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Lleida recupera su pasado sefardí

    domingo 23.sep.2018    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

"Mi nombre es Tolrana y lo que os explicaré narra los hechos que sucedieron en el peor ataque que sufrió mi gente, el pueblo de Moisés. Fue en la ciudad de Lleida el verano del año cristiano de 1391". Con esta frase, Lleida recupera una parte de su historia olvidada. Hace 500 años, expulsaron a los últimos judíos de la ciudad, dejaron tras de sí, "La Cuirassa", el barrio judío.

Situada en una colina La Cuirassa (la coraza) ocupa una superficie de 6.000 metros cuadrados. Para poder visitarla se han instalado pasarelas desde la que se pueden ver los vestigios sefardíes, casas y calles, así como una vivienda de una familia acomodada que fue incendiada por los cristianos en 1391. También se han instalado paneles informativos, que ayudan al visitante a interpretar y interactuar con el lugar. El call judío se ha incorporado a través de un espacio verde con ajardinamiento, al entorno de la Seu Vella. A esta nueva zona turística se puede acceder desde seis entradas: las calles Mayor, Sant Cristòfol, Dolors, Companyia y Maranyosa, además de un acceso que hay desde la zona del antiguo seminario.

La historia que cuenta Tolrana, se desarrolla a finales del siglo XIV. Se refiere al ataque despiadado de la multitud el 13 de agosto de 1391, igual que ocurrió en otros calls de la península. En Lleida, unas 600 personas atacaron la Cuirassa, matando a unos 78 judíos y arrasando toda la judería. Sobre la sinagoga se construyó la iglesia de Santa María del Miracle (Santa María del Milagro), se dice que por el gran número de conversiones que se produjeron al grito de "muerte o conversión". Todos los intentos para reconstruirlo fueron inútiles y no se volvió a recuperar la comunidad.

El 20 de julio de 1492, los últimos judíos que quedaban subieron a cuatro barcas y navegaron el río Segre abajo. La Paeria, había cumplido así con la orden de expulsión dictada por los Reyes Católicos y se clausuró definitivamente la Cuirassa.

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Las relaciones entre cristianos y judíos nunca fueron muy buenas, sí con la realeza, pero el pueblo llano, empujados por la iglesia, los acusaba de cualquier hecho fatídico que ocurriera en el municipio, como las malas cosechas o la peste. De hecho el siglo XIII es considerado el siglo de Oro de los judíos en la Corona de Aragón, cuando los reyes Jaume I y Pedro el Grande, los protegían y otorgaban privilegios, a cambio de recibir sus impuestos y garantizarse su prosperidad. La Cuirassa llegó a tener grandes privilegios y contribuían con impuestos regulares y extraordinarios, y hasta diseñaron un sistema propio de pago. Durante dos décadas también tuvieron un alcalde entre 1167 y 1185.

Las excavaciones arqueológicas han descubierto un urbanismo adaptado a la topografía de grandes desniveles, que obligaron a construir muros de protección potentes. Una de esas calles, empedrada, funcionaba como eje, distribuyendo las viviendas entre dos terrazas. Se ha encontrado un taller de decantación, desde donde se accede a la calle a través de un patio sin cubrir, otra casa fue seccionada por las construcciones del siglos posteriores, aunque se ha encontrado la bajante de aguas y una chimenea. Otra tercera vivienda ha mantenido un almacén y se ha recuperado parte de una cloaca central.

El call de la Cuirassa tenía una sinagoga, donde se rezaba y se discutían los asuntos que afectaban a esta minoría; el Micvé, con su función ritual de purificación; la carnicería, imprescindible para elaborar la carne kosher y el cementerio, que se encontraba fuera del barrio. Hace años se recuperó un anillo que se conserva en el Museo de Lleida.

 

Desde este viernes, se puede realizar la visita guiada "Les veus de la cuirassa. El call desaparegut de Lleida". Información y reservas: Turisme de Lleida 973 700 319

Categorías: Religión , Viajes

Ángela Gonzalo del Moral   23.sep.2018 04:51    

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Un viaje nunca se acaba. Queda grabado en el recuerdo, se vuelve a él al ver una película, al leer un libro, al escuchar unas notas musicales, al mirar una fotografía, al saborear una bebida, al disfrutar una comida o cuando el país salta a la actualidad por algún acontecimiento específico. El viajero mantiene siempre un nexo interno con el lugar que un día conoció.... y trenza un vínculo con el nuevo destino que empieza a imaginar. La visita a cualquier lugar, cercano o lejano, tiene tres fases. En la etapa de preparación se sueña, en la del viaje se disfruta lo imprevisible y a la vuelta se reinventa la aventura..... Con los cinco sentidos alerta, anhela que la experiencia sea lo más enriquecedora posible.
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