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Sexo hasta la muerte, amistad entre vampiras y cómo progresar en el Antiguo Egipto

    jueves 15.sep.2016    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Hay un pequeño marsupial llamado Antechinus que vive en Australia; es carnívoro, tiene el tamaño de un ratón y una estrategia evolutiva bastante radical. Los machos alcanzan la madurez reproductiva a los 6 meses de nacer y a partir de entonces y durante 5 meses se dedican a comer, y comer, y comer, sin nada de sexo u otras distracciones: de hecho almacenan grasas a mansalva. Engordan, y cuando tienen 11 meses y están rechonchitos (y sólo entonces) entran en celo, y permanecen en celo durante una a tres semanas, en las que lo único que hacen es procrear como locos. Para lo cual persiguen a las hembras, pelean entre ellos por acceder a ellas, y se aparean a veces durante 14 horas seguidas. Esto les genera una enorme sobrecarga hormonal; cortisol por el estrés de tanto ajetreo y testosterona por el continuo sexo, con el resultado de que su sistema inmunitario se desploma. Como consecuencia enferman, y mueren: la población de Antechinus se desploma al desaparecer todos los machos antes de alcanzar el año de edad, muertos por exceso de sexo. Pero seis meses después todas las hembras dan a luz entre 4 y 14 crías de ambos sexos y el ciclo se perpetúa. Es un método desde luego radical, pero que puede tener sentido en sus circunstancias ecológicas particulares, y que nos demuestra que la naturaleza no siempre emplea el ‘sentido común’ humano; existe al menos otro ejemplo de este tipo de apareamiento suicida, el de los salmones que suben por los ríos desde el mar para desovar allá donde nacieron, y los adultos mueren durante el viaje o una vez producido el desove. A veces asegurar la reproducción de la especie significa la muerte.

Antechinus

Hablando de evolución, en la amistad tenemos un pequeño misterio evolutivo: ¿por qué compartimos cariños, pero sobre todo recursos, con otros individuos que no están genéticamente relacionados con nosotros sin recibir nada a cambio? En principio la evolución es egoísta y debería favorecer los rasgos que benefician a uno mismo, no los que ayudan a los demás. Pero hay algunos animales en los que la tendencia a crear relaciones de amistad (ayuda mutua y compartir recursos entre individuos no emparentados). Y para entender cómo funciona se ha realizado un estudio con murciélagos vampiro hembra y sus formas de compartir la sangre. Se trata de un murciélago que vive en zonas tropicales de México, centro y suramérica y que se alimenta de sangre, aunque carece de los teatrales colmillos de sus representaciones cinematográficas: se limita a realizar pequeños cortes a grandes rumiantes o aves y a beber con ayuda de su saliva anticoagulante. Los vampiros comunes necesitan comer cada día unas dos cucharadas de sangre, y su rápido metabolismo y pequeño tamaño hace que mueran si pasan más de dos días son comer, por lo que suelen compartir su comida en los grupos sociales que forman. Este elaborado sistema social nos ayuda a entender como puede surgir la amistad a partir del altruismo recíproco a largo plazo mediante el estudio de los grupos de hembras del murciélago vampiro, que duermen apiñadas en cuevas en grupos de hasta una docena de individuos y tienen estrechos vínculos entre individuos por medio del aseo social, igual que muchos primates. Los científicos han detectado que algunas vampiras tienden a asearse mutuamente y a compartir sangre mucho más que otras en un comportamiento mutuo a largo plazo, lo cual supone que aquellas que tienen amigas están mejor alimentadas y corren menos peligro de morir por falta de alimento prolongada. La amistad es por tanto un mecanismo cuyo origen es facilitar el compartir recursos escasos a largo plazo, lo que no quiere decir, por supuesto, que no tenga sus propios placeres y recompensas.

En otro orden de cosas, se acaba de publicar un libro en Gran Bretaña que recopila traducciones de papiros escritos en jeroglífico, algunos de hace 4.000 años, que nos ofrece una ventana a la mentalidad de los antiguos egipcios. Y lo que vemos nos resulta muy familiar: los egipcios no fueron los primeros en desarrollar sociedades complejas, pero la suya alcanzó muy deprisa un sorprendente grado de sofisticación. Si lo unimos a que la naturaleza humana no ha cambiado mucho en 40 siglos nos encontramos en esta colección de sabiduría antigua cosas que nos sirven todavía hoy. Por ejemplo tenemos las Enseñanzas (o Instrucciones) de Ptahhotep, un libro de autoayuda del 1.850 adC supuestamente escrito por un visir imperial de 110 años de edad. Mientras en Europa nuestros antepasados erigían dólmenes y círculos de piedras como Stonehenge Ptahhotep escribía sobre cómo debes tratar a tu superior (o a tu inferior) para evitar problemas laborales y sociales (paciencia y autocontrol con el superior, no machacar al inferior y que él solo caiga en la cuenta de su error); consejos que sirven para la jerarquía laboral de hoy o para tratar con trolls en el mundo digital. Un ejemplo: Ptahhotep recomendaba a los jefes escuchar las quejas de los subordinados argumentando que a veces más que justicia lo que el inferior desea que alguien le escuche. Y el visir no sólo trata sobre cuestiones sociales y laborales: también ofrece consejos del corazón, afirmando por ejemplo que una esposa es como el agua: cuando se enfurece es mejor dejarle un canal por el que aliviar su inquietud que intentar reprimirla. Los buenos consejos de hace casi 4.000 años siguen siendo buenos consejos hoy, porque al fin y al cabo los egipcios no eran diferentes de nosotros.

Sección de ciencia en 'Esto me suena' del día 14/9/2016, minuto 40:10

Pepe Cervera   15.sep.2016 09:01    

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Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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