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Nuestros genes neandertales y cuando extinguimos aposta

    viernes 9.sep.2016    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Hace más de un millón de años la humanidad abandonó el continente africano y se repartió por media Eurasia; unos se fueron hacia Indonesia y China, otros hacia Asia Central y otros hacia Europa, mientras en África se quedaba aún un grupo más. Estas diferentes poblaciones evolucionaron durante centenares de miles de años con poco contacto entre ellas y fueron cambiando y adaptándose cada una a su clima y condiciones locales y diferenciándose unas de otras. Hasta que hace entre 100.000 y 50.000 años el grupo que se había desarrollado en África volvió a abandonar este continente y recolonizó Eurasia. Solo que esta vez allí había gente: en Europa los Neandertales, en Asia los Denisovanos y en algunas islas de Indonesia los llamados ‘hobbits’ de Flores, como mínimo. Nuestros antepasados tuvieron más que palabras y guerras con estas poblaciones: somos una especie que nunca ha tenido problemas para practicar el sexo con casi cualquier objeto, por lo que aún conservamos en nuestro genoma huellas de estas poblaciones hoy desaparecidas. Esas huellas indican que hubo cruzamiento (poco; los europeos tenemos entre el 2 y el 5% de neandertal y los melanesios hasta el 5% de denisovanos), pero también nos han legado determinadas características que los ancestros africanos no tenían y que hemos recibido de esas varias poblaciones del pleistoceno.

Sex-with-Neanderthal

Según un estudio de asociación genómica los genes heredados de los neandertales tienen relación con enfermedades como la osteoporosis, la obesidad, la adicción a la nicotina y ciertos trastornos de la coagulación, pero sobre todo con enfermedades de la piel. Otros estudios han sugerido que los genes neandertales y denisovanos están relacionados con el sistema inmune y tal vez podrían habernos dejado ‘regalitos’ como ciertos tipos de asma. A cambio una variante de gen de origen denisovano es la responsable de que la sangre de los tibetanos esté especialmente bien adaptada a las grandes alturas a las que vive este pueblo. Así que no todo lo que nos dejaron estas ramas extinguidas de la Humanidad es malo.

Y hablando de extinciones: siempre se habla del virus de la viruela, del que existen muestras en apenas un puñado de laboratorios del mundo, como el primer organismo podríamos haber extinguido a propósito, ya que se ha hablado muchas veces de la posibilidad de destruir estas muestras y hacer desaparecer a este virus de la faz de la Tierra. Pero ya hubo una vez que extinguimos un organismo vivo, y fue más o menos sin querer queriendo: en 1987 biólogos californianos capturaron a los últimos 22 ejemplares vivos del Cóndor de California, un gran ave carroñera que estaba al borde de la extinción en libertad pero que tal vez se podía criar en cautividad. Y lo consiguieron: hoy la población supera los 400 ejemplares, más de 200 de ellos viviendo en libertad otra vez en sus hábitats naturales. ¿Una buena noticia? Sí, para los cóndores, pero no para sus habitantes.

Porque al capturar aquellos pájaros los biólogos hicieron algo más: los desparasitaron para mejorar su salud en cautiverio. Y con ello extinguieron al piojo del cóndor, un parásito inofensivo que sólo vivía en el plumaje de estas aves y que desapareció para siempre con esta acción. Demasiadas veces cuando pensamos en la conservación animal sólo nos preocupamos por los bichos grandes y bonitos con expresivos ojos que queden bien en las fotos, pero no pensamos siquiera en los pequeños, feos o asquerosos. Por no hablar de los parásitos, que nos repugnan y nos parecen un enemigo a batir y con los que acabamos en cuanto podemos.

Pero el papel de los parásitos en los ecosistemas es vital en múltiples aspectos: forman una gran parte de la biomasa, son vitales en el flujo de energía entre diferentes niveles ecológicos y mantienen a raya las poblaciones de algunos animales que gracias a que tienen sus propios parásitos no se convierten en plaga. Para salvar los ecosistemas hay que salvar a los parásitos, aunque nos caigan mal. No se debe preservar la ecología para que quede bonito, sino para que el conjunto funcione y mantenga a todos sus seres vivos en buena salud. Incluyéndonos a nosotros.

Sección de ciencia en 'Esto me suena'

Pepe Cervera    9.sep.2016 05:57    

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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