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Lo que la riqueza le hace al cerebro

    miércoles 7.sep.2016    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Los ricos caen mal. Es un hecho: dado que no tienen los problemas que tenemos los demás, que llevan una vida con menos aprietos y más lujos y que la mayoría de nosotros tenemos poco contacto con ellos tendemos automáticamente a pensar que son diferentes, engreídos, menos de fiar, a menudo incluso poco generosos. La envidia, ese animal verde y escamoso, tiene mucho que ver, desde luego. Pero no sólo eso: experimentos realizados por psicólogos han demostrado que la posesión de más que el de al lado cambia el modo de comportarse de las personas, y lo hace de modo instantáneo e incluso cuando esa riqueza no es real. Al cerebro de las personas realmente le afecta la riqueza, alterando los parámetros básicos de lo que consideramos el bien y el mal. Y no siempre para empeorarlos.

Monopoly

Los cambios más obvios fueron descritos por el científico estadounidense Paul Piff utilizando un modelo muy sencillo: el juego del Monopoly. Cuando las reglas de juego se alteran dándole a uno de los jugadores una situación de privilegio (doble el dinero inicial que el resto, doble cobro al cruzar por la salida) este jugador tiende a ganar, obviamente. Pero también tiende a hacer otra serie de cosas muy curiosas, como comportarse de modo más prepotente y escandaloso, comer más del plato compartido de frutos secos o en general actuar con cierta mezquindad y chulería. Y lo mejor de todo: cuando el juego termina y se les pregunta por las causas de su victoria estos jugadores privilegiados se olvidan por completo de su privilegio y la explican por su superior dominio del juego y su depurada estrategia. Para el jugador que parte en posición de ventaja los demás no perdieron debido a que iniciaron en juego en inferioridad de condiciones, sino de forma justa; perdieron porque sus esfuerzos y su forma de jugar eran inferiores.

El privilegio y la riqueza no sólo se suben a la cabeza enseguida, parecen demostrar estos experimentos, sino que además se justifican a sí mismos muy deprisa. Por eso la parte de la sociedad más acomodada es la que más cree que quien trabaja prospera, y quien es pobre es porque no debe esforzarse lo suficiente; o que el mundo es justo y cada uno obtiene lo que merece. Siempre olvidando su propio privilegio original a la hora de juzgar y mostrando cierto déficit de empatía con quienes menos tienen. Es cierto que en muchos otros apartados la gente más acomodada demuestra ser más generosa (de modo directo o indirecto), pero también lo es que tener más tiende a modificar el punto de vista hacia un comportamiento menos solidario y más acomodaticio con la sociedad en la que viven; aquella en la que gozan de privilegios. A la hora de juzgar políticas conviene recordarlo: la riqueza afecta al aparato de pensar. Para ser justo hay que identificar los privilegios propios y corregirlos, o nos estaremos equivocando.

Imagen de William Warby, tomada de Flickr.

Pepe Cervera    7.sep.2016 09:01    

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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