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La ceguera de los pudientes

    lunes 31.oct.2016    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Está cada vez más claro que los principios de la etología, en especial de la etología primate, se aplican en un grado sorprendente al comportamiento humano. Llevamos en nuestra programación básica principios de cómo relacionarnos entre nosotros que tienen sus raíces en nuestros antepasados evolutivos, que compartían muchos rasgos con los actuales primates; características esenciales que forman la base de nuestros propios sistemas de comportamiento. La gran capacidad humana es la de cooperar en grandes números, y esto nos ha permitido crear sociedades de enorme complejidad que nos proporcionan la capacidad de hacer cosas como colocar robots en Marte (con mayor o menor violencia). Pero en el fondo, a mano derecha, seguimos siendo primates y conservamos formas de comportamiento que tienen su origen en las relaciones de nuestros antepasados. Una de estas características es nuestro instintivo respeto por las jerarquías sociales y nuestro constante poner a prueba nuestro lugar en cualquier grupo en el que estamos: buena parte de la teoría del liderazgo económico o político reconoce esta realidad de que en cuanto nos juntamos unos cuantos humanos establecemos una pirámide cuyos niveles superiores se comportan de modo distinto a los inferiores. En muchas sociedades esta pirámide se traslada a la sociedad en su conjunto en forma de clase social, y se determina y expresa a través de la riqueza. Tener dinero permite ascender a niveles antes vedados y modifica el modo de comportarse de aquellos que lo tienen, como ya hemos visto. Ahora sabemos que la riqueza no sólo hace a quien la tiene juzgar de modo diferente lo que es bueno o malo: en un nivel más básico cambia la manera de mirar. Los ricos, demuestra un conjunto de estudios, tienden a fijarse menos en las personas a su alrededor: literalmente ven menos a su prójimo. El dinero ciega, en lo social.

Pyramid_of_Capitalist_System

Los experimentos se realizaron con dos métodos, uno usando Google Glass en las calles de Nueva York y otro (dos grupos) mediante un sistema de seguimiento del ojo en condiciones de laboratorio sobre fotografías. En los tres experimentos el resultado era coherente: la gente con mayor clase social (autoasignada) miraba menos y menos tiempo a otras personas, medido en términos de ‘vistazos’ de milisegundos. Se trata, por tanto, del reflejo de una decisión inconsciente, no de una elección deliberada, y el efecto neto es el mismo: en el más literal de los sentidos los ricos y socialmente poderosos ven menos a las demás personas. Cuando miran al mundo los ricos ven más cosas y menos gente y por tanto están menos capacitados para juzgar los sentimientos de otros como diferentes experimentos han sugerido, no porque los desprecien, sino porque no los miran. La demostrada menor empatía que tienen hacia otras personas los niveles altos de la sociedad tendría así una explicación enraizada en la etología primate: los pisos altos de la pirámide son menos conscientes de la existencia de otros niveles. Aunque como siempre conviene resaltar algunos detalles: los experimentos se hicieron con grupos relativamente pequeños, dos de ellos sobre estudiantes universitarios (los WEIRD por definición) y la asignación de clase la hacían los propios sujetos experimentales, detalles que quitan convicción a la generalización de los resultados. Por sugerentes que sean.

Pepe Cervera   31.oct.2016 09:01    

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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