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El peso de la mirada

    lunes 19.dic.2016    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Los humanos, a diferencia de nuestros parientes más cercanos, tenemos en los ojos un indicador de dirección de la mirada: un mecanismo que delata dónde fijamos la vista. El blanco de nuestra esclerótica hace destacar el tono oscuro que tienen la mayor parte de los iris, lo que permite a terceros distinguir con facilidad hacia dónde estamos mirando. Los chimpancés y los gorilas tienen en cambio la esclerótica oscura, por lo que resulta casi imposible saber hacia dónde miran. El blanco de nuestros ojos destaca la importancia que tiene en nuestra especie la relación social individual entre personas concretas, hasta tal punto que para nosotros es clave saber hacia dónde mira el otro; si su atención está fijada en nosotros, o dónde. Lo cual puede ser vital, como sabe cualquiera que haya sido pillado por su pareja mirando con exceso de fijeza a un hermoso ejemplar del sexo adecuado. La mirada es un importante mecanismo en psicología y sociología que explica muchos comportamientos, y cómo se maneja cuando estamos con otros es importante; tanto que según un reciente estudio mantener el contacto visual con otra persona reduce nuestra capacidad mental, por ejemplo al elegir palabras para hablar. El peso de la mirada se nota cuando hablamos.

Kumbum_eyes

El problema es que mantener la mirada es muy importante, pero hacerlo con demasiada fijeza puede resultar inquietante para el otro: en situaciones de intercambio social normal entre dos personas es necesario un cálculo continuo de cuánto tiempo mantenemos la mirada ajena. Demasiado poco y la otra persona desconfiará de nosotros, pensando que ocultamos algo; demasiado tiempo y el otro sentirá que intentamos taladrarle con los ojos y se sentirá incómodo. Se considera que un exceso de contacto visual por encima de los 3,3 segundos hace que el contacto visual pase de ser normal a desasosegar, lo que exige un frenético, aunque inconsciente, proceso de estimación durante cualquier conversación prolongada. ¿Estoy mirando demasiado, o quizá demasiado poco? Esta tarea tiene un coste en términos de recursos cerebrales, que se manifiesta en el experimento en términos de la dificultad para relacionar palabras: a los sujetos experimentales se les pedía asociar verbos con palabras, algunas cercanas a los verbos (fáciles de asociar) y otras alejadas en significado (más complicadas de vincular). Cuando los sujetos miraban una cara que les devolvía la mirada tenían mayores dificultades para realizar asociaciones de palabras, tanto las simples como las compuestas: esto indica que los recursos que usamos para mantener el contacto visual no están relacionados en concreto con el habla, sino que son más generales, de todo el cerebro. En efecto la gestión de la mirada reduce nuestra capacidad intelectual en conjunto, porque la mirada pesa. Y mucho más de lo que nos imaginamos.

Corregidas un par de erratas irreductibles el 19/12/2016

Pepe Cervera   19.dic.2016 09:01    

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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