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Un árbol de 23 millones de dólares

    martes 29.mar.2016    por Pepe Cervera    0 Comentarios

El vegetal más caro de la historia de la Humanidad está situado en el templo budista de Wat Bang Kradan en la provincia tailandesa de Trat, al sur, no lejos del mar y de la frontera con Camboya. Allí se yergue un enorme ejemplar de Aquilaria, un árbol de hoja perenne nativo de la zona del sudeste asiático que tiene más de 200 años, ya que ya estaba allí cuando se erigió el monasterio y el abad del momento decidió preservarlo por considerarlo sagrado. Hoy está guardado por un destacamento del ejército tailandés, y no es extraño, porque la última oferta que le hicieron a los monjes un grupo de inversores japoneses era de 23 millones de dólares por el árbol: sin duda la planta más valiosa de todos los tiempos. Pero, ¿por qué este árbol en particular, y por qué tantísimo dinero? Pues porque se sospecha que ese árbol está infectado con un hongo, y esa infección y su edad lo hacen sospechoso de contener la madera más cara del mundo: una variedad de Agar (también llamado Oud) conocida como Kynam (o Kyara), la de mayor calidad que existe de uno de los elementos perfumados más escasos y valorados que hay.

El Agar, Oud u Oudh, es un ingrediente fundamental de perfumes e inciensos en toda Asia, desde Oriente Medio hasta Japón, y desde hace milenios. Por ejemplo, este elemento aparece citado en los Vedas de la India, textos sagrados de varios miles de años de antigüedad, como también en unas crónicas japonesas del siglo VI adC, en textos chinos de la Dinastía Wu (300 adC), en tratados de medicina ayurvédica del siglo VIII y en la bibliografía médica musulmana. Como elemento perfumado se caracteriza por un rico olor complejo con elementos de maderas de oriente, pero también frutas, vainilla, flores frescas y almizcle. Algunas variedades se queman como incienso; de otras se extrae un aceite esencial que se utiliza para confeccionar perfumes y medicamentos tradicionales. Su sofisticación y rareza hicieron de este tipo de madera un material reservado a emperadores y dignatarios sobre el que se construyeron monopolios y se cimentaron estados en el sudeste asiático durante siglos. Hoy sigue siendo extremadamente deseado como ingrediente en perfumería y en barras de incienso, por lo que está muy valorado.

Lo curioso es que el Agar resulta de una infección: la madera de los árboles que son sus principales fuentes es en condiciones normales pálida, ligera e inodora, completamente inútil. Sólo cuando el árbol ha resultado infectado con el hongo Phialophora parasitica se empieza a desarrollar el verdadero Agar. Como defensa el árbol segrega una espesa resina oscura que empapa la madera: es esta resina la que está cargada de sustancias aromáticas que le dan su magia. El problema es que se trata de un proceso muy lento: hasta los 20 años de la infección no comienza a formarse la resina, que no alcanzará una cantidad aceptable (8 o 9 kg de producto) antes de los 80 años. Para colmo cuanto más viejo es el árbol, y su infección, mejor es la calidad de la madera empapada en resina, que se va haciendo cada vez más aromática. Esto significa que existen numerosos grados de calidad, y de precio, y que la persecución de los árboles salvajes infectados espontáneamente los ha llevado hasta cerca de la extinción. Hoy se cultivan en plantaciones o se desgarra deliberadamente la corteza de los silvestres para favorecer su infección, aunque el Oud que se obtiene de este modo es de menor calidad.

La pasión por su aroma, la creciente escasez de los grados de mayor calidad, las enrevesadas reglas de comercio internacional y la creciente riqueza en países consumidores como la India y China han llevado a una verdadera explosión del tráfico, y del precio. Está de moda entre los ricos chinos o indios adquirir madera de Agar, al precio que sea, como elemento de prestigio; al fin y al cabo un pedazo de esta madera de miles de años de edad se conserva en el Museo Nacional de Nara, Japón, donde se exhibe 10 veces cada siglo. Sus características olorosas y esta carrera por el prestigio de poseer rarezas explica que se puedan llegar a ofrecer millones de dólares por un sólo árbol, o que sea necesario ponerle guardia armada: como es el caso de otros ingredientes exóticos de perfumería, el Agar está entre las materias primas más caras del mundo, y la demanda no deja de aumentar. Es posible que si hoy saliese a subasta el árbol tailandés nos encontrásemos con que el precio ha subido aún. 

Pepe Cervera   29.mar.2016 09:03    

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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