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Roses, belleza natural y arquitectónica

    martes 26.abr.2016    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

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El tren de Alta Velocidad, ha puesto a "tiro de piedra", pueblos muy alejados de las grandes ciudades. La llegada del AVE a Figueres y Girona, ha acercado la costa Brava a Madrid, Zaragoza o Valencia. En poco más de 3 horas y media llegamos a la capital gerundense y en coche se necesita otra hora más para llegar al corazón del golfo de Rosas. Ese magnífico enclave natural que tenemos en España. Cierto, que les cae más cerca a los franceses y eso se nota en que casi tres cuartas partes del turismo que tienen procede del sur de ese país.

Roses, como otros municipios costeros, exploran como pueden atraer más turismo nacional aprovechando esas inversiones en infraestructuras, y aprovecha esa oportunidad diversificando su oferta turística y mostrando su riqueza natural, histórica y deportiva. Puerto natural de mar, permitió a los navegantes griegos, fenicios o romanos, poder descansar e instalar sus mercados y sus ejércitos.

La huella del tiempo

Foto5_Material fotográfico_RosesCastillo de la Trinitat

Poblada hace 3.000 años, posee un conjunto megalítico formado por diferentes dólmenes, menhires y otras construcciones prehistóricas. En un paseo a pie, cerca de Montjoi, encontramos la Cruz de Cobertella, construido con siete inmensos bloques de piedras verticales y una losa de cubierta de más de dieciocho toneladas. Luego llegarían los visigidos, que dejaron como vestigio los restos del castrum, un núcleo fortificado construido entre los siglos VII y VIII en la cumbre de un monte que domina el antiguo casco histórico y toda la bahía.

La Ciudadela es un resumen de la multiculturalidad histórica del municipio. En su interior se encuentran restos del barrio griego, sobre el que se construyó una villa romana, después una necrópolis paleocristiana, y sobre ellas edificios visigodos. En el siglo XI construyeron un casco urbano fortificado medieval, del que destacan los restos del monasterio románico lombardo de Santa María y que acabó siendo una fortaleza militar. Lógico en una zona tan cercana a la frontera.

Uno de sus complementos es el castillo de la Trinidad, del s. XVI, que corona la punta de la Poncella por encima del faro de Roses, con una impresionante vista sobre el mar. Construida bajo el reinado del emperador Carlos I, es un claro ejemplo de guarnición de costa, llegó a albergar a doscientos hombres. De esa época data el centro histórico, que todavía conserva sus calles estrechas, irregulares y paralelas al mar, al que hay que añadir el ambiente marinero que envuelve el lugar.

La estela del mar

El puerto pesquero de Roses es el primero en capturas de la Costa Brava, a él llegan por la mañana o por la tarde, las modernas barcas de pesca, ofreciendo al visitante toda su cultura marinera, y las substas de la lonja de pescado. En la actualidad otros puertos le quitan protagonismo, que no atractivo, son los puertos deportivos de Roses, Empuriabrava y l'Escala.

Junto al acantilado, en la punta de la Poncella, el faro. Construido en 1864 está asentado sobre una base rocosa de gran interés geológico. Aunque siempre sirvió, y sirve de guía a los marineros, actualmente también puede ayudar a orientarse a los excursionistas que recorren el camino de ronda, paralelo a la costa.

 

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Submarinismo, deportes náuticos, excursiones en barco, Roses acoge también el denominado "Tour de Francia de Vela" (8 al 31 de julio), una competición que poco tiene que envidiar a la ronda ciclista francesa. En Roses se disputa entre el 20 y el 21 de julio, y paralelamente a la competición se organizan conciertos y actividades náuticas. Otro acontecimiento deportivo internacional es el campeonato del mundo de windsurf.

La bahía de Roses ofrece más de 45 kilómetros de playas, 15 de calas y 50 kilómetros de canales navegables. Entre esos escenarios algunos tan espectaculares como la playa El Bonifaci, la Cala Calís, Montjoi y la Pelosa.

El olor de la naturaleza

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No solo los amantes del mar, tienen un lugar excepcional para disfrutar de su hobby, sino que en los alrededores de esta población gerundense los "mochileros" pueden pasarse días enteros sin repetir itinerario. Uno de los atractivos es visitar los parques naturales dels Aiguamolls de l'Empordà o del Cabo de Creus, la Albera - uno de las mayores concentraciones de monumentos megalíticos de Cataluña-, o perderse por las numerosas calas, algunas casi vírgenes. Los amantes del ciclismo de montaña, tiene una cita en la Transpyr Coast to Coast, entre el 12 y el 18 de junio.

El sabor de la cocina

El suquet de peix, es el rey por excelencia de la gastronomía de la Costa Brava. Un plato sencillo, que los pescadores cocinaban en la barca cuando regresaban al puerto, que se basa en pescado y patatas cocidos. A lo largo del tiempo ha experimentado una importante evolución y se ha enriquecido con productos típicamente mediterráneos. El otro producto de calidad de la zona es la anchoa de l'Escala, que sigue utilizando la misma técnica artesanal que se realizaba a principios del siglo XX. Otros productos son las manzanas de Sant Pere Pescador y el pato de corral de Castelló d'Empúries.

Su cocina se ha hecho internacional gracias a las creaciones de Ferrán Adrià, chef del restaurante el Bulli, considerado durante años el mejor restaurante del mundo, ahora inmerso en un proceso de reconversión, y por eso cerrado al público. Els Brancs quiere seguir su estela, y desde 2013, mantiene una estrella Michelin por su cocina, pero si existieran categorías turísticas de este tipo por el entorno, también tendría más de un premio. Desde su espléndida ubicación se puede disfrutar de un paisaje impresionante.

 

Los romanos plantaron las primeras viñas de la península Ibérica en esta zona y la DO Empordá cuenta con un total de 24 bodegas y 3 museos dedicados al vino. Son vinos jóvenes, rosados afrutados, blancos con madera y la emblemática garnacha, sin olvidar el cava o la crianza de coupage.

Roses, también quiere homenajear a la flor que le da su nombre. Entre el 27 y el 29 de mayo celebran la Feria de la Rosa, en la que se descubren todas las potencialidades de esta flor, no solo en su aspecto ornamental o de jardinería, sino también sus usos en perfumería, cosmética, gastronomía, o medicina.

Los franceses hace tiempo que descubrieron el atractivo cultural, deportivo y gastronómico de la zona. El 70% de los visitantes son galos, y seguro que temen que algún día los españoles también descubran ese pequeño paraíso, donde los Pirineos se pierden en el mar.

 

Categorías: Gastronomía , Viajes

Ángela Gonzalo del Moral   26.abr.2016 19:36    

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Viaje a Ítaca

Bio Viaje a Ítaca

Un viaje nunca se acaba. Queda grabado en el recuerdo, se vuelve a él al ver una película, al leer un libro, al escuchar unas notas musicales, al mirar una fotografía, al saborear una bebida, al disfrutar una comida o cuando el país salta a la actualidad por algún acontecimiento específico. El viajero mantiene siempre un nexo interno con el lugar que un día conoció.... y trenza un vínculo con el nuevo destino que empieza a imaginar. La visita a cualquier lugar, cercano o lejano, tiene tres fases. En la etapa de preparación se sueña, en la del viaje se disfruta lo imprevisible y a la vuelta se reinventa la aventura..... Con los cinco sentidos alerta, anhela que la experiencia sea lo más enriquecedora posible.
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