Coraza de Barro. Hasta siempre.

    domingo 30.ago.2020    por Lara López    0 Comentarios

 

En este último Venga la radio, quiero subrayar mi cariño y agradecimiento al profesor universitario y periodista Rodrigo Pincheira A., por la selección de algunas de las músicas de los últimos programas.
A Paloma Zuriaga, Pilar Martín y Javier Hernández, por la libertad de la propuesta. A Luisa Mancebo, por todo.
A los autores, editores, promotores y etc.
A los colaboradores habituales, amigos que siempre han dicho sí sin pedir nada a cambio.

A los amigos menos habituales y siempre presentes.


Al Servicio de producción de RNE, al de Emisiones de la Casa, al equipo de Documentación.
A mis compañeros de A la carta, siempre al quite.

A Manuel García, por esa maravillosa sintonía cuyos derechos nos cedió. A Jota Márquez Cervantes, por ayudarnos en la gestión.

A Joserra Gómez España y Silvia Castelló, por la realización exquisita.

Y, muy especialmente, a los oyentes de RNE, a quienes espero encontrar sábados y domingos, de 06 a 07 am en esta misma sintonía, en Músicas Posibles ( Y con @ChemaLanga y su equipo estupendo, una temporada más, los lunes en @GalloNoCesaRNE )

 

 

Ana Lidia Batista propone un fragmento de La inteligencia del alma, de José María Doria

Javier Ruibal nos lee cuatro poemas de Coraza de barro.

José Ángel Esteban lee un poema de Rocío Acebal

Lara, un texto del Palimpsesto Arquitectónico de Alberto Campo Baeza y Lejanas Mareas, de Ricardo Pla.

Samuel Alonso Omeñaca escoge y lee un fragmento de Julio José Ordovás y otro de Rebecca Seal

José Miguel G. Acosta se queda con R. Tagore

Aloma Rodríguez, con Mr. Camping de El niño gusano

Alejandro Escudero, con Ortega y Gasset

Esther Ropón, lee a Óscar Hahn

 

 
 

Stillness of the Holy Place – Akira Kosemura

Hallelujah Junction: VI – John Adams, Gerard Bouwhuis, Cees Van Zeeland

Veni Creator Spiritus - Himno (Modo VIII) – Anonymous, Coro De Monjes Del Monasterio De Silos/Ismael Fernandez De La Cuesta, Ismael Fdez de La Cuesta

The Thoughts of Mary Jane – Nick Drake

Tonada

Vichnaya Pamyat – Homin Lviv Municipal Choir

Ma mère l'oye, M. 60: 5. Le jardin féerique. Lent et grave – Valeria Szervánszky, Ronald Cavaye

Aria di te – Avion Travel

Ten cuidao – Mayte Martín

Died for Love – The Unthanks

Pensión Triana – Javier Ruibal

 

Arco iris

Ortega y las vanguardias artísticas (Pieza de filosofía de Alejandro Escudero)

José Ortega y Gasset (1883-1955) desde la filosofía de la razón vital estaba siempre atento a los procesos históricos emergentes, esos en los que se aquilata y perfila el futuro de un mundo. 

En 1925 se celebró, en el Palacio del Retiro de Madrid, la Primera Exposición de la Sociedad de los Artistas Ibéricos. En ella participaron pintores como Rafael Barradas, Benjamín Palencia y Salvador Dalí, y un excelente escultor como Ángel Ferrant.

Ese mismo año, en la estela de esta exposición pionera, Ortega y Gasset publicó el ensayo titulado “La deshumanización del arte”. 

Su propósito era explicitar los principales rasgos que definen el vanguardismo artístico, entonces en plena ebullición en Europa.

Veamos cómo el filósofo madrileño caracterizaba la sinuosa, explosiva y arriesgada aventura del arte de vanguardia.

En primer lugar, destaca que se ha desatado una profunda hostilidad hacia esta peculiar orientación del despliegue del arte. 

Leemos en su escrito: «El arte nuevo tienen a la mayoría en contra suya, y la tendrá siempre. No se trata de que a la mayoría del público no le guste la obra joven y a la minoría sí. Lo que sucede es que la mayoría, la masa, no la entiende. Mas cuando el disgusto que la obra causa nace de que no se la entiende, queda el hombre como humillado, con una oscura conciencia de su inferioridad que necesita compensar mediante la indignada afirmación de sí mismo frente a la obra».

El arte vanguardista es especialmente difícil y hermético. Y el sentido de cada obra suya nunca es unívoco. ¿Por qué sucede esto? Porque ha socavado dos principios que han regido el curso del arte de los últimos siglos. Con él se cuestiona tanto el principio de representación (vigente en la moderna definición de belleza) como el principio de expresión (activo en la exaltación sentimental del Romanticismo). Las artes ya ni copian un modelo externo ni reproducen una vivencia interna. Y esto lo descoloca todo y ocasiona un monumental desconcierto.

El arte vanguardista, además, invierte la perspectiva en la que habitualmente se nos ofrecen los fenómenos del mundo y explora la dimensión límite entre lo manifiesto y lo oculto. Por eso es un arte muy exigente con el público que lo recibe.

Este arte, también, está espoleado por un frenético afán de novedad, una obstinada pulsión de ruptura. Y, por eso, apurando su fuerza, pretende borrar de un plumazo, con arrogancia, el conjunto de la tradición artística.

Por sus páginas desfila la música de Debussy o Stravinski, la poesía de Baudelaire y Mallarmé, la pintura de Pablo Picasso, el teatro de Pirandello, la literatura de Proust, Joyce y Gómez de la Serna.  

Ortega defiende la pertinencia de este intento, pues el principio de representación y el principio de expresión ya habían agotado lo que pueden dar de sí. Destaca el vigor de sus hallazgos, aunque advierte con lucidez algunas de sus limitaciones.

La segunda mitad del siglo XX supuso el declive del impulso vanguardista. La aventura del arte entró en otra etapa, llena de vacilaciones y ambigüedades. El lugar y el papel del arte en el mundo moderno nunca ha estado meridianamente claro, y esto puede tardar siglos en dilucidarse. 

El texto de Ortega todavía hoy nos ayuda a entender un episodio clave del arte del siglo XX. Por eso nos es instructivo, periódicamente, volver a visitar sus páginas. Pero, sobre todo, nos anima a preguntar qué podrá ser aún el arte en el agitado y confuso siglo XXI. Un interrogante complejo que sostiene y atraviesa una y otra vez el mundo del arte.

 

Lara López   30.ago.2020 11:35    

Ciudad sin sueño

    domingo 23.ago.2020    por Lara López    0 Comentarios

 

Pablo González Batista lee a Lorca

Eduardo Gómez de Baudelaire, "El pintor de la vida moderna", el Cap. 9, "El Dandi”.

Alex Prada nos lee fragmentos de su primera novela, Comida y basura

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Gracias a Carlos M. Juárez, recuperamos los poemas de Gloria Gómez Guzmán

Tendríamos que decir de aquellos

Down Generation

It’s the same

 

Aloma escoge y lee la letra de una canción de El niño gusano

 

Ramón del Castillo en el jardín de asfalto (Pieza de filosofía de Alejandro Escudero)

Estamos en medio de una crisis ecológica seria y profunda. Una amenaza fantasma difusa y cercana.

La filosofía intenta, aquí, ir a su raíz, indagar en su origen, e imaginar soluciones posibles, futuros alternativos. El pensar ecológico es, por ello, una de las principales vertientes de la filosofía en el mundo actual.

El libro de Ramón del Castillo El jardín de los delirios (editorial Turner, 2019) es una magnífica contribución multidisciplinar, frondosa y llena de recovecos, a esta compleja problemática que nos espolea y atenaza.

La controversia central tiene su núcleo en una pregunta difícil: ¿qué es y cómo se nos manifiesta la naturaleza?

Ramón del Castillo, a través de un amplio despliegue experiencial y argumental, refuta las reiteradas pretensiones de esencializar e idealizar la Naturaleza, es decir, desmiente las concepciones en las que se la presenta como una totalidad armoniosa, equilibrada, bondadosa, benefactora. La naturaleza, sin embargo, es un conjunto heterogéneo de procesos antagónicos, es orden y es caos, calma algodonosa y furia desatada. Complejidad y desequilibrio.

El libro desarbola multitud de ideas preconcebidas y tópicos manidos. Con ironía e ingenio nos previene ante el esnobismo medioambiental y las estrategias de marketing centradas en el nuevo negocio de “lo natural” bajo el reclamo de las “etiquetas verdes”. Desde la vida urbana es fácil sentir nostalgia de lo rural, pero ninguna distracción compensatoria aporta algo significativo al problema de fondo.

El hilo conductor del libro está en la poliédrica metáfora del “jardín”. Se trata de un fenómeno de frontera: un híbrido en el que se conjugan lo natural y lo artificial. Y aquí reside uno de los puntos fuertes de la propuesta: entender que es erróneo separar, oponer y jerarquizar la naturaleza de la cultura. Se dan conjuntamente, y su delimitación nunca es nítida ni tajante.

Por otro lado, en El jardín de los delirios se subraya con perspicacia el nexo entre ecología, política y economía. La problemática ecológica es transversal: concierne, centralmente, a la organización cotidiana de la vida en la ciudad, y, por ello, tanto al gobierno del Estado como a la infraestructura económica. Y el desastre en ciernes sólo se parará y revertirá, en la medida de lo posible, si se encuentran y modulan cambios que simultáneamente discurran por esos tres ejes.

Este libro punzante y divertido, en definitiva, es un paso firme hacia un pensar ecológico más lúcido, menos ingenuo, mejor articulado.  

Estamos metidos en un jardín. ¿Saldremos airosos de él? Nos toca intentarlo. Y sólo lo lograremos si pensamos con rigor, actuamos con responsabilidad y firmeza y, además, si aprendemos el difícil arte de renunciar a lo superfluo que inunda, por ejemplo, nuestras neveras y armarios, nuestras calles y plazas, playas y montañas. Acostumbrados ya a la abundancia, sin embargo, renunciar a cualquier cosa nos parece un delirio. El reto, por lo tanto, es enorme y queda por dilucidar si estaremos a su altura.

El jardin de los delirios

Músicas

Suite Bergamasque: Clair de Lune – Claude Debussy, Inon Barnatan

2 Arabesques, L. 66: No. 1 in E Major – Claude Debussy, Michael Korstick

One Day – Nobukazu Takemura

Sunny & Cloudy – Hans Wolfgang Ziegler

Week No. 8 – Fabrizio Paterlini

Nostalgias de la Pincoya – Bordemar

Redemption Song – Bob Marley & The Wailers

Le Carnaval des Animaux, R.125: 13. The Swan (Arr. Hodge for Cello, Harp & Ensemble) – Camille Saint-Saëns, Sheku Kanneh-Mason, Katherine Thomas, CBSO Cellos

Maggio si’tu – Giancarlo Arena & Alessio Arena

Alone again, naturally

Lara López   23.ago.2020 20:02    

La claridad

    domingo 16.ago.2020    por Lara López    0 Comentarios

 

Esther Ropón lee a Luis García Montero

Lara Hermoso a Elizabeth Bishop

Marcelo Luján, fragmentos de su último libro de cuentos, La claridad

Laclaridad

Aloma Rodríguez, una canción de Christina Rosenvinge, Al fin loca, al fin sola.

Gabriel Merino sus poemas

"Joven tatuado en bicicleta"

"La flauta vertebral"

"Hand Cannot Erase"

"O lucky man"

"Into the wood"

 

Gilles Deleuze 2

 

 

Gilles Deleuze y el arte del cine. Pieza de filosofía de Alejandro Escudero.

El filósofo francés Gilles Deleuze publicó en la década de los ochenta del siglo pasado dos magníficos libros dedicados al cine: La imagen-movimiento y La imagen-tiempo.

Estos ensayos nacen de un profundo amor al cine. Su propósito es entender el cine desde la filosofía y, a la vez, subrayar en él su vertiente artística (es decir, resaltar aquello que sobrepasa la fastuosa y rentable industria del entretenimiento).

Nos dice Deleuze: «Es cierto que los filósofos se han ocupado muy poco del cine. Sin embargo, se da una coincidencia. En el mismo momento de aparición del cine, la filosofía se esfuerza en pensar el movimiento, el cambio, el tiempo. Pero puede que esta misma sea la causa de que la filosofía no reconozca inicialmente la importancia del cine: está demasiado ocupada en realizar por cuenta propia una labor análoga a la del cine, quiere introducir el movimiento y el tiempo en el pensamiento, como el cine lo introduce en la imagen. Más que de una posibilidad de encuentro, se trata de dos investigaciones independientes. A pesar de todo, los críticos cinematográficos, al menos los mejores, se convierten en filósofos desde el momento en que proponen una estética del cine. No son filósofos de formación, pero se convierten en filósofos. Esta fue la aventura de André Bazin».

El cine surgió en el siglo XIX con la proyección en una pantalla y en una sala oscura de asombrosas secuencias de imágenes en movimiento. Ya en el siglo XX ocasionó una conmoción profunda en el universo del arte, llegando a redefinir, como constató Walter Benjamin, algunos de sus parámetros tradicionales.

El cine, como arte audiovisual, es definido por Deleuze a través de varios rasgos:

Por un lado, es una síntesis de otras artes: el teatro, la novela, la pintura, la fotografía, la música. Su logro específico consiste en empujarlas desde los resortes de su medio de expresión más allá de sí mismas.

El cine es, por otro lado, una composición de imágenes y sonidos en un movimiento espaciotemporal; por este motivo su punto clave se encuentra en el montaje de planos y secuencias, en el encadenamiento de imágenes y sonidos.

El cine, además, explora lo posible en el campo de lo audiovisual y traza una línea de fuga en lo ordinario revelando dimensiones inéditas de lo real. Es decir, extrae fragmentos del mundo y de la vida y se los devuelve intensificados y alterados, ampliados y expandidos.

Deleuze, con sus dos libros, nos propone una cartografía del cine. Dibuja, así, un mapa con dos de las principales rutas que articulan su historia, es decir, la serie compleja de las mutaciones de este arte singular.

Una ruta del cine sigue un cauce predominantemente narrativo: cuenta en imágenes una serie de peripecias de unos personajes que actúan en un mundo. Por lo cual se nutre, preferentemente, del teatro y novela.

Otra ruta del cine nos ofrece un cine más poético y contemplativo; aquí el relato es secundario respecto a la fuerza propia de la articulación de la imagen y el sonido. Su fuente está, entonces, en la pintura y la fotografía, pero tamizadas por los recursos peculiares del medio cinematográfico.

Estas dos rutas del arte del cine se entrecruzan de muchas maneras; se atraen y se repelen; convergen y divergen según trayectos múltiples que Deleuze persigue en sus escritos (guiado por la teoría de la imagen de Henri Bergson y la teoría del signo de Charles Sanders Pierce).

Por La imagen-movimiento y La imagen-tiempo desfilan más de 350 películas y, también, sobresalientes cineastas como Orson Welles, Carl Theodor Dreyer, Alfred Hitchcock, Akira Kurosawa, Roberto Rossellini, Luis Buñuel, Andréi Tarkovski o Jean-Luc Godard.

Hoy, el cine está marcado por cambios significativos: aparece la imagen digital, desaparecen las salas de cine, y, a través de internet, se afianzan nuevos modos de difusión. El rito social es desplazado por la recepción doméstica.

La recapitulación del recorrido del cine realizada por Deleuze no es, sin embargo, nostálgica: está orientada a pensar en su futuro como arte. Deleuze ayuda a entender en profundidad la magia y la aventura del cine clásico y moderno, y, así, permite tomar impulso hacia el incierto porvenir de un arte prodigioso, tan seductor y fascinante como imprescindible.

Músicas

Como la cigarra – Giancarlo Arena & Alessio Arena

Tonada Triste – Charanku e Ítalo Pedrotti

Tenderness – Sam Cooke

Oh My Love – John Lennon

On The Nature Of Daylight – Max Richter, Louisa Fuller, Natalia Bonner, John Metcalfe, Philip Sheppard, Chris Worsey

Germination – Ryuichi Sakamoto

Por Dios, Cuántas Noches – Eduardo Paniagua, Said Belcadi, Abdel Ouahid Senhaji

Suite del Tiempo Ausente: IV. Cristalino – Horacio Salinas interpretado por José Antonio Escobar

Lara López   16.ago.2020 13:41    

Porque ya no queda tiempo

    domingo 9.ago.2020    por Lara López    0 Comentarios

Pincha aquí para escuchar el programa.

 

Músicas:

Cerca de las estrellas – Pekenikes

Blow With The Wind – Paula Rae Gibson

Finn – Tori Amos

Visions of Gideon – Sufjan Stevens

Sunset – Cosmo Sheldrake

Change in the Air – Bill Frisell

Kaddaba – Attarazat Addahabia, Faradjallah

 

La pieza de filosofía de Alejandro Escudero: Hartmut Rosa y la aceleración del mundo

El principal libro del filósofo alemán Hartmut Rosa tiene un título musical: Resonancia (editorial Katz, 2019). En él se pone de relieve la potencia de la vibración sonora, como, también, en la física actual, se plantea en la teoría de las cuerdas. 

Sin embargo, nos vamos a centrar en el libro titulado Remedio a la aceleración (ediciones Ned, 2019).

Su meta es ofrecer un diagnóstico del actual estado del mundo. Para lograrlo acude a una clave peculiar: la velocidad, la celeridad. Sus indagaciones parten, pues, de este prisma. El reto se concentra en explicitar la lógica de la aceleración e identificar su motor. 

La aceleración afecta a la mayoría de las áreas del mundo contemporáneo, pero se pueden destacar, básicamente, tres vectores de su afianzamiento y expansión: 

El desarrollo de medios de transporte que han encogido el espacio del mundo: el tren, el automóvil, el avión.

Una red cada vez más tupida de comunicaciones a distancia: desde el teléfono o la radio hasta, en la era digital, el móvil e internet. 

El consumo compulsivo de mercancías alentado por el fenómeno de la moda y espoleado por la publicidad.

El capítulo más llamativo del libro se titula “Impresiones de un viaje a China”. En él relata un intenso recorrido con tres estaciones: la futurista y agitada Shanghái, la ciudad industrial de Wuhan y la región rural de Huang Pi. Nos resume Hartmut Rosa su itinerario con estas palabras: «El trayecto se asemeja a un viaje hacia el pasado a través del tiempo: de la modernidad digital de Shanghái, a través de la modernidad industrial de Wuhan, a la premodernidad de la China meridional». Este enorme contraste es lo que, siempre, da qué pensar, impulsando las preguntas de la filosofía.

La aceleración del mundo tal vez contenga algunos frutos positivos. Pero también muchas consecuencias negativas. El ritmo frenético es el caldo de cultivo de una vida estresada, extenuada, agobiada. 

Así concreta su diagnóstico de la situación: «La consecuencia de todo este proceso es que cada año, y no importa que vivamos en Europa, en China o en Estados Unidos, tenemos que correr un poco más deprisa con la única finalidad de que todo se quede como estaba. La modernidad tardía desemboca, por lo tanto, en una inmovilidad paradójica que nos aleja del mundo y de la vida, provocando el deseo de una forma de vida distinta, una manera resonante de estar en el mundo».

La extrema aceleración induce una desconexión, una separación, una distanciación. Impide cualquier modo racional de reacción ante lo que sucede. 

Lo más complicado, aquí, es proponer un remedio al imperativo de la velocidad. En primer lugar, porque para encontrarlo hay que frenar. Hartmut Rosa, principalmente, nos invita a buscar experiencias de resonancia, es decir, nos anima a resintonizar con el mundo, a recuperar unos vínculos, unas vibraciones, un feedback que hemos perdido. Su propuesta es a la vez sencilla y compleja. Por eso, acercarse a sus libros, hoy, en un mundo frenético, un mundo acelerado que se derrumba ante cualquier detención, por breve que sea, es especialmente oportuno. ¿Aprenderemos a resonar con el mundo? ¿seremos capaces de nutrirnos de la resonancia en las distintas áreas de la vida? Una porción del futuro del mundo depende de cómo afrontemos estas incógnitas. La velocidad no puede ser infinita como Einstein nos enseñó. Todo tiene un límite y ya lo hemos rebasado con creces. 

H R Remedio a la aceleración

 

José Miguel Gómez Acosta lee El cirujano celeste de R.L. Stevenson.

Aloma Rodríguez trae tres canciones:

Nada de nada, de Cecilia.

Niño futuro, de Rafel Berrio.

Noam Chomsky se ha enamorado de ti, de Astrud.  

Eduardo Gómez lee del barón de Holbach, Leyes morales sobre los sabios, las ciencias, las letras y las artes, de su Etocracia o el gobierno fundado en la moral.

Samuel Alonso Omeñaca lee a Xoan Bello.

El título del programa, Porque ya no queda tiempo, nos lo regala Rafa Cervera, que nos lee fragmentos de su novela (Jekyll & Jill, 2020).

Rafa portada

Lara López    9.ago.2020 13:07    

Una habitación compartida

    lunes 3.ago.2020    por Lara López    0 Comentarios

 



Alejandro Escudero nos habla de dos libros de mujeres marginadas: Audacias femeninas (mujeres del mundo antiguo), de Carlos García Gual  y Mujeres silenciadas en la Edad Media, de Sandra Ferrer. José Miguel Gómez Acosta propone Baño en el lago de Slotepark del  libro El arrecife de las sirenas de Luna Miguel en (La Bella Varsovia), además de grabar  las campanas de Santa Ana, de Granada. Eduardo Gómez vuelve a  Memoria contra la religión, de Jean Meslier. Aloma Rodríguez nos trae la letra de Elegía al jardín de mi abuela de Vainica Doble. El título del programa nos lo regala Inés Martín Rodrigo, que nos lee fragmentos de sus Conversaciones con grandes escritoras: Una habitación compartida (Debate,2020)

Inés portada

Músicas:

Fado Al-Mu'tamid – Amina Alaoui

E Penso a Te– Mina

One Day – Nobukazu Takemura

Comptine d'un autre été, l'après-midi – Yann Tiersen

Elisa's Theme – Alexandre Desplat

The Weeping Meadow –Eleni Karaindrou Ensemble, String Orchestra La Camerata

Avril 14th – Aphex Twin

 

Mujeres intrépidas: una historia que viene de lejos (Pieza de filosofía de Alejandro Escudero)

Recientemente Michelle Dean, en su libro Agudas (editorial Turner, 2019), y Deborah Nelson, en su libro Implacables (ediciones Monte Hermoso, 2018), se han referido a mujeres que en el siglo XX tomaron la palabra en la esfera pública. Fueron escritoras como Hannah Arendt, Mary McCarthy y Susan Sontag.

Su osadía y atrevimiento remite, de todos modos, a una vieja y recurrente historia que merece ser contada para que la pujanza de algunas mujeres no se sumerja en las aguas del olvido.

Nos referiremos, para ello, a dos magníficos libros: Audacias femeninas (mujeres del mundo antiguo), de Carlos García Gual (editorial Turner, 2019) y Mujeres silenciadas en la Edad Media, de Sandra Ferrer (editorial Punto de Vista, 2019). 

Tanto en la Antigüedad grecolatina como en la Edad Media hubo mujeres que se atrevieron a rebasar los estrechos límites en los que estaban confinadas en la tradicional sociedad patriarcal. 

Escribe Carlos García Gual en su libro: «En el mundo griego clásico está muy bien definido el papel asignado a la mujer en la sociedad. En la reclusión del hogar debe servir a la familia: obedecer al padre y luego al marido, tener hijos y criarlos y no alborotar. El silencio es el mejor adorno de la mujer, afirman Tucídides y Sófocles, dos ilustrados portavoces del pensamiento tradicional. En esa servidumbre familiar pasa la vida oscura y resignada de las mujeres, a quienes están negadas las luces de la política y de la historia, que son asunto de hombres en la democrática Atenas. No son ciudadanas de pleno derecho; la ciudadanía es solo de los varones. Están ausentes de la asamblea como del campo de batalla. No el ágora soleada, sino el tálamo sombrío. No la Polis, sino el oîkos es el cerco en el que las mujeres pasan sus días y cumplen sus deberes. El silencio impuesto a las mujeres deber ser valorado desde la importancia concedida a la palabra en esa sociedad democrática. La sumisión de la mujer al varón está fundamentada en la propia naturaleza, afirma Aristóteles en el libro primero de su Política. La marginación del ámbito público, de las decisiones colectivas y de las acciones brillantes está fundada en la propia naturaleza de las mujeres. En esta sociedad helénica los varones han impuesto el orden y lo mantienen y explican. Las mujeres deben callarse y buscar la felicidad en ese horizonte tan limitado y enclaustrado. De todos modos, esa situación no es algo peculiar de la sociedad helénica; en muchas otras sociedades el rigor del sometimiento ha sido mucho mayor. Hay, sin embargo, un rasgo muy característico y sorprendente de la cultura griega: la riqueza de personajes femeninos en su imaginario».

El libro de García Gual ofrece un semblante de mujeres de leyenda: Ismenodora, Leucipa, Melita, Tecla, Talestris, Ifigenia, Calírroe y Tarsia.  

Si en Grecia y Roma se justificaba el sometimiento de la mujer apelando al “orden natural de las cosas”, la Edad Media continuó y profundizo en la subordinación de las mujeres, en medio de una rígida sociedad estamental, bajo la excusa teológica del monoteísmo, dando lugar a una cristiandad profundamente patriarcal.

Sandra Ferrer rescata del olvido las peripecias de una serie de mujeres que rompieron el molde opresivo de esposa sumisa o madre abnegada: los dos únicos modelos cristianos de mujer virtuosa. Fueron, por ejemplo, Hildegard von Bingen y María de Francia en el siglo XII, Sabine von Steinbach y Matilde de Magdeburgo en el siglo XIII, y, en el siglo XIV, Christine de Pizán, autora del libro La ciudad de las damas (1405), un texto pionero sobre cuya importancia ha llamado la atención, en el siglo XX, Simone de Beauvoir.

Los libros de Carlos García Gual y de Sandra Ferrer, por lo tanto, son certeros retratos de brillantes figuras femeninas, que, en un entorno nada favorable o poco propicio, consiguieron remover muchos obstáculos y, así, realizar sus hazañas y aportaciones. Son ejemplos que alumbran el porvenir. Pues lo mejor del futuro se dibuja en femenino, a pesar, eso sí, de las recurrentes oleadas reaccionarias que anhelan, desde una ideología patriarcal, el dominio masculino. 

Audacias femeninas

Lara López    3.ago.2020 19:32    

El infinito en un junco

    domingo 26.jul.2020    por Lara López    0 Comentarios

 

La pieza de filosofía de Alejandro Escudero

Wolfram Eilenberger y la magia de la filosofía

 

El siglo XX arrancó con decisivas transformaciones en el arte, la ciencia o la política.

El vanguardismo artístico despuntó con el cubismo, el futurismo, el arte abstracto o, más tarde, el dadaísmo y el surrealismo. Y en el cine nos encontramos en el arco entre El gabinete del doctor Caligari (1920) de Robert Wiene y Metrópolis (1927) de Fritz Lang.

En las ciencias emergió la física de la relatividad de Einstein y la mecánica cuántica de Heisenberg. También el psicoanálisis de Freud o la sociología de Weber. Y la matemática y la lógica fue sacudida con las investigaciones de Gödel. 

Aquí, en esta secuencia de profundos cambios, entronca el libro de Wolfram Eilenberger Tiempo de magos (la gran década de la filosofía 1919-1929), en la editorial Taurus.

El libro va trenzando con agudeza las peripecias vitales y los logros filosóficos de cuatro autores básicos en un convulso periodo de la historia europea: Ernst Cassirer, Martin Heidegger, Ludwig Wittgenstein, Walter Benjamin.

La filosofía académica estaba entonces anquilosada y subsistía inerte. Sorteando numerosos obstáculos y dificultades estos audaces autores modificaron con sus indagaciones las tradiciones filosóficas vigentes.

Cassirer reformó el idealismo de Kant con una reflexión sobre los símbolos que hilvanan las culturas del mundo.

Heidegger renovó la hermenéutica de Dilthey y la fenomenología de Husserl en una ontología de la existencia humana orientada por el problema de la temporalidad.

Wittgenstein modificó la filosofía del lenguaje y la lógica de la ciencia con un libro singular, el Tractatus logico-philosophicus.

Benjamin revisó el materialismo histórico y el mesianismo judío con una filosofía atenta a los detalles de la frenética vida urbana de París o Berlín.

Afrontaron así un reto enorme: elaborar una filosofía crítica que, sin acudir a un fundamento o un absoluto, explore lo inexplorado y, a la vez, busque salidas a la crisis del mundo moderno.

Leemos en el libro: «La sensación que sacudió con virulencia a la cultura de los años veinte fue la de no tener un suelo firme bajo los pies en los campos de la economía, el arte, la política, la ciencia. Un miembro del Círculo de Viena caracterizó la situación en estos términos: “Somos como marineros que en mar abierto tienen que reparar su barco sin poder desmontarlo jamás en dique seco para poder reconstruirlo utilizando los mejores componentes”».

El libro retrata con brillantez -oscilando entre la novela y el ensayo- una década clave, un periodo tan agitado y confuso como el nuestro. En ella cuajaron una serie de puntos de inflexión y se fraguaron algunas de las vías principales de la filosofía del siglo XX. Son cuatro pioneros de nuevos modos de pensar: sus escritos, pues, nos hacen señas desde el futuro.

Nos toca, hoy día, aprender de los aciertos y de los errores de estos autores centrales en la aventura filosófica de nuestra época y el libro Tiempo de magos de Eilenberger nos ayuda a adentrarnos en un fascinante laberinto cuya salida apenas atisbamos.

 

Tiempo-de-magos-wolfram-eilenberger

Eduardo Gómez nos lee  de Ovidio, "Las Metamorfosis", "La Creación" (Lib. 1º)

Irene Vallejo lee fragmentos de El infinito en un junco.

Juan de la Cruz, cuatro de sus poemas.

Ferrán Fernández nos envía una pieza titulada Ravensburg, con música de Mathias Eick


La música:

Stolen Moments – Oliver Nelson

Mother, Where Are You? – Gayanée Movsisyan

L'incoronazione di Poppea, SV 308, Act 3: "Pur ti miro" (Neron, Popea) – de Claudio Monteverdi, Philippe Jaroussky, Núria Rial, Christina Pluhar

Ravensburg – Mathias Eick

At Last, Sunrise – Maree Docia

Da Pacem Domine – Estonian Philharmonic Chamber Choir, Tallinn Chamber Orchestra, Tõnu Kaljuste

Echorus – Philip Glass, Daniel Hope, Chie Peters, Deutsches Kammerorchester Berlin, Rundfunkchor Berlin

Introducción – Julieta Venegas

Première Gymnopédie – Erik Satie, Alexandre Tharaud

Lara López   26.jul.2020 14:55    

Os contaré la verdad

    domingo 19.jul.2020    por Lara López    0 Comentarios

 

Hoy ”leemos” en voz de su autor fragmentos de la novela Os contaré la verdad de Fernando Sanmartín. La pieza de filosofía de Alejandro Escudero nos acerca a Marina Garcés. Samuel Alonso Omeñaca nos lee a Édouard Levé. Aloma Rodríguez la letra de una canción de Lorena Álvarez: Novias. Lara a Manfred Eicher. Eduardo Gómez, fragmentos de Julien Offray de la Mettrie, de "El discurso sobre la felicidad" o "Anti-Séneca". Comenzamos con Tere Vilas, que nos lee una pieza de Núria Gonzalvo, Pollo con patatas.

Sanmartin-ok

*Ed. Xordica. Ilustración, Jesús Cisneros

Marina Garcés: una filosofía en el corazón de la ciudad. Una pieza de filosofía de Alejandro Escudero.

 

Marina Garcés ha publicado magníficos libros como En las prisiones de lo posible (editorial Bellaterra, 2002), Un mundo común (editorial Bellaterra, 2013) y Nueva ilustración radical (editorial Anagrama, 2017).

Algunos de los principales temas que aborda son la corporalidad de la existencia, la vulnerabilidad y la interdependencia, el nosotros de la comunidad en un mundo compartido y lo posible en tanto excede y rebasa lo actualmente real. 

Nos referiremos aquí a otro de sus libros, titulado Filosofía inacabada (editorial Galaxia Gutenberg, 2015).

El libro está articulado en dos partes.

En la primera parte, Marina Garcés esboza una definición actual de la filosofía, tratando de encontrar cuál es su lugar y qué papel desempeña. Se resalta, en la elaboración del tema, que la filosofía es un saber mundano: urbano, ciudadano, callejero. Y subraya que consiste en un recurrente ejercicio de la razón crítica, por lo que la filosofía brota una y otra vez en un preguntar, en un problematizar lo común y corriente, lo que damos por obvio y descontado. La filosofía, así, propone un diagnóstico del actual estado del mundo y, dentro de él, intenta apostar por lo mejor. Hoy el mundo está sumido en una profunda crisis, o sea, estamos emplazados en una difícil encrucijada. Y, aquí, la filosofía se orienta a propiciar la apertura de lo posible y a localizar alternativas en un mundo que está, a pesar de su velocidad de vértigo, estancado y atascado. 

Nos recuerda Marina Garcés en su libro: «La filosofía nació al aire libre y a las calles vuelve. Nació en la discusión. La filosofía tiene que practicarse y exponerse. Y no es nada si se aísla. Es una práctica de vida que desplaza los límites de lo que es comprensible y pensable en cada tiempo y para cada contexto histórico y social, a partir de la pregunta por una verdad que debe ser buscada con el pensamiento. La filosofía inacabada nos interpela hoy en un mundo que muestra síntomas de agotamiento, como planeta y como modelo de sociedad. Este es el desafío que me propongo compartir en este libro: aprender a pensar y a vivir la finitud desde la amenaza de un final».

La segunda parte del libro contiene una breve y ágil presentación de autores clave del siglo XX. Se refiere, así, en pequeños capítulos a Nietzsche, Heidegger, Wittgenstein, Gadamer, Zambrano, Arendt, Foucault, Deleuze, Derrida, Butler, Agamben. Nos dice Marina Garcés: «¿Qué puede ofrecernos, ahora, la filosofía del siglo XX? En la filosofía del siglo XX encontraremos pistas para los problemas irresueltos de nuestro propio presente. Es un siglo oscuro y rico, estremecedor e inmensamente experimentador. El pensamiento contemporáneo no sólo es un ejercicio de crítica radical de las consecuencias negativas de la modernidad, sino también la exploración de los territorios que se abren más allá de sus límites».

En resumen, el libro Filosofía inacabada de Marina Garcés es una lúcida aproximación a la extraordinaria aventura del pensamiento contemporáneo. Una radical experiencia de aprendizaje y transformación en la que se abordan los complejos desafíos de un mundo agitado, en ebullición, y atravesado por una encrucijada ante la que estamos desorientados. 

Lara López   19.jul.2020 10:30    

Da dolor

    domingo 12.jul.2020    por Lara López    0 Comentarios

 

 

Da dolor es el título del último libro de poemas de Pilar Adón. Ella misma nos lee algunos, al igual que Luis Alfonso Iglesias, de su El mapa de la memoria. Eduardo Gómez nos acerca a  Nietzsche,  leyendo un fragmento de El estado griego, de "Cinco prólogos para cinco libros no escritos". Alejandro Escudero escribe sobre Lucrecio. Greta Barreiros nos lee  Verano inmenso, una canción de Pauline en la Playa.

 

9788412047561

Chouchin – Meitei

Reminiscence - From "...In the Water" – Eleni Karaindrou

Nami – Meitei

Miroirs: III. Une barque sur l'océan – Maurice Ravel, André Laplante

Reading Of Sacred Books – Keith Jarrett

Sunset – Cosmo Sheldrake

One Day – Nobukazu Takemura

Love Without Boundaries – Markus Stockhausen y Alireza Mortazavi

Sur Le Fleuve – Anouar Brahem

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Lucrecio y el desvío de la naturaleza. Pieza de filosofía de Alejandro Escudero.

Stephen Greenblatt, profesor en Harvard y especialista en Shakespeare, ha publicado un excelente libro titulado El giro (de cómo un manuscrito olvidado contribuyó a crear el mundo moderno), en la editorial Crítica, 2014. 

En él narra con detalle las sorprendentes peripecias que rodearon el hallazgo de un escrito del filósofo romano Lucrecio, que en el siglo I de nuestra era escribió un libro prodigioso: De rerum natura. Su azarosa recuperación en el alba de la Europa del Renacimiento supuso la irrupción de un punto de luz en la teocéntrica oscuridad medieval. 

El libro es una mezcla de novela de aventuras y trama detectivesca y nos cuenta con pulso firme cómo un erudito italiano encontró, en 1417, en un remoto monasterio del sur de Alemania, el olvidado escrito de Lucrecio. 

Nos dice Stephen Greenblatt: «Poggio Bracciollini era un buscador de libros, quizá el más grande cazador de libros en una época obsesionada con localizar y recuperar el legado del antiguo mundo grecolatino».

Lucrecio, admirado por Cicerón y venerado por Ovidio, fue un singular heredero de Demócrito y Epicuro. Su obra cumbre era un exquisito poema de contenido científico, ético, filosófico. 

Así describe Greenblatt el sentido de su planteamiento: «La materia de que se compone el universo, proponía Lucrecio, es un número infinito de átomos que se mueven al azar por el espacio, como motas de polvo en un rayo de sol, chocando, enganchándose unas con otras, formando estructuras complejas, y separándose de nuevo, en un proceso incesante de creación y destrucción. Y semejante proceso no tiene escapatoria. Cuando miramos al cielo nocturno y, sintiendo una emoción inefable, nos asombramos del infinito número de las estrellas, no estamos viendo la obra de los dioses ni una esfera cristalina separada de nuestro efímero mundo. Estamos viendo el mismo mundo material del que formamos parte y de cuyos elementos estamos hechos. No existe ningún plan magistral, ningún arquitecto divino, ningún designio inteligente. Y nada —desde nuestra especie hasta el propio planeta en que vivimos o el Sol que alumbra nuestros días— dura eternamente. Solo los átomos son imperecederos. En este universo sostenía Lucrecio, lo que a los seres humanos les corresponde intentar es aplacar sus miedos, aceptar que tanto ellos como todas las cosas que tienen ante sí son efímeros, amar la belleza y apurar lo que de placentero nos ofrece el mundo».

Los primeros ávidos lectores de Lucrecio, en el Renacimiento, fueron, nada menos, Marsilio Ficino, Lorenzo Valla, Tomás Moro, Nicolás Maquiavelo, Michel de Montaigne, Giordano Bruno y Galileo (y ya en el siglo XVII, en el Barroco, Francisco de Quevedo y Pierre Gassendi). Su impronta se advierte, además, en el cuadro de Sandro Botticelli El nacimiento de Venus, una de las cimas de la pintura de todos los tiempos.

En el centro del libro de Lucrecio nos encontramos el concepto de clinamen: un desvío imprevisible en el trayecto del movimiento rectilíneo de los átomos en el vacío. Al señalar este fenómeno clave se reconoce, en el seno de la naturaleza, el azar, lo aleatorio, la dosis de desorden que anida en la regularidad de un orden. Este concepto y este fenómeno es lo que lanza a Lucrecio hacia los temas y los problemas del siglo XXI.

Por eso Lucrecio ha encandilado a autores contemporáneos como Gilles Deleuze (Lógica del sentido), Louis Althusser (Por un materialismo aleatorio), Michel Serres (El nacimiento de la física), Clément Rosset (La antinaturaleza), Jean-Luc Nancy (La comunidad desobrada) o Michel Onfray (La fuerza de existir).

Además, al presentar la Naturaleza más acá de las cadenas del determinismo mecanicista la cosmología atomista de Lucrecio enlaza con los problemas a los que se enfrentan hoy día la física cuántica y la teoría del caos: un clinamen (un desvío imprevisible) sostiene y atraviesa la dinámica de los inestables sistemas complejos. 

Por lo tanto, el texto de Lucrecio, desde el pasado grecolatino, apunta al futuro alumbrándolo con su brillo asombroso. Y el libro de Stephen Greenblatt nos recuerda cómo, tras siglos de ocultamiento y olvido, emergió con la inusitada fuerza que tienen las obras clásicas: esas pocas joyas cuyo sentido es inagotable pues siempre tienen algo nuevo que enseñarnos".

 

Lara López   12.jul.2020 21:03    

Todo arde

    domingo 16.feb.2020    por Lara López    5 Comentarios

 

 

Hoy, en Venga la Radio:

Nuria Barrios (Todo arde, Alfaguara Hispánica)

Rosana Acquaroni (La casa grande, Bartleby)

Las recomendaciones literarias de Lola Larumbe de Librería Alberti

Lara (fragmento de Emil Cioran)

Samuel A.Omeñaca (Vuelo sin Mapa de Eduardo Galeno)

Eduardo Gómez ( Parábolas y aforismos, Schopenhauer- Alianza Edit.)

José Miguel G. Acosta y su ciudad literaria (Rabindranath Tagore. Mi escuela en Bengala de Meditaciones)

Alejandro Escudero (Pieza de Filosofía)

Giuseppe Cambiano y el deseo de comprender

Giuseppe Cambiano ha sido profesor en la hermosa ciudad de Pisa, en la Toscana italiana.

Nos detendremos en su reciente libro titulado Siete razones para amar la filosofía (editorial RBA, 2019).

En él dibuja siete coordenadas de la actividad filosófica. Cuando estos parámetros impregnan la cultura de un mundo recorriendo sus nervaduras son una savia dulce que inyecta energía e impulsa su esplendor.

La filosofía nace en Grecia bajo la presión del asombro. Así se despliega como un arte del preguntar que reconoce y asume lo problemático del mundo. Su primera divisa, entonces, es un preguntar espoleado una y otra vez por lo desconocido.

La búsqueda de una respuesta a los interrogantes del pensar es, siempre, cooperativa. Por eso adopta la forma de un diálogo racional entre posiciones distintas.

La búsqueda conjunta de la verdad en medio del discurso argumentativo se orienta hacia el punto de convergencia del consenso, pero en tanto la verdad es fragmentaria, contextual y revisable, entiende, también, que en ocasiones la divergencia del disenso es fructífera y provechosa.

Una de las vertientes de la comprensión del mundo es el lenguaje. Y la filosofía se empeña en acudir a las palabras apropiadas. El lenguaje, a la vez, muestra y encubre lo que se nos presenta y, por ello, nos reta a cuidarlo evitando su instrumentalización interesada y su distorsión empobrecedora.

La cultura actual, continúa Giuseppe Cambiano, está surcada por innumerables especialidades aisladas, inconexas. Contrarrestando esta tendencia la filosofía -en tanto saber transversal- suscita lo interdisciplinar, es decir, la comunicación e interconexión entre las diversas áreas de la cultura. Por eso, por ejemplo, con perspicacia rechaza la consolidada separación entre “las ciencias”, por un lado, y “las letras”, por otro.

Una tentación de nuestros días es ignorar el pasado. Sin embargo, las obras clásicas siempre tienen algo que enseñarnos. Sin caer, pues, en un estéril tradicionalismo, la filosofía favorece un diálogo crítico con la tradición, con la herencia recibida.

Por último, en séptimo lugar, la filosofía invita a aproximarse a otros mundos culturales ajenos a Occidente. Lo propio sólo se alcanza en contacto fecundo con lo extraño. Se alienta, así, el mestizaje, el intercambio entre distintas formas de vida.

Con sus Siete razones para amar la filosofía Giuseppe Cambiano nos ofrece, en definitiva, una ágil introducción en el intrincado y fascinante universo de la filosofía. Un deseo de comprender avocado a abordar los complejos retos del mundo contemporáneo. Tan desorientado, tan asombroso, tan lleno de promesas como de amenazas.

Campoverde

Lara López   16.feb.2020 08:00    

Belleza ajena

    domingo 9.feb.2020    por Lara López    0 Comentarios

 

Ricardo Menéndez Salmón (No entres dócilmente en esa noche quieta, Seix Barral)

Xuan Bello (La Historia Escondida, Xordica Carrachinas)

Eduardo Gómez (Del capítulo I El hombre en rebeldía de "El hombre rebelde" (L'Homme révolté) Traducción de Josep Escué Alianza Editorial)

Sara Alonso Esparza

Valle Alonso

Tere Vilas

y Esther Ropón

Leen a Leonard Cohen (La llama, Salamandra)

Lara (Josep María Esquirol, La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad. Acantilado)

 

Músicas de

Piers Faccini (Angel of Mercy/No one's here)

Yael Naïm (Hasafsal Hatsiburi)

sfj (Little Luv)

Axel Krygier (La espuma de los días)

Ben Harper (I can't takit no longer)

 

 

José Miguel G. Acosta y su ciudad literaria:

Cracovia y París de Adam Zagajewski (En la belleza ajena, Ed.Pre-Textos)

Alejandro Escudero (Pieza de Filosofía)

Nancy Huston y el arte narrativo

Nancy Huston es una escritora versátil, polifacética. Ha escrito novelas, obras de teatro, ensayos. Llegó a París, desde Canadá, en los años setenta del siglo XX. Allí estudió con el semiólogo Roland Barthes y trabó amistad con Marguerite Duras o Julia Kristeva. Nos detendremos aquí en su libro La especie fabuladora (en la editorial Galaxia Gutenberg).

El propósito del libro es localizar las fuentes del arte literario, encontrar su sustrato, el punto del cual brota y sobre el que revierte.

¿De dónde surgen las novelas? Nancy Huston sostiene que arraigan en el inmemorial y cotidiano contarnos historias unos a otros sobre las peripecias más prosaicas, más corrientes, más sencillas. Un relato, en su esquema elemental, es un nudo, una trama, más o menos compleja, ubicada entre un planteamiento y un desenlace.

En el libro se defiende que es imposible vivir plenamente sin narraciones. Pero ¿por qué se elaboran relatos? Por un lado, porque así encontramos sentido en los hechos o sucesos, pero también, y más profundamente, porque la parte ficticia sobre la que se erigen las narraciones desborda lo real desde dentro ensanchándolo. La ficción literaria consiste en imaginar, en medio de lo real, lo posible. De ahí obtiene su fuerza, su verdad, su hechizo seductor.

Una obra literaria, por lo tanto, explora, amplía, intensifica todo aquello sobre lo que se aplica y sobre lo que recae.

Pero ¿qué espolea el relato de ficción? Lo enigmático, lo inquietante, lo contingente y azaroso del mundo. Narrar es, así, una forma específica de comprender el mundo; una forma irreductible y, por eso, imprescindible.

En el libro se mencionan dos grandes figuras de lo narrativo: por un lado, el ancestral mito, un relato del indescifrable momento fundacional, ritualmente repetido; por otro lado, la literatura, el arte de la novela, surgida en el Barroco y expandida en múltiples direcciones desde entonces.

Hay una serie de temas que surcan el libro: la identidad; la memoria; el tiempo; el lenguaje; el sentido.

Nos dice Nancy Huston: «La pregunta de este libro es “¿Para qué sirve inventar historias cuando la realidad es tan increíble?” En general, la meta del arte de la novela no consiste en ser más fuerte que la realidad, en vencerla en el juego de lo increíble. Porque nada puede vencer la realidad. Por el contrario, lo que el arte de la novela puede hacer es ofrecernos otro punto de vista sobre ella. Nos ayuda a situarla a cierta distancia, ver sus triquiñuelas y criticar sus ardides subyacentes. No es posible ni deseable eliminar las ficciones de la vida humana. Son vitales y consustanciales para nosotros. Lo único que podemos hacer es intentar elegir ficciones ricas y bellas, complejas y llenas de matices, en lugar de simples y brutales. La vida tiene sentidos infinitamente múltiples y variados, todos los que una y otra vez le encontremos. Nuestra condición es la ficción. Es cosa nuestra hacerla interesante».

La especie fabuladora es un libro ágil y vibrante, trasmite el entusiasmo por contar lo que nos pasa, esa fuente inagotable de la que se nutre la literatura como forma artística con la que exploramos y entendemos la vida en el mundo.

 

 

*Fotografía de Samuel Alonso Omeñaca

Pisadas

Lara López    9.feb.2020 08:00    

Lara López

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