Conexión Vintage viaja por el universo de los mitos para homenajear a Fernando Martín. - Somos Documentales

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02/12/2014

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José Antonio Jiménez

Fernando Martín: NACIÓ EL MITO

1989 será recordado por muchos motivos. Hagamos memoria. Cayó el muro de Berlín. Murieron Dolores Ibárruri, Bette Davis, Laurance Olivier, Lee Van Cleef, Salvador Dalí... La policía francesa detuvo a Josu Ternera. Carlos Andrés Pérez asumió la presidencia de Venezuela. Carlos Menem fue nombrado presidente de Argentina. Los estudiantes chinos se manifestaron en la Plaza de Tian'anmen. Nació el diario El Mundo. Bigas Luna rodó “Las edades de Lulú”. Se estrenó el primer capítulo de Los Simpson. Nicolae Caeucescu y su esposa fueron ejecutados por un grupo de soldados. Felipe González mandaba en España. El Madrid de JB Toshack arrasaba en la competición doméstica. Joan Cruyff ponía las bases del Dream Team. Cajasol se estrenaba en la ACB de la mano de José Alberto Pesquera. Antón Polster, Vicente Cantatore y Luis Cuervas soñaban con devolver al Sevilla Fútbol Club al Viejo Continente Europa. El Real Betis Balompié penaba en Segunda división por culpa de una crisis que afectaba a todos sus estamentos (¿les suena esta cantinela?).

Nos dejó para siempre Fernando Martín una lluviosa tarde de diciembre. 20 años, dos décadas, han pasado ya del accidente de tráfico que le costara la vida. El Real Madrid tenía que verse las caras en el Palacio de los deportes de la calle Goya con el CAI Zaragoza. Partido elegido por las televisiones autonómicas para amenizar la tarde a los amantes al deporte de la canasta. Fernando estaba lesionado. No terminaba de entrar en los planes de George Kart por culpa de unas molestias en su espalda que estaban influyendo negativamente en los resultados del conjunto merengue. Se acercaba la hora del inicio del choque (18:30) y alguien comentó que se había producido un mortal accidente en la circunvalación de la M-30. En el que podría estar involucrado un deportista de elite. Iban llegando al vestuario sus integrantes. Pero faltaban todavía dos o tres. La posibilidad de que alguno estuviera implicado en tan desgraciado suceso cobraba fuerza por minutos. La tensión se palpaba. Los nervios, la incertidumbre. Llorente, Biriukov, Romay… Todos estaban ya en el recinto. Todos menos Fernando. Nadie, cuando se supo la noticia, daba crédito. Ni sus compañeros ni los componentes del cuadro maño. Los hermanos Arcega, Paco Binaburo… con los que había coincidido en la selección española. Su Lancia Thema 8.32 había perdido el control, se había saltado la mediana. Nada se pudo hacer por salvarle la vida. Un vehículo que, caprichos del destino, fue desechado por Fernando Romay semanas antes. Curiosamente, años atrás el pívot madrileño ya le había destrozado su Mercedes a Antonio Díaz Miguel en un choque sin consecuencias.

Fernando Martín Espina (25 de marzo de 1962) no fue un jugador de baloncesto al uso. De familia bien, de las que no pasan apreturas a final de mes, destacó en varias modalidades deportivas. En natación, balonmano (cuenta la leyenda que Juan de Dios Román lo veía como un recambio de garantías en los escalafones inferiores del Atlético de Madrid del genial Cecilio Alonso) y en baloncesto. Comenzó casi sin saber moverse dentro de una zona. Destacando por su portentoso físico. El que le permitió llevar al Estudiantes al subcampeonato liguero cuando como mucho la Liga era cosa de tres (junto a Vicente Gil, Del Corral, Slab Jones, López Rodríguez…). El Joventut de Manel Comas lo tuvo fichado, pero el Real Madrid se lo quedó tras unas negociaciones dignas de una película de suspense y pagar a los del Ramiro 10 millones de las antiguas pesetas. Era el ídolo de las niñas de Serrano. Las que acudían al otrora Raimundo Saporta o al Magariños para verlo de cerca. Y eso que lo suyo no era lo de firmar autógrafos. En la Casa Blanca lo ganó todo, menos la Copa de Europa. La selección no tardó en llamar a su puerta (debutó con apenas 19 años). Con España alcanzó la gloria en los primeros 80. Con un grupo de jugadores que cuando Rusia, Yugoslavia e Italia mandaban en Europa ganó dos merecidas preseas de plata, que alcanzó un injusto cuarto puesto en el Mundial del 82.

El Viejo Continente se le quedó pequeño. Necesita algo más. Un nuevo reto. Y no se marchó antes a la NBA porque no hubiera disputado el Mundial de 1986. El celebrado en nuestro territorio. Eran tiempos en los que las distancias entre los de allí y los de aquí eran infinitas. Inalcanzables. Su rol en Estados Unidos estaba claro. Ser un buen suplente para el ‘4’ de turno. Lo hubiera sido en New Jersey, pero al final se descantó por los Blazers. Un error, visto lo visto. Un técnico chapado a la antigua, lesiones varias y el egoísmo de sus compañeros propiciaron que su aventura durase una única temporada. Menos de 12 meses.

¿Fracaso? Al menos podía presumir ante los suyos de haber sido el primer español en disputar la mejor liga del mundo. Si exitosa fue su trayectoria deportiva, no le sucedió lo mismo en lo sentimental. Dicen que Ana Obregón fue su verdadero amor. Relación más platónica que otra cosa. Tuvo un hijo de una modelo alemana de segunda fila (Petra Sonneborn). Un descendiente que pese a su apellido nunca ha estado a la altura de lo hecho por su progenitor. Deportivamente hablando, claro.
Podíamos estar horas y horas glosando la figura de Fernando Martín. Un ejemplo para la mayoría. Un pionero, un incomprendido, un arrogante, un privilegiado. Todo vale para definirlo. Que su carácter dejaba mucho que desear. Que no era un buen relaciones públicas de sí mismo. Que con Petrovic (Drazen) se llevaba a matar. Que pensaba dejarlo a los 30… Cuestiones que unos responderán de una manera y otros, de otra. Dentro de unos días lo recordaremos porque han pasado 20 años de su desaparición. Hoy tendría 47. Me puedo equivocar, pero seguro que no estaría vinculado al baloncesto. Me lo imagino viendo los toros desde la barrera. Sintiendo envidia sana de los logros alcanzados por Pau Gasol y compañía. Soltero y sin compromiso. El 3 de diciembre de 1989 se marchó el deportista. Nació el mito.

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