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Descubrimos el Benidorm más desconocido

    lunes 17.ene.2022    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

 

121_Benidorm1_Foto: angelaGonzaloM

 

Dunas fosilizadas que trepan por los acantilados de la Serra Gelada, pequeñas minas de ocre, cuevas submarinas, calas, una interesante reserva marina poblada con posidonia o un castellum romano. Más allá de sus rascacielos y largas playas Benidorm tiene secretos escondidos por descubrir.

Uno de los grandes desconocidos son los taludes fosilizados de arenisca, que llegaron hasta la Serra Gelada transportadas por el viento y alcanzan los 200 metros sobre el nivel del mar, presentan una tonalidad clara, visible desde el mirador de la Torre de Seguró, en la punta de les caletes o desde el mar. Son dunas poco frecuentes y se formaron hace unos 75.000 años, durante el cuaternario. Su valor patrimonial es incalculable.

 

 

Desde lo alto de la sierra Helada no podemos ver algunas calas a las que se accede por mar.  Entre Benidorm y l'Alfàs del Pi, a lo largo de cinco horas hay un recorrido muy completo para crestear la sierra y disfrutar de la naturaleza, el aire, el sol y algunos restos arqueológicos. Es una propuesta idónea para los senderistas o los runners.

No es un recorrido fácil, debido a las continuas subidas y bajadas. Se puede ver el faro de El Albir, la torre vigía del siglo XVII, las minas romanas de ocre, el asentamiento prehistórico de la Cova Gelà y el Alto del Governador. Desde allí se divisa la Illa Mitjana, una de las dos islas de Benidorm. 

 

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La ciudad alicantina está rodeada de bosques de pinos y sierras como la de Bernia, unos 10 kilómetros de caminos paralelos al mar donde encontramos el Forat o agujero, un pasadizo estrecho que tras 20 metros se abre ante la inmensidad del Mediterráneo. Otros caminos unen cala Finestrat con la playa de Torres o el Puig Campana, que es la montaña responsable del conocido microclima de la ciudad, frena las nubes que llegan del interior y permite ver la lluvia alrededor de la ciudad, mientras tomamos el sol en las playas de Poniente o Levante.  Sin olvidar la sierra Cortina con sus vistas de Calpe a Alicante.

Una de las ciudades más emblemáticas en el mundo del denominado turismo de sol y playa tiene una historia de supervivencia y superación que nos traslada al siglo XIV, cuando la zona litoral de la Marina Baixa era disputada por cristianos y musulmanes. En 1325 Bernat de Sarrià consiguió la Carta Puebla pero dos siglos más tarde quedó totalmente despoblada.

 

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Era el tiempo en que los corsarios extendían el terror por todo el Mediterráneo europeo. De aquella época todavía se mantienen en pie los puestos vigías, un denso sistema de control del litoral valenciano que servía para alertar de la presencia de sus barcos y facilitar que la gente huyera hacia el interior. Estaban separados entre sí una milla valenciana, unos 6 kilómetros, o lo que es lo mismo, a una hora andando.

César Fernández de Bobadilla, representante de la concejalía de cultura, nos explica que muchos visitantes quedan sorprendidos por la presencia de la torre de les Caletes, unos restos del siglo XVI. A los pies y a la entrada de Sierra Gelada, hay dos pequeños entrantes del mar, escondites de piratas que luego pasaron a tener otros usos. La cala del Tío Ximo y la de la Almadraba.

 

127_Benidorm1_Foto: angelaGonzaloM

 

La cala del Tío Ximo es perfecta para el buceo y por su poco oleaje y la claridad de su agua, idónea para bautizos de buceo. Nos explica Laura García, técnica de turismo que "el tío Ximo era muy popular en la ciudad", porque tenía una caseta junto a unos bancales donde plantaba algarrobos, una higuera y viñas. Ofrecía el habitáculo a los recién casados para que disfrutaran de su luna de miel. Todo se acabó cuando le expropiaron su propiedad para reabrir una mina de ocre. Hoy en día el habitáculo está totalmente destruido.

La otra cala, la de la almadraba, sí está relacionada con la historia del municipio. Juanjo Mascarell, guarda rural y guardapesca marítimo del ayuntamiento nos descubre que Benidorm no era un pueblo de pescadores, sino de mercantes y atuneros, especializados en la técnica de la almadraba. Su pericia y habilidad era tal que, como ha documentado Paco Amillo, ya en el siglo XVIII, muchos benidormenses dirigían las almadrabas de todo el litoral del Mediterráneo español.

 

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Tocando a Altea se encuentra el Abric de la Cantera o Cova Gelà, un yacimiento que ya descubrieron los cazadores paleolíticos hace unos 25.000 años. También podemos descubrir la cova de la ballena, formada por la erosión de la humedad, la sal, la arena y el viento, los cuatro elementos que dominan la atmósfera de este municipio alicantino. 

Desde el otro lado de la sierra se ve perfectamente el skyline de Benidorm, con rascacielos, sus avenidas y sus zonas verdes. Con más de 130 hoteles, la denominada Manhattan del Mediterráneo tiene más de cuarenta construcciones por encima de los 85 metros de altura. El top cinco que superan los 145 metros lo forman Residencial In Tempo, el Gran hotel Bali, la Torre Lugano, el edificio Kronos o el Neguri Gane. Algunos de ellos ejemplo de la arquitectura brutalista, que trabaja el hormigón y se han convertido en un atractivo para muchos amantes de la arquitectura moderna.

 

127_Benidorm1_Foto: angelaGonzaloM

En el otro extremo de la ciudad sobre un acantilado está el Tossal de la Cala de Benidorm, donde las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz un castellum del siglo I antes de Cristo y la muralla de un fortín romano mandado construir por el general Sertorio. Hasta 2013, se creyó que era un poblado íbero, pero resultó ser una construcción defensiva, muy difícil de atacar desde el mar. El arqueólogo Miguel Botella explica que no es el único hallazgo de los últimos años. También han podido recuperar el castillo de Benidorm, origen de la ciudad.

El castillo está en la punta Cantelli, origen del actual Benidorm. El mar azota desde tiempo inmemoriales estas rocas.... conocido como el balcón del Mediterráneo a la izquierda queda la playa de Levante, a la derecha la de Poniente llamadas así porque están orientadas de tal manera que el sol sale por una y se oculta por la otra. Es decir, tienen sol todo el día. En medio de ellas está la playa de Mal Pas.

047_Benidorm1_Foto: angelaGonzaloM

 

En 1666 (s. XVII), la murciana Beatriz de Fajardo y Mendoza consigue la Carta Puebla, y el lugar que había quedado abandonado comienza a desarrollarse económicamente. El historiador benidormense, Paco Amillo, explica que lo primero que hizo fue construir la Sèquia mare e infraestructuras como molinos, hostales y hornos.

No fue la única visionaria del municipio. En 1950, Pedro Zaragoza llega a la alcaldía de Benidorm y comienza a idear una ciudad especializada en turismo de sol y playa , que luego sería ejemplo de otros proyectos en el Mediterráneo.

 

123_Benidorm1_Foto: angelaGonzaloM

Un año después impulsó un plan de urbanización muy novedoso y moderno para la época que cambió el sistema urbanístico benidormí para siempre y servirá de ejemplo para el boom turístico del Mediterráneo. En 1953 cogió una vespa y tras ocho horas de viaje se presentó ante Franco para convencerle de que legalizara el bikini. Es el responsable de que sobre uno de los enclaves más elevados de la ciudad haya una gran cruz.

Cuando apareció el bikini en las playas -solo para extranjeras- el arzobispo de Valencia ordenó la excomunión del alcalde y comparó a la ciudad con el infierno.

 

 

Algo que como nos explica Laura García, técnica de turismo de la ciudad provocó una curiosa respuesta ciudadana. Muchos benidormenses salieron en procesión con una gran cruz para demostrar que la ciudad no era un lugar de libertinaje organizaron una procesión hasta el montículo más elevado de la población y la dejaron instalada allí.

Paradójicamente, desde hace años la gran cruz de Benidorm ofrece las mejores vistas de la ciudad y el montículo se ha convertido en un espléndido mirador.

 


Más datos sobre este tema

Ciudades europeas: Benidorm


 

 

 

 

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Ángela Gonzalo del Moral   17.ene.2022 22:13    

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Viaje a Ítaca

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Un viaje nunca se acaba. Queda grabado en el recuerdo, se vuelve a él al ver una película, al leer un libro, al escuchar unas notas musicales, al mirar una fotografía, al saborear una bebida, al disfrutar una comida o cuando el país salta a la actualidad por algún acontecimiento específico. El viajero mantiene siempre un nexo interno con el lugar que un día conoció.... y trenza un vínculo con el nuevo destino que empieza a imaginar. La visita a cualquier lugar, cercano o lejano, tiene tres fases. En la etapa de preparación se sueña, en la del viaje se disfruta lo imprevisible y a la vuelta se reinventa la aventura..... Con los cinco sentidos alerta, anhela que la experiencia sea lo más enriquecedora posible.
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