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La apuesta ganadora de Bilbao por la arquitectura

    viernes 21.may.2021    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

 

Eu69gYpXcAI6ilNFoto: Twitter @visitbiscay

 

Aterrizamos en La paloma, la terminal del aeropuerto bilbaíno de Loiu. Un edificio que desde el aire tiene forma de ave. Situado en el valle de Txorierri, es obra del controvertido arquitecto Santiago Calatrava. Construido en el año 2000, este edificio de cristal y acero es de una gran elegancia con un blanco que predomina en todas las instalaciones. Un espacio amplio, muy accesible y cómodo.

En 2020, en plena pandemia, cumplió dos décadas alcanzando los casi 6 millones de viajeros al año. Es famoso por las dificultades de aterrizaje que proporciona la "cizalla" (cambios bruscos e imprevistos del viento).

 

 

La obra de Calatrava ya nos da una idea de la apuesta arquitectónica y urbanística de la ciudad que visitamos, el principal motor económico de la cornisa cantábrica. Entramos en la capital vizcaína cruzando la puerta roja que se eleva sobre el puente de la Salve, junto al edificio más emblemático del actual Bilbao: el museo Guggenheim, de otro gran arquitecto, el canadiense Frank Gehry.

A nuestra izquierda otra obra polémica de Calatrava: el Zubizuri y a la derecha el puente levadizo de Deusto, más allá el puente Euskalduna de Javier Monterola. Porque la ría de Bilbao tiene unos 13 puentes. El más antiguo y emblemático el de san Antón y los más transitados a pie los del Ayuntamiento, el Arenal y  de la Ribera.

 

20210317_170710Puente Zubizuri  - Foto: angelaGonzaloM

 

Estamos bajo la estructura rojiza diseñada por el francés Daniel Buren, sobre el puente atirantado de la Salve. Se llama así, porque era el primer lugar de la ciudad desde el que los marineros veían la iglesia de Amatxu Bego, la Virgen de Begoña. Y entonces oraban para dar gracias por llegar vivos a la ciudad. En 1972, el ingeniero Juan Batanero construyó el puente actual, que incluye esta original escultura de Buren. El artista galo cubrió el arco del puente con una estructura de color rojo vivo para contrastar con el verde del puente, aportando lo que el artista llama una “conexión cromática” con el titanio del Guggenheim.

Casi lo tocamos. Es el edificio más icónico, y a la izquierda, a pesar de todo, uno de los más emblemáticos - el Zubizuri o Puente de Calatrava - que une Uribitarte con el Campo Volantín, una zona residencial por la que llegamos al Funicular de Artxanda, que en 3 minutos nos sube hasta el mejor mirador de la ciudad.

Cinturon verde de BilbaoAnillo verde de Bilbao -  Foto: Twitter @bilbaokirolak

 

Artxanda no es solo la más baja de todas las montañas que rodean Bilbao, sino la más cercana y la más urbanita. Se ha convertido en un mirador y se accede a ella por un histórico y emblemático funicular. Situado en el barrio de Castaños, en Distrito 2, fue construido por la empresa suiza Von Ron y operado por una empresa privada.  Su primer viaje lo hizo en 1915, y al quebrar la compañía que lo gestionaba, el municipio se hizo cargo de él en 1939. Siempre ha tenido la función de subir a los bilbaínos hasta una zona de diversión y restaurantes, que todavía sigue siendo un lugar de ocio muy popular. Uno de los edificios más famosos fue el casino, donde se celebraban fiestas y banquetes familiares a principios del siglo pasado.  El propio funicular es un atractivo turístico en sí mismo.

Actualmente forma parte del anillo verde y se puede subir a pie, en coche, en bicicleta, en autobús o corriendo. Tres minutos en funicular, entre 30 y 50 andando. En la zona destaca la escultura “Aterpe” (La huella), una figura de 2006 de Juan José Novella que homenajea a los defensores de la ciudad durante la Guerra Civil. Os aconsejamos que subáis cuando el tiempo esté bien para poder ver toda la ciudad y en días especialmente claros se ve el mar, que está solo a 15 kilómetros.

 

ErtMIZWXEAA8GWUFoto: Twitter @bilbaoturismo

 

Regresamos a la ciudad cruzando el Zubizuri (el puente blanco en euskera) que con su esbelta estructura arqueada parece un barco de vela. En frente la obra de otro premio Pritzker, las famosas Torres Isozaki, dos grandes bloques de pisos que por la fachada miran a la ría, mientras en la zona posterior se abren al ensanche bilbaíno.

La ciudad va tejiendo itinerarios a través de puentes, pasarelas y construcciones de diversos estilos. Los edificios juegan entre sí, con la ría o con diferentes épocas. Las vidrieras de la biblioteca de Deusto, obra de Rafael Moneo, se contraponen al mármol homogéneo del portugués Álvaro Siza Vieira y por encima de ellos se eleva la torre Iberdrola del argentino Cesar Pirelli, todos jugando con las siluetas onduladas del museo emblema de la ciudad: el Guggenheim.

 

20210318_104228Biblioteca de Univ. Deusto, Paraninfo Univ. País Vasco y Edificio Iberdrola - Foto: angelaGonzaloM

Cada edificio lanza reflejos de un material distinto a la ría. El vidrio de la biblioteca de Moneo, el titanio del museo de Ghery y el azulejo del Paraninfo de Siza.

Formando una gran libélula de madera de lapacho, la pasarela de Pedro Arrupe (2004) es un nexo de unión del Bilbao del siglo XXI y el de principios del XX. La obra, ideada por José Antonio Fernández Ordóñez, da acceso a la Universidad de Deusto, el centro de educación superior privado más antiguo de España y de renombre internacional. Fundada por la Compañía de Jesús, el edificio de estilo clasicista es obra del marqués de Cubas. Destaca su gran escalinata central, la biblioteca, el paraninfo y la capilla gótica.

La pasarela conecta la Universidad con esos emblemáticos edificios y con Abandoibarra, una zona verde que cruzamos para llegar al ensanche bilbaino. Para ello hemos de pasar bajo el edificio de Iberdrola que despunta con sus 165 metros. Junto a él, el centenario museo de Bellas Artes. 

 

1500x500Foto: twitter @museobilbao

En 2018 el escritor Kirmen Uribe comisionó la exposición ABC. El alfabeto del Museo de Bilbao, una propuesta inédita que mostraba parte de la inmensa colección de la pinacoteca bilbaína rompiendo los esquemas de orden de obras como tradicionalmente se hacía. Decidió dejar de lado la ordenación cronológica, o según escuelas y autores y organizó la exposición siguiendo las 27 letras del abecedario español y los dígrafos vascos tx, ts y tz.

Con las 31 letras Uribe unía bajo una misma palabra en euskera, español inglés o francés su argumento curatorial. Las obras se mostraban en las diferentes salas según una temática siguiendo escrupulosamente el abecedario. Las obras dialogaban como si de una mesa redonda se tratara en la que los autores expresaban su idea de cada temática, sin ningún otro nexo de unión. El catálogo de la histórica exposición es una maravilla.

La colección del museo de Bellas Artes de Bilbao recoge obras de importantes artistas de todos los tiempos. Hay obras de Lucas Cranach el Viejo, José de Ribera, Bartolomé Esteban Murillo, Francisco de Zurbarán, Martin de Vos, Orazio Gentileschi, Francisco de Goya, Paul Gauguin, Mary Cassatt, Ignacio Zuloaga, Joaquín Sorolla, Eduardo Chillida, Jorge Oteiza, Francis Bacon o Antoni Tàpies. Fotografías de Alberto Schommer o Gabriele Basilico y obra gráfica de Joseph Beuys o David Hockney.

Para poder mostrar mejor todo su fondo artístico están preparando una ampliación que será liderada por el arquitecto británico Norman Forster.  Hablar de Forster en Bilbao son palabras mayores. Su diseño del metro bilbaíno que conecta todo el área metropolitana de la ciudad, fue el auténtico motor que cambió para siempre al Bilbao industrial y negro para convertirlo en un lugar de diseño y luz.

20210317_195824Jardín Delights - Foto: angelaGonzaloM

 

Al lado del museo de Bellas Artes encontramos una escultura urbana formada por casi un centenar de farolas. Le llaman el jardín delights, de las delicias o de las luces, obra del vitoriano Juan Luis Moraza. Un recopilatorio del alumbrado histórico de la ciudad.

Una idea similar tuvo años antes el luxemburgués Robert Krier al construir el edificio Artklass, que reúne la gran variedad de estilos que 'alumbran' el ensanche bilbaíno. Un sorprendente inmueble de ocho pisos, en el que encontramos ventanales, arcos ojivales, miradores  y otros detalles. En total Robert Krier y Marc Breitman, los dos artistas, reunieron toda la riqueza y diversidad arquitectónica del centro bilbaino representado en unas 41 esculturas esparcidas  en un edificio con unas 20 fachadas que acaban en dos cúpulas, una verde y otra dorada . 

 

20210318_103019 (2)Edificio Artklass - Foto: angelaGonzaloM

 

A principios del siglo XIX, los grandes industriales saltaron la ría para rediseñar una ciudad moderna y luminosa. París y Londres eran los modelos a seguir. El eclecticismo va abriéndose paso conforme paseamos por el Ensanche. Allí encontramos la Gran Vía, dedicada al fundador de la ciudad, Diego López de Haro, es la seña de identidad del Ensanche. Este centro comercial y financiero de unos 50 metros de anchura y más de un kilómetro y medio está flanqueado por las calles Elcano, Ercilla y Recalde y tiene dos plazas significativas, la plaza con forma elíptica y otra circular. En esta última encontramos la estación de Abando, muestra del poder económico de la ciudad hace décadas, cuando la ciudad llegó a tener siete terminales de tren.

Un ejemplo de aquel esplendor son las estaciones de Abando Indalecio Prieto, diseñada por Charles Blacker Vignoles, de claro estilo inglés y la Concordia con su arquitectura modernista de tendencia art decó, proyectada por el ingeniero Valentín Gorbeña y Severino Achúcarro.  Entramos al casco antiguo por el puente del Arenal que une las estaciones de la Concordia  y Abando con el primer rascacielos de la ciudad, el edificio Bailén y el teatro Arriaga. El edificio cultural está dedicado a una gran promesa musical local de principios del siglo XX, Juan Crisóstomo de Arriaga, que falleció en París antes de cumplir los 20 años y que a pesar de su juventud dejó una gran obra musical. Le llamaban el Mozart español.

 

14656253_1083295585111838_5325402208804936510_nFoto Facebook @MercadodelaRibera

Junto a la ría del Nervión, el mercado de la Ribera. Un festival para los sentidos, pasear por sus puestos es una delicia para la vista, el olfato y el paladar. La escuela superior de hostelería de Bilbao, Eshbi, ha aportado un nivel superior en este espacio acristalado y luminoso: los turistas pueden disfrutar de un curso rápido de cocina y después comerse los platos cocinados.

Salimos a la calle frente a las siete calles. Allí nació hace más de 700 años Bilbao, una ciudad que siempre está reinventándose....  un referente de las vanguardias arquitectónicas. Una ciudad orgullosa de su arquitectura, que se ha colocado entre las urbes más atractivas de Europa.

 

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Ángela Gonzalo del Moral   21.may.2021 22:08    

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Viaje a Ítaca

Bio Viaje a Ítaca

Un viaje nunca se acaba. Queda grabado en el recuerdo, se vuelve a él al ver una película, al leer un libro, al escuchar unas notas musicales, al mirar una fotografía, al saborear una bebida, al disfrutar una comida o cuando el país salta a la actualidad por algún acontecimiento específico. El viajero mantiene siempre un nexo interno con el lugar que un día conoció.... y trenza un vínculo con el nuevo destino que empieza a imaginar. La visita a cualquier lugar, cercano o lejano, tiene tres fases. En la etapa de preparación se sueña, en la del viaje se disfruta lo imprevisible y a la vuelta se reinventa la aventura..... Con los cinco sentidos alerta, anhela que la experiencia sea lo más enriquecedora posible.
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