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A la curación por la radiación

    viernes 18.mar.2016    por Pepe Cervera    0 Comentarios

¿Cuán desesperado hay que estar con un dolor crónico como para probar como remedio algo que es potencialmente mortal? Cualquiera que haya experimentado la tortura del dolor continuo sabe hasta qué extremos se puede llegar para buscar alivio, donde, como y a costa de lo que sea. El estoicismo se va gastando con rapidez, y a la larga el cerebro embotado es capaz de cualquier cosa por procurarse un descanso. Existen enfermedades especialmente perniciosas en las cuales el dolor es continuo, pero la lesión no es visible con claridad y el tratamiento médico es poco menos que inútil; muchas personas padecen dolores articulares muy resistentes a cualquier solución y que de puro permanentes acaban a la larga con la eficacia de cualquier analgésico. Con el tiempo, llega la desesperación, y si alguien ofrece un alivio, sea cual sea, ¿por qué no probarlo? Aunque parezca un poco absurdo a primera vista, puesto que se trata de jugar con un elemento que se sabe es perjudicial: la radiación. Aunque el respaldo sea anecdótico y la presunta teoría científica que lo quiere sustentar no esté comprobada y sea más que dudosa. Miles de personas en los EE UU cada año realizan estancias en la Mina de Radón ‘Free Enterprise’ (empresa libre) a las afueras de Boulder, Montana, para respirar durante varias horas al día aire enriquecido en gas radiactivo. El alivio, dicen, puede durar horas, días, semanas, meses o incluso años. Aunque la evidencia de que realmente funciona sea inexistente.

FreeEnterpriseRadonMineLa mina se abrió en los años 20 para extraer mineral de plata y plomo, pero después quedó en el olvido y cerrada hasta mitad de los años 50, cuando un grupo de prospectores capitaneado por Wade W. Lewis descubrió radiactividad en su interior y procedió a hacerse con la concesión. En aquella época (principios de la Era Atómica) los EE UU sufrieron una fiebre del uranio; de pronto la mina parecía tener potencial. Por aquella época una mujer que pertenecía a un grupo de potenciales inversores notó alivio de sus dolores articulares tras varias visitas a las galerías, o eso cuenta la historia oficial; con eso y con la rumorología la noticia se extendió y miles de pacientes solicitaron entrar, incluso mientras continuaban las labores mineras. Al final se dejó de extraer mineral y se acabó por convertir la instalación en lo que es hoy: un peculiar centro de terapia alternativa que sigue estando en manos de la familia del prospector original.

Los visitantes pueden escoger entre bajar a una galería de la mina a 26 metros de profundidad por un viejo ascensor o acomodarse en la Radon Room (habitación del radón) en superficie, donde se hace correr aire extraído de una galería a 32 m. de profundidad. Y se limitan a respirar: el tratamiento habitual son entre 30 y 60 horas repartidas a lo largo de entre 7 y 10 días por el económico precio de 275 dólares, estancia y alojamiento por cuenta del paciente. Tanto la galería como la habitación superior cuentan con sillones, iluminación, suelos preparados (y secos) y hasta acceso wifi; se recomienda llevar ropa cálida y una manta si se prefiere dormir, ya que abajo la temperatura ambiente oscila entre los 12 y los 14 grados centígrados. El visitante ocasional puede pasar una hora por 8 dólares o hacer una visita guiada por apenas 5. El aire de la mina contiene entre 700 y 2.200 picocuries por litro, con una media que ronda los 1.700. Según la agencia estadounidense de protección del medio ambiente concentraciones superiores a 4 pC/l deben ser corregidas por suponer un riesgo potencial.

El radón natural (no producido en reactores nucleares) se origina a partir de la descomposición del radio, y es un gas noble radiactivo que se descompone en un isótopo de polonio (radiactivo a su vez) por emisión de una partícula alfa. Este es de hecho el mayor riesgo, ya que partículas inhaladas llevan radón a los pulmones, donde la radiación alfa puede facilitar el cáncer. Se calcula que un significativo porcentaje de cánceres de pulmón en determinadas zonas provienen del radón, directamente, vía acumulación en sótanos y hogares en determinadas zonas geológicas, bien indirectamente vía tabaco. En regiones con suelos graníticos, dados a liberar este gas, se adoptan precauciones para proteger o ventilar los edificios donde se pueda acumular. En Boulder, en cambio, los pacientes lo buscan, pues consideran que alivia sus dolores sin más evidencia que la anécdota. Y que una teoría controvertida denominada hórmesis de radiaciones ionizantes, según la cual la radiación en pequeñas dosis es positiva para la salud aunque sea letal en dosis mayores. Una especie de homeopatía radiactiva que está sin demostrar, lo cual no detiene a los miles de pacientes que acuden (algunos con regularidad) a Free Enterprise y otras tres ‘minas de salud’ más en la zona. La mayoría de ellos como último recurso y gente de avanzada edad, es decir sin mucho que perder. Si el radón, o la tranquilidad subterránea sumada al Efecto Placebo, les alivia hay que decir que hay pseudoterapias mucho más perniciosas, y caras.

Pepe Cervera   18.mar.2016 09:03    

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Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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