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Rennes, Nantes y Saint Nazaire, unidas por un hilo histórico

    martes 16.may.2023    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

 

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Entramos en el casco antiguo de Rennes por las puertas mordelesas, símbolo de la historia de los duques de Bretaña. Por ella entraban para ser coronados siguiendo un estricto protocolo.  

Cuando los duques de Bretaña llegaban para coronarse en Rennes, la ceremonia empezaba con las puertas de la ciudad cerrada y el duque juraba solemnemente proteger las libertades del pueblo y de la Iglesia bretona. Una vez hecho su juramento se abrían las puertas y el duque entraba a la ciudad para dirigirse hacia la Catedral donde pasaba una noche rezando y al día siguiente se celebraba la ceremonia de la coronación. 

 

 

Las puertas de la muralla siempre se han distinguido por ser la entrada principal a la ciudad. Por ella entraban obispos y gobernantes, y se han conservado mejor que la muralla de orígenes romanos. "La primera ciudad se llamaba Condate, un nombre de origen celta que quiere decir confluencia, porque estamos en el lugar en el que se unen el río Vilen y el Ille, y se convertirá en una ciudad muy importante, sobre todo, en el siglo II antes de Cristo".

Posteriormente, las puertas mordelesas fueron durante el gran incendio de 1720, hospital; más tarde, durante la Revolución francesa, prisión; y en el siglo XIX, acogieron apartamentos. Todavía mantiene restos del sistema del puente levadizo, el escudo de armas de los duques, los bloques de granito y el arco trilobulado.

 

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Seguimos el camino hasta la catedral de San Pedro, que pasa desapercibida incluso para los reneses, porque por fuera no parece un edificio religioso. Es de estilo clásico con 44 columnas de granito y, curiosamente para un edificio religioso, muestra un escudo de armas del rey sol en el frontispicio y cinco blasones.

Cerca está la plaza de Lices, donde se ubica el histórico mercado, uno de los lugares más concurridos de la ciudad y cita imprescindible para los amantes de la buena comida. En la Edad Media se organizaban torneos de caballeros, como nos explica la historiadora del arte, Paloma Domínguez. Uno de los más famosos se desarrolló en 1337.

"Durante este torneo en la justa a caballo, había un caballero desconocido que estaba acabando con todos sus contrincantes. Nadie sabe quién es.  No lleva ningún escudo, ni lleva los colores de ninguna familia, va siempre con la cara tapada y está derribando a todos los contrincantes. El último que se enfrenta a él consigue colocar la lanza debajo del casco, se lo levanta, y ahí todo el mundo ve quién se esconde tras ese casco".

 

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Era Beltrán Duguesclín, un mercenario conocido años más tarde en España por luchar junto a Enrique de Trastámara, se dice que mató a Pedro I, El Cruel, a quién se le atribuye la frase: "yo ni quito ni pongo rey pero ayudo a mi señor".

Mientras nos dirigimos hacia el edificio del Parlamento, cruzamos una serie de calles con las representativas fachadas de la arquitectura bretona, los entramados de madera... Las típicas 'maisons à pans de bois' de roble, una madera dura y seca y cuya durabilidad es casi infinita. Dicen que quedan unas trscientas setenta. 

Muchas se perdieron durante el gran incendio de 1720 y otras después de la II Guerra Mundial cuando se demolieron para realizar nuevos proyectos de rehabilitación urbana. En 1945 se contabilizaron unos 1.000 edificios de entramado de madera.

"Son vigas cortas de madera que en lugar de utilizar el tronco entero del árbol se utiliza la rama, tallando estas vigas cortas y se construye la casa por plantas. Primero hacen la primera planta, se monta la estructura en el suelo sin utilizar clavos. Por un lado tienen la viga con un sobresaliente y por el otro lado la viga donde se va a encajar . Tienen un agujero y están frescas, son jóvenes, y cuando se juntan unas con otras, con el tiempo se secan y en ese lugar de unión se junta toda la viga".

 

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Una familia de artistas italianos dejo su impronta en la ciudad: los Odorico, conocidos como la familia del mosaico. Se instalaron en 1882 decorando entradas, fachadas, mercados y suelos de comercios. Aportaron un rico patrimonio a la ciudad que todavía se puede ver en la piscina de Saint-Georges, el edificio Valton, en el mercado la Criée o en  la iglesia de Santa Teresa. Su diseño se puede ver en unos 47 lugares diferentes del centro de la ciudad. El más espectacular es su antigua vivienda, hoy en día convertida en la crêperie salon de té Bretone, con una terraza que vale la pena visitar.

Así hemos llegado hasta el edificio del Parlamento de Bretaña. Un edificio singular del siglo XVII que en la actualidad acoge el Tribunal Superior de Justicia de la región.

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Cuando se construyó el edificio el lugar no es como lo vemos hoy en día. Destacaba porque era un gran edificio de piedra dentro de una ciudad de madera y no tenía acceso por la planta baja, sino que tenía una escalera de honor, "que recuerda a la que hay en la catedral de Santiago de Compostela", nos dice Paloma. Esta escalera daba acceso a la planta noble y desde la terraza los políticos podían ver al pueblo "pero sobre todo, los de abajo los veían a ellos, añade, que parecían mandarles un mensaje para recordarles 'el que manda soy yo, el parlamentario', la gente con poder". Por eso era tan importante y simbólica esta escalera.

Entre Rennes y Nantes, ambas capitales históricas de Bretaña, ha habido siempre una disputa por el poder. Paloma Domínguez nos explica que "hasta que no se establece el Parlamento aquí hay una alternancia de un año en Nantes, un año en Rennes, repartiendo poderes. Al final se decide establecerlo en esta ciudad porque hay más sitio para construir edificios y más espacio para alojar a los parlamentarios y sus familias. También para repartir poderes, porque siempre se había hecho así entre las dos capitales".  Al final, hace unos años, el gobierno francés decidió que Rennes fuera la capital de Bretaña y Nantes del Loira Atlántico. Una decisión con la que no todo el mundo está de acuerdo.

Nos dirigimos hacia Nantes en tren. Poco más de una hora sin paradas, acompañando durante un tramo al río Vilaine, tan estrechamente relacionado con Rennes. Unos 100 kilómetros de distancia separan a estas ciudades, tan diferentes en la actualidad.

 

La línea verde descubre el arte de Nantes

 

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Lo primero que vemos antes de llegar a la estación nantense es el castillo de los duques de Bretaña, junto al Loira. El último castillo antes de iniciar su camino final hacia el Atlántico. También podemos ver la emblemática torre Lu, convertida en una especie de faro. Una antigua fábrica de galletas de mantequilla: la famosa petit beurre, y hoy en día convertido en  un centro de actividades artísticas conocido como Lugar Único (LU). A su lado el jardín de las plantas y el Museo de Bellas Artes de la ciudad.

Descendemos del tren para recorrer la emblemática y serpenteante línea verde de Nantes, que hay que seguir para no perderse ninguno de los monumentos, obras de arte y esculturas que la ciudad tiene desplegadas por sus calles, plazas y callejones. Un patrimonio urbano que se va enriqueciendo cada año con la programación cultural de Le Voyage à Nantes, que este año llega a la duodécima edición del 1 de julio al 3 de septiembre. Un festival que ofrece exposiciones y actividades culturales. 

Llegamos al espacio las Machines de l'île, para realizar un viaje extraordinario a lomos de un elefante o introducirnos en el mundo de animales fantásticas en el carrusel de los mundos marinos. Sin duda una gran referencia al escritor Julio Verne.

 

IMG20230420183820Foto: angelaGonzaloM

 

"Se ve claramente en el proyecto de las máquinas de la isla, sobre todo con el Carrusel es claramente una inspiración de sus novelas y su mundo imaginativo, especialmente '20.000 leguas de viaje submarino' con sus sorprendentes criaturas  extraordinarias del fondo marino, sus descubrimientos y su pasión por la mecánica". 

Servan Le Neel, nos explica que Verne nunca mostró mucho interés por su ciudad natal, pero que sin duda se vio influenciado por el ambiente marinero de Nantes, de donde partían grandes barcos hacia América. "Le inspiró la ciudad, le inspiró el río, nos dice junto al Museo Julio Verne, aunque nunca vivió aquí, pero en su época era un punto alto de la ciudad  donde había mucho movimiento y le gustaba venir" 

Junto al museo hay una estatua pequeña del inmortal escritor acompañado del capitán Nemo, que se pasa todo el tiempo oteando el horizonte... o el fondo del mar.

 

Saint-Nazaire y los transatlánticos que llegaban al Caribe

 

IMG20230418161033Foto: angelaGonzaloM

 

Seguimos el río Loira en bicicleta hasta su desembocadura, para disfrutar de la treintena de obras artísticas instaladas a lo largo de su cauce y en las orillas que lo convierten en una galería de arte al aire libre.

En Couëron encontramos La casa dentro del Loira, de Jean-Luc Courcoult, cruzamos el río en transbordador, gratuito, para llegar a una esclusa del antiguo Canal de Martiniére en Le Pellerin y observar Misconceivable, de Erwin Wurm, una barca de nueve metros de eslora que parece querer lanzarse al río para volver a su hábitat natural.

En Saint Brevin les Pins, en la margen izquierda del gran estuario, descubrimos La serpiente del océano, la enigmática obra del japonés, Huan Yong Ping. Llegamos durante la marea baja y Aurèlie Paturiel nos explica que el artista ha realizado un enorme esqueleto "de una serpiente que parece que ha llegado aquí para morir en la playa. En la marea baja podemos ver toda la estructura del animal  que da la sensación de salir de una excavación arqueológica en esta playa y su gran tamaño es una manera también de mostrar las dimensiones de la desembocadura del río Loira".

 

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Al otro lado del estuario, Saint-Nazaire. En la "grand plage", en la margen derecha, tres obras cierran el recorrido por el Estuario. Pie, un jersey y un aparato digestivo de piedra, diseminados junto al mar y que cambian según la marea. Diseñados por Daniel Dewar y Grégory Gicquel, son fragmentos de la civilización moderna, que muestra lo efímero de la vida del ser humano.

Un lugar ideal para disfrutar de estas tres esculturas es el Restaurante la Plage, donde además se puede degustar pescado fresco, marisco o carne. Cerca encontramos La suite de triangles, de Felice Varini, que juega con rayas y polígonos rojos diseñados en varios edificios a lo largo de dos kilómetros y para tener toda la visión del conjunto hay que subir a la terraza de la antigua base de submarinos alemanes.

La ciudad que despide al Loira al llegar al Atlántico es Saint-Nazaire, que como Nantes, está históricamente vinculada a la construcción de grandes embarcaciones. Principalmente desde el siglo XIX. Marie Bibard, nos explica que tienen muchos museos.

 

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"Como el de la historia de las líneas atlánticas que se llama Escal’Atlantic. Es un museo-barco que da la impresión de que te vas en un paquebote y dejas de ser un visitante, para convertirte en un pasajero. Es muy interesante porque podemos recorrer todos los sitios del barco como los puentes de mando, las cabinas, la sala de máquinas, etc... Da la impresión de estar en una de esas ciudades flotantes y al final desciendes en una barca de salvamento.

En la actualidad se pueden visitar los astilleros donde se construyen los megacruceros o embarcarse en el submarino de la marina francesa, Espadón,  que navegó durante 25 años bajo todos los mares del mundo. También fue el primer submarino francés en cruzar el Círculo Polar Ártico. Saint-Nazaire se ha especializado en turismo industrial y familiar, y ofrece la posibilidad de visitar los astilleros donde se construyen los megacruceros, o la fábrica aeronáutica de Airbus. En ambos casos hay que concertar visita con antelación. También tienen un museo dedicado a la energía eólica.

Industria naval y aeronáutica, historia o la cultura, unen a estas tres ciudades del oeste de Francia: Rennes, Nantes y Saint Nazaire.

 

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Categorías: Viajes

Ángela Gonzalo del Moral   16.may.2023 18:51    

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Viaje a Ítaca

Bio Viaje a Ítaca

Un viaje nunca se acaba. Queda grabado en el recuerdo, se vuelve a él al ver una película, al leer un libro, al escuchar unas notas musicales, al mirar una fotografía, al saborear una bebida, al disfrutar una comida o cuando el país salta a la actualidad por algún acontecimiento específico. El viajero mantiene siempre un nexo interno con el lugar que un día conoció.... y trenza un vínculo con el nuevo destino que empieza a imaginar. La visita a cualquier lugar, cercano o lejano, tiene tres fases. En la etapa de preparación se sueña, en la del viaje se disfruta lo imprevisible y a la vuelta se reinventa la aventura..... Con los cinco sentidos alerta, anhela que la experiencia sea lo más enriquecedora posible.
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