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Los mejores navegantes de la historia y sus trucos

    viernes 7.nov.2014    por Pepe Cervera    1 Comentarios

En el Pacífico las distancias son inmensas, aterradoras; entre una isla y la siguiente puede haber 50 kilómetros, o 100, o 500, y fallar no es una buena idea: una isla es un blanco muy, muy pequeño en la inmensidad del mar, y no encontrarla significa morir. Tan grandes son las distancias que en la Segunda Guerra Mundial los estadounidenses usaban aviones y barcos diferentes para la guerra en este océano, más grandes, menos ágiles pero con mucho mayores reservas de combustible. Y sin embargo a lo largo de los últimos 3 milenios un grupo de personas con probable origen en el Sudeste Asiático fueron colonizando prácticamente todas las islas del Pacífico, incluyendo las más remotas de la Polinesia, navegando en canoas de remos y sin brújulas, mapas o ningún tipo de instrumento astronómico en la más increíble hazaña de navegación de la historia humana hasta el momento. Su principal sistema para encontrar los diminutos puntos en el océano tras días y días de navegación a ciegas era la memoria. Según un refrán polinesio es fácil descubrir quién es el navegante: sólo hay que buscar al que tiene los ojos rojos. Porque para poder llevar a cabo estos prodigios de navegación el piloto principal, que a menudo guiaba toda una escuadra de decenas de canoas, no podía olvidar nada de lo sucedido en el viaje, ni de día ni de noche, lo cual significaba no dormir. Y también conocer el cielo como la palma de su mano, y reconocer patrones en el oleaje en mar abierto. Una manera completamente diferente de navegar a la que conocemos hoy, pero muy eficaz.

Polynesian_Map

Algunos polinesios, como los nativos de las Islas Marshall, tenían mapas como los de la imagen: parrillas de palos atados formando patrones. Estos patrones identificaban el efecto sobre el oleaje de la presencia de islas en su camino, sobre todo la refracción de los trenes de olas al ser desviados por islas o archipiélagos. Los nativos de las Marshall reconocían cuatro tipos de patrones en el oleaje que sus pilotos eran capaces de reconocer, muchas veces tumbándose para ello en el suelo de las canoas, y eran capaces de usar los cambios en sus interacciones para orientarse. Estos mapas, empero, no se llevaban a bordo de las canoas, sino que se memorizaban antes de salir. Y las olas no eran lo único que tenían que aprender los maestros navegantes de la Polinesia: también conocían el cielo, sus estrellas y constelaciones, y estudiando, memorizando y practicando eran capaces de usar medidas de su propio cuerpo para estimar variables como la latitud a la que se encontraban, o de saber el rumbo a seguir para acercarse o alejarse de una isla concreta. Pero todo servía para alcanzar el objetivo: nubes, corrientes, presencia de animales, la interacción de vientos y oleajes... Cualquier dato servía para alimentar la computadora entre las orejas del piloto. Y todo debía ser memorizado extensamente, y con la certeza de que en el más literal de los sentido la vida del navegante (y la de aquellos a quien guiaba) estaba en juego. Porque el castigo por fallar era perderse en las inmensidades estériles del océano, y la muerte. A pesar de lo cual los polinesios navegaron y colonizaron casi hasta el último rincón del océano, en canoa. Una hazaña de la que los humanos debemos estar orgullosos.

Pepe Cervera    7.nov.2014 09:04    

1 Comentarios

¡Fascinante! ¿ Hay algun libro qué trate más extensamente este tema?

martes 11 nov 2014, 10:29

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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