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Otra inteligencia contra la infoxicación

    miércoles 25.nov.2015    por Pepe Cervera    1 Comentarios

Un reciente estudio dice que la gente que puede buscar cosas en Google se cree más inteligente que quien no puede buscarlas. Googlear hace que nos sintamos más listos, y es muy probable que sea cierto. Porque hasta ahora nuestra definición de inteligencia incluía saber las cosas; es decir, almacenar en nuestra memoria los hechos, las fechas, los nombres de los reyes godos. Saber las respuestas era ser listo, y eso era lo que enseñaba y premiaba el sistema educativo.

Y es lógico; antes de la invención de la escritura la memoria era el único almacén de ideas y conocimientos que existía. La única forma de aprender algo era que alguien te lo contase y tú fueses capaz de recordarlo. Por eso eran tan importante el verso, que es un artificio para hacer que las cosas se recuerden mejor. Gracias a la rima se conservaron las canciones homéricas, y gracias a ella los españoles del siglo XVI recordaban las obras de Lope o de Calderón.

Cuando se inventó la escritura hubo quien se preocupó: Platón hizo contar a Sócrates la historia de un mítico rey egipcio que discutía con el dios que les había concedido la escritura porque le preocupaba que la Humanidad perdiera la memoria. Si podemos escribir las cosas, pensaba Platón, no tendremos que recordar, y al igual que un músculo que no se usa la memoria se perderá y la inteligencia desaparecerá. La escritura nos hará tontos, pensaba.

No parece que haya sido el caso. Hoy, gracias a los libros y a que una buena porción de la Humanidad sabe leerlos la cultura ha avanzado una enormidad en conocimientos desde los tiempos de Platón (pdf). No parece que la escritura haya supuesto un problema, sino una bendición. Y sin embargo hay quien todavía cree que la única inteligencia verdadera es la que incluye la pura memoria. Por eso el resultado del experimento sobre la gente que googlea era noticia.

Esperemos que no sea cierto, porque el problema que tenía Platón es muy diferente del que tenemos nosotros. En los tiempos antiguos el problema era la falta de información: el no disponer de los datos que necesitaban porque eran desconocidos o porque simplemente no podían llegar hasta ellos. De ahí la importancia de la memoria. Pero desde que se inventó y popularizó Internet nuestro problema es justo el contrario: en vez de poca información tenemos demasiada. Corremos el riesgo de ahogarnos en datos, y de ser incapaces de distinguir los que sirven para algo de los que no; los que son verdaderos y relevantes de los falsos e inútiles.

En lugar de que la inteligencia desaparezca por falta de memoria corremos el riesgo de ahogarla en demasiados recuerdos irrelevantes; de morir de infoxicación.

Según el ingeniero Buckminster Fuller a lo largo de la historia y hasta el año 1900 el conocimiento acumulado de la Humanidad se doblaba dada aproximadamente 100 años. Pero después de la Segunda Guerra Mundial se calculó que el conocimiento se estaba doblando cada 25 años. Y la curva no ha dejado de crecer. Hoy es aterradora.

Cada minuto se suben a YouTube 122 horas de vídeo; es decir, poco más de 5 días. Harían falta 7.320 personas para poder previsualizar todo ese vídeo; 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días al año. Y YouTube no es el único depósito de vídeo. Luego están los blogs; sólo en blogs de Wordpress se publican 1.400 posts por minuto. En ese tiempo hay 14.500 pins en Pinterest y se ven 23.500 horas de películas de Netflix (dos años y 9 meses); en Internet se mueven 1,3 millones de gigabytes de información. Todo esto cada minuto.

Se estima que desde principios del milenio la humanidad está doblando su cantidad total de conocimiento cada 13 meses. Es decir: estamos creando cada poco más de un año más o menos la misma cantidad de información generada por toda la especie humana desde el principio de los tiempos hasta ese momento. Y esto no es nada comparado con lo que se nos viene encima.

En los EE UU hay un proyecto de genómica del cáncer que creará alrededor de 10 terabytes de datos al mes; normal, porque el análisis genético que llevaba 10 años hacer cuando se secuenció el genoma humano (hace 10 años) ahora se puede hacer en una semana. Como comparación el telescopio espacial Hubble generó 45 TB de datos en sus primeros 20 años de vida, con todas esas bellas y útiles imágenes de astros.

La astronomía genera ingentes cantidades de datos: el estudio digital Sloan para catalogar objetos en el espacio arrancó en el año 2000 y en pocas semanas creó más datos de los que toda la astronomía anterior había generado en toda la historia. Hoy su almacén tiene 140 TB, pero su sucesor que se construyen en Chile, el Gran Telescopio de Rastreo Sinóptico, creará esa cantidad de datos cada 5 días. Y si nos vamos a la física de partículas es todavía peor: el Gran Colisionador de Hadrones, que acaba de volver a arrancar, generará 300 GB por segundo de operación, un volumen inabarcable que se filtra para concentrarse sólo en los eventos más interesantes. A pesar de ello se calcula que creará entre 10 y 15 petabytes de información al año: entre 10.000 y 15.000 discos duros de 1 TB. Ha sido necesario desarrollar toda una infraestructura nueva para captar y gestionar este volumen de datos.

Y de nuevo eso no es nada para lo que viene con la Internet de las cosas. Hoy en día un motor de avión de pasajeros genera 20 TB por hora de vuelo; cada coche que se conduce solo genera 3,5 TB por hora de funcionamiento. Filmar en alta resolución la vida completa de una persona (100 años) ocuparía no más de 0,5 PB; algún día lo haremos. Para 2020 IBM calcula que la suma total de datos que creará la Humanidad se doblará cada 12 horas. En medio día generaremos tanta información como el total de la que teníamos hasta ayer. Y empeorando.

Los volúmenes son inabarcables. Sólo la Internet que conocemos contiene más de 5 millones de TB, de los cuales Google indexa menos del 0.01%. Eso son 5.000 PB; Google mueve unos 20 PB cada día. Veamos una comparación: se calcula que el contenido completo de la mayor biblioteca del mundo, la del Congreso de los EE UU, suma 3 PB si incluimos la música, las películas y las imágenes además de sus más de 20 millones de libros. Internet es 1.670 veces más que la Biblioteca del Congreso. Y no deja de crecer, desaforadamente.

Todo esto significa que tendremos que reinventar qué significa ser inteligente. Antes, cuando no teníamos información, los datos eran valiosos. Pero hoy nos ahoga la información: lo que es valioso es la atención, que alguien mire esos datos que de nada sirven si nadie los mira. Y por eso hace falta una nueva inteligencia basada no en almacenar información, sino en pastorearla: en saber encontrarla, en distinguir la buena de la mala, en comprender de qué forma tiene sentido. Esas personas que se creen más inteligentes porque usan Google realmente lo son. porque en lugar de gastar espacio en su cerebro almacenando datos lo están aprovechando para almacenar conexiones, relaciones y contexto, dejando los datos en donde mejor están: en los discos duros de Google. Saber dónde encontrar el dato, cómo valorarlo y comprenderlo es mejor que conocerlo de memoria.

No se sabe con certeza cuál es la capacidad de memoria de un cerebro humano: las estimaciones varían entre 1 y 2.500 TB de información, aunque según el futurista Ray Kurtzweil (defensor del ‘uploading': cargar la mente en un ordenador) un cerebro humano almacenaría alrededor de 1,2 TB. Muchos tenemos ya en casa discos duros así; ya hay memorias USB con esa capacidad. Entre todos los seres humanos del planeta no sumamos más de 8.400 PB de capacidad de almacenamiento en todos nuestros cerebros, es decir, 420 días de Google. Será mejor que los aprovechemos bien aprendiendo a pensar de otra manera; aprendiendo a tener otro tipo de inteligencia. Porque la pura memoria ya no nos basta.

 

 

Pepe Cervera   25.nov.2015 00:20    

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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