« Pésimos evaluando riesgos | Portada del Blog | Reciclaje extremo: la penicilina »

Fragilidad de la experiencia

    lunes 19.oct.2015    por Pepe Cervera    2 Comentarios

Demasiada gente está preocupada por la calidad de nuestras experiencias, sobre todo en lo que se refiere a las experiencias mediadas a través de la tecnología. Y cuando esta tecnología es digital, la preocupación se desborda. Así, las redes sociales tienen nefandos efectos en la juventud moderna, mientras que la existencia misma de la Red y la disponibilidad e información que pone a nuestro alcance están destruyendo nuestra memoria. Y según parece disponer de la capacidad de fotografiar todo lo que tenemos a nuestro alcance deteriora nuestra capacidad de acceder a la experiencia real; la posibilidad y la voluntad de preservar lo que vivimos nos hace menos conscientes y por tanto menos vivos. Todas estas opiniones sobre los efectos de la tecnología digital en nuestro cerebro y nuestra conducta se basan en la idea de que la experiencia a través de un intermediario técnico es una experiencia de peor calidad; que las redes sociales son una versión de peor calidad que las reacciones personales, recordar usando libros o Internet es recordar menos que usando la memoria, o que una foto es un pobre sustituto de una mirada real. Se postula así que hay dos formas de vivir la vida y de experimentar la experiencia, una auténtica, positiva y real y otra falsa, deteriorada y falaz. La verdadera experiencia parece ser de tal fragilidad que hacerla compatible con cualquier resorte para mejorar la memoria la adultera y deteriora. O se vive o se preserva la vida, porque ambas cosas son incompatibles, nos dicen.

La afirmación es demostrablemente falsa y además parte de un presupuesto absurdo, como es suponer una especie de dualismo extremo entre la completa experiencia y la versión preservada. Según esta idea todo lo que no sea conversar en persona no es una relación social, como todo lo que no sea aprendizaje memorístico no es aprendizaje o todo lo que no sea recuerdo en primera persona no es recuerdo en absoluto. Redes sociales, memorias preservadas o fotografías hechas no tienen mérito alguno porque no son la experiencia real: o todo o nada, y como es obvio que las relaciones sociales a través de recursos técnicos o los recuerdos almacenados en imagen o texto no capturan el todo resultan carecer por completo de valor y son por tanto rechazables; un indicio cierto de degeneración cultural.

Esta preocupación, que sepamos, es tan vieja como el temor que Platón hizo expresar a Sócrates sobre el deletéreo efecto de la escritura en la memoria de la Humanidad. Pero es probable que cuando hace 40.000 años los Homo sapiens empezaron a pintar paredes de  cavernas alguien expresara ese mismo temor a que la memoria se perdiera, o a que la actividad de pintar bisontes en las cuevas detrajera al cazador paleolítico de la verdadera experiencia de la caza del paquidermo. Seguro que cuando los primeros escribas sumerios empezaron a tomar notas en tabletas de arcilla hace más de 5.500 años alguien se quejó de que en su época los sacerdotes de palacio eran capaces de recordar los tributos y contratos de memoria sin necesidad de hacer esas marquitas en barro que iban a acabar siendo la perdición de la humanidad. Porque parece natural pensar que cuando guardamos nuestros recuerdos fuera de nuestro cuerpo, cuando trabajamos en preservar el momento mientras lo vivimos, o cuando confiamos las relaciones con otros a aparatos mecánicos estamos perdiendo de alguna manera la esencia de lo que hacemos. Estamos degenerando, vaya.

Y sin embargo la historia nos demuestra que esto es radicalmente falso. Desde que Platón se preocupara por la memoria de la Humanidad y la amenaza de la escritura (por cierto, por escrito) el conocimiento colectivo de la Humanidad no se ha deteriorado según nuestras memorias se han desvanecido: se ha multiplicado de modo inconmensurable. Los jovenzuelos que se relacionan a través de Facebook o Whatsapp no tienen menos amigos o menos intensos que antes, igual que la anterior generación que se relacionaba por teléfono no tenían vidas sociales de peor calidad que en los tiempos del tontódromo. Querer preservar la experiencia de un concierto o una puesta de sol mediante una foto (incluso, horror, con un selfie) no detrae calidad al momento, sino que lo preserva e impregna la imagen con la sensación del instante y permite recuperarla más tarde. Y leer las aventuras de la Isla del Tesoro o de Harry Potter en un libro no hace esas emociones menos reales, sino que las hace posibles: la literatura entera es un ejercicio de transmisión emocional a través de un intermediario técnico (el libro). 

Recordar vía Wikipedia (o enciclopedia Espasa) no es un recuerdo de inferior calidad, y por tanto rechazable: es otro modo de almacenar información que hace a la mente humana más poderosa. Preservar imágenes no tiene por qué detraer de la experiencia sino que puede formar parte de ella y enriquecerla. La vida social no se hace menos rica y variada al tener más sistemas de comunicación, sino que se hace más compleja e interesante. No hay dos grados, un todo y la nada: mantener el contacto con una persona a través de la Red no es lo mismo que irte a tomar un café juntos, pero es mejor que ningún contacto; por eso han existido relaciones epistolares muy intensas y mañana se hablará de las mediadas por redes sociales con normalidad. Somos una especie simbionte con nuestra tecnología que sin embargo, y paradójicamente, tenemos miedo a los avances y siempre disponemos de argumentos y excusas para desconfiar de ellos. Pero la experiencia es mucho más resistente de lo que muchos agoreros piensan y enriquecerla no nos hará más pobres, sino más ricos y más inteligentes. Como ya ha ocurrido en el pasado, y como volverá a ocurrir.  

Pepe Cervera   19.oct.2015 08:54    

2 Comentarios

Sugerente como siempre, Pepe, pero creo que el artículo de Sampedro citaba varios estudios científicos y no se trataba solo de "opiniones" sobre los efectos de la tecnología digital en nuestro cerebro. Es como cuando se acusa de tecnófoba a gente como Sherry Turkle, que lleva décadas estudiando de manera científica la interacción del hombre con la máquina y cuyos argumentos deberían ser rebatidos con estudios igualmente rigurosos.

A modo de anécdota personal, que es justo lo contrario por lo que abogo en el párrafo anterior, el finde pasado estuve en Santander, y me dio por dar un paseo en ferry por la bahía. Junto a mí había una joven pareja que se pasó media travesía intentando sacarse el selfie con el mejor encuadre posible. Detrás tenía a otro que se pasó todo el trayecto disparando instantáneas en modo ráfagas. Y luego había gente que hacía un uso creo yo que razonable de la tecnología. Yo, qué quieres que te diga, al pensar en los primeros me sumo más a la idea de degeneración, porque ya no es que hablemos de una experiencia híbrida, que pueda recoger lo mejor de ambos mundos, el real y el digital, es que dejan que este último termine fagocitando enteramente al primero.

lunes 19 oct 2015, 19:10

Estimado Nacho:

Por supuesto que hay gente que se deja llevar y acaba abusando de la tecnología. Como ocurre con los libros, de los que ya Cervantes avisaba que el exceso era peligroso y enloquecía a la gente. Pero creo que no debemos juzgar el libro o la literatura por sus más extremas consecuencias, que sólo afectan a unos pocos. Y tampoco debemos juzgar el conjunto de la tecnología digital por sus expresiones más desconcertantes. Esa gente que integra perfectamente las experiencias real y virtual son el futuro. Y al cebarnos a analizar y publicitar los extremos y los defectos más sobresalientes, y al extenderlos al conjunto de la tecnología nos convertimos en la práctica en detractores; Y con ello, nos hacemos un flaco favor a nosotros mismos y también a la sociedad en la que vivimos.

Y además es muy cansino. Siempre lo mismo, de los mismos, en los mismos medios. Como sector económico somos más pesaos que una vaca en brazos.

;)

Un gran saludo y un abrazo.

PP Cervera

lunes 19 oct 2015, 19:27

Esto es solo una previsualización.Su comentario aun no ha sido aprobado.

Ocupado...
Your comment could not be posted. Error type:
Su comentario ha sido registrado. Los comentarios no aparecerán hasta que sean aprobados. Haga click aquí si desea publicar otro comentario

Las letras y números que has introducido no coinciden con los de la imagen. Por favor, inténtalo de nuevo.

Como paso final antes de publicar el comentario, introduce las letras y números que se ven en la imagen de abajo. Esto es necesario para impedir comentarios de programas automáticos.

¿No puedes leer bien esta imagen? Ver una alternativa.

Ocupado...

Los comentarios están moderados y no estarán visibles hasta que sean aprobados.

Mi comentario

Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
Ver perfil »

Síguenos en...

Últimos comentarios