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Un sistema operativo hecho de música

    viernes 26.dic.2014    por Pepe Cervera    1 Comentarios

Uno de los detalles más hermosos y menos conocidos de la perdida era de los grandes veleros es el hecho de que funcionaban con música. Las decenas de velas, los mástiles, jarcias y vergas que formaban el aparejo estaban sujetos y se maniobraban por medio de cabos, cada uno de los cuales tenía su propio y único nombre; una parte fundamental de la formación de las tripulaciones era aprenderse estos nombres de modo instintivo en cada barco para poder recibir órdenes en una emergencia a las que reaccionar instantáneamente y sin pensar. La vida de todos a bordo dependía de ser capaces de recoger o largar velas en los momentos apropiados, ya que el delicado equilibrio dinámico de un barco velero a plena carrera puede verse dramática y catastróficamente alterado por una racha de viento o una ola provocando el naufragio. La vida del marinero en un velero incluía por tanto mucho jalar cabos, para recoger u orientar velas, o para maniobrar vergas o anclas. Durante milenios este durísimo trabajo se realizó a hombro y brazo, razón por la cual los grandes buques de guerra necesitaban enormes tripulaciones de centenares de hombres e incluso los económicos mercantes llevaban a bordo decenas de marineros. El ingrediente secreto que permitía la maniobra del barco, sin embargo, eran las salomas: la música era lo que permitía moverse a los grandes veleros de antaño. Sin canciones de trabajo no habría habido navegación a vela.

Como sabe todo el que ha trabajado una palanca o jalado un cabo hay un punto de resistencia que hay que romper; un momento de bloqueo que es necesario vencer antes de que el peso empiece a moverse. Pronto se aprende que la mejor manera de vencer este punto de ruptura es sincronizar el esfuerzo de todos los que participan y dar un tirón; rota la resistencia estática el resto del movimiento es menos gravoso. La música, nuestro innato sentido del ritmo, es ideal para esta sincronización del esfuerzo: las canciones de trabajo o salomas son una evolución natural de esta necesidad de puesta en común del esfuerzo. Las hay de siega y también de mina, pero las más extendidas eran las de marineros, puesto que los barcos dependían, literalmente, de su uso. Libros como The Cape Horn Breed (la casta del Cabo de Hornos) cuentan cómo en cada tripulación de cada navío había siempre algún marinero que al iniciar una maniobra comenzaba a cantar. Y no cualquier canción, sino la adecuada y correcta: porque no todos los aparejos tenían el mismo ritmo de trabajo. Cada vela, cada jarcia y cada operación tenía su propio ritmo, y para que todo funcionase correctamente era imprescindible conocer la canción precisa para aquella operación, y no otra.

Las canciones son a capella y tienen la misma estructura de llamada y respuesta típica de la música popular, pero cada una tiene estrofas de diferente longitud y un ritmo distinto. Las letras, como cabe esperar de unos hombres que se tiraban años en el mar si ver mujer, eran muchas veces sicalípticas u obscenas, como el clásico ‘Good Ship Venus’; otras veces eran patrióticas como ‘A drop of Nelson’s blood’ (una gota de la sangre de Nelson), usada para el cabrestante, o bien contaban anécdotas comunes de la vida marítima como ‘Drunken Sailor’ (marinero borracho), o simplemente expresaban la melancolía de la ausencia y la esperanza del regreso, como ‘Goodbye, fare thee well’ (adiós y que te vaya bien), cantada en el viaje de retorno. Lo interesante es que además de su belleza intrínseca, que saca el máximo partido a un coro de voces masculinas sin acompañamiento, estas canciones eran el ‘software’ de aquellos barcos, lo que hacía que pudieran moverse y funcionar. Sin ellas los aparejos no se habrían podido maniobrar y los veleros hubiesen permanecido inertes; sin música los barcos no funcionaban. Las salomas eran el sistema operativo de aquellas magníficas máquinas de madera, tela y cáñamo que a su vez tenían su propia música hecha de viento, cabos tensos y velas. Un mundo perdido que jamás volverá.

Reescritura de un artículo de igual título publicado en 2009 y hoy, ay, perdido. 

Pepe Cervera   26.dic.2014 14:05    

1 Comentarios

Pues tienes razón, Pepe Cervera. En muchos trabajos hay canciones para llevar el ritmo de la faena. Por ejemplo debía haber canciones para que los galeotes de la época del Imperio Romano, bogasen todos a la par.

viernes 26 dic 2014, 21:38

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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