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Las lanzas de Schöningen

    martes 22.dic.2015    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Nuestros antepasados llevan usando herramientas de piedra más de dos millones y medio de años, lo que demuestra que en nuestro grupo zoológico la tecnología no es una recién llegada, sino que lleva con nosotros desde siempre. Y no sólo eso: durante todo este tiempo y con toda probabilidad incluso antes de usar piedra para sus herramientas nuestros ancestros usarían otras materias primas como el hueso y la madera para ayudarse en sus tareas. No sabemos exactamente cuándo ocurrió esto, aunque sí que nuestros parientes más cercanos los chimpancés son capaces de utilizar e incluso modificar palos y ramas. El problema es uno clásico de la paleontología y la arqueología, que es la inconstancia del registro fósil: la madera es un material con demasiados enemigos que fosiliza mal. Muchos hongos, bacterias e incluso animales son capaces de devorar y digerir madera, con lo que no abundan los restos de este material en los yacimientos. Y por eso cuando aparecen restos de madera es una gran noticia, como lo fue en los años 90 el descubrimiento de decenas de herramientas de madera en la localidad alemana de Schöningen, en la Baja Sajonia, incluyendo un considerable número de lanzas además de numerosos restos de caballos y otra fauna. Los niveles con las lanzas están datados en entre 300.000 y 337.000 años de antigüedad, lo que convierte a estas armas en las más antiguas de madera que se han hallado hasta ahora. Un nuevo estudio acaba de arrojar interesantes datos sobre ellas.

Schöningen_Speer_VIIEntre los hallazgos hay nueve lanzas de empuje, diseñadas para usarse como la puya de un picador, empujando con el peso del cuerpo. También hay una jabalina o lanza arrojadiza, un palo con doble punta y los restos de otras armas, además de miles de huesos de caballo y otros animales. Las lanzas están cuidadosamente talladas en madera de coníferas de la zona escogiendo la base del tronco para tallar la punta, la zona donde la madera es más gruesa. En el reciente estudio queda claro que la talla de las lanzas se hizo con extremo cuidado, e incluso alguna de ellas fue reafilada en varias ocasiones para avivar la punta. El estado de conservación es excelente incluso al nivel microscópico, lo que ha permitido analizar con detalle la secuencia de fabricación, desde la elección de la rama o tronco hasta la elaboración final. Aquellos tipos sabían lo que hacían y no sólo para cazar caballos; en el yacimiento hay restos de tigres de dientes de sable con evidencias de traumatismos y ataques. Parece que las lanzas de madera no sólo daban de comer a nuestros antepasados, sino que también les permitían protegerse de ser comidos. Y es que no hay nada como el hambre y el miedo a ser devorado como incentivos para el ingenio.

Pepe Cervera   22.dic.2015 08:57    

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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