12 posts de octubre 2008

Como un arpa...

Hoy en el mundo todo es crisis financiera, sombra de recesión, malas perspectivas económicas, desempleo y otras amenazas... Eso hoy. Mañana se verá. Tiempos agobiantes. Os dejo un relato corto que publiqué hace unos meses en otra versión un poco más larga. Unas cuantas letras y un poco de música de arpa para aplacar los agobios y las incertidúmbres , al menos durante un instante. Ya hablaremos de crisis, de paro y de la inquietante economía en otra ocasión... Por ejemplo, el próximo fin de semana, en los Telediarios. Os esperamos.


Como un arpa enamorada...

A veces guardamos secretos tan inmensos que no hay donde esconderlos. Crecen y crecen y nos rodean sigilosos, y al fin son ellos los que terminan por ocultarnos a nosotros. El mío sigue revelándose tras el velo de mi alma. No consigo cerrarlo ni olvidarlo.

No recuerdo ya dónde nació ni desde cuándo acarreo con esta ingenua culpa. Lo único que sé es que la media noche pareció entera aquella noche. Ancha, larga, plena, serena y zalamera. Se hizo lenta hasta casi detenerse. Me acarició y perduró más allá y por encima de la absurda medida del tiempo, de las distancias a todas las estrellas que brillaban en todos los universos. La más oscura, la más calma, la más besada.

No deseaba dormir ni por asomo. Sólo continuar en aquel dulce duermevela, aliviada, fundida en él, derrochada en su cuerpo y en su sexo palpitante. Afinada, profunda, dócil, abierta y sinuosa, como un arpa enamorada de unas manos. Concebida una y otra vez en el placer inconfesable que el me confesaba. Concedida a él, a sus agrados, perdida en ellos, en él, desinhibida por completo en la parsimoniosa lujuria. Generosa en el deleitar y generosamente deleitada.

Allí tendida, fraguada sobre su pecho, casi sin aliento, me pareció que él apenas respirara. ¡Que pequeña la muerte!, pensé, que dulce. A lo largo y ancho de aquella vasta noche el encanto se hizo perenne, se prolongó hasta el infinito en la infinita eternidad de nuestros deleites. Cualquier padecimiento dejó de existir. Vida y muerte se convirtieron en palabras olvidadas, huecas, sin sentido. Todo se extinguió en el lento lamer del uno al otro, en el libidinoso ir y venir de las lenguas inquietas y los labios entreabiertos.

Su boca deambuló segura y decidida. Feroz en ocasiones, sutil siempre. Bebió con ansia o con mesura, sació toda mi sed en la suya, me abrasó con su voz o sus silencios. Susurro algo entre mis piernas y realmente creí morir. Todo perdió su sentido en ese dulce perecer. Imaginé que ya nada podría apesadumbrar nuestros corazones y quedé dormida, acurrucada en la serenidad. Cuando aun me deleitaba en el placer de no sentir y sentirlo todo a un tiempo, fui consciente de mi engaño.

Vivir y morir. Renacer y rematar. Avivar y sofocar. Amar sin amar en un agonizante éxtasis de apariencia inmortal. Aquello no era del todo cierto…

El amanecer prolongó sobre nosotros toda su oscuridad, todas las incógnitas, y tendió sobre el lecho todas las respuestas a las preguntas que nunca quisimos hacernos.

Él fue todo mi amor, lo fue esa noche, aunque luego la luz rompa los sueños y ridiculice los secretos, por inmensos que sean. Él lo fue todo y nada importó ni importa ya demasiado. Tampoco la realidad y la nada que luego llegarían, las que trajo el día. Que él tuviera que marcharse tan temprano, de forma tan apresurada, tal vez para siempre, que ya no estuviera a mi lado acariciándome, que no asomara más por la puerta, que no volviera a girarse para mirarme. Que no llamara, que no escribiera, quizá nunca más.

Y lo peor de todo, que él no seas tú.

Que tú jamás podrás ser él…

El globo rojo (Le ballon rouge)

En el último post abordaba un tema extremadamente real y dramático, un asunto demasiado terrible, que ha generado una marea de comentarios muy interesantes. Hoy os quiero compensar con algo que es justo lo contrario, pura belleza, arte. Algo completamente distinto. Pongamos un poco de verdadera belleza, color y delicadeza en este blog. 

Anoche disfruté de una joya cinematográfica llena de ternura, de una película imprescindible. Se titula "Le ballon rouge" (El globo rojo) y es de Albert Lamorisse, del año 1956. Dura poco más de media hora pero ganó la Palma de Oro de Cannes en el 57 y el guión se llevó un Oscar ese mismo año. Es pura poesía. Os la recomiendo. No es difícil de encontrar en DVD, pero por si aprieta la impaciencia os la dejo en cuatro "porciones" de YOUTUBE. ¡Ala! ¡a disfrutar! y a pensar en otra cosa... por ejemplo en el extraordinario encuentro entre un niño y un globo rojo en Montmatre, en el París de 1950...   

Primera parte 


Segunda parte


Tercera parte

Cuarta parte y final...

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