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El esquivo origen del placer sexual

    viernes 18.nov.2016    por Pepe Cervera    0 Comentarios

El sexo es antiguo, muy antiguo; sabemos que se originó hace más de 2.000 millones de años en seres vivos eucariotas (con núcleo), pero unicelulares, y aunque sus ventajas evolutivas aún se discuten lo hemos heredado sus descendientes. Aunque aquel sexo unicelular es muy diferente al que ahora practicamos: se trataba de poco más que un simple intercambio con remezcla de material genético. De hecho la inmensa mayoría de los seres vivos que practican el sexo utilizan métodos que poco podríamos relacionar con el placer como expulsar los gametos a la ventura para que el viento o las corrientes los lleven a donde deben juntarse, dejarlos tirados para que el otro sexo los recoja o incluso usar a otros seres vivos como intermediarios, como hacen las flores con las abejas y otros insectos. Aunque es difícil estar seguros es probable que el acto de liberar gametos sea en todos esos organismos más parecido al de comer o estornudar que a lo que entendemos como ‘sexo’ nosotros, mamíferos avanzados. Descubrir cuándo surgió algo parecido a lo que ahora mismo tiene usted en la cabeza es complicado, porque los comportamientos no fosilizan, como tampoco lo hacen muchas partes, ejem, blandas. Aunque gracias a algunos descubrimientos de os últimos años algo podemos decir: y es desde hace unos 400 millones de años.

Lion_sex

De entonces son los primeros fósiles descubiertos de peces con embriones en su interior, que aparecieron en un desierto australiano; hasta este hallazgo muchos se habían interpretado como peces fosilizados con su comida dentro. Algunos, sin embargo, eran peces hembra embarazadas con embriones conectados mediante un cordón umbilical a la madre: esto prueba que la fertilización era ya interna y por tanto que hacía falta algún mecanismo para que las células espermáticas se introdujeran en el interior del cuerpo de la madre. Encontrar el primero de esos mecanismos (¿protopene?) no fue demasiado complicado una vez sabíamos cuándo buscar, y de hecho el hallazgo del pene más antiguo levantó algún revuelo hace unos meses. Pero lo significativo es que antes de esto no cabía imaginar ningún tipo de sensación placentera vinculada al sexo, pero la simple necesidad mecánica y los esfuerzos necesarios para hacer funcionar el sistema (los primeros protopenes apuntaban hacia atrás, por ejemplo; imagine el lío) claramente exigían algún tipo de recompensa inmediata para el animal que se tomaba tantas molestias. El resto es historia: esta sensación de placer ha estado casi siempre vinculado a los machos en muchos grupos animales, aunque afortunadamente en el caso de la especie humana parece que el placer femenino contribuye a mejorar la eficacia reproductiva de modo que ahora está repartido entre ambos sexos. Como tantos otros rasgos de nuestra anatomía y fisiología el placer sexual no es más que un accidente de la historia evolutiva que podría no existir; en este caso hemos tenido suerte como especie. Porque ¿imagina cómo habría sido la sociedad humana si el sexo fuese una actividad equivalente a comer o ir al baño, una mera necesidad fisiológica?

Pepe Cervera   18.nov.2016 09:03    

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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