectos comerciales más importantes, a saber: carne firme y homogénea, plumaje blanco (para que los cañones no se vean), rápido y económico crecimiento y, sobre todo, enormes pechugas, dado que la carne de esta zona es especialmente apreciada. De modo que los ‘Blancos de Pechuga Ancha’ tienen los huesos del pecho más cortos y la musculatura de esta zona mucho más desarrollada de lo normal, hasta tal punto que no pueden aparearse: la masa de carne que tienen delante se lo impide. Esto también supone que los criadores no pueden cruzar sus propios pavos, que se reproducen exclusivamente por inseminación artificial; los ganaderos compran los pollos criados por grandes empresas que controlan las lineas germinales (a 7,99 dólares unidad), y se limitan a engordarlos en grandes galpones, aunque no en jaulas sino sueltos en el suelo. Estos pájaros además son más susceptibles a enfermedades por lo que se les incluyen antibióticos en la alimentación, y con frecuencia son torpes de movimientos. A veces se les cortan las uñas y parte del pico para evitar peleas. A cambio alcanzan el peso de venta (17 a 18 kilos, pero pueden llegar hasta los 22) en apenas tres meses, en granjas automatizadas que crían grupos de hasta 10.000 a la vez. Si será triste su existencia que incluso los que son objeto del tradicional perdón presidencial (el primero fue John F. Kennedy sólo unos días antes de su asesinato) no suelen vivir mucho tiempo. Ellos, desde luego, tendrán muy poco que agradecer este jueves.

Pepe Cervera   26.nov.2014 09:04    

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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