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La ciencia puede a la guerra, marcianos inmigrantes y Ernest William Brown

    jueves 3.nov.2016    por Pepe Cervera    0 Comentarios

En 1769 se produjo el segundo Tránsito de Venus del siglo XVIII: el primero se había producido en 1761, y gracias a Edmund Halley se lanzaron una serie de expediciones internacionales para contemplarlo desde diferentes partes del globo. La idea era extraer toda una serie de datos astronómicos de gran interés al comparar las medidas desde diferentes lugares, pero no había salido muy bien: muchas observaciones fueron impedidas por nubes y otros accidentes. Para el de 1769 Inglaterra decidió enviar tres expediciones oficiales para hacer observaciones precisas desde Noruega, Canadá y algún punto en el Sur del Pacífico, pero había un problema: acababa de terminar una guerra con Francia y había fuertes tensiones internacionales. Si la guerra estallaba de nuevo el capitán Cook, al mando del HMS Endeavour que era el barco destinado a la expedición al sur del Pacífico, podía encontrarse con problemas si se topaba con barcos franceses en el camino de Tahití. Cook mandaba un pequeño buque, un carbonero adaptado con poca artillería que tenía pocas posibilidades de sobrevivir a un encuentro bélico. Pero el gobierno francés ordenó a su marina que dejaran libre pasaje al Endeavour para facilitar su misión científica; Cook pudo por tanto llegar a Tahití y realizar las mediciones sin problema alguno; luego continuó su camino a Australia. La marina francesa obedeció y el Endeavour recibió permisos y atenciones: el Tránsito de Venus de 1769 se convirtió así en un ejemplo de cooperación científica internacional y en un símbolo de que la ciencia, a veces, está por encima de las rivalidades nacionales.

HMS_Endeavour

Inmigrantes ilegales en Marte

La pasada semana volvimos a bombardear Marte con una sonda, sin querer, cuando Schiaparelli EDM chocó contra la superficie a más de 300 km/h. Es casi una tradición que se remonta a la Mars 2 soviética, cuya sonda de aterrizaje se estrelló el 27 de noviembre de 1971; otras sondas han tenido un mal final en el Planeta Rojo por lo que no sería extraño que los marcianos, de haberlos, estuviesen enfadados con nosotros. La llegada a Marte es excepcionalmente difícil, por la distancia y por la existencia de una atmósfera, pero tenue: eso complica cualquier maniobra de aerofrenado y dificulta el uso de paracaídas, por lo que las sondas tienden a aterrizar a demasiada velocidad. Y respecto a los marcianos, de existir son probablemente microscópicos, si es que aún no hemos acabado con ellos. Porque es posible que ya hayamos contaminado Marte con nuestras formas de vida a través de estas sondas: algunos de los microbios terráqueos son excepcionalmente resistentes y podrían sobrevivir allí. Por eso existe una oficina de protección planetaria en la NASA; un departamento dedicado a asegurar que no contaminamos con vida terrestre los planetas a los que enviamos sondas. La peor pesadilla de esta oficina sería la película El Marciano, en la que un terráqueo utiliza su propia flora intestinal para fabricar suelo con el que sobrevivir... contaminando irreversiblemente Marte con biota terráquea. Lo cual puede haber ocurrido ya, aunque sin querer: el rover Curiosity lleva una fuente radiactiva de calor que no fue desinfectada antes de su lanzamiento tan exhaustivamente como sondas anteriores. Es posible que ya haya marcianos, pero tendrán ascendencia terrestre: serán por tanto inmigrantes ilegales.

Ernest William Brown, la Luna y la informática

El astrónomo británico Ernest William Brown nació a mediados del siglo XIX y trabajó casi toda su vida en los EE UU, dedicado a un problema específico: la Teoría Lunar. Pasó toda su carrera calculando los movimientos de la Luna con una precisión sin precedentes: nuestro satélite es pequeño y está cerca, de modo que es un buen modelo para cálculos orbitales; en especial los problemas del tipo de los Tres Cuerpos. La influencia de la Tierra y el Sol sobre la Luna ayuda a comprender cómo las órbitas se ven modificadas por la gravitación cuando interactúan varias fuentes diferentes. La Luna se ve afectada por muchos factores, desde la posición de los demás planetas (Júpiter y Venus, por ejemplo) hasta el hecho de que ni la Luna ni la Tierra son esferas perfectas ni su masa está repartida de modo homogéneo, así que el detalle de los cálculos es mucho más complicado. Brown tuvo de hecho que introducir un factor ‘a capón’ en sus cálculos para que las observaciones encajaran con las ecuaciones. Porque incluso para él, el mejor especialista en el movimiento de la Luna, la teoría no encajaba del todo con la práctica. Sus tablas lunares (que publicó en 1919) son necesarias para múltiples aplicaciones como navegación, cálculo de mareas y muchas otras aplicaciones, pero se usó en otra tarea: contribuir al desarrollo de la informática. Sus cálculos, hechos a mano por personas: las ‘computadoras’ originales, fueron usados por su discípulo Wallace John Eckert para poner a prueba los primeros ordenadores digitales en los años 40; los complejísimos cálculos astronómicos de Ernest William Brown sirvieron así para ayudar a nacer a la ciencia de la informática. Eckert, por su parte, fundó y dirigió el primer laboratorio de investigación industrial de los EE UU: el de IBM. Y los cálculos lunares ayudaron a impulsar el nacimiento de las computadoras, esta vez electrónicas.

Sección de ciencia en 'Esto me suena' del día 2/11/2016

Pepe Cervera    3.nov.2016 08:57    

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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