Diarios de Zama

    domingo 14.jul.2019    por Lara López    0 Comentarios

 

 

Banda sonora

Schlaflied – Sven Helbig, Fauré Quartett y MDR Leipzig Radio Symphony Orchestra con Kristjan Järvi

Signals – Paul Tony Lambert, Lambert

Azules Makinarias – Antonio Monasterio Ensamble

Sonrisa – Rasgueo, Nikos Tsiachris

Bach, The Well-Tempered Clavier: Book 1, BWV 846-869: 2. Fugue in C Major,  BWV 846-869- - Live in Troy, NY / 1987 –Keith Jarrett

Sern Nos – RENU y Rioghnach Connolly

Climbing up the Stairs – Wu Mengmeng

Agua, Aire y Fuego – Nolasco, Dorantes, Lebrijano

Sur – Dorantes

 

Kike Parra Veïnat

Me pillas en mal momento (Relee)

Esther Muntañola nos lee

Migraciones de Gloria Gervitz (Letras mexicanas, Fondo de Cultura Económica)

Once elegías (La última cena) de Nichita Stanescu (Ed. del Oriente y del mediterráneo)

Carmen Crespo 

Lana (Trea)

Recomendaciones verano de Jon Bandrés

Noticias del Imperio, Fernando del Paso

Junto a las estrellas, James Purdi

Poemas

Pez Mago (A la velocidad del deseo y otros poemas, Noviembre Ediciones)

José Miguel Gómez Acosta (Viajes a lugares inaccesibles, Abada Editores)

 

 Los fragmentos de Diarios de Zama, inéditos del editor y escritor Julián Rodríguez (In Memoriam), con nuestro amor, admiración  y agradecimiento.

23 de junio

Domingo por la tarde. Mañana habrá que volver a la ciudad; mientras tanto, después de revisar, temprano, una traducción nueva, había trabajo pendiente en la leñera, en los rosales, en el arriate. Zama me seguía a todas partes, hasta el laurel, como si fuera un aprendiz de carpintería; y si caía algún fruto del manzano, corría en su busca. Dos, tres mordiscos y adentro. Fanny Hansel y “su año italiano” vuelven a sonar por estas fechas. Hoy, casi todo el día; en distintas versiones. Algunas veces, esa música de la hermana de Felix Mendelssohn parece compuesta para momentos como éstos. En el paseo de la mañana vi un corzo (Zama estaba a otra cosa, persiguiendo lagartijas), recogí una pluma de milano, saludé a uno de los vaqueros del robledal (el pelirrojo, cuyo nombre nunca recuerdo). Apenas hizo calor en todo el día, a pesar de lo anunciado. Y el viento se presentó a media tarde. El viento y las nubes, que bajaban desde las cumbres con olor a agua. (No llovió, pero refrescó tanto que tuve que ponerme un jersey.) Antes de la cena, Zama volvió a los prados. Salió del jardín dando saltitos, buscando en la calleja huellas de gatos silvestres o de algún mastín de los pastores. Cuando se hartó, corrió hacia el abrevadero y el sonido de las esquilas.

18 de mayo

Dos grados a las nueve de la mañana; cuatro a las doce. Y hasta ahí... Las nubes van y vienen, ¿o es el sol? Todo es gris o todo es dorado. Los caminos, casi pasadizos verdes, devuelven ahora el esplendor que sembraron las lluvias y las nevadas. Águilas, buitres. Zama sigue el rastro de los corzos, luego persigue un zorro joven y muy rápido. De vuelta en casa, abro el volumen de Cavalcanti que he traído para estos días y leo algunos versos sobre una doncella convertida en ánade o en gamo, hago un par de llamadas (una a mi madre); desde el balconcillo veo cómo el milano desciende a toda velocidad hacia el prado, en busca de alguna presa. “El cuervo le susurró el futuro entre sueños”, leo en otro libro, y recuerdo que no he vuelto a ver al cuervo de estas montañas, antes tan presente. “Al despertar, el cuervo le susurró el futuro.” En la chimenea arden la primera piña, unas tablas viejas y dos ramas grandes y secas de fresno. Dejo la leña de encina para más tarde. El petirrojo sí que regresa cada día, le queda poca timidez. Me quedo dormido frente al fuego.

27 de abril

Salgo de casa a la calleja, al camino, dejo a un lado los muros del jardín, Zama corre, corre hoy muchos metros delante de mí, la pierdo de vista, ni una nube en el cielo de la mañana, los milanos vigilan desde lo alto los prados, ratones y topos se esconden, un zorro adulto, de pelaje entre rojo y gris, se escabulle en el camino del regato y Zama lo persigue hasta cansarse, Leslie Stephen escribe esa frase, “un caudal de luz mágica”, poco antes de morir, en las sombras aletea el cuervo unos segundos y luego alza el vuelo, cinco grados y medio al salir y siete al volver, cuando sobra la bufanda, el robledal huele hoy a algo parecido al almizcle, los animales festejan las noches sin lluvia, rastro y aromas nuevos de la estación confunden a Zama, el fuego nos espera dormitando: un resto primitivo en la chimenea.

Zama

Lara López   14.jul.2019 09:30    

Epopeyas de Bolsillo

    domingo 7.jul.2019    por Lara López    0 Comentarios

 



Hoy con:

Álex Prada, Epopeyas de bolsillo 

Alex-Prada-3

 

Fernando Vallejo Ágreda Cuaderno Verde: 3 (Poesía - Los Libros Del Mississippi)

Vallejo

Postal sonora

Fuente, José Miguel G. Acosta

Fuente

 

Javier Aguirre Santos ( y voz), Platón y la Poesía (Plaza y Valdés)

Canción

Amaya P. Barriuso (Hoy no me puedo levantar)

 

Pieza de Filosofía de Alejandro Escudero

Michelle Dean: cuando las mujeres toman la palabra

 

En su libro Agudas Michelle Dean ha retratado un fragmento significativo de la historia cultural del siglo XX.

Se trata de un libro ameno, documentado, vibrante. Una biografía coral sobre relevantes escritoras en la que se entretejen las peripecias vitales con los contenidos intelectuales.

Estamos ante una serie de autoras polifacéticas, versátiles: se volcaron en la novela, la poesía, la crítica teatral, literaria o cinematográfica, la filosofía, el ensayo, el periodismo, los guiones de cine, la dirección de películas. Asumieron con entereza un reto formidable: tomar la palabra, a través de la escritura, en la esfera pública (copada mayoritariamente por figuras masculinas). No fue un propósito fácil de llevar adelante; tuvieron que contrarrestar el desdén y aguantar la indiferencia. Son pioneras: heterodoxas, audaces.

Fueron unas punzantes y afiladas cronistas de su tiempo: tomaron con firmeza y perseverancia el pulso a la actualidad agitada del siglo XX.

Michelle Dean nos explica con estas palabras el hilo conductor del libro: «Cuando se habla de los intelectuales neoyorquinos de mediados del siglo XX, se piensa por lo común en un grupo masculino. Pero mis investigaciones revelan algo distinto. Es posible que los hombres superaran a las mujeres en número desde un punto de vista demográfico. Pero si atendemos al criterio, probablemente más importante, de la valía de sus obras, o de las obras definitorias de la escena literaria, las mujeres estaban a la par, y en ocasiones por encima. Cuanto más se examina las obras de estas mujeres, más desconcertante resulta que se trace la historia intelectual del siglo XX pasando por alto su papel central. Ellas estuvieron en la brecha, participando en las grandes discusiones del siglo XX».

Nos referimos a Dorothy Parker Rebecca West, Zora Neale Hurston, Hannah Arendt, Mary McCarthy, Susan Sontag, Lillian Helman, Paulina Kael, Joan Didion, Renata Adler, Nora Ephron y Janet Malcolm.

Fueron unas veces aliadas y otras rivales. En algunos momentos fueron aclamadas por obras menores y, en otras, naufragaron con obras sobresalientes. El libro narra con destreza sus continuos altibajos profesionales y vitales. Saborearon la dulce miel del éxito y se tragaron, también, la amarga hiel del fracaso.

Dice Michelle Dean recapitulando sus sinuosas trayectorias entrecruzadas: «Que estas mujeres lograran lo que lograron en el siglo XX solo las hace más admirables. Crecieron en un mundo poco dispuesto a escuchar las opiniones de las mujeres acerca de nada. Desafiaron abiertamente las expectativas de género antes de que ningún movimiento feminista organizado lograra avanzar en el reconocimiento de las mujeres en su conjunto. Gracias a su agudeza excepcional alcanzaron una suerte de equidad intelectual con los hombres a la que otras mujeres no podían aspirar. Se las vio como la demostración de que las mujeres estaban tan cualificadas para opinar de arte, costumbres o política como los varones. Lo supieran o no, despejaron el camino que luego siguieron las demás».

Y la clave de que pudieran asumir los desafíos a los que se enfrentaron es simple: una educación en pie de igualdad. Así que tomemos nota de esto pues es algo que siempre está en riesgo de perderse.

Banda Sonora

Penteei o Meu Cabelo – Kepa Junkera, Mara

Venezia - Sì dolce è'l tormento, SV 332 de Claudio Monteverdi– Thibault Cauvin, Lea Desandre

Seras Libre Pajarito – Mariana Carrizo

Carolina – Carminho y Chico Buarque

Good Times Will Come – Yungchen Lhamo y Anton Batagov

Asturias – Rasgueo y Nikos Tsiachris

Ai a ribeira – Tanxugueiras

Sur – Dorantes

Lara López    7.jul.2019 12:34    

Memoria

    domingo 30.jun.2019    por Lara López    0 Comentarios

 

 

Textos o poemas de

Siri Hustvedt Recuerdos del futuro (Seix Barral), por Elena Ramírez

Fragmentos de 

El significado (Julian Baggini)

Los sueños (Kristoph Koch)

Piedar ciudadano ( CS Lewis)

Educación (Einstein) por Pedro López

Quesia, Cifra y Aroma. Poemas de Isabel Escudero, con ilustraciones de Zuzana Celej (Kalandraka)

Javier Aguirre Santos ( y voz), Platón y la Poesía (Plaza y Valdés)

Eduardo Lago. Walt Whitman ya no vive aquí. (Ensayos Sexto Piso)

 

Una canción

Alessio Arena "Los niños que vuelan"

 

Piezas de filosofía de Alejandro Escudero

 

Ramón Andrés y la elevación del pensar

 

Ramón Andrés nos ha regalado libros como El mundo en el oído o El luthier de Delft. Pero vamos a centrarnos en un escrito reciente tan singular como brillante: Pensar y no caer.

Las cosas del mundo, sostiene, caen. Se precipitan, se desmoronan, se disgregan. La nada que las habita las horada, las desgasta. Las cosas del mundo son, así, contingentes, y les es inherente el devenir. Pero en este mismo movimiento de descenso se insinúa también el movimiento contrario. Desde su caída y en ella los fenómenos del mundo pueden remontar, pueden elevarse, intensificarse. Y el pensar está implicado en ese tránsito entre el movimiento descendente y el movimiento ascendente: está impelido y urgido a elevar lo caído desde un anhelo de plenitud o una aspiración a la excelencia. El pensar, entonces, es un restaurar, un cuidar, un alentar la remontada; es ésta la que espolea su tarea.

El hilo conductor del libro son una serie de obras relevantes de distintas áreas de la cultura del siglo XX: las novelas de Lászlo Földenyi, la música de Witold Lutoslawski y György Ligeti, la filosofía de Giorgio Agamben y Peter Sloterdijk, la poesía de Winfried Georg Sebald, el cine de Béla Tarr, el teatro de Sarah Kane, los ensayos de Predag Matvejevic y de Joseph Brodsky.

Siguiendo estas pistas se va tejiendo un complejo diagnóstico de la actual crisis del mundo moderno y, a la vez, se abordan con sutileza y rigor una serie de cuestiones y dilemas que hoy nos asedian: la elaboración del pan y su reparto (como símbolo de la justicia social), el cuerpo con su poder y su fragilidad, las complejas relaciones de los humanos y los animales, el incierto destino de una Europa a la deriva, la escritura y la memoria, la globalización y sus aspectos negativos (el economicismo, la tecnocracia, el individualismo, el consumo, el espectáculo publicitario…).

Leemos en este libro tan lúcido como sobrecogedor: «Pensar la escritura es hacer pie en el surco donde germinamos, en la tierra donde se fragua un empeño. Dada nuestra condición de seres añorantes, permanecemos en un lugar mientras soñamos otro; es un principio de lo trágico. Nunca estamos donde estamos. No podemos estarlo porque hemos olvidado la evocación. La evocación es llamar, suplicar que algo venga a reconocer nuestro emplazamiento y lo que desconocemos de nosotros. La primera idealización del pasado la debemos a la oralidad, al relato de hechos remotos. La voz que contaba las cosas ha venido diluyéndose con el tiempo, por eso carecemos de una audición atenta. Y otra cosa más, sin duda central: la ausencia de una voz que llega de lo antiguo impide que nos reconozcamos como eco, como efecto de una causa. Escribir es el temor a no poder reconocernos y a que llegue un día en que no seamos capaces de recordar ni de escuchar, a pensarnos como aquellas aves de Hölderlin, que abandonan sus cantos en la lejanía. Pasan por encima de nuestras casas. No se las oye. La invención de los primeros signos y letras, al menos en sus inicios, no resultó tan determinante para la inteligibilidad de la existencia como lo fuera el sustrato de un mundo oral, el sonido que procedía de los antiguos saberes. Los dioses, el destino, los designios de lo desconocido alcanzan su más acabada dimensión en la sonoridad. La memoria, en cierto modo, es una reverberación. La memoria es la capacidad que permite escribir, y escribir es pensar en lo pensado».

Pensar y no caer es uno de los libros más deslumbrantes y perspicaces de la última hornada del ensayo en nuestra lengua. Su lucidez, en ocasiones despiadada, su amor por lo simple y lo cercano, su apelación al sosiego contemplativo en esta era de una ubicuidad acelerada, lo convierte en una lectura llena de enseñanzas y de preguntas ante dificultades para las que aún no tenemos respuesta pero de las que pende el incierto futuro del mundo.

 

Macu

Acuarela sonora de

Macu de la Cruz

"Este año también me sentaré en ese mágico banco de piedra ocre que remata en la base el palacio redondo y renacentista que Carlos V le hizo a su amada reina Isabel en La Sabica de Granada, en medio de la Alhambra. Te sientas allí y Puedes poner la cabeza en los piedrones almohadillados de estilo italiano que forman sus muros y soñar que alguien te quiere igual que el emperador quería a su Mary... o sencillamente esperar a última hora de la tarde a que llegue la hora del concierto donde, a veces, las orquestas mejores del mundo tienen que competir con algún pájaro cantor que esa noche de verano tiene urgentes necesidades de relación... eso ha pasado y yo lo he escuchado.
Este año me sentaré en ese mismo sitio a esperar que comiencen las dos sonatas de Beethoven que va a tocar para mi otra reina portuguesa como la Mary de Carlos V, María Joâo Pires...
Eso de que tú te sientes en un sitio, en este caso un lugar realmente incomparable, y un genio de la música toque para ti, es... es... no hay una palabra que precise eso, salvo... quizá la palabra milagro. Es un milagro.
Pero sobre todo, siempre que me siento en esas piedras renacentistas en la Alhambra me pasa lo mismo... Vuelvo muchos años atrás... al año 1976, la primera vez que asistí a este Festival de Música único en el mundo... yo era muy joven y quería hacer una entrevista a Sergiu Celibidache, el director rumano que me tenía hipnotizada desde la primera vez que le escuché dirigir en Madrid de aquella forma increíble... dando entrada a los músicos subiendo las cejas, moviendo un dedo... mirando al oboe... haciendo un leve gesto con el hombro a los contrabajos... ay madre cómo era de mágico aquel director único... dominaba y organizaba el tiempo y la música de una forma total, férrea y ligera a la vez...
Yo quería hacerle una entrevista porque trabajaba en un periódico de Granada y aquella noche Celibidache dirigía a una orquesta de Stuttgart en el Carlos V... pero Celibidache no daba entrevistas...
Entonces me fui por la mañana a escucharle en el curso que daba sobre Fenomenología musical, y como una alumna más me senté con el en el descanso del curso en este mismo banco de piedra que remata el palacio... nos sentamos juntos... ay madre... y tuvimos una charla sobre porqué no quería hacer entrevistas (usted y yo no nos conocemos, no podríamos tener una verdadera charla hasta que pasaran años de amistad)... y por qué le parecía un pecado sin sentido escuchar música grabada... o grabar música... Abominaba de forma furibunda de eso que estoy haciendo yo ahora, grabar sonido...
La única música verdadera posible es la música que se toca en el momento... decía... la música que interpretamos con lo que hemos entendido del artista que la hizo después de ensayarla y ensayarla y ensayarla y hacerla nuestra para poder dártela a ti, aquí y ahora, en este solo momento lo más pura posible...
hablaba en una mezcla única de idiomas rumano, español, italiano con palabras en alemán y alguna salpicadura francesa... un lenguaje único...exclusivo...
La charla no llegó a diez minutos...

Ahí los tengo, intensos, en el disco duro de mi cabeza... y vuelven cada vez que me siento en estas piedras del palacio de Carlos V... como voy a hacer, esta noche".

Banda sonora

Tu dormi: Tu dormi – Marco Beasley

Una Voz – Suso Sáiz

New York - Mad Rush –Thibault Cauvin, Adélaïde Ferrière

Sonata XVI Per Tre Violini e Basso –Marco Beasley

Memphis Angustiae – Rui Massena

La Paloma – Vicente García

Lara López   30.jun.2019 10:06    

Confesiones del viento

    domingo 23.jun.2019    por Lara López    0 Comentarios

 

 

Postales sonoras

Javier Cámara. La Finca Oculta, Colombia

Textos/ poemas de

Socorro Venegas. El Hueco ( La memoria donde ardía, Páginas de Espuma)

Eduardo Lago. Walt Whitman ya no vive aquí. (Ensayos Sexto Piso)

Javier Aguirre Santos ( y voz), Platón y la Poesía (Plaza y Valdés)

Masaoka Shiki, Cien Haikus (Hiperión Editorial)

Canción reposada

Andrés Aberasturi, Ruido (Pedro Guerra/Joaquín Sabina)

Arquitecturas de

José Miguel G. Acosta, Una casa en Asia (Márgenes/Arquitectura)

Casana

Casa NA 


"La primera vez que vi la imagen de la casa NA caí fascinado en mis recuerdos de infancia. El motivo principal, la presencia de un pequeño coche, un Citroën 2CV azul colocado como una exquisita pieza, casi ornamental, en la parte inferior de la vivienda. Pero, más allá de la belleza de esta singular muestra de ingeniería, advertí, quizá de manera inconsciente, un sentido preciso a la presencia del automóvil. Aquel Citroën 2CV azul, además de ser el coche que poseía mi padre cuando yo era niño, también podía entenderse como un arquetipo reconocible, una representación de la propia idea de automoción. El coche mítico que un niño podría dibujar sin esfuerzo. De alguna manera, no era casual que precisamente aquel objeto (sacado de contexto hasta ser más una línea de significado que un automóvil propiamente dicho) diera la bienvenida a la casa NA. Esa vivienda, tan refinada como extraña, era en sí misma el desdoblamiento de la idea legendaria de la casa árbol o, más exactamente, de la idea de vivir en los árboles. Un salto a la infancia, a los sueños borrosos que una vez pudimos haber tenido sobre cómo queríamos vivir. 
Según Sou Fujimoto: “El punto intrigante de un árbol es que sus lugares no están herméticamente aislados, sino que se conectan unos con otros en una única realidad. Escuchar las voces de otras personas dentro de esta estructura, esta es la riqueza de los momentos que se producen a través de este denso espacio vital”. El bosque, el árbol, las hojas, la ciudad, la casa, las habitaciones. El salto de la escala urbana a la doméstica tiene aquí su correlación en el paso de la escala púbica a la privada y la disolución de sus límites. Las numerosas plataformas conforman un conjunto fluido en el que los espacios se escapan y se vuelcan constantemente unos en otros, con todas sus consecuencias. 
La casa NA no se parece a un árbol, pero tampoco se parece a una casa. Pero entre ambos conceptos bien se podría encontrar la libertad con la que unos niños soñaran habitar un palacio vacío cuyas habitaciones han sido conquistadas por los árboles".

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Acuarela sonora

Amaya P. Barriuso. Mi vecino Manuel.

 

Piezas de filosofía de Alejandro Escudero

Serge Latouche: frenar o colapsar

 

La modernidad, surgida de las cenizas del teocentrismo medieval, es radicalmente antropocéntrica; en ella el hombre es endiosado, convertido en el principio y en el fin de todo. El hombre se erige, pues, en el centro que todo lo sostiene y en el pilar que todo lo aguanta, en la instancia a la que cualquier cosa debe estar referida para tener algún sentido.

Así, en el alba del mundo moderno, Kant, un eje de la Ilustración alemana, afirma que la libre voluntad del Sujeto humano traspasa todo límite con sólo proponérselo. Se declara, entonces, la primacía de lo ilimitado, la ausencia de cualquier límite, considerado siempre un obstáculo, una rémora, un impedimento. Algo que se refleja, por ejemplo, en la idea moderna de Progreso de la Historia Universal.

Pero esta trama, en su despliegue, y en medio de sus efectos secundarios y sus daños colaterales, ha avocado a una crisis profunda que atraviesa el siglo XX y las primeras décadas del siglo XXI.

Y aquí se alza, precisamente, una reconsideración de la cuestión del límite. Un libro publicado en 2014 por Serge Latouche, titulado precisamente así, Límite, proporciona al respecto una serie de claves dignas de atención. Este profesor emérito de economía de la Universidad francesa explora siete de los límites que definen nuestro turbulento mundo: los límites geográficos, políticos, culturales, ecológicos, económicos, cognitivos y morales.

Escribe Serge Latouche:

«El hombre occidental se ha entregado a la “caza del infinito”. Ese hombre ha llevado a cabo el programa de Francis Bacon desarrollado en La nueva Atlántida (1624): “Extender los confines del imperio humano con vistas a realizar todas las cosas posibles”. En su condición de “dueño y señor de la naturaleza”, según la célebre fórmula de Descartes, se iguala a Dios, proponiéndose rehacer el mundo a su imagen y semejanza. Así ha creído que se puede producir sin límites, liberándose de la finitud de los recursos naturales y de las energías renovables y fósiles. La ciencia y la técnica, cree, tienen respuesta para todo. Ese triunfo de la ilimitación es el desenlace de la modernidad. No obstante, los hechos son obstinados y lo real resiste. La llamada de alerta del primer informe del Club de Roma, en los años setenta del siglo pasado, fue desoída; desde entonces, el rechazo de todo límite y medida ha mostrado su repercusión cada vez con más virulencia: cambio climático, contaminación, agotamiento de recursos, crisis sociales… Nos hemos adentrado plenamente en la era de los límites».

Desde luego, uno de los límites más evidentes está en la red de ecosistemas que forman la biosfera del planeta Tierra. Su delicado equilibrio cíclico está siendo una y otra vez desbaratado por una desmesurada actividad económica y tecnocientífica que arremete contra ella como un tren imparable y furioso.

Recapitulando sobre esta candente cuestión del límite ecológico nos dice Yayo Herrero: «El Club de Roma publicó hace cuarenta años el “Informe Meadows” sobre los límites del crecimiento. En su texto, la científica ambiental Donella H. Meadows y su equipo advertían de la inviabilidad del crecimiento permanente de la población y sus consumos sobre la base material de un planeta con límites físicos. El informe constataba cómo la civilización industrial se encaminaba a agotar los recursos naturales y energéticos, rompiendo los equilibrios ecológicos de la Tierra y generando profundas desigualdades entre las personas. Avisaban de que, de seguir así, se corría el riesgo de superar la bio capacidad de la Tierra. Estamos atrapados en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona y si crece destruye las bases naturales que la hacen posible. Nuestra cultura olvida que somos, de raíz, dependientes de los ecosistemas e interdependientes».

El reto aquí es enorme, el desafío gigantesco. Y un primer paso para afrontar esta crisis está en asumir y reconocer los límites que atraviesan y sostienen el mundo en el que habitamos. De esto pende el futuro y, por lo tanto, las opciones de evitar un colapso tan indeseable como cercano. O frenar o colapsar, ese es el dilema en un mundo frenético y acelerado.

 

Banda sonora

Confesión Del Viento – Liliana Herrero

Décimas – Pedro Aznar

Septembre – Barbara

Floja Memoria – Aca Seca Trío y Diego Schissi Quinteto

Confesión del Viento – Juan Falú

Confesiones del Viento – Una

El Cachapecero – Mercedes Sosa

Guatú – Vicente Garcia

No Ar – Rogério Cardoso Pires

Mano a mano – Salvador Sobral y António Zambujo

Memphis Angustiae – Rui Massena

Sirius – Joep Beving

My Funny Valentine – Chet Baker Quartet

Ruido – Joaquín Sabina y Javier Ruibal

Lara López   23.jun.2019 08:05    

Chismes

    domingo 16.jun.2019    por Lara López    0 Comentarios

 

 

Músicas de 

Je ne me consolerai jamais – Eleni Karaindrou con Alexandros Botinis

New York - Mad Rush –  Thibault Cauvin y Adélaïde Ferrière

Esta tarde vi llover 

A veces, en Octubre, es lo que pasa.. – Pedro Guerra

My Misty Mornings – Fabrizio Paterlini

Sutjeska – Javi Ruibal y Diego Villegas

Canción Fácil

Mas allá de la Música – Gema Corredera

Le cose semplici – Dimartino y Fabrizio Cammarata

Gallo Rojo, Gallo Negro – Sílvia Pérez Cruz

Pa'Ti – Agnès Jaoui con Miguel Campello El Bicho

Traum V – Tarkovsky Quartet

Organdí – Jorge Drexler

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Textos o poemas de

Elena Román , de Autosuficiencia en la (Ediciones Liliputienses) Pan con Pan (Isla de Siltolá) Esta dichosa ansiedad doméstica (Devenir)

Alberto Soler, de Los tigres devoran poetas por amor (Balduque) e inédito

José Migel G. Acosta,  de Viaje a lugares inaccesibles (Abada Editores)

Santiago Lorenzo, de 9 chismes. Ilustrado por Mireia Pérez (Autsaider Cómics)

 

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Postales sonoras

Yolanda Carrero, Siria

José Migel G. Acosta Almería, España

Piezas de filosofía de Alejandro Escudero

Gadamer y el arte como juego, símbolo y fiesta

 

En 1974 Hans-Georg Gadamer impartió una serie de conferencias en Austria publicadas después con el título La actualidad de lo bello.

Su meditación sobre el arte sigue la senda que su maestro, Heidegger, articuló en el escrito “El origen de la obra de arte”. Ambos coinciden en un punto central: en la conexión del arte con la verdad, es decir, en sostener que el arte es una forma de conocimiento de lo real, un modo de compresión del mundo irreductible a cualquier otro y que, por ello, merece ser cultivado por sí mismo.

Desde este punto de partida, Gadamer vuelve a preguntar qué es el arte, contando con la enorme conmoción que ha ocasionado el arte de vanguardia de la primera mitad del siglo XX con su desmesurado afán de hacer borrón y cuenta nueva.

Gadamer busca un puente entre el arte actual y el arte del pasado, pues considera que las grandes obras de arte, sean próximas o remotas, siempre tienen algo que decirnos, exigiendo, eso sí, ser interpretadas una y otra vez desde nuestro contexto de recepción.

Siguiendo esta pista, Gadamer define el arte según tres ejes: el arte es juego, la obra de arte es un símbolo y la acogida de las obras de arte es una fiesta.

El juego del arte es un acaecer comunicativo en el que, según un movimiento de vaivén, las obras de arte pasan del artista a su público y viceversa. Por otro lado, en tanto es un juego, el arte no es un medio para un fin posterior, es, pues, una compleja actividad que se lleva a cabo por sí misma, sin pretender nada más que su mismo despliegue. Además, eso que el arte aporta al mundo y a nosotros en él, no lo puede aportar ninguna otra forma de experiencia. El arte es tan irreductible como imprescindible.

La obra de arte es, subraya Gadamer, un símbolo. El símbolo reúne dos vertientes, una va hacia fuera y la otra se dirige hacia dentro. En su movimiento hacia fuera la obra de arte incrementa e intensifica el sentido de aquello a la que ella se refiere; así, por ejemplo, un retrato no es una mera copia de la efigie de un personaje, sino algo que revela aspectos recónditos de su carácter, como consiguió Velázquez al pintar al Papa Inocencio X y después ha recreado Francis Bacon en el siglo XX. En su movimiento hacia dentro, y en tanto símbolo, la obra de arte está urdida por una plétora de capas de sentido que, en su reserva, la abren a una multitud de lecturas posibles.

Por último, afirma Gadamer, la recepción de una obra de arte es una fiesta. Es decir: las obras de arte precisan, para alcanzar su plenitud, de una periódica celebración comunitaria en la que, gracias a ellas y a través de ellas, se veneran los elementos extraordinarios sobre los que se sostiene lo ordinario. Sin la riqueza y plenitud que nos llega en las obras de arte la experiencia se empobrecería, perdería fuste y brillo.

Escribe Gadamer:

«Me parece que nuestra tarea consiste en acoger y retener lo que se nos transmite gracias a la fuerza formal y a la altura creativa del arte genuino. El arte del pasado sólo llega hasta nosotros pasando por el filtro del tiempo y de la tradición que se conserva y se transforma viva.  El arte contemporáneo puede tener exactamente la misma densidad y las mismas posibilidades de interpelarnos de modo inmediato. En la obra de arte, lo efímero cuaja en algo duradero, de suerte que crecer hacia dentro de ella signifique también, a la vez, crecer más allá de nosotros mismos. Que “en la vacilación de lo momentáneo haya algo que permanezca”. Eso es el arte de hoy, de ayer y de siempre».

Gadamer apunta, desde los tres ejes del juego, el símbolo y la fiesta, hacia una revitalización del arte en un mundo no siempre favorable a su cultivo. Sigamos, pues, sus pistas y empujemos en esa dirección para que así sea y el arte se despliegue una y otra vez según sus mejores posibilidades.

Lara López   16.jun.2019 08:00    

Microgeografías

    domingo 9.jun.2019    por Lara López    0 Comentarios

 

 

Fotografías ( también sonoras) de

Belén Bermejo, Microgeografías de Madrid (PlanB Ediciones)

FOTO 1: Foto 23

La calle, desperezándose, silenciosa, con su promesa de churros y patatas fritas. Madrid y su caos, su desorden, sus hechuras de pueblo, su carencia de ínfulas, sus cielos, su color, su luz, su olor a metro, sus prisas. Vives en Madrid, eres de Madrid.

Foto 9

FOTO 2: 

Hasta bien entrado el siglo XX existían en Correos los llamados «carteros sabios», personal especializado que se encargaba de descifrar direcciones que no se entendían, casi jeroglíficos incomprensibles.

Microgeografías de Madrid (PlanB Ediciones)

**La autora destinará los beneficios íntegros de este libro para proyectos del área de Oncología Médica del Hospital de La Princesa de Madrid.

Foto 57

Piezas de filosofía de Alejandro Escudero

Walter Benjamin y el arte de la fotografía

Walter Benjamin es un filósofo decisivo de la primera mitad del siglo XX al que, por su perspicacia, volvemos una y otra vez en tanto nos ayuda a pensar y entender lo que sucede en nuestro convulso mundo.

Uno de los temas de su meditación, en las primeras décadas del siglo XX, fue subrayar, cuando era infrecuente hacerlo, el enorme potencial artístico de la “cámara fotográfica”. Ésta es, insistía, un legítimo medio expresivo del arte aún por explorar en sus mejores posibilidades.

En el siglo XIX primaba una concepción de la fotografía de índole “documental”, vinculada con las noticias y el periodismo, y limitada así, a ser un puro reflejo mecánico de lo real.

Walter Benjamin, desde luego, reconoce esta dimensión de lo fotográfico, pero va mucho más allá.

En primer lugar, compara la aparición de la fotografía la irrupción de la imprenta en el siglo XV (sobre la que con tanta agudeza reflexionó Marshall McLuhan). Es la fotografía, también, un modo de escritura, una superficie inscripción de los fenómenos, pero se trata, aquí, de una específica escritura de la luz, sea en blanco y negro o en color.

La fotografía, junto a la imagen en movimiento del cine, ocasiona una modificación del sistema de las artes, por ejemplo, exonera a la pintura de una función representativa (es decir, testimonial o documental). Introduce, también, cambios en la percepción y su espacio-tiempo, es decir, redefine el juego oscilante entre lo visible y lo invisible. Y es, además, un síntoma de un cambio profundo, aún en ciernes, en la definición del arte heredada del siglo XVIII (cambio que arrancó con el vanguardismo artístico de las primeras décadas del siglo XX).

De la fotografía Walter Benjamin destaca que, por un lado, atenúa la separación entre el original y la copia y, por otro lado, por su enorme difusión, traza la ruta de un arte de élite (minoritario) a un arte de masas (con la ambivalencia que esta transición supone, sin duda).

El arte fotográfico que Benjamin alentó entroncaba con el movimiento de vanguardia denominado “surrealismo”. Con él emergían unas poderosas imágenes oníricas y unas asombrosas e insólitas asociaciones. Es el arte fotográfico de Man Ray, Dora Maar, Lee Miller, Maurice Tabard y Florence Henri. Una veta fértil en el arte de la imagen que llega hasta nosotros con fotógrafos como Chema Madoz.

Escribió Benjamin en 1928: «“Los límites de la fotografía no se pueden prever. Todo es aquí tan nuevo, que el propio buscar ya conduce a resultados creativos. Para lo cual abre el camino, obviamente, la técnica. El analfabeto del futuro será quien desconozca no la escritura, sino la fotografía”. Irrumpe con ella un géiser de nuevos mundos de imágenes. Las fotografías revelan un tesoro insospechado de analogías y formas. Sólo la fotografía consigue retirar el velo que nuestra inercia ha echado sobre el mundo, permitiendo captar unas señales que yacían en el ocultamiento».

Arquitecturas de José Miguel G. Acosta (Márgenes/Arquitectura)

No hacer. Plaza Léon Aucoc, Burdeos (1996). Aproximación a la obra de Anne Lacaton y Jean Philippe Vassal. (Número 1 de MÁRGENES ARQUITECTURA: Reciclaje urbano).

(Anne Lacaton y Jean Philippe Vassal, premio Mies vam der Rohe 2019 por su proyecto de vivendas en Grand Parc, Burdeos. El texto habla de su primer proyecto de 1996)

Textos o poemas de

Ángeles González Sinde, Después de Kim (Duomo)

Javier Aguirre Santos ( y voz), Platón y la Poesía (Plaza y Valdés)

José Ortega y Gasset, Meditaciones de El Quijote

Roy Galán, Haz que parezca amor (Nube de tinta)

Nutz Kasztelan, Lógica de los accidentes (Ed. liliputienses)

Pablo Guerrero, ¿No son copos de nieve? (Maia Editores)

Acuarela sonora

Amaya P. Barriuso. Sobre espías.

" No debería contarlo, lo sé. Pero ha llegado la hora de romper mi silencio. Hace muchos años me ofrecieron ser espía. A ver, así no, claro. Estas cosas se hacen de manera sutil y discreta... 
Primero piden informes, luego te tantean y finalmente te lo sueltan. A bocajarro. Ocurrió en una república de cuyo nombre no quiero acordarme. Si lo contara os tendría que matar a todos y, la verdad, no me apetece nada, así que omitiré algunos datos. Por vuestra seguridad.
Fue en un viaje con muchos compañeros de Universidad. Uno de ellos llevaba organizando el viaje unos cuantos meses y se reunía con el embajador, en condiciones muy extrañas, según me contaba. Yo por aquél entonces era aventurera y atolondrada y me parecía fascinante. Hasta que hicimos el viaje. Y empecé a sentirme observada. Controlada. Pero siendo sincera, me lo pasé muy bien. Hasta un día en concreto. El día en el que me ofrecieron ser espía.

Ese día algo de mi inocencia se me cayó a los pies. Yo decliné la oferta, claro está, si no, no os estaría contando esto, pero empecé a desconfiar. ¿Quiénes de los que me rodeaban habían dado mi nombre para esa empresa?

Lo cierto es que lo supe en seguida. Mi amigo en cuestión me pidió perdón, me dijo que había tenido que informar de todo nuestro grupo porque le estaban presionando. Y me consta que lo hicieron ya que incluso meses después le fueron a buscar, y le encontraron, en un tercer país. (Permitidme la licencia de omitir este dato también).

Muchas veces me he preguntado qué hubiera pasado si hubiese aceptado. También para quién o quiénes hubiera trabajado realmente. Es decir, a mí me lo ofreció A, pero cómo saber si detrás de A no estaba realmente B o C. Y algo más inquietante todavía: ¿para qué se utilizaría la información que me pedían? ¿tendría consecuencias para terceras personas?. Evidentemente con estos reparos nunca podré ser espía. Tampoco podría haber guardado el secreto y antes o después hubiera acabado cantando, con lo que me gusta a mí cantar...".

Banda sonora

Mano a mano  – Salvador Sobral, António Zambujo

Into The Dark Blue + Sirius – Joep Beving

Play – Antònia Font

Buena de más – Las Hermanas Caronni con Piers Faccini

Gazebo – Pedro Aznar y Manuel García

Despedida (Oda a Coetus) – Judit Neddermann

And I Love Her  – Terry Callier

Wonderful – Lianne La Havas

María La Portuguesa – Misia y Martirio

Madera De Deriva – António Zambujo, Mon Laferte

Lara López    9.jun.2019 08:00    

Arte de la Danza

    domingo 2.jun.2019    por Lara López    0 Comentarios

 

 

Poemas por poetas

Cristián Gómez Olivares, El libro rojo

Luis Alberto de Cuenca, Haikus completos ( 1972-2018) (Los libros del Mississippi, Poesía)

José María Herranz, Arte de la danza (Los libros del Mississippi, Poesía). Prólogo de José Luis Moreno-Ruiz (Rosa de Sanatorio, Radio 3)

Textos de

Retablo, Marta Sanz. Ilustrado por Fernando Vicente (Páginas de Espuma)

Cien Haikus, Masaoka Shiki. Traducción y presentación de Justino Rodríguez. (Hiperión)

El humor en Platón: Humor y filosofía a través de los diálogos (Efialtes/Editorial Doble J)

Jonathan Lavilla de Lera/ Javier Aguirre Santos ( y voz)

Piezas de la Casa del sonido

Arquitecturas de José Miguel G. Acosta (Márgenes/Arquitectura)

Fragmento de "El valor de una arquitectura real" del libro "La luz sitiada. Secaderos y ruinas de la Vega de Granada", con dibujos de Francisco Carreño.

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Músicas y canciones de

La Música– Daniel García Diego con Mariola Membrives

Regreso Del Pastor – Atahualpa Yupanqui

momentary – Ólafur Arnalds

Puerto De Las Nieves – Joan Valent e Iván Martín

Do Not Go Gentle Into That Good Night – Joan Valent

Wa Habibi – Maria Farantouri y Cihan Türkoğlu

Orange Parade an Ghlaschu – Mary Ann Kennedy

Glaschu rocach – Derick Thompson, Bill Paterson y Wilma Kennedy

La dulce impaciencia– Manuel García ( directo en RNE)

The eye in the sky– Eduard Iniesta

Hetkinen – Sole Azul

Tanto Amar – Haydee Milanés

La valse – Les Négresses Vertes

Diablada – Alessio Arena

Lara López    2.jun.2019 08:00    

Jardines

    domingo 26.may.2019    por Lara López    2 Comentarios

 

Acuarela sonora de Amaya Prieto

"Uno de los mejores amigos de mis padres se llamaba Alfonso Valverde. Un hombre sonriente y cariñoso que además era profesor y que era el director de mi colegio cuando yo tenía unos cuatro años. Estaba casado con una de las personas más dulces que he conocido en mi vida. Sefi, de voz suave y tranquila. Son esas las cosas con las que te quedas de niña. Las personas que te encandilan, aunque no sabes por qué y las que no. Pero no fue hasta muchos años después que conocí su historia.

 

Alfonso había sido misionero en Mozambique, cuando aún era colonia portuguesa, junto A Martín Hernández, hermano de la que años después sería su mujer. Y allí fueron testigos de las atrocidades que cometió el ejército luso EN 1971,  años antes de la Revolución de los Claveles, en la llamada masacre de Mucumbura en la que fueron asesinados, quemados vivos, decenas de personas. 

Alfonso y  Martín enterraron a los muertos y recogieron las pruebas de la agresión. Con ellas escribieron el informe Mucumbura 1971, que  encontró poco eco entre la jerarquía eclesiástica mozambiqueña, que era pro Portugal, así que decidieron viajar con las pruebas a la vecina Rodesia, gobernada entonces por el régimen racista de Ian Smith, para que compañeros misioneros en ese país lo dieran a conocer fuera de África. Y así lo hicieron. Lograron pasar el informe a un periodista sudafricano y acabó publicado en El Times, provocando un gran revuelo internacional.

Cuando regresaron a Mozambique las autoridades coloniales portuguesas los encerraron en prisión. Durante un año nada se supo de su suerte hasta que la Oficina de Información Misionera, publicó una nota diciendo que “sobre los misioneros españoles pesa la acusación de haberse manifestado públicamente en favor de la autodeterminación del pueblo de Mozambique y la de haber denunciado de palabra y por escrito las muertes de mujeres, niños y hombres ocurridas en la región de Mucumbura durante las acciones de las fuerzas gubernamentales contra los guerrilleros de Frelimo”. En total pasaron dos años en la cárcel, gran parte del tiempo incomunicados y en condiciones deplorables. Un tiempo que según me contó Alfonso la úncia vez que hablamos de esto utilizó para aprender varios idiomas gracias a Biblias escritas en diferentes lenguas.

El tiempo pasó, volvieron a España sin pasaporte, y se volvieron a marchar a República Dominicana. Alfonso, años más tarde, se casó con Sefi y tuvo un hijo, Rubén.  Siempre fue un hombre más de actos que de palabras. Aunque dejó el sacerdocio siguió practicando el amor al prójimo, que al final creo que en eso se basaba su fé. Los últimos años los pasó acompañando a enfermos terminales de SIDA, e imagino que haciendo muchas otras cosas. En él bondad y generosidad no eran palabras abstractas. Tampoco coherencia. Ni AMOR".

 

Postal sonora

Isla de Barú, Colombia. Javier Cámara

Poemas 

Julio Espinosa Guerra De lo inútil (Ed. Candaya)

Joselyn Michelle Almeida Condiciones para el vuelo (Los libros del Mississippi, Poesía)

Pez Mago A la velocidad del deseo y otros poemas (Noviembre Editorial)

Flor

Textos de

El humor en Platón: Humor y filosofía a través de los diálogos (Efialtes/

Editorial Doble J) Jonathan Lavilla de Lera/ Javier Aguirre Santos ( y voz)

Arquitecturas de José Miguel G. Acosta (Márgenes/Arquitectura)

Fragmento de Los jardines, Michel Baridon.

Músicas y canciones de

La chanson des vieux amants – Melody Gardot

La chanson des vieux amants – Jacques Brel

Breathe con Piers Faccini

One Way con Erik Truffaz

El cielo con Diana Baroni

Coplita para mi mamá

– Las Hermanas Caronni

Clock Winder – Hilary Hahn y Hauschka

Punta Campanella – Joan Valent

Memphis Angustiae – Rui Massena

Gentry – Chris Garneau

Ángel caído– Nella

Yo era ninya – Maria Farantouri, Cihan Türkoğlu

La Canzone Dei Vecchi Amanti – Franco Battiato

Lara López   26.may.2019 09:13    

En la imaginación

    domingo 19.may.2019    por Lara López    0 Comentarios

 

Postal sonora

Día de rodaje; exterior; lluvia. Medellín, Colombia. Javier Cámara

Puente de los Alemanes, Málaga. La casa del Sonido RNE, gentileza de José Luis Carles.

Cosas que me explica mi madre de Berna Wang (Sumar)

Músicas 

Desconsuelo – Pequeña Orquesta Reincidentes

En la Imaginación – Haydée Milanés

En La Imaginación – Sílvia Pérez Cruz y Javier Colina Trío

Fui a Buscar al Sol – Maria Rodés y The New Raemon

En La Imaginación – Marta Valdés y Chano Domínguez

Sonate en mi mineur, K. 11: Allegro – Domenico Scarlatti por Thibault Cauvin

Un Hombre Oscuro – Suso Sáiz y Pablo Guerrero

Atum Yin – Monstrare

La Alcoba Y La Mosca - José Mercé

Poemas de

Alejandra Pizarnik 

Antonio Machado

Andrés  Aberasturi (Poesía de la vida. 187 Reflexiones sobre las grandes y pequeñas cosas)

Lucas Pez Mago (A la velocidad del deseo )

Gonzalo Cortizo (Inéditos)

Esther Muntañola (Árbol)

4seasons

Textos de 

Wislawa Szymborska

Ignacio Martínez de Pisón

Félix Romeo

Seleccionados y leídos por Eva Cosculluela (Los Portadores de Sueños, Zaragoza)

Platón y la Poesía, Ión. Javier Aguirre

Arquitecturas de José Miguel G. Acosta (Márgenes/Arquitectura)

Ani, Armenia (Márgenes 5, Camposanto) Texto de Joseph Kun

Lara López   19.may.2019 10:18    

Nombres Propios

    domingo 12.may.2019    por Lara López    0 Comentarios

 

Arquitecturas de José Miguel G. Acosta (Márgenes/Arquitectura)

Nuuk (Márgenes 4, Norteuropa)

Nuuk
Dinamarca, provincia autónoma de Groenlandia


64º11’01’’N 51º43’17’’O
Fundación 1728
Población 22568 habitantes (2010)

Dos características sobre todas las demás hacen de Nuuk un lugar único: la fuerza de su entorno natural y el increíble caos de su planificación urbanística. O por decirlo de otro modo, el impacto absoluto que la dureza de su territorio tiene sobre el visitante, y la dificultad para entender una idea de ciudad que prácticamente no existe. 
Con menos de 20.000 habitantes, Nuuk (llamada en danés Godthåb, Buena Esperanza) es una de las capitales menos pobladas del mundo. También una de las más desconocidas. Ni siquiera el halo de fascinación de la inmensa isla de la que forma parte, Groenlandia, ha hecho que su nombre sea familiar para la mayoría de los europeos. Y, aunque la ciudad fue fundada en el año 1728, los asentamientos humanos, por sorprendente que parezca, se remontan miles de años atrás.
La primera impresión de Nuuk es deslumbrante. Cubierta de nieve gran parte del año, desordenadamente dispersa en un amplio territorio, enclavada en un sistema de fiordos glaciares, recogida sobre los irregulares pliegues de su península, vigilada desde lejos por la imponente silueta de la montaña Sermitsiaq… Pareciera que nada en Nuuk remitiese a la arquitectura, sino a la geografía. Sin embargo no hay que dejarse llevar por esta primera y poderosa impresión. Lo que hace única a Nuuk es el momento en el que se encuentra. Nuuk es una ciudad que, en realidad, está comenzando a crearse.
Debido a su dispersión y la abundante presencia de pequeñas casas aisladas, Nuuk da la sensación de ser una pequeña aldea. Sin calles, al menos a la manera de la ciudad decimonónica europea, Nuuk se entiende más fácilmente desde el coche. Aun así, un pequeño núcleo central, donde se concentran los pocos edificios representativos, los grandes almacenes y el breve patrimonio histórico, conceden a Nuuk, por un momento, una atmósfera urbana. 
Los contrastes caracterizan Nuuk. Entre el territorio casi salvaje, marcado por unas condiciones climáticas adversas y el hecho urbano, reciente y aún falto de la musculatura suficiente para afrontar sus próximos retos. Entre su arquitectura tradicional, la diminuta vivienda unifamiliar de madera y los enormes bloques de apartamentos de hormigón y líneas duras propios de una funcionalidad descarnada. Entre la belleza tradicional que se puede reconocer en el corazón arquitectónico danés y la radicalidad estética de su arquitectura reciente, en pura mezcla.
Nuuk, de alguna manera, nos muestra la materia urbana en el momento mismo en que cobra forma. Nuuk, aquí ahora, evidencia el orden incipiente que nace a partir de la organización espontánea. Una ciudad con multiplicidad de puntos de vista, sin un punto de fuga central. Lejos de la dulce repetición y el ornamento de la ciudad decimonónica, lejos de las melodías y las tonalidades clásicas de las capitales continentales, Nuuk se inclina hacia la disonancia, la arbitrariedad de la asociación de ideas, la presencia de armonías ilógicas, la arritmia de las formas.
Nuuk es una ciudad disonante, pendiente de resolución, de ser redondeada por una cadencia que probablemente nunca llegará. Una disonancia que pierde su carácter deformador para convertirse en elemento constructivo y que se diluye en la potencia de su enclave natural. 
Visitar ahora Nuuk es asistir a la incipiente creación real de una ciudad del siglo XXI, capaz de acoger el flujo creciente de población inmigrante. Es verla en un proceso de cambio radical del cual no podemos imaginar su resultado.

Groenlandia

Acuarela sonora de Amaya Prieto

 

¿Donde es la boda señores? Qué pregunta! En El Miraflores. Así anunciaban mis abuelos su restaurante del Paseo de la Quinta de Burgos. Una casa grande, como un caserío vasco, que fue bastante popular en la ciudad. Allí se fundó además la revista de poesía y vanguardia: Artesa.

Mi abuelo, un autodidacta encantador, amante de la poesía auspició la creación de una tertulia literaria en la que participaban entre otros Antonio Bouza, Luis Carlos Balbás y mis tíos: Tino y Jesús Barriuso. La verdad es que me da cierto vértigo hablar de esa época en la que ni siquiera existía y que me ha llegado siempre a retazos.

En los recuerdos familiares el Miraflores está en un altar, quizá porque sólo han sobrevivido al paso del tiempo los buenos, los buenos recuerdos. Allí acudían intelectuales y curritos, estudiantes, seminaristas que estudiaban al lado, todos eran bienvenidos. Con dinero y sin él, algo tan habitual en la posguerra. No, en el restaurante de mis abuelos, Aurora y Felipe, no había un cartel de no se fía. Allí se fiaba y se confiaba. También se trabajaba prácticamente de sol a sol y desde niños. Tuvieron 7 hijos y en cuanto podían subirse a una caja, se ponían a fregar platos, limpiar, servir y lo que hiciera falta. Lo único que recuerdo de mi abuelo es su alegría. Siempre estaba silbando, siempre sonriendo. De mi abuela, a la que conocí mucho más, envidiaba su determinación, su fuerza y su cabeza prodigiosa para las matemáticas. Ella siempre me dijo que le hubiera gustado nacer mucho más tarde y poder haber estudiado.

El Miraflores tenía un jardín, yo ya lo conocí en su horas bajas y un pequeño estanque. Había dos perros que me daban miedo y una buhardilla que me encantaba. Recuerdo el frío que pasábamos en invierno y los paseos a la orilla del Arlanzón en verano. A mí sin embargo lo que me gustaba era ponerme detrás de la barra del bar, me parecía que era estar como en un teatro, en un minúsculo escenario, pero mi abuela se enfadaba y creo que solo lo pude hacer una vez. Teníamos una caja registradora antigua y majestuosa. Subida, yo también a un taburete, cobré las consumiciones de unos turistas ingleses que me dejaron 25 pesetas de propina ¡25 pesetas!.

Después de que mis abuelos se jubilaran el restaurante se vendió. Recuerdo la última vez que estuve allí con mi madre y con mi Tia Cristi. Había tantos platos que se pusieron a romper algunos. ¡Por los sabañones! ¡por todas las horas fregando platos!. En realidad no recuerdo lo que gritaron sólo que dijeron cosas, y que lloraron y se rieron haciendo añicos la vida que desaparecía con esa casa: su infancia, su juventud, los amigos que ya no estaban, las canciones cantadas, los deseos, los sueños, las frustraciones. Todo desapareció a golpe de una de esas bolas gigantes que lo destruyen todo. En el solar construyeron pisos. Pero aún hoy, todavía hay gente que se acuerda y nos dice: Donde es la boda señores?¡Qué pregunta! En El Miraflores...

Miraflores
 
*Cortesía de Tina Barriuso.
 

Cosas que me explica mi madre de Berna Wang

El sombrero de Li

Poemas 

Andrés  Aberasturi 

Felipe Benítez Reyes

Pequeño Vals vienés. Federico García Lorca.  Lee Donna León. Pieza grabada y cedida por Susana Santaolalla de  Libros de Arena Radio 5

Boceto. Sergio Rodríguez Saavedra (Nombres Propios, Amargord) Lee Lara

Matrioska, 2017. Virginia Navalón (Azul y Blanco, Antología Breve) Lee Beatriz Tavalán

Si no puede hacer nada por su cabeza, al menos arréglese la gorra, Ernst Jandl  (Arrebato). Lee Sandra Santana

Lucas Pez Mago

Textos de Clara Obligado

La biblioteca de agua  (Páginas de espuma)

 

Biblio

Músicas y canciones de

Fragile Years – Nightports y Matthew Bourne

Je ne me consolerai jamais – Eleni Karaindrou y Alexandros Botinis

New York - Mad Rush (Philip Glass) – Thibault Cauvin, Adélaïde Ferrière

Venezia - Sì dolce è'l tormento, SV 332 ( Claudio Monteverdi) – Thibault Cauvin y Lea Desandre

Una Voz + Frogs in Love – Suso Sáiz

The astounding eyes of Rita – Anouar Brahem

Phare au large – Vincent Rouard

Pavane pour une infante défunte – Airelle Besson con Edouard Ferlet y Stéphane Kerecki

Attraverso l'acqua – Enzo Avitabile y Francesco De Gregori

Addò so nato io – Enzo Avitabile  y Lello Arena

Si te he visto no me acuerdo – Mayte Martín

Un vestido y un amor – Caetano Veloso

Lara López   12.may.2019 08:00    

Lara López

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Venga la vida, es un Instagram radiofónico. Un programa para llenar una maleta infinita ligera de transportar. Un viaje virtual a través del tiempo y el pensamiento.
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